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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para la eternidad no importan los reconocimientos ni los títulos, sino haber vivido nuestro bautismo. Las glorias mundanas deben quemarse hoy y buscar la verdadera solidez y fortaleza.
Homilía kmce022a, predicada en 20200226, con 6 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Indudablemente el elemento más humilde del Miércoles de Ceniza, y hoy es Miércoles de Ceniza, es la ceniza, lo más humilde de este día es la ceniza. Muchas personas ya saben de dónde sale la ceniza del Miércoles de Ceniza. La piadosa costumbre que hay en muchos sitios es que, con los ramos del Domingo de Ramos del año anterior, se hace la ceniza de este año. Hay un simbolismo tan precioso en eso, un simbolismo que nos invita a pensar en lo que pasa y en lo que queda. Y yo me hago esta pregunta: si yo tuviera que hacer mi propia ceniza, ¿qué tendría que quemar en mi vida?
Recordemos que, el Domingo de Ramos fue un momento de aclamación, un momento de júbilo, podríamos decir, un momento de gloria. Una gloria muy humana, una gloria muy humana, pero un momento de gloria. Y esa gloria de algún modo tenía que consumirse, tenía que quemarse. De hecho, si vemos el contraste entre el Domingo de Ramos y el Viernes Santo, entendemos que esa gloria humana no duró mucho, se quemó pronto, muy pronto. ¿Qué tiene que quemarse dentro de mi vida?, ¿qué debería quemar yo? No estoy llamando a la locura, siempre hay personas que a veces exageran un poco y dicen: -Ay, el padre nos está mandando quemar cosas. No, no, no. Es una metáfora bonita para decir: hay cosas que, que hay que terminar. Hay aplausos de los que hay que apartarse. Hay silencio y recogimiento que a todos nos hace falta. Entonces formulemos la pregunta de esta manera:
¿Cuáles han sido los grandes soportes de mi vida?
¿Cuáles han sido esos soportes que tal vez yo debería dejar a un lado?
¿En dónde he puesto mis seguridades?
¿En dónde, en dónde he puesto mi fortaleza?
Y posiblemente este es el tiempo para dejar, dejar esas fortalezas que tienen más como de apariencia y es el momento de buscar la verdadera solidez, la verdadera, verdadera fortaleza que tiene que quemarse en mi vida. Tal vez me he sentido muy importante y quizás esa importancia no le agrada a Dios. Tal vez mi manera de hacer valer mi opinión, mi presencia, mi poder no le gusta a Dios. Y son esas glorias mundanas las que tienen que quemarse en este Miércoles de Ceniza, para escoger el camino de la humildad, para escoger el camino de la verdad, para poder decir, como decía San Basilio, como decía San Gregorio: el único título que me interesa es ser cristiano.
Quiero terminar recordando el hermoso testimonio que me dio un amigo sacerdote. Este hombre me invita un día a su despacho parroquial y resulta que en la pared del despacho solo tenía, solo tenía un pequeño cuadro, un pequeño reconocimiento, un pequeño diploma, uno solo. Pero no era diploma ni reconocimiento propiamente, es que no sé qué palabra usar, ¿sabes lo que tenía ahí? la partida de bautismo. Ningún título, ni de filósofo, ni de teólogo, ni de pastoralista. Ni estuve en tal congreso, ni fui a tal parte, ni me saqué foto con el obispo, o con el otro, o con el Papa, lo cual tampoco está mal, ni más faltaba. Pero me gustó el testimonio que me dio este sacerdote. Lo único que tenía ahí enmarcado era su bautismo. Yo creo que él había quemado muchas de las glorias mundanas, de las glorias falsas, y ahora él sabía qué es lo que realmente cuenta. Porque para la eternidad con quien me saqué fotos, no importa mucho. Para la eternidad, ¿en cuántos congresos estuve?, ¿cuántas universidades me dieron reconocimientos, cartones o diplomas? eso no importa mucho. Viví mi bautismo, eso, eso sí importa todo. Que Dios nos conceda un santo comienzo en esta Cuaresma. Amén.

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