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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las Cartas Pastorales nos permiten asomarnos al celo del apóstol Pablo por el futuro de los evangelizados, más allá de su partida de esta tierra.
Homilía o093002a, predicada en 20120606, con 4 min. y 43 seg. 
Transcripción:
En esta parte del año litúrgico, estamos en la semana novena del Tiempo Ordinario, nuestra Iglesia Católica nos ofrece en la primera lectura textos menos conocidos. Por supuesto que el centro de nuestra atención es siempre el Evangelio, pero también es verdad que ese evangelio es el fruto maduro de todo un camino, y por eso la importancia del Antiguo Testamento. Y ese Evangelio, además, como una hermosa estrella, irradia, irradia su esplendor en las vidas reales de hombres y mujeres reales, en la vida concreta de comunidades concretas. Por eso, se puede decir que lo único que a nosotros nos interesa es el Evangelio, pero el Evangelio, para ser completo y para entenderlo de manera correcta, es el Evangelio con la preparación que llevó a él y es el Evangelio con la irradiación que brota de él, y por eso nos interesa todo el Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento también.
Dentro del Nuevo Testamento, hemos escuchado recientemente un par de pasajes de la segunda carta de Pedro, la semana pasada estábamos oyendo otros pasajes más numerosos de la primera carta de Pedro, y ahora estamos con la segunda carta, esta vez de San Pablo a uno de sus discípulos más queridos, Timoteo. En la Biblia encontramos dos cartas de Pablo a Timoteo. Parece probable que este documento, la segunda carta a Timoteo, sea el último escrito, el escrito que se refiere a la última etapa, quizás, incluso los últimos meses de vida del apóstol Pablo. Según una antiquísima y muy sólida tradición, Pablo fue decapitado en la ciudad de Roma, eso sucedió hacia el año 67 de nuestra era o cosa parecida. Los restos mortales de este apóstol se conservan en la basílica que lleva su nombre la Basílica de San Pablo, llamada Basílica Extramuros, en la ciudad de Roma.
Pero antes de llegar a ese supremo testimonio del martirio, Pablo tenía una gran preocupación. Por supuesto que el amor de su vida era Jesús, el Evangelio de Jesús y lo que a él le preocupa, lo que pesa sobre su corazón, es qué va a suceder con esa predicación del Evangelio, qué va a suceder con ese camino. Las cartas llamadas pastorales tienen que ver con ese momento tan importante y de tanta densidad en la vida del apóstol. Las cartas pastorales son la carta a Tito y las dos cartas a Timoteo. Es decir, que lo que podemos esperar de estos documentos es algo así como el testimonio entrañable de un hombre que empeñó su vida de un modo generoso y total a la causa del Evangelio.
Las recomendaciones entonces, que están en estas cartas siendo útiles para todos, son especialmente útiles y necesarias para aquellos que tienen o que tenemos la misión, el encargo de servir al pueblo de Dios con la predicación o con el ministerio sacerdotal, por eso también se les llama cartas pastorales. Qué hermoso, por ejemplo, esa frase que le dice Pablo a Timoteo en el texto de hoy, capítulo primero de la segunda carta a Timoteo, le dice: «Reaviva el don que recibiste por la imposición de las manos». Yo creo que es algo que debemos desear, que podemos y debemos desear para todo diácono, para todo sacerdote, para todo obispo: Reaviva el don que recibiste. Ese regalo de amor de Dios no puede envejecer, no debe envejecer en tu corazón. Recíbelo, recíbelo hoy de nuevo, renuévalo, porque Dios está contigo tanto como el primer día. Que el Señor renueve Su gracia en nosotros. Amén.

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