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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La presión a la que nos sometió la pandemia mostró grietas por lo que necesitamos humildad y arrepentimiento; aprovechemos la actitud espiritual de la Cuaresma para sanarnos como personas, familias e incluso como países.
Homilía kmce024a, predicada en 20220302, con 6 min. y 17 seg. 
Transcripción:
Bienvenidos, este es el Miércoles de Ceniza, 02 de marzo de 2022, y digo en voz alta la fecha para que se recuerde que este sencillo compartir, esta pequeña meditación tiene una ubicación en el cronograma de nuestra vida.
Hace unos dos años, con mucha fuerza empezaban las restricciones por la pandemia de COVID 19. En muchos lugares del mundo las señales son bastante esperanzadoras, no en el sentido de que haya desaparecido todo riesgo, sino en el sentido de una disminución sustancial en el número de casos y, bendito sea Dios, en el número de personas que se agravan por enfermedad o que incluso mueren. Han sido dos años muy duros y en estos dos años, yo creo que hemos recibido grandes lecciones, pero también hemos quedado profundamente afectados. Lo hemos dicho en otras oportunidades, la economía de muchas personas, de pequeños negocios especialmente, la estabilidad de las familias, la salud mental de mucha, mucha gente, ha sido lastimada.
Hace poco, con esta comunidad a la que acompaño aquí en Bogotá, que se llama Familia Espiritual, comentábamos eso con algunos amigos. Cómo en todos, en las parejas, en los jóvenes, en los niños estamos viendo el nivel de daño que dejó todo este tema de la pandemia y, por consiguiente, donde hay daño, nosotros cristianos siempre pensamos en cuál puede ser un camino de sanación, un camino de recuperación. Ese es el contexto en el que esta vez celebramos el día Miércoles de Ceniza. Un contexto de heridas, un contexto de recuerdos, tal vez amargos, duros, un contexto de quiebras de muchas personas.
Es verdad que también hay elementos positivos. Esto no lo debemos ocultar. Sí, hay elementos positivos, pero yo quiero que hoy nos fijemos en un aspecto realmente muy bello del Miércoles de Ceniza, y es que el Miércoles de Ceniza, ya lo sabemos, marca el comienzo de ese itinerario que es la Cuaresma. Y pregunto yo: ¿qué tal si miramos la Cuaresma como una especie de itinerario de sanación?, un camino de sanación, eso es lo que te estoy proponiendo, que miremos la Cuaresma como un camino de sanación. ¿Qué quiero decir con eso? quiero decir que la actitud espiritual que la Iglesia quiere infundir en nosotros en el Miércoles de Ceniza posiblemente es la mejor actitud para empezar a sanar tantas heridas emocionales, familiares, económicas también, heridas mentales, espirituales que llevamos dentro, por estos dos años tan duros que todos hemos pasado.
Y quiero destacar sobre todo dos actitudes que son muy propias del Miércoles de Ceniza y que pueden hacernos inmenso bien, dos actitudes. Hay una actitud de humildad, precisamente por eso la ceniza. Acuérdate que eres polvo, acuérdate de tu barro, acuérdate que los demás también son de barro, acuérdate de tu barro, eso es humildad. La palabra humildad, de hecho, viene del latín humus, que es uno de los modos de referirse a la tierra, el polvo, ras de tierra, allí donde se cultiva. Entonces la humildad es recordar nuestro humus, es recordar la tierra de la que venimos. Y esa actitud nos va a ayudar extraordinariamente para abrirnos a la sanación que Dios regala y para abrirnos con un nuevo modo a nuestros hermanos. Porque no es verdad que lo que más nos daña es precisamente la soberbia, no es verdad eso, yo creo que todos estaremos de acuerdo. Entonces, en primer lugar, el humus, la humildad.
Y, en segundo lugar, el arrepentimiento. Reconozcamos que, durante este tiempo tan duro, donde fuimos sometidos a presión, aparecieron muchas grietas. Una vez me decía un ingeniero de materiales de esos que trabajan en grandes laboratorios y tienen que experimentar, por ejemplo, cuál es la fortaleza de tal tipo de concreto o de tal tipo de acero. Pues para saber esa fortaleza tienen que someter a presión o a tensión, tensionar los materiales. Y me decía él: siempre, siempre, el bloque se va a romper dónde estaba la grieta. Pues es elemental, no se necesita ciencia de cohetes para explicar eso.
Entonces date cuenta de lo que estamos hablando, esta presión o esta tensión a la que nos sometió la pandemia, mostró grietas y por eso necesitamos una actitud no solo humilde, sino arrepentida. Que este sea un tiempo de arrepentirnos y un tiempo de saber pedir disculpas y saber pedir perdón. Todos tenemos que hacerlo. Aprovechemos la actitud espiritual de la Cuaresma para sanarnos interiormente como familias y como comunidades, incluso como países.

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