Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La reflexión de la vida cristiana no acaba en la desesperación sino en la humildad y en la sensatez que nos ayuda a descubrir lo que queda para la eternidad.

Homilía kmce023a, predicada en 20210217, con 5 min. y 18 seg.

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Transcripción:

Bienvenidos hermanos a este tiempo de Cuaresma, año litúrgico 2021. Hoy es Miércoles de Ceniza. Ceniza, esa palabra ¿cómo me impacta el día de hoy? Como algunos de ustedes saben, mi padre falleció hace un mes, casi exactamente. Las condiciones de pandemia llevaron a lo que ya conocemos. El cadáver es retirado, no hay propiamente una velación. El cadáver es cremado. Y después de unos días, has despedido a ese ser que tanto amas y lo que tienes frente a ti es una pequeña caja con las cenizas. Eso es lo que estamos viviendo miles y miles, yo diría millones de personas en el mundo.

Este año las cenizas son una expresión que nos impacta mucho más, mucho más. Esas cenizas nos hablan de todo lo que se deja atrás, o mejor, todo lo que uno no puede llevarse. Y es aquí donde las frases de los santos y los pensamientos de las personas realmente espirituales vienen en nuestro auxilio. ¿Qué nos llevamos? no nos llevamos lo que retenemos, nos llevamos nuestras buenas obras, o como alguien dijo, sólo nos llevamos lo que damos. Y por eso hay personas que llegarán a las puertas de la eternidad con sus manos muy llenas. Y quizás otros podemos temer que nuestras manos estén demasiado vacías.

El fuego, el fuego que quema, el fuego que vuelve cenizas las cosas, es también el destino de nuestro planeta. Si nosotros acudimos a los astrónomos, vemos que incluso en ese plano físico todo será cenizas. Hay una canción famosa que se llama «Dust in the wind», algo así como polvo al viento o en el viento. Y uno puede tener una cierta tentación de nihilismo, de desesperación, de vacío absoluto, y puede empezar a repetir frases como que: somos seres para la muerte, no queda nada, y si nada queda, nada importa. Pero la diferencia, óyeme bien esto, la diferencia entre el existencialista ateo y el cristiano es que, al ver las cenizas, el existencialismo ateo dice: -Si nada queda, nada importa. Mientras que el cristiano dice: -Si eso no queda, ya sea las riquezas, los aplausos o este planeta, si eso no queda, entonces, ¿qué es lo que sí queda? Y es ahí, donde encontramos la ruta de nuestra vida cristiana.

Por eso, la reflexión cristiana no acaba en la desesperación, no acaba en el desasosiego, sino en una tremenda humildad y en una fantástica sensatez que nos ayuda a descubrir si esto no queda, entonces, ¿qué es lo que sí queda? O como decía San Agustín: esto, esto, este trabajo, este esfuerzo, este amor, esta amistad, esta alegría, ¿qué tiene que ver con la eternidad? Lo demás será ceniza, pero nosotros sabemos en dónde está la eternidad y sabemos el camino a la eternidad. Y ese es el que nos ha mostrado Jesucristo, y por eso le vamos a acompañar en esta Cuaresma. Por eso, vamos a seguir la ruta con Él, porque queremos en su Nombre, porque queremos con su auxilio que nuestra vida sea mucho más que cenizas o polvo que se lleva el viento.

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