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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cristo advierte que no debe fiarse uno de las propias fuerzas porque la batalla es contra los espíritus del mal.
Homilía i343004a, predicada en 20131127, con 4 min. y 51 seg. 
Transcripción:
Cristo anuncia persecución contra sus discípulos. Nadie, pues, debe llamarse a engaño. La vida cristiana es incluso, aclarémoslo, debe ser una vida perseguida. Si somos cristianos y no nos están persiguiendo, quizás es porque somos demasiado cómplices del mundo. La persecución puede tener distintos rostros, pero persecución tiene que haber. Y si no hay persecución, algo anda mal en nuestra vida, esa es una primera enseñanza. Pero atrae mucho mi atención aquello que Jesús dice, que cuando estén en las circunstancias más apuradas, no preparen su discurso de defensa.
Según las costumbres de los romanos el acusado tenía que enfrentarse con sus acusadores. Pero observemos las circunstancias, los acusadores, gente libre que podía ponerse de acuerdo en muchas cosas. El acusado, sólo, humillado y en condiciones obviamente de fragilidad psicológica e incluso física. Es decir, que llegar a un juicio de esos o llegar a un careo de esos era una cosa supremamente intimidante, es sentirte más débil que nunca y, a la vez, más atacado que nunca. ¿Por qué Jesús les dice que no preparen su defensa? Es el momento más duro, es la prueba más difícil. Y Jesús te dice: No la prepares.
Piensa uno en los estudiantes cuando tienen sus exámenes. Qué tal que va a venir el examen más difícil, y Jesús dijera: Pues para ese que es el más difícil, no estudies, para ese no prepares. Suena absurdo, pero hay una razón para eso. Y la razón, yo creo que, la encontramos en el capítulo sexto de la Carta a los Efesios, aquel pasaje tan importante de San Pablo en que él nos recuerda qué tipo de lucha es la evangelización. Porque, es que la evangelización es una lucha, de lo que se trata es de arrancarle al enemigo malo su presa.
Cualquiera que conozca lo que es una bestia feroz, qué sé yo, un león, un tigre, un oso. O sea, tú imagínate un oso que tiene su presa y bastante hambre. Y tú quieres quitarle esa presa a ese oso, qué no hará semejante bestia contra ti. Pues la evangelización es eso, la evangelización es ir a buscar la oveja no únicamente del paraje perdido, sino buscar la oveja que ha encontrado su triste destino en las garras y en los dientes del demonio y de ahí es de donde queremos sacarlo. Esa es la lucha, esa es la verdadera lucha.
No, la evangelización no es simplemente infundir algunas buenas costumbres, un poquito de cortesía para que todos nos entendamos, nos demos palmaditas en la espalda, aprendamos a convivir y digamos: Bueno pues, entre todos, si nos entendemos y hablamos, todo va a ir bien. Esa no es la evangelización. La evangelización es ir a pelear contra el demonio para sacarle su presa. Entonces, entendemos que frente a ese enemigo, frente a semejante fiera, nuestra preparación, nuestra inteligencia, con el debido respeto, es ridículamente pequeña.
El poder de inteligencia de Satanás desborda todo lo que yo pudiera pensar o imaginar. Entonces, lo que está diciendo Jesús es: Cae en cuenta de cuál es el tamaño de tu enemigo, para que caigas en cuenta de cuál es el tamaño del amigo que necesitas. Si tu enemigo es ese, pues qué amigo necesitas. Entonces, tu mejor preparación cuando se trata de la confrontación con el enemigo, y eso es la evangelización, tu mejor preparación está, ante todo, en tu recurso a tu amigo.
Se entiende, a través de la oración, a través de la confianza, a través de esa súplica, del don del Espíritu. O sea que nos está enseñando Jesús qué es evangelizar y nos está enseñando en dónde tiene que estar el corazón de un verdadero evangelizador.

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