Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

En lo concreto de Cristo está la victoria universal y definitiva contra el pecado, enemigo de todo el género humano.

Homilía epif030a, predicada en 20160103, con 17 min. y 41 seg.

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Transcripción:

Lo más hermoso de esta solemnidad de la Epifanía, es que en aquellos sabios de Oriente que comúnmente se les llama magos o Reyes Magos, en esos personajes, en esos buscadores de la verdad, llegados de tan lejos, vemos como una representación de todas las naciones. Podemos decir que ellos en tempranas horas de la vida de Cristo, son embajadores de un mundo que busca la verdad y que, como ellos, tiene que alegrarse con los signos que Dios da y tiene que llegar finalmente al regazo de María y a los pies de Cristo.

Eso quiere decir que nosotros también tenemos el derecho y en cierto sentido, el deber de alegrarnos en esta festividad. Estos sabios de Oriente, estos buscadores, expresan algo muy profundo que hay en el corazón humano. En el mismo sentido va la lectura que hemos escuchado, de San Pablo a los Efesios dice con un tono de alegría y de victoria el gran apóstol: "Se me dio a conocer por revelación el misterio que no había sido manifestado en otros tiempos. Que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo".

Muy apropiada esta lectura, porque de esos pueblos no judíos, esos pueblos que la Biblia llama gentiles, venían estos extraños personajes que van buscando, que van en peregrinación hasta llegar, como ya dijimos, hasta los pies de Cristo. Algo maravilloso de esta lectura también es ver que se reúne en Cristo lo concreto y lo universal. Con la ayuda del Espíritu Santo, expliquemos un poco qué significa esto.

Casi siempre cuando hablamos de lo concreto nos referimos a situaciones que son específicas de un lugar o de una persona, o de una cultura. Mientras que casi siempre, al hablar de lo universal, hablamos de términos que son más bien abstractos, generales. Y precisamente porque son generales y abstractos, pueden ser universales. Por ejemplo, podemos hablar de la justicia; la justicia, la virtud de la justicia es algo que se busca en todas partes, pero es un enunciado abstracto. ¿Cómo se va a vivir la justicia en cada lugar? Ya eso seguramente cambia.

Entonces, hay como una tensión entre lo concreto y lo universal. Se nota muy bien en las costumbres de alimentación. Si vamos a un país como Japón, seguramente vamos a encontrar que la manera concreta de alimentarse los japoneses nos parece extraña a muchos que no tenemos esa costumbre. Ellos pueden sentir algo parecido cuando vienen por nuestras tierras. Es decir, lo concreto parece que no puede ser universal precisamente porque es dependiente de un determinado sitio o de una determinada manera de ser, da la impresión de que no puede ser universal.

Nadie pretendería que el tipo de comida de Mongolia o de Tailandia o de la República Centroafricana va a ser universal. No parece tan fácil. A la vez, lo universal parece que no puede ser concreto por una razón semejante. Cuando hablamos de lo que es, por ejemplo, felicidad, quizás cada persona tiene su propia definición de felicidad y hablar de una felicidad que sea exactamente igual para todos es difícil. Aunque quizás muchos coincidiríamos en que la felicidad es algo que todo ser humano desea alcanzar.

Entonces hay una tensión, casi una incompatibilidad entre lo concreto y lo universal. Pero resulta que en esta fiesta lo concreto y lo universal se dan cita en nuestro Señor Jesucristo. De hecho, Él es, como lo han definido algunos teólogos "El Concreto Universal" o "El Universal Concreto". Es concreto, es decir, es específico, bien determinado, porque nace en una determinada época, en una determinada cultura, de un determinado linaje. Los Evangelios, lejos de ocultar este aspecto, más bien lo destacan. Cómo en Cristo hay elementos completamente específicos y concretos.

Así, por ejemplo, Mateo empieza su texto. El evangelista Mateo empieza su texto diciendo Origen de Jesucristo, hijo de Abraham, hijo de David. Es decir, es concreto. Esta es su familia, este es su linaje. Hay una lengua específica que le es propia, el arameo. Hay una cultura, se ha criado en un sitio determinado. Todo eso es concreto y sin embargo nosotros hacemos afirmaciones completamente universales sobre Cristo, aunque Él ha nacido en un determinado lugar y en una determinada época. Nosotros afirmamos de Cristo que es Salvador de todos, y eso está en la significación de esta preciosa fiesta de hoy. Efectivamente, estamos diciendo que los más diversos pueblos puestos en camino desean de algún modo alcanzar a este Cristo.

En el mismo tono, está también la primera lectura del libro de Isaías. Dice: "Las tinieblas cubren la tierra y la oscuridad los pueblos, pero sobre tí amanecerá el Señor, su Gloria aparecerá sobre tí, y caminarán los pueblos a tu luz" -de manera que los pueblos todos- y esto significa un enunciado universal, buscan en Cristo algo que solo Cristo tiene.

Por eso cabe preguntarse ¿Cómo es esta maravilla de que en Cristo sí se pueden conjugar lo concreto y lo universal? ¿Cómo es esto de que es tan específico? No es hijo de todas las mujeres, no es hijo de cualquier mujer, es hijo de una mujer específica, es hijo de María, nace en un determinado lugar, es criado en un determinado lugar, es completamente concreta su vida y sin embargo tiene un valor universal. ¿Cómo es posible este hecho?, ¿Cómo es posible que alguien que tiene todas las especificidades de cada uno de nosotros, sin embargo, tiene un valor y un significado universal? y por eso lo proclamamos verdadero Rey y Señor de todas las naciones y verdadero Salvador de todos los hombres.

Antes de intentar una respuesta, conviene darse cuenta de un detalle que? no debe ocultarse, no debe dejarse pasar. Hay que subrayar este hecho. Si nos damos cuenta en el texto de los Evangelios, aquellos elementos más idiosincráticos, más específicos, por ejemplo, de la cultura judía, no son los más subrayados por los evangelistas. De hecho, los evangelistas no nos cuentan muchas cosas concretas de Cristo, sino solo nos cuentan aquellas cosas concretas que tienen un valor universal.

A ver si puedo explicarme? Evidentemente Cristo tenía una determinada estatura, pero los evangelios no nos dicen, Cristo medía, por ejemplo, un metro con ochenta y uno centímetros. No nos dicen ese dato. ¿Por qué? Porque la estatura específica de Cristo, su estatura concreta, no tiene un valor determinado de salvación. Cristo, evidentemente, tenía determinada talla en sus sandalias; no creo que utilizara zapatos, pero los evangelistas no nos cuentan cuál era la talla de los pies de Cristo. No nos dicen cuál era su color favorito, no nos dicen qué postres le preparaba la mamá. No nos dicen, por ejemplo, qué tipo de ropa era la que le hacía sentirse más cómodo. Ni siquiera nos dicen otras cosas, como podrían tal vez esperarse; qué tipo de personas le caían bien o le caían mal. Y sin embargo, si nos dicen que había uno que era el discípulo amado, bueno, estas....

Este hecho debe llamarnos la atención, porque nos está mostrando el Espíritu Santo que de todos los aspectos en los que Cristo es una persona específica sobre esta tierra. De todos esos aspectos hay algunos, solamente algunos que tienen un valor completamente universal.

Y este dato es importante porque cuando la Santa Iglesia estaba en el proceso de discernir cuáles eran textos auténticos para expresar el Evangelio, es decir, los que llamamos hoy evangelios canónicos Mateo, Marcos, Lucas, Juan. Claramente uno de los criterios fue: los que se ponen con tantos detalles han desfigurado el mensaje del Evangelio, esos que se ponen con tantos detalles son los evangelios llamados apócrifos. Entonces hay cerca de doscientos evangelios o textos que llevan la palabra evangelio en su título El Evangelio de Tomás, el Evangelio de Santiago, el Evangelio de Pedro, casi siempre esos textos se adscriben a un determinado personaje famoso. Incluso hay uno que es el evangelio de Judas. Pero ¿Qué características tienen estos evangelios apócrifos?; que ellos sí se solazan y abundan en una cantidad de detalles que son irrelevantes para la salvación; sobre cómo era la educación de Cristo, sobre cómo era la manera de ser, sobre qué milagros hizo cuando era niño.

¿Te acuerdas el famosísimo texto ese de cómo Cristo hacía unos pajaritos de barro y luego los pajaritos salían volando? Eso que está contado por un evangelio apócrifo. En primer lugar, pues no tiene trazas de seriedad histórica y sobre todo, no aporta a nuestra salvación. Entonces, los evangelios que han llegado hasta nosotros, los evangelios reconocidos como canónicos por la Iglesia, son precisamente aquellos que subrayan todo y solo lo que, siendo concreto en la vida de Cristo, tiene un valor para nuestra salvación.

Y ahora sí, volvamos a nuestra pregunta. La pregunta era ¿Cómo es posible que en Cristo se junte lo concreto y lo universal? Pues la respuesta parece estar en un hecho muy sencillo, pero muy profundo. Y es que el drama de todos nosotros, los seres humanos, más allá de las culturas, los lenguajes de si somos hombres o mujeres, de si somos jóvenes o viejos, de si estamos enfermos o no, El verdadero drama del ser humano es el que Cristo ha enfrentado con su vida y con su misión. Y ese verdadero drama, el más profundo de todos, no es un tema socioeconómico, no es un tema de educación, no es un tema de alimentación, no es un tema de distribución del tiempo, no es un tema de tecnología. El drama que atraviesa transversalmente toda la realidad humana, hasta su último detalle, es -el pecado- y la vida entera de Cristo y la misión entera de Cristo y su ofrenda al Padre y su amor por nosotros. Todo lo que es Cristo, todo Cristo, todo está solamente para vencer esa realidad.

Lo que hace universal a Cristo es que Él ha tomado esa raíz, la raíz podrida, la raíz que nos hace daño a todos. Y precisamente porque ataca la raíz, porque su vida concreta fue un ataque directo y también concreto a la realidad que deshumaniza, que destruye, que degrada al ser humano. Por eso Cristo es universal.

¡Qué hermoso poder decirlo! Su vida fue un ataque concreto a la raíz universal del daño en el ser humano. Esa raíz universal se llama el pecado, y la vida entera de Cristo en toda su concreción se entregó a eso. Y eso explica también, qué es lo que nos cuentan los Evangelios ¿Por qué los evangelios no nos hablan de preferencias políticas de Cristo?, ¿Por qué los evangelios no nos cuentan cuál era su color favorito?, ¿Por qué no nos dicen si tenía un hobby?, ¿Sería que le gustaba cantar, le gustaba hacer poesías, le gustaba dar paseos o prefería darse un buen chapuzón en el lago de Galilea? Los evangelios no nos cuentan esas cosas porque esas cosas no tienen relevancia en cuanto a la victoria sobre el pecado.

Lo que nos cuentan los evangelios es ¿Qué fue lo que hizo, vivió, entregó Cristo en su lucha contra el pecado? Lo demás, si medía uno con setenta y uno, o uno con ochenta y uno metros, eso no importa. Si le gustaba mucho escribir poesía o si prefería más bien divertirse o descansar de otra manera, eso es irrelevante.

Entonces Cristo es el concreto universal porque su vida entera fue entregada para vencer a aquello que degrada, que disminuya el ser humano. Y como eso es lo que encontramos en todas las culturas, entonces la realidad del pecado es una realidad universal.

Si me voy a Japón, voy a encontrar que el egoísmo hace daño entre los japoneses, como el egoísmo hace daño entre los bolivianos, como el egoísmo hace daño entre los franceses, como el egoísmo hace daño entre los panameños, como el egoísmo hace daño entre los canadienses. No importa quiénes seamos, mientras haya egoísmo, mientras haya soberbia, mientras haya mentira, mientras haya arrogancia, mientras haya envidia, eso siempre degradará.

Podemos tener la mejor tecnología, una tecnología maravillosa, unos aparatos que hacen prodigios, grandes computadores y podemos utilizar esos computadores para excluir a seres humanos de aquello que nosotros vamos a ganar o podemos utilizar grandes computadores para que esa tecnología favorezca, qué sé yó; la distribución de la información que le va a mejorar la calidad a mucha gente. Así que el tema no es la tecnología, el tema no es la promoción humana, el tema es el pecado, y la vida entera de Cristo estuvo dedicada a eso.

Y por eso, porque la vida de Cristo es luminosa en su victoria sobre el pecado. Por eso Él es el concreto universal, y por eso todos los pueblos, todas las naciones, hemos de ir, hemos de acudir a esta convocación, hemos de congregarnos en torno al Señor, hemos de descubrir en él verdadera luz, esa luz que pudo atisbar Isaías, esa luz que pudo celebrar San Pablo, esa luz que pudo guiar a los Reyes Magos desde lejanas tierras de Oriente.

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