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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El mal no tiene freno dentro de sí: su aspiración última es pisotear y profanar todo lo que sea obra de Dios hasta burlarse sacrílegamente de lo que fue purificado y levantado por el Señor.
Homilía i343008a, predicada en 20171129, con 25 min. y 50 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, las lecturas de hoy me hacen recordar una ceremonia de ordenación sacerdotal que fue presidida por el Papa Beato Pablo VI, hace por supuesto, muchos años. En una oración especial que el Papa hacía por aquellos nuevos ordenados, decía Su Santidad: Que conozcan el mal, pero solo para evitarlo. Es una petición profunda, sentida, que goza indudablemente de esa sabiduría que caracterizó a este Pontífice. Me permito repetir esa petición que fue una de las muchas que él hizo en esa oración de los fieles: Que conozcan el mal, pero solo para evitarlo.
Efectivamente, a todos compete conocer el mal para evitarlo, de hecho, eso es lo propio de la virtud de la prudencia. Es imposible evitar el peligro si no se le reconoce a tiempo antes de que llegue, hay que saber cuál es el mal que se acerca para quitarle poder o soberanía sobre nosotros. Esa es la razón por la que podemos aprovechar las lecturas de hoy en tónica de conocer el mal para evitarlo. En la primera lectura encontramos un aspecto de la maldad, la necesidad, la urgencia de profanar.
La escena se sitúa en Babilonia, un gran banquete lleno de excesos. El que preside el banquete es el rey Baltasar, el cual es llamado hijo de Nabucodonosor, en el libro de Daniel. Este rey se sacia con manjares exquisitos, bebidas deliciosas, derroche de lujo, ostentación de poder, pero eso no le basta. Entonces, quiere que estén presentes en la sala del banquete sus muchas mujeres que son como una irradiación de su ego insaciable. Puede tener muchas, pero tampoco eso le es suficiente. Entonces, manda a traer también a las concubinas. Y la sala del banquete es un espectáculo orgiástico que ya resulta repugnante, por supuesto, a nuestros ojos.
Pero todavía no es suficiente para el rey Baltasar, él necesita algo más. Eso sucede con el pecado, siempre se necesita algo más. Entonces, en medio de su ebriedad, que es más ebriedad de ego, que ebriedad de licor, se le ocurre una idea perversa, una idea sacrílega: Traigan las copas del templo de Jerusalén. Traigan el tesoro de Jerusalén y sírvanme vino en esas copas. Yo voy a brindar en las copas de Yahvé. Yo voy a brindar en las copas de los sacerdotes de Yahvé. Y empieza entonces ese momento sacrílego de aquel banquete, a brindar por los ídolos, a darle alabanza y proclamar la gloria de los ídolos de piedra, de oro, de madera.
Él tenía que llegar hasta el sacrilegio, él tenía que llegar hasta la profanación. Es entonces cuando, colmada la medida, Dios pronuncia su sentencia sobre ese rey y sobre ese reinado, que esa misma noche, según el relato del libro de Daniel, cae. Hay que darse cuenta entonces de lo que le sucede a este Baltasar, a este rey, cómo él tiene una urgencia primero de expandir su deseo, después de mostrar su poder y después profanar. Profanar es indispensable porque es algo así como la venganza del diablo, que tiene que demostrar que es capaz de pisotear lo que Dios ha hecho.
¿Qué mensaje nos da esta lectura? Nos enseña algo importante sobre el mal, nos enseña varias cosas importantes sobre el mal. Y en la línea de aquella oración que hizo Pablo XVI, conviene aprender primero, el mal es insaciable, el mal no tiene punto de equilibrio. De lo que se trata, detrás de las apariencias es de la guerra entre las tinieblas y la luz. Por una razón muy real y muy profunda, dijo el apóstol San Pablo en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios: «Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra el espíritu del mal». El mal es insaciable y quiere avanzar sin llegar a un punto de equilibrio.
¿Por qué insisto en esto? Porque hay gente que tiene una idea ingenua sobre el desarrollo de la vida en sociedad. Y hay gente que cree que los excesos que estamos viendo excesos de depravación, de degeneración, de cultura de la muerte, de destrucción de la familia, hay gente que cree que esos movimientos sociales son como una especie de péndulo que un día volverá a su equilibrio como por sí solo. El mal no tiene punto de equilibrio, quiere destruir completamente. Y podemos citar en este momento como algunas de las naciones, algunos de los lugares en donde se ha reportado gran victoria del Evangelio del Señor, hoy son objeto de la rabiosa venganza del demonio.
Pocos países le han dado tantos santos a la Iglesia como España. ¿A qué vemos reducida España en este momento? Entre la corrupción de un gobierno mediocre y las pretensiones de los independentistas y nacionalistas que quieren pescar en río revuelto, eso en cuanto a la política. La familia en cero, el índice de natalidad bajo mínimos. Pero, sobre todo, la promulgación rabiosa de leyes que destruyan la familia con la máxima presteza y con la máxima eficacia, especialmente en los últimos, qué diría yo, 15 años, pero eso viene de atrás.
Divorcio exprés, aborto subsidiado por el gobierno, matrimonio homosexual, es decir, todo lo que acabe, todo lo que destruya la familia. Prohibición de las manifestaciones de la fe, burla y profanación de los signos religiosos. Se utiliza en inglés una palabra q u e e r, queer. Esa palabra extraña en inglés representa el travestismo glamoroso. El queer es un hombre travesti que hace un espectáculo, usualmente un espectáculo obsceno tomando atributos vestidos de mujer. Pero lo mismo que en el caso de Baltazar, no basta esa burla de la creación, no basta esa burla del hombre y de la mujer.
Ya el año pasado, uno de estos queer se disfraza de Virgen María y sale a las calles a hacer burla de la Virgen. Es un travesti disfrazado de Virgen María para manifestar el apetito por los hombres, esa es la profanación, esa es España. Y qué dificultad para que haya siquiera una intervención legal contra esa persona. Otro llamado artista filma la manera como roba hostias consagradas. Con un cómplice, filma el momento en el que recibe la hostia consagrada, se la saca de la boca y la guarda. Así colecciona decenas y decenas de hostias, hostias consagradas. Estamos hablando del peor de los sacrilegios.
Y después, en el Ayuntamiento de Navarra, con las hostias consagradas, pone la palabra pederastia o algo así, y dice que eso es arte. Y el gobierno municipal de Navarra aprueba eso y prohíbe que se haga protesta contra eso. Si eso que te estoy diciendo no se te parece al banquete de Baltasar, entonces dime ¿qué tiene que pasar para que te duela lo que le están haciendo a Cristo? Esa es España. Y como esas historias, otras. Es la venganza del demonio contra Santa Teresa, contra San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia, contra San Ignacio de Loyola, contra San Francisco Javier y contra tantos otros santos.
Canadá. ¿A quien debe la existencia Canadá? A la Iglesia Católica, así como lo oyes, revisa la historia de Canadá. Los británicos, por supuesto, eran anglicanos. El gobierno de Estados Unidos, cuando se constituye ese país, es un gobierno protestante. La resistencia frente al avance de Estados Unidos de América hacia el norte, porque los Estados Unidos siempre han tenido pretensiones expansionistas, siempre, siempre. La resistencia se debe fundamentalmente a los enclaves católicos, francófonos, muy particularmente a lo que hoy es la provincia de Quebec. Canadá, en buena parte debe su existencia como país a la Iglesia Católica.
Noticias de Canadá. Una pareja, padre y madre, le pide a la escuela pública en el estado de Alberta. Yo estuve ahí una vez en Edmonton, al puro norte. Una pareja, papá y mamá le pide a la escuela: Cuando ustedes vayan a dar temas de educación sexual para nuestros hijos, queremos que nos avisen, que nos avisen, para nosotros preparar a nuestros hijos y estar atentos a qué es lo que van a recibir nuestros hijos, eso pide esta pareja. Respuesta de la escuela, respuesta avalada por el Ministerio de Educación o el nombre que tenga en Canadá.
La educación sexual puede aparecer en cualquier clase y en cualquier momento, por cualquier profesor y a cualquier niño. Y la escuela no tiene que avisarle a usted, nosotros educaremos a su hijo como a nosotros nos dé la puerca gana, ese es el mensaje dicho en castellano más claro. Y usted como papá, como mamá, no puede hacer nada. Esa es Canadá, la Canadá que le debe su existencia a la Iglesia Católica. Este hombre que tienen como primer ministro Justin Trudeau o Justin, no sé cómo lo pronuncia él, Justin Trudeau.
Ha puesto como programa central de su gobierno: Hay que lograr la igualdad de género, que para él significa no solamente ni principalmente igualdad entre hombre y mujer. Significa los derechos de travestis, transexuales, bisexuales, homosexuales, etcétera, etcétera, etcétera. Es una obsesión, no me crean, a mí no me interesa. Vaya a las noticias, ponga usted en las noticias de Canadá, Justin Trudeau. Póngalo y mire cuáles son las iniciativas de ese gobierno.
Cuando el presidente Donald Trump, que tiene sus cosas como todos, dijo: No queremos transexuales en el ejército norteamericano. Trudeau, el primer ministro de Canadá, dijo: Mándelos, mándelos aquí los queremos. Eso en el país que le debe su existencia a la Iglesia Católica. Último ejemplo, podría citar a Irlanda, podría citar a Francia. Último ejemplo, México. México sabemos que ha recibido un sinnúmero de bendiciones, entre las cuales se cuenta con alto título, las manifestaciones de la Santísima Virgen a comienzos del siglo XVI, Nuestra Señora de Guadalupe.
¿Cuál es el país de América que tiene mayor porcentaje de sacerdotes asesinados? Ya sabe cuál es, México. México es el país más inseguro de todo el continente, probablemente del mundo, pero con seguridad de nuestro continente americano. ¿Cuál es el país más inseguro para ser sacerdote, el país con mayor porcentaje de sacerdotes secuestrados, torturados, asesinados? México. Otra profesión, todo hay que decirlo, también está gravemente amenazada en México, la de los periodistas, todo el que revele verdades, muere. El país que ha recibido una bendición peculiar, particular, una bendición única.
Perdónenme que hable un momento de mí mismo, pero como mi comunidad me ha puesto en esta labor misionera, a mí sí que me ha tocado ver la Virgen de Guadalupe, desde la casa que me hospedó, la casa cural que me hospedó en Edmonton, que ya les dije, allá al norte de Canadá, hasta la capillita del sur en Concepción, Chile. Yo he visto a la Virgen de Guadalupe, esa bendita Virgen que nos hermana, que nos une, que señala con su rostro mestizo la presencia y la victoria del Evangelio en todas las culturas de este continente. ¿Cuál fue el país que recibió esa bendición? México.
¿Cuál es el país donde es más peligroso ser sacerdote? México. ¿Cuál es el país de mayor deserción de la Iglesia Católica hacia los cultos satánicos e idolátricos, en particular el culto de la santa muerte? México. No más ejemplos, esto es una enseñanza, hermanos, esto es una enseñanza. Una enseñanza que tenemos que aplicar a nuestro país. Permítanme que me las dé de profeta y si quieren no me vuelvan a invitar, permítanme que me las dé de profeta. Lo que viene para Colombia es pavoroso. Y es pavoroso no, en primer lugar, por la estupidez, la complicidad y la corrupción de la política.
Lo que hay detrás de esto son las fuerzas del demonio que necesita vengarse de este país, como necesita vengarse de todo país donde se haya elevado el corazón de Jesús, donde se haya proclamado la hermosura de la Santísima Madre del Señor. Y ¿quién puede luchar contra eso? Las herramientas serán siempre las de costumbre: conversión, oración, ayuno. Pero tiene que haber alguien que convoque, tiene que haber alguien que llame a eso, a la conversión, a la oración. Tiene que haber alguien que salga con el pueblo a la calle, no solo a protestar por el agua, por la educación o por los niños wayuu, que hay que hacerlo.
Tiene que haber alguien que convoque y que saque a la calle al pueblo para orar, para gritar el señorío de Jesús. Porque no es esta la primera vez que el diablo ataca tan directamente a México. Ustedes saben cómo fue asesinado este niño mártir, Joselito. Una cosa pavorosa, lo menos que le hicieron fue cortarle la planta de los pies y ponerlo a caminar así. Un niño fue torturado así, el niño mártir de México. Eso se llama la guerra de los Cristeros, a comienzos del siglo XX. Entonces, es muy importante que nosotros, obispos, diáconos, sacerdotes, entendamos en qué guerra estamos.
Que, repito, no es en primer lugar, guerra contra la espantosa corrupción política, que también. Esta es una guerra espiritual fuerte y la conversión, la oración y el ayuno son la respuesta. Pero tiene que haber alguien que convoque y ya usted sabe quién es el que tiene que convocar, quién es el que tiene que ir delante. Usted, mi hermano sacerdote, usted es el que tiene que ir adelante. Aprendamos de los vecinos. Tome usted los periódicos de los últimos 15 años, 20 años. ¿Cuándo empezó a despertar la Iglesia Católica en Venezuela? En este momento son unos héroes, yo los admiro.
Ese cardenal Urosa es un héroe, ese se está jugando todo, él y muchos otros obispos y sacerdotes, pero un poquito tarde, se les iba haciendo un poquito tarde. Es necesario, todavía hay tiempo, escúcheme, todavía hay tiempo. Pero usted, sacerdote, sobre todo sacerdote joven, porque algunos creo que ya vamos a morir antes de que estalle lo peor. Pero los sacerdotes jóvenes, mis amigos seminaristas que por aquí andan, despierten, dense cuenta el combate y preparen al pueblo con la oración, porque lo que el demonio quiere hacerle a Colombia es lo que salió hoy en la primera lectura, llegar hasta el sacrilegio, llegar hasta la burla suprema, llegar hasta la profanación.
Porque ese es el grito que Satanás le quiere estampar en el corazón a Jesucristo: Donde tú ganaste, ahora gano yo, porque ellos son míos, ese es el grito del diablo. Y el que puede evitar eso, es el que ora, el que se convierte, el que hace penitencia. Pero el pueblo necesita líderes, el pueblo necesita sacerdotes que hayan dado un paso, sacerdotes que cambien, que muestren con su cambio de vida que están preparados para el combate que está ya muy cerca. Desde esa fortaleza, estoy seguro de que somos capaces de parar esto.
Eso fue lo que mostró Daniel y eso es lo que nos dice el Evangelio del día de hoy: «Hasta vuestros padres y parientes os traicionarán y matarán a algunos de vosotros. Los van a odiar por mi causa. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá. Con vuestra perseverancia, salvaréis vuestras almas». Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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