Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cuando una persona deja de ser esclavo de lo que es fugaz y pone su corazón en lo eterno desaparecen todas las contiendas.

Homilía kmce026a, predicada en 20240214, con 7 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Bienvenidos a la Cuaresma, este es el Miércoles de Ceniza. Mis hermanos, quiero subrayar una palabra, una palabra que quisiera que atravesara toda la Cuaresma, esa palabra es: oportunidad. Vamos a ver la Cuaresma como una oportunidad. Y el signo tan sencillo, pero tan elocuente que utilizamos el Miércoles de Ceniza, nos pone en esa ruta.

Son muchas las lecciones que se toman de la ceniza si sabemos reflexionar en ella, por ejemplo, la ceniza nos recuerda lo que a veces se dice cuando nos imponen ese signo sobre la frente o la cabeza: «acuérdate de que eres polvo y en polvo te convertirás». La ceniza también nos ayuda a desengañarnos de las cosas de este mundo. La ceniza también nos invita a reconocer nuestra nada delante de Dios. Pero, en esta oportunidad quisiera destacar una palabra que está muy unida a la ceniza y que es una palabra que puede servir para que aprovechemos la Cuaresma como lo que es, una gran oportunidad, esa palabra es: fugacidad.

Ya muchos de ustedes estoy seguro que saben que la ceniza que se utiliza el Miércoles de Ceniza se hace con los ramos de la Semana Santa del año anterior. O sea que, la ceniza de este año proviene de los ramos del año pasado y esos ramos nos hablan de un momento gozoso, un momento de victoria, un momento de alabanza, podríamos decir incluso de popularidad, que Cristo tuvo, de eso nos hablan esos ramos. Pero un año después, de hecho, menos de un año después, esos ramos quedan convertidos a cenizas, la fugacidad.

La fugacidad, que es la conciencia que tomamos de cómo las cosas de este mundo pasan. El hombre, nos dice un salmo, es como la hierba, como la flor de la hierba que se marchita, y tomar conciencia de la fugacidad de la vida y tomar conciencia de la fugacidad de las alegrías y de los triunfos de este mundo, y tomar conciencia de lo poco que duran los aplausos y tomar conciencia de lo poco que dura la belleza física, tomar conciencia de todo eso, nos hace un gran bien. Nos hace un gran bien porque nos ayuda a centrarnos, nos ayuda a poner nuestra ancla allí donde nada podrá movernos, los valores eternos, lo que sí vale.

Y ¿qué es lo que sí vale?, ¿qué es lo que no se marchita? Hay una frase que se atribuye a San Francisco de Asís, esa frase es: tienes que dejar lo que tienes al morir. Tienes que dejar lo que tienes y solo te llevas lo que hayas entregado. La caridad, el amor, el marcar la vida de mi hermano, de mi prójimo, el marcar las vidas de los que nos rodean, marcarlas con el amor y con el bien, marcarlas con la misericordia, la paciencia, la escucha, marcarlas con la bondad, marcarlas con una bendición. Eso, eso sí permanece, ese es el bien que sembramos para la eternidad, ese es el bien que no se destruye, ese es el bien al que nos invita la Cuaresma.

Hay muchos pasajes de la Biblia que nos hablan de fugacidad, por ejemplo, San Pablo en la primera carta a los Corintios, capítulo 7, dice: «Queda como solución que los que tengan, como si no tuvieran, los que disfrutan de este mundo, como si no disfrutaran de él, porque la figura de este mundo pasa». ¿Qué quería Pablo con eso?, que nosotros nos hundiéramos en tristeza y en desesperación, más o menos en la dirección en que plantean ciertas filosofías ateas que simplemente se ve pasar todo y entonces somos como briznas en un viento que no va a ninguna parte. No, lo que quiere Pablo es que tengamos nuestro corazón en el que no engaña, en lo que es eterno, es decir, en la bondad, en la justicia, en el amor genuino. Eso es lo que quiere y para eso es la Cuaresma.

¿A qué le estamos entregando nuestra vida?, ¿en qué estamos gastando nuestros días? Sí, hay cosas que se necesitan, se necesita dinero, por ejemplo, estamos de acuerdo. Si una persona cuida su cuerpo, por ejemplo, haciendo ejercicio. Si una persona cuida su cutis porque quiere verse bella, eso no es que sea pecado en sí mismo, pero aprende a embellecerte en tu cuerpo de tal manera que tenga el primer lugar la belleza de tu alma. Porque lo que es escandaloso, es que le demos tanta importancia a lo que es fugaz y que se va a quedar para siempre en esta tierra y nos olvidemos de lo que es eterno. De hecho, durante mucho tiempo, yo diría siglos, los grandes predicadores en misiones populares, en sermones, en retiros, en ejercicios espirituales, los grandes predicadores se centraron exactamente en esto, porque cuando una persona deja de ser esclavo de lo que es fugaz y aprende a poner su corazón en lo que es eterno, muchas contiendas desaparecen. No es verdad que la mayor parte de los pecados suceden precisamente porque estamos aferrados a lo fugaz. La codicia del dinero, ¿podría subsistir si la gente realmente apreciara lo que es tesoro en el cielo? Mira cuántas contiendas desaparecerían, mira a qué extremos llevan esas idolatrías del cuerpo, del placer del tener, todo eso es lo fugaz. Tomemos la enseñanza de la ceniza y empecemos con pie derecho. Empecemos de la mejor manera nuestra santa Cuaresma. Amén.

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