{"id":79197,"date":"2020-04-12T19:59:58","date_gmt":"2020-04-13T00:59:58","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=79197"},"modified":"2020-04-12T19:59:58","modified_gmt":"2020-04-13T00:59:58","slug":"homilia-del-papa-francisco-en-la-vigilia-pascual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2020\/04\/12\/homilia-del-papa-francisco-en-la-vigilia-pascual\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda del Papa Francisco en la Vigilia Pascual"},"content":{"rendered":"<p>\u00abPasado el s\u00e1bado\u00bb (Mt 28,1) las mujeres fueron al sepulcro. As\u00ed comenzaba el evangelio de esta Vigilia santa, con el s\u00e1bado. Es el d\u00eda del Triduo pascual que m\u00e1s descuidamos, ansiosos por pasar de la cruz del viernes al aleluya del domingo. Sin embargo, este a\u00f1o percibimos m\u00e1s que nunca el s\u00e1bado santo, el d\u00eda del gran silencio. Nos vemos reflejados en los sentimientos de las mujeres durante aquel d\u00eda. Como nosotros, ten\u00edan en los ojos el drama del sufrimiento, de una tragedia inesperada que se les vino encima demasiado r\u00e1pido. Vieron la muerte y ten\u00edan la muerte en el coraz\u00f3n. Al dolor se un\u00eda el miedo, \u00bftendr\u00edan tambi\u00e9n ellas el mismo fin que el Maestro? Y despu\u00e9s, la inquietud por el futuro, quedaba todo por reconstruir. La memoria herida, la esperanza sofocada. Para ellas, como para nosotros, era la hora m\u00e1s oscura. <\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Pero en esta situaci\u00f3n las mujeres no se quedaron paralizadas, no cedieron a las fuerzas oscuras de la lamentaci\u00f3n y del remordimiento, no se encerraron en el pesimismo, no huyeron de la realidad. Realizaron algo sencillo y extraordinario: prepararon en sus casas los perfumes para el cuerpo de Jes\u00fas. No renunciaron al amor: la misericordia ilumin\u00f3 la oscuridad del coraz\u00f3n. La Virgen, en el s\u00e1bado, d\u00eda que le ser\u00eda dedicado, rezaba y esperaba. En el desaf\u00edo del dolor, confiaba en el Se\u00f1or. Sin saberlo, esas mujeres preparaban en la oscuridad de aquel s\u00e1bado el amanecer del \u00abprimer d\u00eda de la semana\u00bb, d\u00eda que cambiar\u00eda la historia. Jes\u00fas, como semilla en la tierra, estaba por hacer germinar en el mundo una vida nueva; y las mujeres, con la oraci\u00f3n y el amor, ayudaban a que floreciera la esperanza. Cu\u00e1ntas personas, en los d\u00edas tristes que vivimos, han hecho y hacen como aquellas mujeres: esparcen semillas de esperanza. Con peque\u00f1os gestos de atenci\u00f3n, de afecto, de oraci\u00f3n. <\/p>\n<p>Al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro. All\u00ed, el \u00e1ngel les dijo: \u00abVosotras, no tem\u00e1is [\u2026]. No est\u00e1 aqu\u00ed: \u00a1ha resucitado!\u00bb (vv. 5-6). Ante una tumba escucharon palabras de vida\u2026 Y despu\u00e9s encontraron a Jes\u00fas, el autor de la esperanza, que confirm\u00f3 el anuncio y les dijo: \u00abNo tem\u00e1is\u00bb (v. 10). No tem\u00e1is, no teng\u00e1is miedo: He aqu\u00ed el anuncio de la esperanza. Que es tambi\u00e9n para nosotros, hoy. Son las palabras que Dios nos repite en la noche que estamos atravesando. <\/p>\n<p>En esta noche conquistamos un derecho fundamental, que no nos ser\u00e1 arrebatado: el derecho a la esperanza; es una esperanza nueva, viva, que viene de Dios. No es un mero optimismo, no es una palmadita en la espalda o unas palabras de \u00e1nimo de circunstancia. Es un don del Cielo, que no pod\u00edamos alcanzar por nosotros mismos: Todo ir\u00e1 bien, decimos constantemente estas semanas, aferr\u00e1ndonos a la belleza de nuestra humanidad y haciendo salir del coraz\u00f3n palabras de \u00e1nimo. Pero, con el pasar de los d\u00edas y el crecer de los temores, hasta la esperanza m\u00e1s intr\u00e9pida puede evaporarse. La esperanza de Jes\u00fas es distinta, infunde en el coraz\u00f3n la certeza de que Dios conduce todo hacia el bien, porque incluso hace salir de la tumba la vida.<\/p>\n<p>El sepulcro es el lugar donde quien entra no sale. Pero Jes\u00fas sali\u00f3 por nosotros, resucit\u00f3 por nosotros, para llevar vida donde hab\u00eda muerte, para comenzar una nueva historia que hab\u00eda sido clausurada, tap\u00e1ndola con una piedra. \u00c9l, que quit\u00f3 la roca de la entrada de la tumba, puede remover las piedras que sellan el coraz\u00f3n. Por eso, no cedamos a la resignaci\u00f3n, no depositemos la esperanza bajo una piedra. Podemos y debemos esperar, porque Dios es fiel, no nos ha dejado solos, nos ha visitado y ha venido en cada situaci\u00f3n: en el dolor, en la angustia y en la muerte. Su luz ilumin\u00f3 la oscuridad del sepulcro, y hoy quiere llegar a los rincones m\u00e1s oscuros de la vida. Hermana, hermano, aunque en el coraz\u00f3n hayas sepultado la esperanza, no te rindas: Dios es m\u00e1s grande. La oscuridad y la muerte no tienen la \u00faltima palabra. \u00c1nimo, con Dios nada est\u00e1 perdido.<\/p>\n<p>\u00c1nimo: es una palabra que, en el Evangelio, est\u00e1 siempre en labios de Jes\u00fas. Una sola vez la pronuncian otros, para decir a un necesitado: \u00ab\u00c1nimo, lev\u00e1ntate, que [Jes\u00fas] te llama\u00bb (Mc 10,49). Es \u00c9l, el Resucitado, el que nos levanta a nosotros que estamos necesitados. Si en el camino eres d\u00e9bil y fr\u00e1gil, si caes, no temas, Dios te tiende la mano y te dice: \u00ab\u00c1nimo\u201d. Pero t\u00fa podr\u00edas decir, como don Abundio: \u00abEl valor no se lo puede otorgar uno mismo\u00bb (A. MANZONI, Los Novios (I Promessi Sposi), XXV). No te lo puedes dar, pero lo puedes recibir como don. Basta abrir el coraz\u00f3n en la oraci\u00f3n, basta levantar un poco esa piedra puesta en la entrada de tu coraz\u00f3n para dejar entrar la luz de Jes\u00fas. Basta invitarlo: \u201cVen, Jes\u00fas, en medio de mis miedos, y dime tambi\u00e9n: \u00c1nimo\u201d. Contigo, Se\u00f1or, seremos probados, pero no turbados. Y, a pesar de la tristeza que podamos albergar, sentiremos que debemos esperar, porque contigo la cruz florece en resurrecci\u00f3n, porque T\u00fa est\u00e1s con nosotros en la oscuridad de nuestras noches, eres certeza en nuestras incertidumbres, Palabra en nuestros silencios, y nada podr\u00e1 nunca robarnos el amor que nos tienes.<\/p>\n<p>Este es el anuncio pascual; un anuncio de esperanza que tiene una segunda parte: el env\u00edo. \u00abId a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea\u00bb (Mt 28,10), dice Jes\u00fas. \u00abVa por delante de vosotros a Galilea\u00bb (v. 7), dice el \u00e1ngel. El Se\u00f1or nos precede. Es hermoso saber que camina delante de nosotros, que visit\u00f3 nuestra vida y nuestra muerte para precedernos en Galilea; es decir, el lugar que para \u00c9l y para sus disc\u00edpulos evocaba la vida cotidiana, la familia, el trabajo. Jes\u00fas desea que llevemos la esperanza all\u00ed, a la vida de cada d\u00eda. Pero para los disc\u00edpulos, Galilea era tambi\u00e9n el lugar de los recuerdos, sobre todo de la primera llamada. Volver a Galilea es acordarnos de que hemos sido amados y llamados por Dios. Necesitamos retomar el camino, recordando que nacemos y renacemos de una llamada de amor gratuita. Este es el punto de partida siempre, sobre todo en las crisis y en los tiempos de prueba.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s. Galilea era la regi\u00f3n m\u00e1s alejada de Jerusal\u00e9n, el lugar donde se encontraban en ese momento. Y no s\u00f3lo geogr\u00e1ficamente: Galilea era el sitio m\u00e1s distante de la sacralidad de la Ciudad santa. Era una zona poblada por gentes distintas que practicaban varios cultos, era la \u00abGalilea de los gentiles\u00bb (Mt 4,15). Jes\u00fas los envi\u00f3 all\u00ed, les pidi\u00f3 que comenzaran de nuevo desde all\u00ed. \u00bfQu\u00e9 nos dice esto? Que el anuncio de la esperanza no se tiene que confinar en nuestros recintos sagrados, sino que hay que llevarlo a todos. Porque todos necesitan ser reconfortados y, si no lo hacemos nosotros, que hemos palpado con nuestras manos \u00abel Verbo de la vida\u00bb (1 Jn 1,1), \u00bfqui\u00e9n lo har\u00e1? Qu\u00e9 hermoso es ser cristianos que consuelan, que llevan las cargas de los dem\u00e1s, que animan, que son mensajeros de vida en tiempos de muerte. Llevemos el canto de la vida a cada Galilea, a cada regi\u00f3n de esa humanidad a la que pertenecemos y que nos pertenece, porque todos somos hermanos y hermanas. Acallemos los gritos de muerte, que terminen las guerras. Que se acabe la producci\u00f3n y el comercio de armas, porque necesitamos pan y no fusiles. Que cesen los abortos, que matan la vida inocente. Que se abra el coraz\u00f3n del que tiene, para llenar las manos vac\u00edas del que carece de lo necesario.<\/p>\n<p>Al final, las mujeres \u00ababrazaron los pies\u00bb de Jes\u00fas (Mt 28,9), aquellos pies que hab\u00edan hecho un largo camino para venir a nuestro encuentro, incluso entrando y saliendo del sepulcro. Abrazaron los pies que pisaron la muerte y abrieron el camino de la esperanza. Nosotros, peregrinos en busca de esperanza, hoy nos aferramos a Ti, Jes\u00fas Resucitado. Le damos la espalda a la muerte y te abrimos el coraz\u00f3n a Ti, que eres la Vida.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abPasado el s\u00e1bado\u00bb (Mt 28,1) las mujeres fueron al sepulcro. As\u00ed comenzaba el evangelio de esta Vigilia santa, con el s\u00e1bado. 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