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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Navidad y Epifanía son dos aspectos del mismo misterio y a la vez la misma alegría. ¡Manifestemos nuestro júbilo por haber recibido de Dios tanto gozo y tanta misericordia!

Homilía epif031a, predicada en 20170108, con 4 min. y 38 seg.

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Transcripción:

¡Feliz domingo para todos!

En muchos lugares celebramos este domingo la epifanía del Señor. Es la ocasión en que recordamos la visita de unos sabios de Oriente que desde muy lejos vinieron buscando al rey de los judíos. En otros lugares, allí donde la Epifanía siempre se celebra el día seis de enero, este domingo corresponde al bautismo del Señor.

La reflexión que deseo ofrecer corresponde a la situación de mi país, en Colombia hoy tenemos la Epifanía. La palabra epifanía quiere decir la manifestación. Y si lo pensamos bien, todo durante el tiempo de Navidad tiene que ver precisamente con manifestación. Efectivamente, en Occidente acostumbramos darle gran relevancia a la Navidad, en Oriente, nuestros hermanos cristianos ortodoxos le dan mucho mayor énfasis a la fiesta que hoy tenemos: La Epifanía. ¿Y eso qué quiere decir? ¿Hay una contradicción ahí?. Aparentemente habría una gran diferencia, pero si lo pensamos mejor, en realidad no la hay. Porque cuando celebramos el nacimiento de Cristo, lo que estamos celebrando es su presencia, la presencia visible del Dios encarnado en medio de nosotros. Y si pensamos en la Epifanía, lo que estamos celebrando es cómo se ha manifestado ese Dios que se ha encarnado.

O sea que en Navidad estamos celebrando de alguna manera el hecho, que sucedió en la humildad de la noche y que apenas tuvo a unos pocos, por testigos; en la Navidad, el hecho, el hecho precioso de la encarnación, que se hace visible por el nacimiento de Cristo de las entrañas de la Santísima Virgen. En Epifanía, lo que celebramos es que ese hecho se ha manifestado para nosotros. Es decir, celebramos nuestro encuentro con ese hecho precioso, ha llegado a nosotros, en Navidad, sabemos que ha sucedido en Epifanía, que ha llegado a nosotros, que es noticia para nosotros.

Vistas las cosas de este modo, nos damos cuenta que Navidad y Epifanía son como las dos caras de una moneda y que estamos en el fondo recordando y celebrando lo mismo. Porque el hecho de que Dios se haya hecho hombre y sea visible en esta tierra, de nada nos aprovecharía si no lo supiéramos.

Y por otro lado, nosotros no podríamos saberlo, no podría ser una manifestación para nosotros si no hubiera sucedido, es decir, si la Santísima Virgen no hubiera dado a luz al Hijo del Eterno Padre.

Así que Navidad y Epifanía son dos caras de la misma moneda, son dos aspectos del mismo misterio y por eso son también dos veces la misma alegría. Que nuestro júbilo no se quede adentro. Si estamos hablando de manifestación, entonces que se manifieste, que se muestre de quien hemos recibido tanto gozo y tanta pero tanta misericordia.

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