{"id":77326,"date":"2020-01-31T01:54:49","date_gmt":"2020-01-31T06:54:49","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=77326"},"modified":"2020-01-30T22:58:24","modified_gmt":"2020-01-31T03:58:24","slug":"hay-alguna-guerra-licita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2020\/01\/31\/hay-alguna-guerra-licita\/","title":{"rendered":"\u00bfHay alguna guerra l\u00edcita?"},"content":{"rendered":"<p>Tres cosas se requieren para que sea justa una guerra. Primera: la autoridad del pr\u00edncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra. No incumbe a la persona particular declarar la guerra, porque puede hacer valer su derecho ante tribunal superior; adem\u00e1s, la persona particular tampoco tiene competencia para convocar a la colectividad, cosa necesaria para hacer la guerra. Ahora bien, dado que el cuidado de la rep\u00fablica ha sido encomendado a los pr\u00edncipes, a ellos compete defender el bien p\u00fablico de la ciudad, del reino o de la provincia sometidos a su autoridad. Pues bien, del mismo modo que la defienden l\u00edcitamente con la espada material contra los perturbadores internos, castigando a los malhechores, a tenor de las palabras del Ap\u00f3stol: No en vano lleva la espada, pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra mal (Rom 13,4), le incumbe tambi\u00e9n defender el bien p\u00fablico con la espada de la guerra contra los enemigos externos. Por eso se recomienda a los pr\u00edncipes: Librad al pobre y sacad al desvalido de las manos del pecador (Sal 81,41), y San Agust\u00edn, por su parte, en el libro Contra Faust. ense\u00f1a: El orden natural, acomodado a la paz de los mortales, postula que la autoridad y la deliberaci\u00f3n de aceptar la guerra pertenezca al pr\u00edncipe.<\/p>\n<p>Se requiere, en segundo lugar, causa justa. Es decir, que quienes son atacados lo merezcan por alguna causa. Por eso escribe tambi\u00e9n San Agust\u00edn en el libro Quaest.: Suelen llamarse guerras justas las que vengan las injurias; por ejemplo, si ha habido lugar para castigar al pueblo o a la ciudad que descuida castigar el atropello cometido por los suyos o restituir lo que ha sido injustamente robado.<\/p>\n<p>Se requiere, finalmente, que sea recta la intenci\u00f3n de los contendientes; es decir, una intenci\u00f3n encaminada a promover el bien o a evitar el mal. Por eso escribe igualmente San Agust\u00edn en el libro De verbis Dom.: Entre los verdaderos adoradores de Dios, las mismas guerras son pac\u00edficas, pues se promueven no por codicia o crueldad, sino por deseo de paz, para frenar a los malos y favorecer a los buenos. Puede, sin embargo, acontecer que, siendo leg\u00edtima la autoridad de quien declara la guerra y justa tambi\u00e9n la causa, resulte, no obstante, il\u00edcita por la mala intenci\u00f3n. San Agust\u00edn escribe en el libro Contra Faust.: En efecto, el deseo de da\u00f1ar, la crueldad de vengarse, el \u00e1nimo inaplacado e implacable, la ferocidad en la lucha, la pasi\u00f3n de dominar y otras cosas semejantes, son, en justicia, vituperables en las guerras. (<em>S. Th., II-II, q.40, a.1, resp.<\/em>)<\/p>\n<hr \/>\n<p>[Estos fragmentos han sido tomados de la <em>Suma Teol\u00f3gica<\/em> de Santo Tom\u00e1s, en la segunda secci\u00f3n de la segunda parte. Pueden leerse en orden los fragmentos publicados haciendo clic <a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/categorias\/santo_tomas\/suma-teologica-fragmentos\/?order=ASC\">aqu\u00ed<\/a>.]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres cosas se requieren para que sea justa una guerra. Primera: la autoridad del pr\u00edncipe bajo cuyo mandato se hace la guerra. 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