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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo no obra milagros sin propósito; cada acción responde al plan sabio de Dios para nuestra vida. Confiemos en su providencia, aunque su camino no sea siempre el que esperamos.
Homilía o223011a, predicada en 20260902, con 9 min. y 54 seg. 
Transcripción:
El Evangelio del día de hoy, tomado del capítulo cuarto de San Lucas, tiene un pequeño dato curioso que muchos no lo habíamos notado, pero que es bien interesante y que nos deja una enseñanza muy profunda también. Suele suceder a través de detalles, a través de pequeñas, pequeñas cosas, Dios nos muestra grandes, grandes verdades. ¿De qué se trata? Es la diferencia entre la palabra todos y la palabra muchos. ¿Cómo así? Bueno, ten unos minutos, dame un poquito de tu tiempo y te lo voy a contar, espero que te guste, espero que te sirva.
A ver, el capítulo cuarto de Lucas, lo mismo que el capítulo primero de Marcos, nos presenta una escena, es la curación de la suegra de Pedro. Encontramos a Jesús que entra en casa de Pedro. La suegra de Pedro está con una fiebre alta. Jesús la sana, la toma de la mano. Esta mujer se levanta y no solo eso, sino que, como una especie de prueba de su salud, pues se pone a servir a los que estaban en casa, lo cual en sí mismo ya es una enseñanza, ¿no? Somos sanados, somos curados ¿para qué? Para servir. Nuestra curación tiene un propósito, habilitarnos para el servicio, esa ya es una enseñanza.
Pero yo voy a otro punto, después de que sucede esta curación, pues inmediatamente se corre la voz: Aquí tenemos a alguien maravilloso que hace milagros, aquí están las sanaciones, aquí están la curación y empieza a llegar muchísima gente. El evangelio de Lucas nos dice: Los que tenían enfermos, con el mal que fuera, se los llevaban a Cristo, esto sucede en la ciudad de Cafarnaún. El evangelio de Marcos, en el pasaje paralelo, nos dice algo muy parecido, pero agrega específicamente la palabra todos: Todos los que tenían algún enfermo en casa, todos los que tenían algún problema para solucionar, iban donde Cristo.
Pero tanto Marcos como Lucas continúan el relato diciendo que muchos fueron sanados, que muchos fueron liberados. Estás notando la diferencia, ¿no? Se nos dice que le llevaron todos los que tenían problemas, los que tenían enfermedades. Y luego se nos dice que muchos fueron sanados, fueron liberados. Es llamativo eso, ¿no? La diferencia entre todos y muchos. Fíjate que queda una posibilidad interesantísima. Y la posibilidad es que algunos de los que llevaron donde Cristo, pues no fueron sanados o no fueron completamente sanados.
Y eso explicaría por qué termina esa jornada, una jornada extenuante de oración, de milagros, de sanaciones y al otro día, otra vez llega la gente, otra vez están buscando que le solucione lo que quedó pendiente, por así decirlo. Pero Cristo, en vez de quedarse con ellos para curar hasta el último enfermito, hasta el que tenía el problema de la uña encarnada o tenía un problema de caspa. En vez de quedarse ahí, Cristo sigue su camino, Cristo tiene que anunciar el Evangelio a otros lugares. ¿Qué nos enseña esto? ¿Qué nos dice esto sobre Cristo?
Claramente, viendo el poder de nuestro Señor en sus exorcismos y viendo lo impactantes que fueron sus milagros, no vamos a decir aquí que le faltaba poder. Eso sería blasfemia, que le faltaba poder a Cristo para sanar a otras personas. No, el problema no era ese, no es que a Cristo le faltara poder para sanar a las personas. Y, sin embargo, por el lenguaje que se utiliza cuando se dice todos y luego se dice muchos, y por el relato que se nos presenta, donde se nos cuenta que al otro día volvieron todavía con más enfermos, esto nos hace suponer que hubo personas que estuvieron cerca de Cristo y que, sin embargo, en ese momento no fueron sanadas.
Esto puede extrañar a alguien porque la tendencia nuestra sería decir: Bueno, pero fue que esos casos, como se dice popularmente en Colombia, esos casos le quedaron grandes, eran demasiado difíciles para él. No, no, nada es demasiado difícil para Cristo, el que resucitó a la hija de Jairo, el que levantó del reino de la muerte a Lázaro no le faltaba poder. Más bien, lo que tenemos que decir no es que le faltara poder, sino que le sobraba sabiduría. ¿Qué quiero decir con esto? Cristo sabe que no para todo el mundo, el primer paso es la curación física, no para todo el mundo.
Yo tuve oportunidad de acompañar, en alguna oportunidad, en un par de oportunidades, acompañar al muy conocido y muy amado padre Emiliano Tardif, que tenía de Dios una gracia, un carisma de sanación absolutamente impresionante. Y el padre Emiliano Tardif, pues fue instrumento del Señor para que mucha gente se curara. Pero yo recuerdo una de las últimas sesiones que él tuvo de oración por los enfermos, eso fue aquí en la ciudad de Bogotá y de aquí salió para Argentina, donde lo sorprendió la muerte.
Pues, yo recuerdo en la sesión que él tuvo aquí en Bogotá, de hecho, a pocos días de su fallecimiento, muchísima gente se sanó, mucha gente, pero hubo personas que no. Y entonces, ves la conexión que hago con el Evangelio de hoy. Todos quieren, muchos se sanan, unos cuantos no, no se sanan físicamente. ¿Por qué pasa esto? Pues pasa por varias razones, pero la principal es que Dios, en su providencia, sabe cuál es el camino que cada persona ha de recorrer. Y si bien para muchas personas una sanación es algo que les llena el corazón, que les da esperanza, que les hace sentirse amados, sigo hablando de sanaciones físicas.
Para otras personas, el camino de la enfermedad, de la dolencia también es un camino pedagógico. Y no se nos olvide que ha habido grandes santos y santas, por supuesto que han tenido pésima salud. Y ¿qué vamos a decir, que Cristo no podía o no quería sanar a esas personas? Obviamente no vamos a decir eso. Lo que vamos a decir es que, a través de ese camino particular, Dios estaba haciendo una obra particular. Cristo no es simplemente un curandero, perdón la palabra, Cristo no es simplemente un milagrero. No, los milagros de Cristo tienen sentido dentro de un plan.
Y eso que quiere Cristo con ese plan es lo más importante. A veces, ese plan incluye una curación física, a veces no. No presionemos a Dios para que tenga que obrar de una manera o de otra. No presionemos a Dios, como se dice popularmente, hay que dejar a Dios ser Dios. Algunas veces habrá curación física, algunas veces la dolencia desaparecerá. Otras veces, como lo cuenta también el Evangelio, vendrá un proceso de recuperación en etapas, eso también lo cuenta el Evangelio, por lo menos en un caso. En otras oportunidades, la misma enfermedad es pedagogía y camino de santidad para esa persona, para ese hombre o para esa mujer.
Tengamos sí, la confianza absoluta en Dios de que aquello que sucede cuando nosotros oramos con plena disponibilidad, con plena fe, con plena confianza, eso que suceda, sea la curación o no curación, es sin duda lo mejor para nosotros, es lo que Él quiere y es lo que nos va a hacer mayor bien. Qué pequeñita enseñanza la que tenía para nosotros este Evangelio. Que Dios te bendiga.

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