Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pide que el Espíritu de Dios se reavive en ti porque solo Él te da amor, alegría y fuerza para superar la vergüenza y la cobardía, enemigas que van a querer que te encierres y te acomplejes.

Homilía o093004a, predicada en 20200603, con 7 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Hermanos amados, en esta semana estamos acercándonos a la primera lectura, porque hemos visto que muchos de los textos de la primera lectura de la Misa, aunque se proclaman año tras año, pocas veces reciben alguna atención y una predicación, una reflexión. Es muy modesto lo que podemos hacer aquí, pero con cariño lo ofrecemos. Hoy, por ejemplo, tenemos el comienzo de la segunda carta del apóstol San Pablo a Timoteo. ¿Quién era este Timoteo? Es algo que podemos aprender en el libro de los Hechos de los Apóstoles, ahí nos damos cuenta que en una de las ciudades donde Pablo más sufrió, que fue la ciudad de Listra, vivía este hombre llamado Timoteo, cuya mamá era cristiana. Cristiana, por supuesto, significa con plena fe en Cristo, es decir, lo que nosotros hoy llamamos católico. Por qué hay personas que se llaman cristianas, pero, por ejemplo, no creen en la Eucaristía, no creen en la confesión, niegan el primado del apóstol Pedro. Ellos se llaman cristianos, pero, en realidad, están negando una parte del mensaje de Cristo. O sea que cristiano propiamente quiere decir lo que nosotros hoy entendemos por católico. Pero bueno, volvamos a nuestro tema.

Timoteo era de la ciudad de Listra, su mamá era cristiana, su papá era pagano y él, desde el principio de su vida, desde su infancia, conoció las Escrituras, conoció la fe y se hizo cristiano. No solo eso, acompañó a Pablo en ciertos momentos de su predicación y de tal manera se ganó la confianza de este gran apóstol que él lo nombró, podríamos llamar, responsable de algunas comunidades cristianas. Esta es la razón por la que Pablo le escribe dos cartas que se conocen como primera a Timoteo y segunda a Timoteo. Esas cartas son simplemente invaluables, como todo en la Biblia, porque en esas cartas encontramos el pensamiento del apóstol San Pablo en lo que tiene que ver, sobre todo, con el cuidado pastoral, es decir, cómo cuidar el rebaño de Cristo, cómo cuidar la obra que Cristo ha hecho, no es poco.

Piensa lo que eso significa, un buen predicador, un buen catequista, un buen misionero. ¿Qué es lo que quiere? Darle ovejas al rebaño de Cristo, que se alimenten en los pastos jugosos de la gracia y del amor de Dios. Eso es lo que nosotros queremos cuando predicamos. Pero entonces, hay que saber cuidar ese rebaño del Señor, sabiendo que no es nuestro, sino que es precisamente de Cristo. Y ese es el propósito de las cartas llamadas pastorales, que son básicamente tres, la primera a Timoteo, la segunda a Timoteo, y la carta a Tito. Este hombre, Tito, era otro discípulo cercano a Pablo, al cual también Pablo le encargó algunas comunidades. Por eso, tenemos en la Iglesia una celebración de los santos Timoteo y Tito, esa celebración es el día 26 de enero. Se unen en una celebración estos dos grandes discípulos de Pablo, porque fueron muy cercanos a él, fueron fieles seguidores de sus enseñanzas y, además, Pablo les escribió estas cartas que son alimento permanente para nuestra Iglesia Católica.

Qué vamos a destacar del pasaje de hoy, después de entender por qué es importante Timoteo. Primero queremos destacar la relación viva de amor paterno que Pablo tiene por este, su discípulo. Fíjate cómo le llama al principio: hijo querido. Efectivamente, así como el deseo humano y el amor humano producen por la unión entre el hombre y la mujer hijos, así también el amor de Dios floreciendo en nuestros corazones produce también hijos espirituales, y ese es el sentido de la paternidad espiritual que tiene Pablo. Así como también existe la maternidad espiritual que han mostrado muchas santas a lo largo de la historia de la Iglesia, siguiendo los pasos, ciertamente de aquella que es ante todo Madre nuestra, en el orden de la gracia, María Santísima. Así pues, nosotros nos damos cuenta que hay esa relación de padre espiritual a hijo que tiene Pablo con Timoteo.

Y luego le dice: «Reaviva el don de Dios que hay en ti», como quien dice, no te quedes en lo que has sido. Hay que alcanzar una plenitud, hay que avanzar. No te puedes quedar simplemente con lo que recibiste, no puedes vivir del pasado. Qué buena enseñanza, no puedes vivir del pasado. No basta con haber sido, hay que ser. Eso de que yo en otro tiempo iba a misa, eso de que yo en otro tiempo asistía a esos grupos de oración, eso de que yo en otro tiempo fui adorador del Santísimo Sacramento, no vivas de la virtud pasada, reaviva el don que has recibido. Y lo interesante, y con esto terminamos, es que cuando uno mira a ver qué es lo que Pablo le dice a Timoteo para que reavive el don, le dice: Hemos recibido un espíritu de amor, de fuerza, de energía. Y le dice: No un espíritu de cobardía ni de vergüenza.

Entonces, reavivar el don de Dios es superar, ante todo, la vergüenza y la cobardía, que se parecen mucho, porque, en cierto sentido, la vergüenza es una especie de hija mayor de la cobardía. Entonces, evita la vergüenza y la cobardía, porque van a ser tus enemigas, porque van a querer que tú te encierres, te acomplejes, te creas menos: Todos pueden menos yo, todos hacen menos yo. No permitas que eso te suceda. Espíritu de Dios. Espíritu que te da amor, alegría, fuerza, eso es reavivar el don de Dios que hay en ti. Recomendación que Pablo le hace a su hijo espiritual, Timoteo, y que nos sirve muchísimo a cada uno de nosotros.

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