Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Si estás tratando de vivir el Evangelio tendrá consecuencias; si te apartas de él piensa cuál es el precio que estas pagando, porque o le pagas al mundo un precio por ser cristiano o le pagas un precio a la eternidad por dejar de serlo.

Homilía o093007a, predicada en 20240605, con 8 min. y 28 seg.

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Transcripción:

Hermanos, después de escuchar durante algunos días textos de la segunda carta del Apóstol San Pedro, seguimos con cartas del Nuevo Testamento en la primera lectura de hoy, en esta oportunidad nos vamos a la segunda carta de San Pablo a Timoteo. Vale la pena recordar que Timoteo fue un discípulo de Pablo, pero un discípulo especialmente querido, tanto, que en la primera lectura, en la primera carta de Pablo a Timoteo lo llama hijo, lo llama hijo querido. Él, Pablo, sentía que en Timoteo tenía como un hijo espiritual y esto dice muchísimo, porque esto nos habla de tres cosas. Nos habla de cómo Pablo veía que esa pasión que él tenía por el Evangelio y que era la razón de ser de toda su vida, estaba también en su discípulo, su hijo espiritual Timoteo, es decir, lo veía así, apasionado por el Evangelio, lo veía fascinado por la misma causa que estaba en el corazón de Pablo, como un padre que se siente orgulloso de ver que su hijo está haciendo las cosas bien.

En segundo lugar, el hecho de que Pablo vea a Timoteo como hijo quiere decir que le entrega también su obra, como sucede muchas veces en las familias, cuántas veces el papa ha logrado, por ejemplo, crear una empresa y luego pasa esa empresa a los hijos. Pero aquí no se trata de cualquier empresa, se trata de la empresa del Evangelio. Es decir, Pablo siente que Timoteo es adecuado sucesor en esa obra del Evangelio, que Timoteo está listo para asumir esa clase de responsabilidades.

Y, en tercer lugar, el hecho de que sea hijo también tiene que ver con la confianza. Hay cosas que son como de familia, hay cosas que solo las hablan los papás con los hijos y por eso, estas dos cartas de Pablo a Timoteo son auténticos tesoros, porque contienen esa clase de confidencias, esa clase de palabras de cercanía y de confianza que muchas veces solo encontraremos entre padres e hijos. Bueno, con esa introducción espero que nos animemos a estar particularmente atentos para escuchar los textos de esta segunda carta de Pablo a Timoteo.

Entre los varios consejos que le dan el texto de hoy, hay uno que deseo destacar, creo que ya lo he hecho en alguna otra oportunidad. Y ese consejo es: «Toma parte en los duros trabajos del Evangelio». Y bueno, como yo también estoy en la evangelización por el ministerio sacerdotal y por mi vocación dominicana, entonces me interesa mucho eso. Y reflexionando un poco sobre este texto, me ponía a pensar cuáles son esos duros trabajos del Evangelio, ¿en qué consiste eso? Lo más fácil, por supuesto, lo más inmediato, tal vez no lo más fácil, pero lo más inmediato es que recordemos aquí a los mártires. Hace poco estábamos celebrando a Carlos Luanga y sus compañeros que, por no seguir las perversiones sexuales que estaban en boga en su país en ese momento, fueron aprisionados, maltratados y, finalmente, quemados vivos, una cosa espantosa. Eso es participar de los duros trabajos del Evangelio, es decir, morir, morir así por Cristo es algo muy duro.

Y tenemos que recordar en este momento a tantos cristianos que están padeciendo persecución. No se nos olvide que, en algunos de nuestros países en América, tenemos el caso de gobiernos que han perseguido a los sacerdotes, a los obispos. Yo tengo que recordar aquí el caso de monseñor Rolando Álvarez en Nicaragua, que fue encarcelado, que se le levantaron cargos, luego se le acusó, se le condenó para más de 20 años de prisión y finalmente, bueno, digamos que parece un poco menos grave, pero no deja de ser terrible, pues fue desterrado, fue sacado de su propio país, fue sacado de su diócesis, fue alejado de su rebaño, esos son los duros trabajos del Evangelio. Ese es como un nivel, pero tengamos presente que todo el que quiera ser fiel a Dios va a tener que hacer parte de estos mismos maltratos de distintas maneras.

A mí no se me olvida que cuando el Papa Benedicto estuvo en el Reino Unido les predicaba a los jóvenes y les decía: Tengan en cuenta que hoy existe la persecución del ridículo, que hoy muchas veces resulta difícil vivir la fe por un motivo que uno podría decir que es banal, pero que es especialmente duro para los jóvenes. Cuando te vas quedando sin amigos porque resulta que todos te ven como muy anticuado, te ven como la puritana del grupo, te ven como la mojigata o el mojigato. Cuando todo el mundo te empieza a decir que tú eres fanático, cuando nadie te invita, cuando se burlan de ti, cuando hablan mal de tu fe, cuando te das cuenta, incluso temes, para quienes tienen esa vocación, no voy a tener jamás un novio, no voy a tener jamás una novia porque todo el mundo lo que quiere es, como decimos, cama, lo único que quieren es sexo. Entonces un católico, una católica, que tenga una convicción en estos temas afectivos, pues va a tener parte en los duros trabajos del Evangelio, porque va a tener que preguntarse muchas veces: Oye, ¿qué pasa conmigo? Soy demasiado feo, soy demasiado fea ¿por qué nadie, porque nadie se interesa por mí? Y muchas veces lo único que está sucediendo es que tú estás queriendo vivir el Evangelio. Y el Evangelio no es amado por muchas personas, el Evangelio es rechazado por muchas personas, el Evangelio es detestado por muchas personas. Entonces, los que detestan el evangelio detestan a los que quieren o queremos vivir el evangelio.

Yo no quiero dármelas aquí de mártir, de ninguna manera, pero la realidad es la que es y lo cierto del caso es que el que quiera vivir el Evangelio se va a enfrentar con esto que estamos diciendo, hay exclusión, hay burla, hay segregación, incluso en algunos casos, hay pérdidas muy grandes y quiero citar solamente un ejemplo. Piensa en lo que sucedió también en el Reino Unido con el tema de las agencias de adopción, las agencias de adopción católicas. Básicamente lo que les dijo la Corona británica fue: O ustedes admiten adopción por parte de parejas del mismo sexo o les toca cerrar todo. Así de sencillo, con lo que eso implica no solamente en términos económicos o sociales, sino con lo que eso implica en términos de dolor del corazón por un servicio que se estaba prestando. Gracias a Dios aquellas agencias católicas dijeron: Nosotros no vamos a vender nuestra fe, nosotros no vamos a vender nuestras convicciones. Pero ¿qué les tocó hacer? Cerrar todo. Son los duros trabajos del Evangelio.

Piénsalo, yo doy aquí unos ejemplos, pero por favor, piénsalo en tu contexto, piénsalo en tu ambiente. Y solo llegarás a dos conclusiones: Si estoy tratando de vivir el Evangelio, eso tiene consecuencias. Y si me estoy apartando del Evangelio, pues entonces ¿cuál es el precio que estoy pagando? Porque o le pago un precio al mundo por ser cristiano o le pago un precio a la eternidad por dejar de serlo. Piénsalo y que Dios te ayude a tomar la mejor decisión. Amén.

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