{"id":87912,"date":"2021-05-12T01:21:50","date_gmt":"2021-05-12T06:21:50","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=87912"},"modified":"2021-05-11T16:24:53","modified_gmt":"2021-05-11T21:24:53","slug":"la-fe-catolica-se-sembro-en-norteamerica-con-sangre-de-martires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2021\/05\/12\/la-fe-catolica-se-sembro-en-norteamerica-con-sangre-de-martires\/","title":{"rendered":"La fe cat\u00f3lica se sembr\u00f3 en Norteam\u00e9rica con sangre de m\u00e1rtires"},"content":{"rendered":"<p>Santos m\u00e1rtires Juan de Br\u00e9beuf y Gabriel Lallemant (+1649)<\/p>\n<p>Nacido en 1593 de familia noble normanda, Juan de Br\u00e9beuf ingres\u00f3 a los veinte a\u00f1os en el noviciado jesuita de Rouen, donde se distingui\u00f3 por su vida orante, penitente y humilde. Quiso ser Hermano coadjutor, y s\u00f3lo por obediencia acept\u00f3 la ordenaci\u00f3n sacerdotal. Ya ordenado, procuraba siempre emplearse en ayudar a los otros en sus trabajos, o en barrer, traer le\u00f1a, y hacer de criado de todos. Acentu\u00f3 su consagraci\u00f3n religiosa con varios votos privados, como el de evitar toda falta venial, cualquier infracci\u00f3n de las reglas, y sobre todo el de no rehuir el martirio por amor a Cristo, si se daba la ocasi\u00f3n. Agraciado con alt\u00edsimos dones de oraci\u00f3n, tuvo visiones de Jesucristo, del Esp\u00edritu Santo, de la Virgen y de San Jos\u00e9, y una gran familiaridad con los \u00e1ngeles.<\/p>\n<p>Muchas veces solicit\u00f3 a su superiores ir a misiones, y concretamente a Nueva Francia, recuperada por los franceses recientemente. Por fin, como ya vimos, fue inclu\u00eddo en la primera expedici\u00f3n jesuita al Canad\u00e1, en 1625. A los 32 a\u00f1os de edad, cambiaba su vida de profesor por la de misionero. Se adapt\u00f3 inmediatamente a su nueva dedicaci\u00f3n, entreg\u00e1ndose a ella en cuerpo y alma.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de alg\u00fan tiempo de misi\u00f3n entre los algonquinos, fue destinado a Toanch\u00e9, aldea de los hurones, pudo experimentar, como San Pablo, que en la extrema debilidad del hombre halla ocasi\u00f3n de expresarse la plenitud del poder de Cristo (2Cor 12,9). Y as\u00ed escribi\u00f3: \u00ab\u00a1Qu\u00e9 avenidas de consolaci\u00f3n endulzan el alma cuando uno se ve abandonado de los salvajes, consumido por la calentura o a punto de morirse de hambre entre las selvas, y all\u00ed puede exclamar: Dios m\u00edo, por puro amor tuyo, por cumplir tu santa voluntad, me veo en esta situaci\u00f3n!\u00bb.<\/p>\n<p>Expulsado por los ingleses en 1628, con todos los franceses, pidi\u00f3 volver tras la paz de Saint-Germain. Su regreso entre los hurones, cuya lengua hab\u00eda aprendido perfectamente, es descrito por \u00e9l mismo: \u00abCuando me rodearon con tumultuosa alegr\u00eda para darme la bienvenida, todos me saludaban por mi nombre, y uno me dec\u00eda: \u00bfEs posible, sobrino m\u00edo, hermano m\u00edo, primo m\u00edo, que otra vez est\u00e9s con nosotros?\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Esta segunda misi\u00f3n fue m\u00e1s dura que la primera. La peste asolaba los poblados hurones, y el padre Br\u00e9beuf atiende especialmente a las aldeas m\u00e1s afectadas, Ihonatiria, Ossassane y Onerio. Los indios, atemorizados, piden al misionero que su Dios les salve. \u00c9l les explica qu\u00e9 han de hacer: \u00abPrimero, no deb\u00e9is creer m\u00e1s en supersticiones; segundo, s\u00f3lo pod\u00e9is contraer matrimonio con una esposa; tercero, desterrad de los banquetes borracheras y desenfrenos; cuarto, deber\u00e9is dejar de comer carne humana; quinto, dejar\u00e9is de acudir a las fiestas que preparan los hechiceros convocando a los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Los indios estimaron que las condiciones eran muy duras, y los hechiceros echaron la culpa de todas las calamidades a los misioneros. Algunos hurones, sin embargo, comenzaron a ver en aquellos hombres abnegados y valientes la imagen de Cristo. La misi\u00f3n de Ossossane, especialmente, llamada luego de la Inmaculada Concepci\u00f3n, floreci\u00f3 en el Evangelio. En 1641 unos 60 indios fueron bautizados, y siete a\u00f1os m\u00e1s tarde eran todos cristianos. Un misionero lloraba de alegr\u00eda, a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando ve\u00eda a los indios ir de madrugada a comulgar.<\/p>\n<p>De todos modos, la situaci\u00f3n de los misioneros, en general, era sumamente precaria en aquellas regiones, como puede apreciarse en las cartas del padre Br\u00e9beuf:<\/p>\n<p>En una de 1636 dice: \u00ab\u00bfSer\u00eda posible que pusi\u00e9ramos nuestra confianza fuera de Dios en una regi\u00f3n en la que, de parte de los hombres, nos falta todo? \u00bfPodr\u00edamos desear mejor ocasi\u00f3n de practicar la caridad que la que tenemos en las asperezas y dificultades de un mundo nuevo, al que ning\u00fan arte ni industria humana ha proporcionado comodidad alguna? \u00bfY vivir aqu\u00ed para llevar hacia Dios a hombres tan poco hombres que diariamente esperamos morir a manos de ellos, si se les ocurre, si les da un arrebato, si no los detenemos y no les abrimos el cielo a discreci\u00f3n, d\u00e1ndoles la lluvia y el buen tiempo seg\u00fan lo demanden?&#8230;<\/p>\n<p>\u00abCiertamente, si el que es la Verdad misma no nos hubiera dicho de antemano que no hay amor mayor que morir una vez por los amigos, yo pensar\u00eda como igual, o m\u00e1s generoso, lo que dec\u00eda el ap\u00f3stol a los corintios: &#8220;Diariamente muero por vosotros, hermanos&#8221; [+1Cor 15, 31], llevando una vida tan penosa, en peligros tan frecuentes y ordinarios de morir inesperadamente; peligros que os proporcionan los mismos a los que quer\u00e9is salvar&#8230;<\/p>\n<p>\u00abTermino este escrito diciendo lo siguiente: si en esta vida de sufrimientos y cruces que nos est\u00e1n preparadas, alguno se siente con tanta fuerza de lo alto que puede decir que esto es demasiado poco, o pido como san Francisco Javier: &#8220;M\u00e1s, Se\u00f1or, m\u00e1s&#8221;, espero que el Se\u00f1or le har\u00e1 decir tambi\u00e9n, en medio de las consolaciones que le dar\u00e1, esta otra confesi\u00f3n, que ser\u00e1 tanto para \u00e9l que ya no podr\u00e1 soportar m\u00e1s alegr\u00eda: &#8220;Basta, Se\u00f1or, basta&#8221;\u00bb.<\/p>\n<p>Y en 1637 escribe: \u00abEstamos, quiz\u00e1, ya a punto de derramar nuestra sangre e inmolar nuestra vida en servicio de nuestro buen Maestro Jesucristo&#8230; Suceda lo que suceda, le dir\u00e9 que todos los Padres esperan el resultado con gran tranquilidad y alegr\u00eda de esp\u00edritu. En cuento a m\u00ed, puedo decir que nunca he tenido el menor miedo a morir por tal motivo. Pero todos sentimos tristeza al ver que estos pobres b\u00e1rbaros cierran, por su malicia, la puerta al evangelio y a la gracia.<\/p>\n<p>\u00abSea [el Se\u00f1or] por siempre bendito por habernos destinado a esta tierra, entre otros mucho mejores que nosotros, para ayudarle a llevar su cruz. H\u00e1gase en todo su santa voluntad. Si quiere que muramos ahora, \u00a1enhorabuena para nosotros! Si quiere reservarnos para otros trabajos, bendito sea.<\/p>\n<p>\u00abSi le llega noticia de que Dios ha querido coronar nuestros pobres trabajos, o m\u00e1s bien nuestros deseos, bendiga al Se\u00f1or; porque s\u00f3lamente por \u00c9l es por quien deseamos vivir y morir, y es \u00c9l quien nos da la gracia para ello\u00bb. Otros padres firmaron con \u00e9l este testamento espiritual.<\/p>\n<p>En 1638 lleg\u00f3 a la misi\u00f3n de la Inmaculada el padre Gabriel Lallemant, un hombre de aspecto m\u00e1s bien fr\u00e1gil. Nacido en Par\u00eds, en 1610, ingres\u00f3 a los 20 a\u00f1os en el noviciado de la Compa\u00f1\u00eda, fue procurador del Colegio de La Fl\u00e8che, profesor de filosof\u00eda en el de Moulins, y prefecto en el de Bourges. En 1640, a los 30 a\u00f1os, se vi\u00f3 al frente de la principal misi\u00f3n jesuita entre los hurones, sustituyendo a Br\u00e9beuf que hab\u00eda tenido que retirarse a Quebec con una clav\u00edcula rota en un accidente. La vida de la misi\u00f3n fue adelante con paz y trabajo, hasta que en 1644 se produjo la revuelta de los iroqueses.<\/p>\n<p>La violencia iroquesa, recrudecida en 1649, aprisiona a Br\u00e9beuf y Lallemant en la misi\u00f3n de San Ignacio, situada en la aldea de San Luis. Y se repite entonces una vez m\u00e1s la pasi\u00f3n de Cristo por su Cuerpo, que es la Iglesia. Los indios les arrancaron las u\u00f1as, rompieron sus bocas con piedras, les cortaron pedazos de carne que, asados, com\u00edan ante ellos, quemaron sus lenguas, cortaron sus pies, desollaron sus cabezas, dejando el cr\u00e1neo al descubierto. Y ellos siempre perdonando.<\/p>\n<p>Un hur\u00f3n renegado, blasfemando y riendo, ech\u00f3 sobre la cabeza del padre Br\u00e9beuf agua hirviendo: \u00abYo te bautizo para que seas feliz en el cielo; agrad\u00e9cemelo\u00bb. El padre Lallemant, conducido a presenciar ese martirio, le dijo a Br\u00e9beuf la frase de San Pablo, tan querida para los antiguos m\u00e1rtires: \u00abPadre, \u00abhemos venido a ser espect\u00e1culo para el mundo, para los \u00e1ngeles y para los hombres\u00bb\u00bb (1Cor 4,9). El 16 de marzo de 1649 un golpe de hacha consumaba la vida de Br\u00e9beuf. Y al d\u00eda siguiente, despu\u00e9s de padecer tormentos semejantes, el padre Lallemant perfeccionaba en Cristo crucificado la ofrenda de su vida.<\/p>\n<p>En Quebec se conservan sus reliquias. Los restos de los dem\u00e1s m\u00e1rtires franco-canadienses no pudieron ser recogidos. De los apuntes espirituales de Jean de Br\u00e9beuf se conserva esta p\u00e1gina impresionante, que podemos leer en el Oficio de lectura de su fiesta:<\/p>\n<p>\u00abDurante dos a\u00f1os he sentido un continuo e intenso deseo del martirio y de sufrir todos los tormentos por que han pasado los m\u00e1rtires&#8230; Mi Se\u00f1or y Salvador Jes\u00fas \u00bfc\u00f3mo podr\u00eda pagarte todos tus beneficios? Recibir\u00e9 de tu mano el c\u00e1liz de tus dolores, invocando tu nombre [Sal 115,4]. Prometo ante tu eterno Padre y el Esp\u00edritu Santo, ante tu sant\u00edsima Madre y su cast\u00edsimo esposo, ante los \u00e1ngeles, los ap\u00f3stoles y los m\u00e1rtires y mi bienaventurado padre Ignacio y el bienaventurado Francisco Javier, y te prometo a ti, mi Salvador Jes\u00fas, que nunca me sustraer\u00e9, en lo que de m\u00ed dependa, a la gracia del martirio, si alguna vez, por tu misericordia infinita, me la ofreces a m\u00ed, indign\u00edsimo siervo tuyo.<\/p>\n<p>\u00abMe obligo as\u00ed, por lo que me queda de vida, a no tener por l\u00edcito o libre el declinar las ocasiones de morir y derramar por ti mi sangre, a no ser que juzgue en alg\u00fan caso ser m\u00e1s conveniente para tu gloria lo contrario. Me comprometo adem\u00e1s a recibir de tu mano el golpe mortal, cuando llegue el momento, con el m\u00e1ximo contento y alegr\u00eda; por eso, mi amad\u00edsimo Jes\u00fas, movido por la vehemencia de mi gozo, te ofrezco ahora mi sangre, mi cuerpo y mi vida, para que no muera sino por ti, si me concedes esta gracia, ya que t\u00fa te dignaste morir por m\u00ed. Haz que viva de tal modo que merezca alcanzar de ti el don de esta muerte tan deseable. As\u00ed, Dios y Salvador m\u00edo, recibir\u00e9 de tu mano la copa de tu pasi\u00f3n, invocando tu nombre: \u00a1Jes\u00fas, Jes\u00fas, Jes\u00fas!<\/p>\n<p>\u00abDios m\u00edo \u00a1cu\u00e1nto me duele el que no seas conocido, el que esta regi\u00f3n extranjera no se haya a\u00fan convertido enteramente a ti, el hecho de que el pecado no haya sido a\u00fan exterminado en ella! S\u00ed, Dios m\u00edo, si han de caer sobre m\u00ed todos los tormentos que han de sufrir, con toda su ferocidad y crueldad, los cautivos en esta regi\u00f3n, de buena gana me ofrezco a soportarlos yo solo\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Santos m\u00e1rtires Juan de Br\u00e9beuf y Gabriel Lallemant (+1649) Nacido en 1593 de familia noble normanda, Juan de Br\u00e9beuf ingres\u00f3 a los veinte a\u00f1os en el noviciado jesuita de Rouen, donde se distingui\u00f3 por su vida orante, penitente y humilde. Quiso ser Hermano coadjutor, y s\u00f3lo por obediencia acept\u00f3 la ordenaci\u00f3n sacerdotal. 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