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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La fe nace de un encuentro profundo con Jesús, vence el miedo al mantener la mirada en Él y se conserva permaneciendo unidos a su gracia. Perder a Cristo es perder el fundamento de nuestra vida.
Homilía ao19014a, predicada en 20260809, con 7 min. y 21 seg. 
Transcripción:
¡Feliz domingo para todos! En el Evangelio de hoy vemos a Jesús caminando sobre el agua y vemos a Pedro que camina un poquito y luego se hunde. Para aquellos que gustan de negar los milagros de Cristo, supongo que ese caminar sobre el agua, pues es un verdadero desafío. Pero para nosotros es un regalo, porque el agua en la Biblia con mucha frecuencia denota lo que nadie puede dominar. Así, por ejemplo, en el libro de Job encontramos que cuando Dios se le hace visible, le habla con tanta fuerza a Job, una de las cosas que le dice es que Dios, que Él es el único que le ha podido poner un límite a la soberbia de las aguas. Y también la creación misma en el libro del Génesis se presenta como una separación de aguas, aguas superiores, aguas inferiores y eso solo lo puede hacer el que es Creador. Pero aprendamos de Pedro, porque si bien queremos seguir a Jesús, es muy posible que nuestra condición actual se parezca más a la de Pedro que a la del Señor Jesucristo. Aprendamos de Pedro. Y creo que van a ser unas tres lecciones las que nos va a dejar este apóstol. Primero, él quiere estar seguro de que es Jesús, y para estar seguro de que esa imagen, ese ser que camina sobre el agua, es Jesús, le dice: "Mándame ir a ti, que yo también camine. . . " Esto yo lo relaciono con un texto de San Pablo en la carta a los Gálatas, cuando dice este apóstol que: "Cuando Dios se dignó revelar a su Hijo en mí". Y a su vez, estas palabras de Pedro cuando le pide a Cristo que lo mande caminar sobre el agua o las palabras de Pablo cuando dice que Dios reveló a su Hijo en él. Yo creo que estas estas palabras las relaciono mucho con lo que decía nuestro muy amado Papa Benedicto, cuando él decía que toda nuestra fe cristiana empieza, se basa, se construye a partir de la palabra "Encuentro". Es el encuentro el que determina todo. Y de eso se trata, del encuentro con Cristo y se trata de tener una experiencia viva. También San Pablo tiene esta frase que le encantaba San Ignacio de Loyola: -Ojalá tenga yo una profunda experiencia de la cruz del Señor, de sus padecimientos y del poder de su resurrección.- Es decir, la fe no es solamente algo que más o menos entendemos que más o menos conocemos. Es algo que ha afectado nuestra vida, es algo que ha entrado en nuestra existencia, es una experiencia profunda, es un encuentro transformante. Lo primero que nos enseña Pedro. Segundo, Pedro empieza a caminar hacia Cristo, pero luego siente miedo, y ese miedo, ese miedo, está unido a que él le dio más importancia a la fuerza del viento que a la fuerza de la palabra, a la fuerza del señorío de Jesús, él le dio más importancia a ese viento, le dio más importancia a los problemas que a Cristo. Y yo creo que es una tremenda lección. Lo digo por experiencia propia. Necesitamos darle su lugar a Cristo y necesitamos que por encima de los ventarrones, por encima de las tormentas, por encima de las dificultades, nuestra mirada esté siempre firme en Cristo. La tercera lección me parece que es la más sutil, pero también es muy profunda, porque cuando Pedro empieza a hundirse, pues uno puede preguntarse por qué él le pide a Cristo que lo salve. Nosotros tenemos otros pasajes de los evangelios que nos muestran que Pedro sabía nadar. Por ejemplo, en el Evangelio de Juan, cuando ya Cristo ha resucitado, están algunos discípulos pescando y entre ellos, el mismo Pedro, el discípulo amado, le dice a Pedro que ese personaje que está en la orilla es Jesús, y en cuanto Pedro oye que es Jesús, se ciñe, o sea que queda con ropa, ropa que se va a mojar y se arroja al agua. Atención a eso, se arroja al agua y se va nadando hasta la orilla. O sea, Pedro sabía nadar y sin embargo, cuando empieza a hundirse le dice a Jesús sálvame como persona que se está ahogando. Yo no sé cuántos pasos había dado Pedro, pero aunque fueran unos cuantos metros, él no podía estar muy lejos de la barca. ¿Qué deduzco yo de esto; y qué creo que nos debe quedar como lección? Que cuando perdemos a Cristo, cuando perdemos la unión con Cristo, unión que se da por la gracia y que se da en el orden sobrenatural, también perdemos incluso lo que de manera natural teníamos. Perder a Cristo es perder ese nexo de la gracia. Pero perder a Cristo, y esto es terrible y es doloroso. Perder a Cristo es también perder incluso lo que creíamos que teníamos. Y esto también lo relaciono con palabras del Papa Benedicto cuando él dice que -Cuando naufraga la fe, también naufraga la razón,- Como mostrando que cuando se pierde el orden de la gracia, que es un orden sobrenatural, también resulta maltrecho, maltratado, resulta destruido el orden natural. Yo creo que esto nos impacta mucho. Yo creo que esto es muy importante tenerlo claro. Entonces, pues es una gran lección para nosotros. El que pierde a Cristo no pierde solamente la obra de la gracia, pierde también incluso lo que podía, lo que era propio suyo, lo que estaba en su propia naturaleza. No vas a perder solo lo religioso, lo espiritual. Te vas a perder tú mismo si pierdes a Jesús. Tres lecciones muy bellas que nos deja esta escena del querido apóstol Pedro. Pues que él interceda por nosotros y nosotros seamos cada vez mejores discípulos del Señor. Amén.

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