{"id":89951,"date":"2021-08-19T01:12:38","date_gmt":"2021-08-19T06:12:38","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=89951"},"modified":"2021-08-18T18:13:16","modified_gmt":"2021-08-18T23:13:16","slug":"historia-de-un-faro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2021\/08\/19\/historia-de-un-faro\/","title":{"rendered":"Historia de un faro"},"content":{"rendered":"<p>Historia de un faro<\/p>\n<p>[Por M. Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.]<\/p>\n<p>El velero hab\u00eda salido lleno de euforia y de esperanza del puerto de Buenos Aires buscando el Pac\u00edfico. Pero al llegar hasta all\u00ed no ten\u00eda m\u00e1s remedio que bordear la tierra en busca de la brecha que por el Cabo de Hornos le permitiera torcer hacia la derecha rumbo hacia el mar grande. Por eso puso confiado proa al sur, aunque su meta fuera el oeste.<\/p>\n<p>Pero el cambio de rumbo no se hizo. Tal vez se navegaba con las velas demasiado desplegadas. Tal vez fuera de noche cuando se pas\u00f3 frente a la brecha. A lo mejor sucedi\u00f3 durante una tormenta. No s\u00e9. Lo cierto fue que se continu\u00f3 al sur, rumbo al fr\u00edo, rumbo al polo.<\/p>\n<p>El error se fue haciendo duda a medida que sub\u00eda a la conciencia. Una vez plenamente instalado en la conciencia, la duda floreci\u00f3 en angustia.<\/p>\n<p>El pobre velero se encontr\u00f3 rodeado por los t\u00e9mpanos, por el fr\u00edo, las tormentas y un sol lejano que cada vez se alejaba menos del horizonte. Entonces fue cuando se tuvo conciencia de haber equivocado el rumbo. De estar marchando hacia la nada, hacia el vac\u00edo del fr\u00edo y de la muerte. Se le pregunt\u00f3 a la br\u00fajula: pero la br\u00fajula hab\u00eda enloquecido. Porque en el polo las br\u00fajulas enloquecen y comienzan una danza que contagia a los marineros.<\/p>\n<p>Ya no ten\u00eda sentido seguir. \u00bfPara qu\u00e9? Si cada esfuerzo hacia adelante era un paso hacia la nada fr\u00eda de la muerte. Algo que embretaba a\u00fan m\u00e1s entre los hielos, la oscuridad y las tormentas.<\/p>\n<p>Se quiso preguntar a las estrellas. Pero las estrellas revoloteaban en c\u00edrculo alrededor de un polo c\u00f3smico invisible lo mismo que los albatros alrededor del m\u00e1stil del velero. En el polo, las estrellas no nacen ni mueren, simplemente giran equidistantes al horizonte. All\u00ed, cerca del polo, poner proa una estrella hubiera sido simplemente girar sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Entonces \u00bfnada hab\u00eda ni en el barco ni en el cielo, que fuera capaz de devolver el rumbo? Porque el hecho de no saber d\u00f3nde se estaba, quitaba todo sentido a lo que se ten\u00eda. Los grandes puntos de referencia eran todos ambiguos. Porque en el polo todo es ambiguo, hasta el mismo movimiento.<\/p>\n<p>Y fue entonces cuando se recibi\u00f3 el mensaje.<\/p>\n<p>Tres cortas &#8211; una larga &#8211; silencio. Tres cortas &#8211; una larga &#8211; silencio. Tres &#8211;<\/p>\n<p>El brillo intermitente despert\u00f3 la curiosidad de esos hombres hambrientos de se\u00f1ales. No. No pod\u00eda ser una estrella; porque ese brillo estaba all\u00ed, sobre la misma l\u00ednea horizontal que ellos. Participaba del movimiento de las mismas olas, rodeado por los mismos t\u00e9mpanos y el mismo desamparo del fr\u00edo y las tormentas. Ten\u00eda que ser un signo de presencia humana. Era un faro.<\/p>\n<p>Y el faro continuaba fiel al ritmo de sus intermitencias: tres cortas &#8211; una larga &#8211; silencio. Tres &#8211;<\/p>\n<p>Y esos marineros aturdidos por el ruido y la tormenta que silbaba en el cordaje de sus m\u00e1stiles hubieran preferido que en lugar de ese silencio, el faro les enviara una palabra con la que se identificara a s\u00ed mismo y los ubicara a ellos. Pero el faro en su soledad ten\u00eda s\u00f3lo un medio para comunicarse y manifestar su identidad: la fidelidad al ritmo de sus intermitencias. Y continu\u00f3 lanzando sobre la tormenta, las olas y los t\u00e9mpanos, su mensaje de luz con pa\u00f1ales de silencio.<\/p>\n<p>\u00bfDesembarcar en el faro? Era imposible. En esas latitudes los faros anidan en arrecifes. La palabra esperada estaba oculta en el silencio del velero mismo. Porque el velero contaba entre sus bienes con un libro de faros. Y fue all\u00ed donde los marineros fueron a identificar el mensaje de ese faro. Y fuer gracias a la fidelidad precisa y silenciosa a sus intermitencias por la que los marineros, mineros del silencio de ese libro, ubicaron la identidad del faro y con ello un punto de referencia para su propia posici\u00f3n. Entonces cada cosa antes incoherente, aport\u00f3 su peque\u00f1o mensaje provisorio: la posici\u00f3n del sol en el horizonte, la hora del reloj, la danza de la br\u00fajula, y hasta las mismas estrellas.<\/p>\n<p>Se supo que se estaba proa al polo. Y se vir\u00f3 en redondo. Y con ello los marineros supieron que el velero se hab\u00eda salvado. O mejor, que para ese velero comenzaba la oportunidad de salvarse.<\/p>\n<p>Porque esa conversi\u00f3n profunda, aparentemente no hab\u00eda cambiado nada en la geograf\u00eda concreta de su navegaci\u00f3n. Segu\u00edan rodeados por los t\u00e9mpanos, el fr\u00edo, las olas y los vientos. Su conversi\u00f3n no les hab\u00eda cambiado de geograf\u00eda; simplemente los hab\u00eda colocado proa hacia una nueva direcci\u00f3n. Antes, seguir era avanzar hacia la muerte, hacia el fr\u00edo del polo y de la nada. Ahora, navegar era avanzar hacia la luz, hacia la vida, hacia el encuentro con los dem\u00e1s hombres. Era regresar hacia su pueblo, dejando atr\u00e1s la geograf\u00eda del reino de las sombras. Pero all\u00ed los dos rumbos participaban a\u00fan del mismo medio externo. Y tal vez el esfuerzo para avanzar fuera ahora a\u00fan mayor que el anterior. porque hab\u00eda que hacer frente a todo eso que los hab\u00eda conducido hasta all\u00ed. Pero la diferencia estaba en que ahora los esfuerzos ten\u00edan sentido porque conduc\u00edan a la vida. Porque entre los navegantes, lo que desanima no el tener que hacer esfuerzos, sino el que esos esfuerzos sean gestos vac\u00edos de sentido.<\/p>\n<p>Poco a poco fue quedando atr\u00e1s toda esa geograf\u00eda polar. Poco a poco las estrellas fueron inclinando sus \u00f3rbitas buscando el horizonte, y la br\u00fajula fue estabiliz\u00e1ndose. Y con ello se reentr\u00f3 en el mundo de las exigencias normales de la navegaci\u00f3n a vela. Se sigui\u00f3 navegando con fidelidad a esa ruta, proa hacia esa meta donde muerte el sol.<\/p>\n<p>All\u00e1 qued\u00f3 el faro. Exigido por la fidelidad al ritmo de sus intermitencias, a su geograf\u00eda polar y a su silencio. Porque el misterio personal del faro exige fidelidad a su arrecife, y un profundo respeto por la ruta personal de cada navegante.<\/p>\n<p>Lo que no quita que a veces sufra de nostalgia al recordar a los veleros.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Historia de un faro [Por M. Menapace, publicado en La sal de la tierra, Editorial Patria Grande.] El velero hab\u00eda salido lleno de euforia y de esperanza del puerto de Buenos Aires buscando el Pac\u00edfico. 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