{"id":85667,"date":"2021-01-21T18:26:51","date_gmt":"2021-01-21T23:26:51","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=85667"},"modified":"2021-01-21T18:26:51","modified_gmt":"2021-01-21T23:26:51","slug":"un-santo-en-el-gobierno-de-los-jesuitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2021\/01\/21\/un-santo-en-el-gobierno-de-los-jesuitas\/","title":{"rendered":"Un santo en el gobierno de los jesuitas"},"content":{"rendered":"<p>Provincial bondadoso y caminante<\/p>\n<p>De 1578 a 1586 fue el padre Anchieta provincial de los jesuitas. A veces, como cuando visit\u00f3 Pernambuco en 1584, ten\u00eda que trasladarse en barco, pero normalmente visitaba su provincia de la Compa\u00f1\u00eda a pie y descalzo, como era su costumbre, aprovechando cuando pod\u00eda para entrar a los indios. Con sus hermanos jesuitas cumpli\u00f3 su funci\u00f3n de superior con suma caridad y delicadeza, atento siempre al bien espiritual de cada uno.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, estando de rector en San Vicente, supo que en otra casa el superior hab\u00eda ordenado a un Hermano que se recogiese en su aposento y no saliera de \u00e9l sin licencia suya. All\u00ed se fue Anchieta, caminando descalzo y ligero unos setenta kil\u00f3metros, y despu\u00e9s de reconciliar al superior enojado con el Hermano, regres\u00f3 a su casa en el mismo d\u00eda, sin aceptar quedarse unos d\u00edas de descanso. En estos desplazamientos, tan incre\u00edblemente r\u00e1pidos, ve\u00edan los contempor\u00e1neos, no sin raz\u00f3n, algo de milagroso.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, un Hermano que viv\u00eda aislado al cuidado de una granja de la Compa\u00f1\u00eda, en un lugar al que solo por mar se pod\u00eda llegar, estaba pasando d\u00edas de una gran depresi\u00f3n, quiz\u00e1 por la duraci\u00f3n de su soledad. Un d\u00eda, estando en el campo, vio que el padre Anchieta ven\u00eda hacia \u00e9l: \u00abPor vos s\u00f3lo he venido aqu\u00ed\u00bb. Qued\u00f3 el Hermano consolado con cuanto el padre le dijo, pero tambi\u00e9n asombrado, ya que no vio en la ribera ninguna embarcaci\u00f3n que hubiera podido acercar a su superior.<\/p>\n<p>Sab\u00edan los jesuitas que nada, ni siquiera sus cosas m\u00e1s \u00edntimas, escapaba al conocimiento del provincial Anchieta, pues, como Jes\u00fas, \u00e9l \u00ablos conoc\u00eda a todos, y no necesitaba informes de nadie, pues conoc\u00eda al hombre por dentro\u00bb (Jn 2,25). Aceptaban, pues, de buen grado sus correcciones, y no s\u00f3lo porque siempre ten\u00edan fundamento real, sino tambi\u00e9n por la caridad con que las hac\u00eda. El mismo Anchieta di\u00f3 una vez una norma, que sin duda \u00e9l cumpl\u00eda siempre: \u00abNinguna culpa ha de saber el Superior de sus s\u00fabditos, que primero que llegue avisar al culpado no la haya llorado dos o tres veces delante de la divina misericordia, que esto es cuidar de las ovejas encomendadas por Cristo al cuidado del Superior\u00bb (Nieremberg 569).<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, supo el provincial Anchieta que en un colegio un Superior segundo hab\u00eda tratado con aspereza a un religioso s\u00fabdito suyo. Y el \u00e1spero Superior se justific\u00f3 ante el provincial diciendo: \u00abEl Superior que me encomend\u00f3 este oficio, me encarg\u00f3 con \u00e9l que no dejase pasar ninguna ocasi\u00f3n en que pudiese ejercitar la paciencia a cualquiera de los s\u00fabditos\u00bb. Tan pintoresca norma fue rechazada por el padre Anchieta, que le dijo: \u00abPues yo, en el nombre de Dios, ordeno a V. R. que desnude ese afecto y se vista de otro de mansedumbre y blandura, y en cuanto pudiere procure no dar a nadie ocasi\u00f3n de enojo, sino a todos se muestre afable y ben\u00e9volo\u00bb. Era \u00e9sta su propia norma de conducta. Por eso, aunque era muy riguroso como Superior en el mantenimiento de la disciplina, los religiosos le ten\u00edan mucha confianza y cari\u00f1o, tanto que \u00abse confesaban con \u00e9l con m\u00e1s gusto que con los confesores se\u00f1alados y ordinarios, cosa sin duda bien extraordinaria\u00bb (569).<\/p>\n<p>Entre las obras que el beato Anchieta realiz\u00f3 como provincial, cabe destacar el hecho muy notable de que, un siglo antes de que Santa Margarita Mar\u00eda de Alacoque tuviera sus cuatro grandes revelaciones (1673-1675), \u00e9l consagr\u00f3 una iglesia al Sagrado Coraz\u00f3n de Jes\u00fas en Guarapary, en la di\u00f3cesis de Esp\u00edritu Santo, al nordeste de R\u00edo, en la costa.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Provincial bondadoso y caminante De 1578 a 1586 fue el padre Anchieta provincial de los jesuitas. A veces, como cuando visit\u00f3 Pernambuco en 1584, ten\u00eda que trasladarse en barco, pero normalmente visitaba su provincia de la Compa\u00f1\u00eda a pie y descalzo, como era su costumbre, aprovechando cuando pod\u00eda para entrar a los indios. 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