{"id":82030,"date":"2020-08-12T01:25:10","date_gmt":"2020-08-12T06:25:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=82030"},"modified":"2020-08-11T19:27:40","modified_gmt":"2020-08-12T00:27:40","slug":"las-reducciones-jesuitas-centros-de-formacion-humana-y-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2020\/08\/12\/las-reducciones-jesuitas-centros-de-formacion-humana-y-cristiana\/","title":{"rendered":"Las reducciones jesuitas: centros de formaci\u00f3n humana y cristiana"},"content":{"rendered":"<p>Los ni\u00f1os, ante todo<\/p>\n<p>Pero vengamos a lo principal de las reducciones, a la formaci\u00f3n cristiana integral de un pueblo nuevo. El padre Cardiel dec\u00eda: \u00aben la crianza de los muchachos de uno y otro sexo, se pone mucho cuidado. Hay escuelas de leer y escribir, de m\u00fasica y de danzas\u00bb, y a ellas asisten los hijos de los caciques, mayordomos, cabildantes y principales del pueblo, \u00aben su modo de concebir, y tambi\u00e9n vienen otros si lo piden sus padres. Tienen sus maestros indios; aprenden algunos a leer con notable destreza, y leen la lengua extra\u00f1a mejor que nosotros. Debe de consistir en la vista, que la tienen muy perspicaz, y la memoria, que la tienen muy buena: ojal\u00e1 fuera as\u00ed el entendimiento. Tambi\u00e9n hacen la letra harto buena\u00bb (115).<\/p>\n<p>Especial cuidado se pon\u00eda en la educaci\u00f3n cristiana de los ni\u00f1os. El Catecismo empleado era el dispuesto por el III Concilio Limense (1582-1583), y seg\u00fan las disposiciones conciliares que ya conocemos (342-344, 348) era ense\u00f1ado en guaran\u00ed. Por cierto que las orientaciones de este sagrado Concilio influyeron en las reducciones m\u00e1s de lo que suele recordarse. En efecto, ya en este Concilio -como en el anterior de 1567- los Padres conciliares dieron a la evangelizaci\u00f3n de los indios una versi\u00f3n acentuadamente civilizadora: \u00abque se ense\u00f1e a los indios vivir con orden y polic\u00eda y tener limpieza y honestidad y buena crianza\u00bb (347), etc.<\/p>\n<p>Un capuchino franc\u00e9s que visit\u00f3 las reducciones, Florentin de Bourges, escrib\u00eda en 1716: \u00abLa manera en que educan a esta nueva cristiandad me impresion\u00f3 tan profundamente que la tengo siempre presente en el esp\u00edritu. \u00c9ste es el orden que se observa en la reducci\u00f3n donde me hallaba, la cual cuenta con alrededor de treinta mil almas. Al alba se hace sonar la campana para llamar a la gente a la iglesia, donde un misionero reza la oraci\u00f3n de la ma\u00f1ana, luego de lo cual se dice la misa; posteriormente las gentes se retiran y cada cual se dirige a sus ocupaciones. Los ni\u00f1os, desde los siete u ocho hasta los doce a\u00f1os, tienen la obligaci\u00f3n de ir a la escuela, donde los maestros les ense\u00f1an a leer y escribir, les transmiten el catecismo y las oraciones de la Iglesia, y los instruyen sobre los deberes del cristianismo. Las ni\u00f1as est\u00e1n sometidas a similares obligaciones y hasta la edad de doce a\u00f1os van a otras escuelas, donde maestras -de virtud comprobada- les hacen aprender las oraciones y el catecismo, les ense\u00f1an a leer, a tejer, a coser y todas las otras tareas propias de su sexo. A las ocho, todos acuden a la iglesia donde, tras haber rezado la plegaria de la ma\u00f1ana, recitan de memoria y en voz alta el catecismo; los varones se ubican en el santuario, ordenados en varias filas y son quienes comienzan; las ni\u00f1as, en la nave, repiten lo que los varones han dicho. A continuaci\u00f3n oyen misa y despu\u00e9s de ella finalizan el recitado del catecismo y regresan de dos a dos a las escuelas.<\/p>\n<p>\u00abMe conmovi\u00f3 el coraz\u00f3n presenciar la modestia y la piedad de esos ni\u00f1os. Al ponerse el sol se ta\u00f1e la campana para la oraci\u00f3n del atardecer y luego de lla se recita el rosario a dos coros; casi nadie se exime de este ejercicio y quienes poseen motivos que les impiden acudir a la iglesia se aseguran de recitarlo en sus casas&#8230; La uni\u00f3n y la caridad que reinan entre los fieles es perfecta; puesto que los bienes son comunes, la ambici\u00f3n y la avaricia son vicios desconocidos y no se observan entre ellos ni divisiones ni pleitos&#8230; Que yo sepa, no hay misi\u00f3n m\u00e1s santa en el mundo cristiano\u00bb (Tentaci\u00f3n 130-136).<\/p>\n<p>Ya en los primeros a\u00f1os se recogieron en las reducciones estos frutos impresionantes de cristiandad, sobre todo entre los ni\u00f1os, cuya transformaci\u00f3n dejaba asombrados a sus propios padres. As\u00ed lo testimonia en 1636 el jesuita Nicolao Mistrilli: \u00abcuando estas buenas gentes ven a sus hijos tan bien instruidos en la lectura, en la escritura, el canto, el manejo de los instrumentos, el baile al ritmo, que dan delante de ellos en p\u00fablico y en privado diversas pruebas de su satisfacci\u00f3n, \u00a1qui\u00e9n puede expresar la alegr\u00eda que hay en sus corazones!&#8230; Ver\u00edais a unos prorrumpir en l\u00e1grimas de alegr\u00eda; escuchar\u00edais a los otros dar a Dios mil gracias y agradecer a los padres con palabras llenas de afecto; a algunos regocijarse con sus hijos de haber venido al mundo en \u00e9poca tan venturosa\u00bb (Tentaci\u00f3n 101).<\/p>\n<p>Un nuevo pueblo cristiano<\/p>\n<p>Las celebraciones religiosas eran frecuentes, y tan variadas y coloristas que apenas intentaremos describirlas, pues, al toque de las campanas, constitu\u00edan un marco de vida permanente, lo mismo al levantarse que al finalizar el d\u00eda, al ir al trabajo o al regresar de \u00e9l, en los cantos y danzas: todo en las reducciones era vida expl\u00edcitamente religiosa y cristiana.<\/p>\n<p>Estos nuevos cristianos, dice el padre Mistrilli, confesaban con frecuencia sus pecados, y con \u00ababundantes l\u00e1grimas. Salvo los muy j\u00f3venes, todos son admitidos a la santa comuni\u00f3n, y es excepcional su devoci\u00f3n por la Madre de Dios, lo cual manifiestan rezando todos los d\u00edas en su honor el rosario. Es admirable el fervor con que abrazan la Cruz y participan en las penas de la Santa Pasi\u00f3n, con castigos diversos y duros en Su honor\u00bb (102).<\/p>\n<p>De pocos a\u00f1os despu\u00e9s de 1700 proceden los siguientes testimonios. Mathias Strobel: \u00abapenas se puede describir la honestidad y piedad edificante sobremanera con que se presentan los indios cristianos\u00bb (146). Anton Betschon, jesuita tirol\u00e9s: \u00abNuestros indios imitan en la vida com\u00fan a los cristianos primitivos del tiempo de los ap\u00f3stoles\u00bb (129; +Maxime Haubert titula el cp. VII de su libro Una imagen de la primitiva Iglesia). El Obispo de Buenos Aires, en una carta a Felipe V: \u00abSe\u00f1or, en esas populosas comunidades compuestas de indios, naturalmente inclinados a toda suerte de vicios, reina tan grande inocencia, que no creo que se cometa en ellas un solo pecado mortal\u00bb<\/p>\n<p>Chateaubriand cita esta carta en su G\u00e9nie du christianisme, de 1802, donde dedica unos cap\u00edtulos a las Missions du Paraguay (IV p., IV l., cpts. 4-5). Un verdadero milagro.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los ni\u00f1os, ante todo Pero vengamos a lo principal de las reducciones, a la formaci\u00f3n cristiana integral de un pueblo nuevo. 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