{"id":8543,"date":"2011-01-27T02:27:53","date_gmt":"2011-01-27T07:27:53","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=8543"},"modified":"2011-01-27T11:14:16","modified_gmt":"2011-01-27T16:14:16","slug":"aprendi-a-perdonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2011\/01\/27\/aprendi-a-perdonar\/","title":{"rendered":"Aprendi a perdonar"},"content":{"rendered":"<p>Padre Nelson,<\/p>\n<p>Le escribo desde alg\u00fan lugar de Estados Unidos, donde he vivido ya hace bastante tiempo. Quiero contarle c\u00f3mo aprend\u00ed lo que significa el perd\u00f3n. Soy ahora una mujer viuda, aunque estuve casada algo menos de cuarenta a\u00f1os. Mi matrimonio fue feliz sin que pudiera llam\u00e1rsele un para\u00edso, pero llegando a los sesenta de edad tuve que descubrir, casi por accidente, que mucho tiempo atr\u00e1s mi esposo me hab\u00eda sido infiel.<\/p>\n<p>La enfermedad que se lo llev\u00f3 a la muerte, una especie de demencia senil, hundi\u00f3 las garras en su cerebro de un modo tan precipitado que \u00e9l mismo se dio cuenta que d\u00eda a d\u00eda estaba perdiendo sus facultades. Aprisionado por el miedo tuvo que delegar en m\u00ed la mayor parte de sus asuntos de negocios, incluyendo rchivos personales, y una cajuela de seguridad que yo ni siquiera sab\u00eda que exist\u00eda. En alguna parte de toda esa monta\u00f1a de informaci\u00f3n hab\u00eda pruebas de los gastos en que hab\u00eda incurrido veinte o m\u00e1s a\u00f1os atr\u00e1s, al parecer con una mujer que hab\u00eda sido compa\u00f1era suya en la escuela primaria. Se hab\u00edan reencontrado en alguna conferencia de negocios y tuvieron un romance apresurado pero muy intenso, que qued\u00f3 testimoniado en los papeles a los que tuve acceso.<\/p>\n<p>Usted podr\u00e1 imaginarse lo que sinti\u00f3 mi alma sobre todo porque el principal responsable de los hechos, mi esposo, se estaba hundiendo en la ausencia opaca de la demencia mientras yo apenas desenterraba las evidencias. Una vez me puse a gritar y llorar ante \u00e9l acus\u00e1ndolo de todo lo que hab\u00eda sucedido. Pero dej\u00e9 de llorar al darme cuenta que mientras yo me quejaba con tanta amargura la saliva le escurr\u00eda a \u00e9l por la comisura de su boca. Me miraba con la extra\u00f1eza con que uno mirar\u00eda a un extraterrestre en la ma\u00f1ana de su aterrizaje. As\u00ed que me qued\u00e9 sin sujeto a qui\u00e9n culpar porque el hombre que me hab\u00eda traicionado sencillamente ya no exist\u00eda.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Con resignaci\u00f3n y el alma atormentada vi desfilar ante mi mente todo tipo de ideas. Le confieso que llegu\u00e9 a pensar en da\u00f1arlo, herirlo, abandonarlo, matarlo de muerte lenta. Pero pasaban los d\u00edas y \u00e9l se asemejaba m\u00e1s y m\u00e1s a un beb\u00e9, un beb\u00e9 atontado, ausente, que cada vez sonre\u00eda menos y que tambi\u00e9n a veces lloraba sin motivo aparente. En una ocasi\u00f3n estuvo sollozando casi toda una tarde. Yo trat\u00e9 de imaginarme que estaba arrepentido de lo que me hab\u00eda hecho, y decid\u00ed no amargarle m\u00e1s sus \u00faltimos meses o a\u00f1os.<\/p>\n<p>De hecho, no dur\u00f3 mucho. Al d\u00eda siguiente de la escena de sus sollozos compr\u00e9 un lote en el cementerio sin imaginarme que no pasar\u00edan tres meses antes de que hubiera que darle su uso propio. Con cada palada de tierra que ca\u00eda sobre su ata\u00fad yo trataba de sepultar esa decepci\u00f3n que tendr\u00eda que empa\u00f1ar para siempre mis recuerdos de mujer casada. Pens\u00e9 que nunca volver\u00eda a esa tumba pero de hecho regres\u00e9 al domingo siguiente, y tambi\u00e9n despu\u00e9s de una semana, de modo que se me volvi\u00f3 costumbre visitar ese jard\u00edn cementerio los domingos. Yo no lloraba casi. No puedo describir mi sentimiento. A veces me avergonzaba pensar que era simplemente un paseo que hac\u00eda para darme tiempo a m\u00ed misma, porque la verdad mis hijos vivieron todo esto s\u00f3lo a distancia: uno est\u00e1 en Suiza y otro se estableci\u00f3 en Argentina.<\/p>\n<p>Cuando uno va peri\u00f3dicamente al cementerio suceden cosas inesperadas. Somos muchos los que hacemos esa clase de ritual semanal y por eso uno empieza a reconocer los rostros de la gente que hace lo mismo que uno. Es raro saludar a los desconocidos pero pasa tambi\u00e9n que uno ya no los siente tan &#8220;desconocidos&#8221; despu\u00e9s de meses de verles derramar l\u00e1grimas o decir oraciones que necesariamente se parecen a las de uno.<\/p>\n<p>Yo, por ejemplo, empec\u00e9 a notar que, a unos veinte, o m\u00e1ximo treinta metros de la tumba de mi esposo, llegaba todos los domingos un joven alto, bien parecido, que tra\u00eda rosas a una tumba. Sin que importara la estaci\u00f3n del a\u00f1o, este hombre consegu\u00eda rosas y las depositaba con much\u00edsima ternura en una tumba. Al cabo de un par de meses de ver que se repet\u00eda esa escena, la curiosidad me gan\u00f3 y fui a ver qui\u00e9n era la persona enterrada. Mi mente literaria imaginaba que se trataba de alguna &#8220;Julieta&#8221; que hab\u00eda abandonado prematuramente a este &#8220;Romeo.&#8221; Mi sorpresa fue may\u00fascula al reconocer el nombre escrito en la tumba. Se trataba de la mujer que hab\u00eda sido amante de mi esposo.<\/p>\n<p>Parada encima de aquella tumba (despu\u00e9s de que se marchara el &#8220;Romeo,&#8221; por supuesto) llor\u00e9 de rabia y despecho. Pero entonces un pensamiento atraves\u00f3 mi mente: \u00bfno ser\u00eda que ese muchacho era hijo de mi esposo? Record\u00e9 las fechas de aquella aventura amorosa y conclu\u00ed r\u00e1pidamente que todo coincid\u00eda. Decid\u00ed volver al siguiente domingo.<\/p>\n<p>Romeo apareci\u00f3, llevando tres rosas para su madre muerta. Yo no pod\u00eda quitarle la mirada de encima, aunque supuestamente yo estaba visitando a mi difunto esposo, de modo que la situaci\u00f3n se volvi\u00f3 insostenible para m\u00ed, y supongo que muy inc\u00f3moda para \u00e9l. Sinti\u00e9ndome denunciada por mis ojos que sencillamente no pod\u00edan quitarse de \u00e9l, al fin me resolv\u00ed a acercarme y le pregunt\u00e9 en el tono m\u00e1s respetuoso posible si pod\u00eda acompa\u00f1arle. Dije algo as\u00ed como: &#8220;Soy madre, y creo entender un poco lo que Ud. est\u00e1 sintiendo.&#8221; \u00c9l admiti\u00f3 mi compa\u00f1\u00eda, sin brusquedad pero sin regalarme tampoco una sonrisa. A pesar de que llevaba gafas oscuras reconoc\u00ed la mirada inconfundible de mi marido. La forma del l\u00f3bulo de la oreja era id\u00e9ntica tambi\u00e9n. Pero este Romeo ten\u00eda un peso espantoso de melancol\u00eda en su rostro, cosa que contrastaba con el estilo afable del que fuera mi esposo.<\/p>\n<p>Lo cierto es que con una labor de infinita paciencia logr\u00e9 hacerme amiga de Romeo. Supe que ten\u00eda mucho dinero porque era talentoso para las ventas, pero supe tambi\u00e9n que en cada venta se pon\u00eda una careta de hombre optimista y saludable, mientras por dentro lo mataba una inseguridad horrible, motivada sobre todo por la inesperada y temprana muerte de su madre, a quien un c\u00e1ncer de seno hab\u00eda derribado en cosa de dos o tres meses.<\/p>\n<p>El muchacho me tom\u00f3 confianza, y a partir de la sexta o s\u00e9ptima vez que nos vimos se quitaba sus anteojos oscuros. En cosa de meses me volv\u00ed su amiga y confidente, y una vez incluso me dijo llorando que yo era un regalo de Dios, y que era el reemplazo de la madre que se hab\u00eda ido tan apresuradamente. Yo aprend\u00ed a llorar con \u00e9l, y a escucharle, evadiendo con cuidado las preguntas que \u00e9l empezaba a hacerme porque sent\u00eda que no podr\u00eda manejar una situaci\u00f3n tan dif\u00edcil. Mi prop\u00f3sito en ese momento era morirme antes que revelarle qui\u00e9n era yo.<\/p>\n<p>Pero un d\u00eda, al salir del cementerio, nos tomamos un caf\u00e9 y Romeo empez\u00f3 a contar el origen de sus inseguridades. Me explic\u00f3 con detalle c\u00f3mo la mam\u00e1 le hab\u00eda ocultado siempre qui\u00e9n era su verdadero padre, aunque ella nunca se hab\u00eda casado. Me cont\u00f3 tambi\u00e9n que la \u00fanica raz\u00f3n que la mam\u00e1 daba para someterlo a esa ignorancia es que ella no quer\u00eda destruir el verdadero hogar del hombre que lo hab\u00eda engendrado a \u00e9l. Y me dijo que \u00e9l pod\u00eda entender, en parte, las razones de la mam\u00e1, pero que era espantoso vivir sin pap\u00e1. Al final agreg\u00f3, con los ojos humedecidos: &#8220;Yo quisiera un d\u00eda sentarme con mi padre, y brindar a su salud, y recibir su abrazo.&#8221; Esa tarde decid\u00ed que ten\u00eda que decirle la verdad.<\/p>\n<p>Romeo verdaderamente me adopt\u00f3 como madre, y empez\u00f3 a pedirme consejos sobre diversas cosas de su vida, incluyendo una relaci\u00f3n que ten\u00eda con una jovencita de su misma empresa. Yo creo que hice bien mi papel pero tambi\u00e9n estoy segura que me faltaba lo m\u00e1s arduo de todo.<\/p>\n<p>Un domingo fuimos juntos en el auto de \u00e9l, y despu\u00e9s de visitar la tumba de la mam\u00e1, y de rezar juntos por ella, me dijo: &#8220;Ahora yo quiero acompa\u00f1arte a esa tumba que t\u00fa visitas.&#8221; Caminamos muy despacio los veinte metros que separan a esas dos tumbas. Romeo no pod\u00eda reconocer el nombre, pero s\u00ed vio que yo me arrodill\u00e9 y empec\u00e9 a llorar como una chiquilla. Sencillamente no pod\u00eda contenerme. \u00c9l qued\u00f3 confundido y cortado, y simplemente me abrazaba. Al final yo dije en voz alta, dirigi\u00e9ndome a la tumba: &#8220;Mi amor, yo te perdono, en el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. Am\u00e9n.&#8221; Y le cont\u00e9 todo a Romeo. Esa d\u00eda los empleados de seguridad tuvieron que sacarnos del cementerio cuando ya atardec\u00eda.<\/p>\n<p>Y ese d\u00eda aprend\u00ed qu\u00e9 es perdonar.<\/p>\n<p>Padre Nelson, gracias por escucharme. Ya no tengo rencor. <i>-Emma<\/i>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Padre Nelson, Le escribo desde alg\u00fan lugar de Estados Unidos, donde he vivido ya hace bastante tiempo. Quiero contarle c\u00f3mo aprend\u00ed lo que significa el perd\u00f3n. Soy ahora una mujer viuda, aunque estuve casada algo menos de cuarenta a\u00f1os. 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