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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La Cruz le quita al mal su principal estrategia: presentarse como un atajo para lograr algo deleitable y en apariencia bueno.

Homilía cruz010a, predicada en 20120914, con 9 min. y 5 seg.

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Transcripción:

La razón por la que el pecado tiene poder sobre nosotros es porque tiene la capacidad de seducirnos, y el pecado nos seduce ofreciéndonos bienes. Ese bien puede ser un atajo para el placer, un atajo para el éxito o un atajo para la riqueza. El pecado tiene poder porque nos ofrece atajos. Por ejemplo, una persona que se droga está buscando un atajo al paraíso, en vez de seguir un largo camino de trabajo, de satisfacción personal y de buena conciencia, qué más fácil que inyectarse un poco de heroína, qué más fácil que mudarse, aunque sea por un instante, a un paraíso artificial. La persona que entra en adulterio está buscando un atajo, un atajo para una felicidad instantánea con todas las recompensas del amor físico y ninguno de los problemas y responsabilidades que tiene una relación verdaderamente seria y responsable. Así que el pecado funciona, el pecado tiene resultados porque el pecado ofrece atajos. Este es el poder del pecado. Se presenta como un atajo para el bien. Pero la persona que vuelve de ese viaje de las drogas cuando vuelve sobre sí misma, se encuentra más miserable, más triste. La persona que descubre que ha destruido su hogar por una relación de adulterio se siente culpable y deprimida. Ese atajo ofrece algo instantáneo o a bajo precio, pero en realidad es un engaño. Entonces se necesita que Dios nos despierte de esas mentiras, de esos engaños, de esos atajos.

Es aquí donde la cruz de Cristo tiene un valor realmente inmenso. Cuando Dios le mandó a Moisés que hiciera esa serpiente de bronce, en ella aparecía el enemigo. Enemigo del pueblo de Dios. Ahí aparecía, salía a luz, ahí está, este es el enemigo. Y eso es lo que muestra la cruz de Cristo, el escándalo de la sangre y las llagas de Cristo. Es la realidad del pecado. Cristo está así como consecuencia de la traición de sus amigos y de la crueldad de sus enemigos. Cristo está así por un sistema corrupto. El sistema del derecho romano, del cual se enorgullecía tanto esa civilización. Y por otro sistema corrupto, el sistema de los ancianos de la ley. De modo que Cristo en la cruz es la denuncia de los atajos. Cristo en la cruz es la demostración de lo que sucede cuando uno quiere hacer trampa. Cuando uno se cree demasiado listo, demasiado vivo. Cristo en la cruz está mostrando cuál es la verdadera cara del mal. Porque el mal siempre llega a la vida de uno con máscara. Siempre se presenta con una sonrisa encantadora y una porción generosa de veneno. Cristo en la cruz está mostrando, esta es la realidad del malo. Esta es la realidad del demonio. Esta es la realidad del pecado. Y por eso cuando uno contempla a Cristo, los atajos pierden poder.

Fíjese que incluso nuestra civilización va tomando conciencia del poder de mostrar las consecuencias. En algunos países, las cajetillas de cigarrillos ya no pueden tener ningún distintivo especial, ninguna propaganda, por ejemplo, que cree una ilusión de prestigio de clase. Usted sabe que había en una época y quizás sigue habiendo cajetillas de cigarrillos con unas cintas doradas que hacían de ese objeto de vicio un objeto de estatus social en algunos países. Las nuevas cajetillas de cigarrillos no pueden tener nada que indique ese estatus, no pueden tener ninguna letra especial y sí deben tener fotos. Por ejemplo, fotos de cómo se daña el pulmón con el alquitrán y con el uso repetido de la nicotina. Entonces, ¿cuál es la idea ahí? Obviamente, desestimular el consumo del cigarrillo. ¿Cómo se desestimula o cómo se quiere? Mostrando las consecuencias. ¿Usted quiere comprar una cajetilla de cigarrillos? Mire primero lo que le va a pasar a su pulmón. Mire cómo se le van a bloquear las arterias y le muestran a usted ahí la foto de la arteria taponada por obra, entre otras cosas, del cigarrillo. Eso es la cruz. La cruz es una señal que está diciendo abra los ojos no vaya usted a creer en esos atajos. Mire lo que le va a suceder. Mire el verdadero rostro. Mire en dónde termina el pecado. Mire cuál es la consecuencia de esto.

Imagínese que aplicáramos eso a muchas otras cosas. Imagínese que esos jovencitos que empiezan a jugar con sus cuerpos y con sus caricias. Suspendieran un momento para ver una película. Por ejemplo, de lo que significa una madre soltera. O de lo que significa un matrimonio hecho a las carreras y las consecuencias que trae. O lo que significa un aborto. Si uno tiene presentes las consecuencias del pecado, si las tiene claras así, ante los ojos, el pecado pierde poder. Eso es lo que ha hecho la cruz de Cristo, Pero ha hecho todavía más, porque junto con las consecuencias del pecado, nos ha mostrado la abundancia del amor divino. En unas mismas llagas vemos lo grave que es el pecado y lo profundamente que Dios nos ha amado. Esa es la gracia de esta hermosa fiesta que celebramos.

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