Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¿A quién le darías tu clave del cajero electrónico o tu contraseña de Internet? Dar las llevas es señal de extrema confianza y también de unidad.

Homilía ao21005a, predicada en 20110821, con 4 min. y 30 seg.

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Transcripción:

El poder de las llaves. Ese podría ser el título del domingo de hoy. El poder de las llaves. ¿A quién le darías tú la llave de tu casa? Supongo que solamente a los miembros de tu familia. Y a veces no a todos. Cuando yo era niño, ni mi papá ni mi mamá me daban la llave de la casa. ¿A quién le darías tú la llave de tu coche, de tu carro? ¿A quién se la darías? ¿A quién le darías tú, tu clave del correo electrónico, que seguramente ya lo tienes? Las llaves, la entrada y la salida. ¿A quién le das entrada en tu cuenta bancaria? ¿Quién tiene tu clave del cajero electrónico donde retiras el dinero? ¿A quién le permites que firme tus cheques y que saques fondos de tu cuenta. El poder de las llaves. Se dan casos en que ni siquiera en un matrimonio comparten ese tipo de información.

De hecho, pienso que en muchos matrimonios, cosas como las claves de las tarjetas de crédito o la clave para entrar al correo electrónico siguen siendo personales y viven juntos y se aman y han formado un hogar. Y sin embargo, cada uno sigue conservando algunas cosas demasiado íntimas. Eliacin es un personaje que aparece en el capítulo 22 del profeta Isaías y recibe esta promesa que él va a recibir las llaves del palacio y que él puede entrar y salir, y que si Él cierra, nadie puede abrir, y si Él abre, nadie puede entrar. ¿Te imaginas la importancia de Eliacin? En tiempos del Profeta ¿Te imaginas lo que quiere decir esto?

Bueno, hay un hombre. Un hombre que recibió una promesa semejante. Es Pedro. Encontramos a Pedro escuchando esa promesa en el capítulo 16 de San Mateo. Le dice Jesús a Pedro: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". Y le dice que le va a dar las llaves del reino. Por favor, a la luz de lo que he dicho, dimensionemos lo que es esta palabra, sobre todo porque Pedro no es concebido de manera inmaculada como la Virgen María. Pedro no es concebido por obra y gracia del Espíritu como Jesucristo. Pedro no está libre de pecado. Es un ser humano, Es frágil, ha pecado,

Puede fallar. Y sin embargo Jesús le dice: Te voy a dar las llaves del reino. Esto indica la profunda unidad. Esto indica el culmen de la confianza. Pero esto también indica que en esa unidad, en esa confianza, de algún modo sigue siendo Jesús el que le da la solidez a Pedro. Es decir, no es que Pedro por sí mismo pueda tener esa solidez. Si la tiene, es por esa fe que ha confesado, por esa fe con la que ha dicho a Cristo Tú eres el Mesías, tú eres el Hijo de Dios. Porque Pedro tiene esa fe y porque esa fe sella su unión con el Hijo de Dios. También Cristo acepta esa unión y entonces le da esta solidez a Pedro para edificar sobre ella su Iglesia. Pidamos a Jesús esta clase de fe que nos une a Él y pidámosle reconocer el misterio bello de Pedro y del sucesor de Pedro, el Papa.

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