{"id":85392,"date":"2021-01-07T11:48:36","date_gmt":"2021-01-07T16:48:36","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=85392"},"modified":"2021-01-07T11:48:36","modified_gmt":"2021-01-07T16:48:36","slug":"asi-se-forja-un-santo-continua-la-historia-de-jose-de-anchieta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2021\/01\/07\/asi-se-forja-un-santo-continua-la-historia-de-jose-de-anchieta\/","title":{"rendered":"As\u00ed se forja un santo: Contin\u00faa la historia de Jos\u00e9 de Anchieta"},"content":{"rendered":"<p>Ayudante de N\u00f3brega<\/p>\n<p>En 1563, sin ser sacerdote todav\u00eda, Anchieta fue requerido por el provincial N\u00f3brega para tareas muy delicadas. Su primera misi\u00f3n importante fue la de embajador de paz entre los tamoyas, pueblo muy feroz y aguerrido, que hostilizaba la colonia de San Vicente y que, ayudados por los hugonotes franceses, constitu\u00edan una amenaza permanente. Cinco meses, con grave peligro de muerte, qued\u00f3 a solas como reh\u00e9n entre los iperoig, una de las principales familias de tamoyas. En ese tiempo les predic\u00f3 sin cesar el Evangelio, y realiz\u00f3 entre ellos prodigios admirables.<\/p>\n<p>Cuenta Nieremberg -que confunde a los tamoyas con los tapuyas- que en ese tiempo los indios le ofrec\u00edan a veces sus desnudas mujeres, y que \u00e9l las rechazaba, \u00abmostrando las disciplinas, cilicios y otras asperezas con que aflig\u00eda su carne\u00bb. Anchieta, en esos meses angustiosos, para distraer su mente de tales tentaciones carnales y tambi\u00e9n para librarse del temor, acudi\u00f3 a la Sant\u00edsima Virgen, y en su honor fue escribiendo en la arena, y grabando en su memoria, un largo poema latino, compuesto de 2.893 d\u00edsticos, De Virgine Dei Matre Maria, que fue publicado posteriormente en Lisboa (1663).<\/p>\n<p>La paz entre tamoyas y portugueses no acababa de establecerse, y los indios amenazaron matar a su reh\u00e9n en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, pero \u00e9l estaba cierto, pues la Virgen se lo hab\u00eda asegurado, de que no ser\u00eda as\u00ed: \u00abYo s\u00e9 que no me matar\u00e9is, que no ha llegado a\u00fan el tiempo de mi muerte\u00bb. Entre tanto, \u00e9l prosegu\u00eda sus intentos evangelizadores con los indios y se dedicaba a la oraci\u00f3n, apart\u00e1ndose en el campo a rezar el Oficio Divino. Entonces los indios ve\u00edan a veces que un p\u00e1jaro de precioso plumaje \u00abcon blando y apacible vuelo hac\u00eda fiesta al santo Hermano, y con alegres vueltas le saltaba ya en los hombros, ya en los brazos, ya en el mismo breviario. Con todas estas cosas era rara la estima que ten\u00edan los tapuyas de su prisionero Jos\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Sacerdote y superior<\/p>\n<p>En 1566 recibi\u00f3 Anchieta la ordenaci\u00f3n sacerdotal, a los 33 a\u00f1os de edad. En 1567 acompa\u00f1\u00f3 a N\u00f3brega en la fundaci\u00f3n de R\u00edo de Janeiro. Durante diez a\u00f1os fue rector del colegio de San Vicente, y en este tiempo, no s\u00f3lo predic\u00f3 a los portugueses, con gran fruto, sino que se encarg\u00f3 tambi\u00e9n de evangelizar a los vecinos indios tapuyas, una tribu muy dif\u00edcil y feroz, tambi\u00e9n llamada miramoviz. Ayud\u00f3 al padre Manuel Viegas en la composici\u00f3n de su Gram\u00e1tica de la lengua de los Miramoviz en las misiones del Brasil.<\/p>\n<p>Aprovechando sus conocimientos de la lengua, acompa\u00f1\u00f3 a veces a estos indios en sus viajes de caza. Gan\u00f3 as\u00ed su confianza, y consigui\u00f3 que algunos le confiaran sus hijos. Educados en la misi\u00f3n con todo cuidado, estos hijos, ya cristianizados, fueron luego misioneros de sus padres, de modo que muchos de estos indios n\u00f3madas, una vez convertidos, se establecieron en varias aldeas en torno a Piratininga.<\/p>\n<p>El intenso apostolado de Anchieta con los indios se desarroll\u00f3, a lo largo de su vida, en torno a las dos nacientes colonias portuguesas de R\u00edo y de Esp\u00edritu Santo. El perfecto conocimiento de la lengua, la carencia absoluta de temor, y el amor inmenso que ten\u00eda a los indios, le permitieron siempre mezclarse con ellos con una sorprendente facilidad. En aquellas incursiones no faltaban, por supuesto, situaciones extremadamente angustiosas, pero era entonces, precisamente, cuando el beato Anchieta se ve\u00eda inundado de una perfecta alegr\u00eda -como dir\u00eda San Francisco-, descansando s\u00f3lamente en el amor providente de Jesucristo.<\/p>\n<p>En una ocasi\u00f3n, por ejemplo, iba el padre Anchieta con el Hermano Jer\u00f3nimo Su\u00e1rez, ambos descalzos, y avanzaban penosamente por un camino lleno de agua y barro. Aprovechando la circunstancia, y para animar al Hermano, Anchieta le hizo esta confidencia: \u00abAlgunos desean que les coja la muerte en varias partes o colegios, conforme al afecto de cada uno, para pasar aquel \u00faltimo trance con mayor \u00e1nimo y consuelo, ayudados de la caridad de sus Hermanos; pero yo digo que no hay g\u00e9nero de muerte mejor que dejar la vida anegada entre el cieno y el agua de estas lagunas, caminando por obediencia y el bien de nuestros pr\u00f3jimos\u00bb (Nieremberg 550).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ayudante de N\u00f3brega En 1563, sin ser sacerdote todav\u00eda, Anchieta fue requerido por el provincial N\u00f3brega para tareas muy delicadas. 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