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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Cuaresma nos recuerda que Jesús es el centro, que debemos buscar lo que permanece y cultivar la vida interior.
Homilía kmce027a, predicada en 20250305, con 4 min. y 32 seg. 
Transcripción:
Hermanos queridos, hoy iniciamos nuestra Cuaresma y he querido hacer esta reflexión a los pies de Cristo, a los pies del Señor, porque lo importante, lo más importante de la Cuaresma es caminar con Cristo, es estar con Cristo. Hay unas prácticas exteriores que tienen un gran valor. Los ayunos, las obras de misericordia, las oraciones más abundantes, tienen un gran valor. Pero, lo fundamental de nuestra Cuaresma está en caminar con Cristo, en vivir con Cristo. De hecho, la razón por la que la Cuaresma tiene cuarenta días es por referencia a los cuarenta días de Cristo en el desierto, lo cual quiere decir que ya desde su mismo nombre, este tiempo litúrgico privilegiado nos está invitando a que nosotros hagamos camino con Cristo y por Cristo en el desierto. Es lo primero que debemos destacar.
Segundo, la Cuaresma nos está recordando con el signo precioso de la ceniza, es Miércoles de Ceniza, nos está recordando cómo todas las cosas a las que solemos darles el corazón se van, se disuelven. Así como cuando se quema un árbol o un mueble o una casa y lo que queda es ceniza. Y lo que antes se veía tan bello y tan fuerte se disuelve como en la nada, pues así nosotros somos invitados a darnos cuenta que muchas de las cosas a las que les entregamos el corazón se van.
La manera como esto es enseñado por la Iglesia es a través de ese signo que va en nuestra frente. Y también esas palabras que nos dicen, a mí me gusta decir las palabras tradicionales: «Acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás». Ese recordar que en polvo nos convertiremos y ese recordar que tendremos que dejar todo, no es para entrar en depresión y para decir: -Oh, no vale la pena ningún esfuerzo. Más bien, lo que sirve, lo más importante es darnos cuenta que tenemos que poner nuestro corazón donde verdaderamente debe estar, allí donde está Cristo. Recordemos esas palabras que el Señor nos dice en otro lugar, nos dice: «Pongan su tesoro en el cielo, donde no hay ladrón que robe, donde no hay polillas que roban». Ese es el mensaje que nos da Cristo. O sea que la Cuaresma nos está invitando a darnos cuenta de que las cosas pasan y hacernos la pregunta de dónde está nuestro corazón, para que nuestro corazón aprenda a afirmarse allí donde están los verdaderos tesoros.
Un último punto que debemos tomar del Evangelio de hoy, que está leído a partir de San Mateo, es el aspecto interior de la Cuaresma. Es decir, así como hacemos un camino, pues que sepamos que ese camino es ante todo un camino interior. Por eso, el Evangelio de hoy nos recuerda que no se trata de ayunar para que la gente diga: -Oh, ¡cuánto ayunas! O no se trata de hacer grandes obras de misericordia para que la gente aplauda y diga: -Oh, ¡qué generoso eres! Más bien, de lo que se trata es de ese cambio interior, esa zona de nuestra vida que no le hemos entregado a Dios, esa parte de nuestro corazón que ha sido rebelde frente al Señor y, de la cual, también tendremos que rendir cuentas.
Así que las tres palabras para hoy son: Cristo en el centro. En segundo lugar, buscar lo que permanece, buscar el Reino de Dios y su justicia, buscar los bienes celestiales. Y tercero, cultivar la vida interior. No más apariencias, no más buscar la popularidad o el aplauso o el reconocimiento de la gente. Lo importante es qué está sucediendo en ti. Dios nuestro Señor nos conceda una Santa Cuaresma. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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