{"id":87497,"date":"2021-04-21T01:34:35","date_gmt":"2021-04-21T06:34:35","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=87497"},"modified":"2021-04-20T12:37:59","modified_gmt":"2021-04-20T17:37:59","slug":"el-gozo-de-la-cruz-en-la-mision-historias-de-la-iglesia-catolica-en-norteamerica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2021\/04\/21\/el-gozo-de-la-cruz-en-la-mision-historias-de-la-iglesia-catolica-en-norteamerica\/","title":{"rendered":"El gozo de la Cruz en la misi\u00f3n: Historias de la Iglesia Cat\u00f3lica en Norteam\u00e9rica"},"content":{"rendered":"<p>El gozo de la Cruz en la misi\u00f3n<\/p>\n<p>Los misioneros jesuitas, en 1637, eran ya 23 padres y 6 hermanos coadjutores, y su celo apost\u00f3lico fue tan grande que les llev\u00f3 incluso a dilatar los l\u00edmites conocidos de la Nueva Francia. As\u00ed, por ejemplo, el padre Marquette, lleg\u00f3 en su impulso evangelizador a descubrir y explorar el Mississippi. Sin descuidar los centros importantes de colonizaci\u00f3n, como Quebec, Trois-Rivi\u00e9res y Montreal, los jesuitas se dedicaron especialmente a la evangelizaci\u00f3n de los indios, y entre ellos los micmacs, los algonquinos, y especialmente los hurones e iroqueses.<\/p>\n<p>La alegr\u00eda inmensa que viven estos misioneros no se produce a pesar de la enorme cruz que han de padecer entre nieves y soledades, persecuciones y peligros, sino precisamente a causa de ella. Lo entenderemos mejor con la ayuda de una carta escrita en 1635 por un misionero an\u00f3nimo, y hoy transcrita en la revista Reino de Cristo (X-1991, 21-22):<\/p>\n<p>\u00ab\u00c9ste es un clima donde se aprende perfectamente a no buscar otra cosa m\u00e1s que a Dios, a no desear m\u00e1s que a Dios s\u00f3lo, a poner la intenci\u00f3n puramente en Dios, a no esperar y a no apoyarse m\u00e1s que en su divina y paternal providencia. \u00c9ste es un tesoro riqu\u00edsimo que no podemos apreciar bastante.<\/p>\n<p>\u00abVivir en la Nueva Francia es en verdad vivir en brazos de Dios, no respirar m\u00e1s aire que el de su acci\u00f3n divina. No puede uno imaginar la dulzura de ese aire m\u00e1s que cuando de hecho lo respira.<\/p>\n<p>\u00abEl gozo que se siente cuando se bautiza a un salvaje que muere poco despu\u00e9s del bautismo y vuela derecho al cielo como un \u00e1ngel, es un gozo que sobrepasa todo lo que se pueda imaginar&#8230;<\/p>\n<p>\u00abEn mi vida no hab\u00eda yo entendido bien en Francia lo que era desconfiar totalmente de s\u00ed mismo y confiar s\u00f3lo en Dios -digo s\u00f3lo, sin mezca de alguna criatura-.<\/p>\n<p>\u00abMi consuelo entre los hurones es que me confieso todos los d\u00edas, y luego digo la Misa como si tuviera que recibir el vi\u00e1tico y morir ese d\u00eda; no creo que se pueda vivir mejor, ni con m\u00e1s satisfacci\u00f3n y valent\u00eda, e incluso m\u00e9ritos, que viviendo en un sitio donde se piensa que uno puede morir todos los d\u00edas&#8230;<\/p>\n<p>\u00abNos llam\u00f3 mucho la atenci\u00f3n [al llegar] y nos alegr\u00f3 mucho el ver que en nuestras peque\u00f1as caba\u00f1as se guardaba la disciplina religiosa tan exactamente como en los grandes colegios de Francia&#8230; La experiencia nos hace ver que los de la Compa\u00f1\u00eda que vengan a la Nueva Francia tienen que ser llamados con una vocaci\u00f3n especial y bien firme; que sean personas muertas a s\u00ed mismas y al mundo, hombres verdaderamente apost\u00f3licos que no busquen m\u00e1s que a Dios y la salvaci\u00f3n de las almas, enamorados de la cruz y de la mortificaci\u00f3n, que no se reserven con taca\u00f1er\u00eda, que sepan soportar los trabajos de tierra y mar, que deseen convertir a un salvaje m\u00e1s que poseer toda Europa, que tengan corazones como el de Dios, llenos de Dios&#8230; En fin, que sean hombres que han puesto todo su gozo en Dios, para quienes los sufrimientos sean sus m\u00e1s queridas delicias.<\/p>\n<p>\u00abTambi\u00e9n es cierto que parece como si Dios derramara m\u00e1s abundantemente sus gracias sobre esta Nueva Francia que sobre la vieja Francia, y que las consolaciones interiores y los dones divinos son aqu\u00ed m\u00e1s s\u00f3lidos y los corazones m\u00e1s abrasados por \u00c9l&#8230; San Francisco Javier dec\u00eda que hab\u00eda en Oriente una isla en la que pod\u00eda perderse la vista por las l\u00e1grimas del gozo excesivo del coraz\u00f3n\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Esta perfecta alegr\u00eda era la que vibraba en aquellos misioneros que, s\u00f3lo \u00abperdiendo la propia vida\u00bb por amor al Reino (Lc 9,24), pod\u00edan perseverar en su misi\u00f3n. Muchos de ellos murieron m\u00e1rtires, y aqu\u00ed haremos memoria s\u00f3lamente de aquellos que en 1930 fueron canonizados por P\u00edo XI (AAS 22,1930, 497-508; P. Andrade, Varones ilustres de la Compa\u00f1\u00eda de Jes\u00fas, v.3, Bilbao 1889; E. Vila, 16 santos&#8230;).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El gozo de la Cruz en la misi\u00f3n Los misioneros jesuitas, en 1637, eran ya 23 padres y 6 hermanos coadjutores, y su celo apost\u00f3lico fue tan grande que les llev\u00f3 incluso a dilatar los l\u00edmites conocidos de la Nueva Francia. 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