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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La sabiduría trae prosperidad pero el exceso trae necedad.
Homilía o053004a, predicada en 20140212, con 4 min. y 56 seg. 
Transcripción:
Creo que podemos describir la situación irónica implicada en la primera lectura de hoy con estas palabras: La sabiduría trae prosperidad, pero el exceso trae necedad. A ver, grábate bien esa frase: la sabiduría trae prosperidad, pero el exceso trae necedad. Estas dos frases resumen bien lo que fue el reinado de Salomón, sabio en las cosas del cielo y de la tierra. Su sabiduría es, ante todo, esa capacidad de ordenar las palabras y las acciones para el gobierno de un pueblo, el pueblo de Dios.
Y en esto sobresale de tal manera que, una de las grandes reinas de aquella época, la reina de Saba, se queda asombrada, completamente estupefacta: Eres mucho más de lo que me habían contado. Es decir, que toda esa sabiduría que Dios le ha dado a Salomón se convierte en una fuente de prosperidad, las cosas van muy bien, las cosas parece que funcionan muy bien. Pero ten cuidado, porque cuando las cosas funcionan muy bien, se engendra mucha riqueza, se engendra mucho prestigio, se engendra mucho poder. Y resulta que la riqueza puede producir codicia y el prestigio puede producir cobardía y el poder puede producir envidia.
Y todo esto vino a suceder en el caso del reinado de Salomón. Y por eso, si la prosperidad lleva al exceso, el exceso va a llevar a la necedad. Así le sucedió a Salomón, pero no queremos que nos suceda a nosotros. Entonces, ¿cuál es el remedio? No se trata de ser tontos, no se trata de vivir en la miseria. Entonces, ¿qué es lo que Dios quiere de nosotros? Es evidente que Dios nos quiere sabios. Entonces, ¿dónde falla la ecuación? Si la sabiduría produce prosperidad, pero luego la prosperidad va a producir exceso y el exceso va a producir necedad, entonces, al final tenemos que la sabiduría produjo necedad.
Y repito, eso fue lo que sucedió en la historia de Salomón. El hombre más sabio del mundo terminó convirtiéndose en la causa de la ruina del pueblo, porque llegaron tantos lujos y tantos placeres, y junto con ellos, costumbres deshonestas y sobre todo multitud de ídolos. Y esa multitud de ídolos apartó el corazón del rey y el corazón del pueblo de la verdadera fidelidad a Dios. Entonces, ¿qué hacemos? Si la sabiduría produce prosperidad y luego el exceso va a producir necedad, el puente peligroso, el camino peligroso es el que lleva de la prosperidad al exceso.
Y ¿cómo se vence ese obstáculo? Salomón no supo ese secreto, pero nosotros sí lo hemos conocido, lo hemos conocido en la persona de Juan Bautista y lo hemos conocido en la persona de Jesucristo. Lo hemos conocido porque Juan el Bautista dice: El que tiene que comparta, el que tiene más, el que tiene demás que comparta. Entonces, la verdadera sabiduría no va a consistir simplemente en tener éxito y prosperidad, sino en tener suficiente luz y suficiente serenidad como para empezar a darse cuenta en qué momento empecé a acumular.
Porque cuando empecé a acumular, empecé a crear el exceso y con el exceso, la necedad y con la necedad, la ruina. Entonces, la verdadera sabiduría no es simplemente la que lleva al éxito, sino la que lleva al discernimiento y a la generosidad y a la santidad.

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