{"id":76486,"date":"2019-12-30T01:52:10","date_gmt":"2019-12-30T06:52:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=76486"},"modified":"2019-12-29T13:04:21","modified_gmt":"2019-12-29T18:04:21","slug":"mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2019\/12\/30\/mensaje-del-papa-francisco-para-la-jornada-mundial-de-la-paz-2020\/","title":{"rendered":"Mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Paz 2020"},"content":{"rendered":"<p>1. La paz, camino de esperanza ante los obst\u00e1culos y las pruebas<\/p>\n<p>La paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensi\u00f3n existencial, y de este modo cualquier situaci\u00f3n dif\u00edcil \u00abse puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino\u00bb[1].  En este sentido, la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obst\u00e1culos parecen insuperables.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Nuestra comunidad humana lleva, en la memoria y en la carne, los signos de las guerras y de los conflictos que se han producido, con una capacidad destructiva creciente, y que no dejan de afectar especialmente a los m\u00e1s pobres y a los m\u00e1s d\u00e9biles. Naciones enteras se afanan tambi\u00e9n por liberarse de las cadenas de la explotaci\u00f3n y de la corrupci\u00f3n, que alimentan el odio y la violencia. Todav\u00eda hoy, a tantos hombres y mujeres, ni\u00f1os y ancianos se les niega la dignidad, la integridad f\u00edsica, la libertad, incluida la libertad religiosa, la solidaridad comunitaria, la esperanza en el futuro. Muchas v\u00edctimas inocentes cargan sobre s\u00ed el tormento de la humillaci\u00f3n y la exclusi\u00f3n, del duelo y la injusticia, por no decir los traumas resultantes del ensa\u00f1amiento sistem\u00e1tico contra su pueblo y sus seres queridos.<\/p>\n<p>Las terribles pruebas de los conflictos civiles e internacionales, a menudo agravados por la violencia sin piedad, marcan durante mucho tiempo el cuerpo y el alma de la humanidad. En realidad, toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocaci\u00f3n de la familia humana.<\/p>\n<p>Sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesi\u00f3n y la voluntad de dominio. Nace en el coraz\u00f3n del hombre por el ego\u00edsmo y la soberbia, por el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo. La guerra se nutre de la perversi\u00f3n de las relaciones, de las ambiciones hegem\u00f3nicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obst\u00e1culo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.<\/p>\n<p>Es parad\u00f3jico, como se\u00f1al\u00e9 durante el reciente viaje a Jap\u00f3n, que \u00abnuestro mundo vive la perversa dicotom\u00eda de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible di\u00e1logo. La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucci\u00f3n o sobre una amenaza de aniquilaci\u00f3n total; s\u00f3lo es posible desde una \u00e9tica global de solidaridad y cooperaci\u00f3n al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de ma\u00f1ana\u00bb[2].<\/p>\n<p>Cualquier situaci\u00f3n de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue en la propia condici\u00f3n. La desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un c\u00edrculo vicioso que nunca puede conducir a una relaci\u00f3n de paz. En este sentido, incluso la disuasi\u00f3n nuclear no puede crear m\u00e1s que una seguridad ilusoria.<\/p>\n<p>Por lo tanto, no podemos pretender que se mantenga la estabilidad en el mundo a trav\u00e9s del miedo a la aniquilaci\u00f3n, en un equilibrio altamente inestable, suspendido al borde del abismo nuclear y encerrado dentro de los muros de la indiferencia, en el que se toman decisiones socioecon\u00f3micas, que abren el camino a los dramas del descarte del hombre y de la creaci\u00f3n, en lugar de protegerse los unos a los otros[3]. Entonces, \u00bfc\u00f3mo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? \u00bfC\u00f3mo romper la l\u00f3gica morbosa de la amenaza y el miedo? \u00bfC\u00f3mo acabar con la din\u00e1mica de desconfianza que prevalece actualmente?<\/p>\n<p>Debemos buscar una verdadera fraternidad, que est\u00e9 basada sobre nuestro origen com\u00fan en Dios y ejercida en el di\u00e1logo y la confianza rec\u00edproca. El deseo de paz est\u00e1 profundamente inscrito en el coraz\u00f3n del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto.<\/p>\n<p>2. La paz, camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad<\/p>\n<p>Los Hibakusha, los sobrevivientes de los bombardeos at\u00f3micos de Hiroshima y Nagasaki, se encuentran entre quienes mantienen hoy viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedi\u00f3 en agosto de 1945 y el sufrimiento indescriptible que contin\u00faa hasta nuestros d\u00edas. Su testimonio despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las v\u00edctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez m\u00e1s contra todo deseo de dominaci\u00f3n y destrucci\u00f3n: \u00abNo podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y est\u00edmulo para construir un futuro m\u00e1s justo y m\u00e1s fraterno\u00bb[4].<\/p>\n<p>Como ellos, muchos ofrecen en todo el mundo a las generaciones futuras el servicio esencial de la memoria, que debe mantenerse no s\u00f3lo para evitar cometer nuevamente los mismos errores o para que no se vuelvan a proponer los esquemas ilusorios del pasado, sino tambi\u00e9n para que esta, fruto de la experiencia, constituya la ra\u00edz y sugiera el camino para las decisiones de paz presentes y futuras.<\/p>\n<p>La memoria es, a\u00fan m\u00e1s, el horizonte de la esperanza: muchas veces, en la oscuridad de guerras y conflictos, el recuerdo de un peque\u00f1o gesto de solidaridad recibido puede inspirar tambi\u00e9n opciones valientes e incluso heroicas, puede poner en marcha nuevas energ\u00edas y reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades.<\/p>\n<p>Abrir y trazar un camino de paz es un desaf\u00edo muy complejo, en cuanto los intereses que est\u00e1n en juego en las relaciones entre personas, comunidades y naciones son m\u00faltiples y contradictorios. En primer lugar, es necesario apelar a la conciencia moral y a la voluntad personal y pol\u00edtica. La paz, en efecto, brota de las profundidades del coraz\u00f3n humano y la voluntad pol\u00edtica siempre necesita revitalizaci\u00f3n, para abrir nuevos procesos que reconcilien y unan a las personas y las comunidades.<\/p>\n<p>El mundo no necesita palabras vac\u00edas, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al di\u00e1logo sin exclusi\u00f3n ni manipulaci\u00f3n. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un di\u00e1logo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad m\u00e1s all\u00e1 de las ideolog\u00edas y de las opiniones diferentes. La paz \u00abdebe edificarse continuamente\u00bb[5], un camino que hacemos juntos buscando siempre el bien com\u00fan y comprometi\u00e9ndonos a cumplir nuestra palabra y respetar las leyes. El conocimiento y la estima por los dem\u00e1s tambi\u00e9n pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano.<\/p>\n<p>Por tanto, el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las v\u00edctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza com\u00fan, m\u00e1s fuerte que la venganza. En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es d\u00e9bil o marginado, en la b\u00fasqueda continua de la verdad[6]. Es una construcci\u00f3n social y una tarea en progreso, en la que cada uno contribuye responsablemente a todos los niveles de la comunidad local, nacional y mundial.<\/p>\n<p>Como resaltaba san Pablo VI: \u00abLa doble aspiraci\u00f3n hacia la igualdad y la participaci\u00f3n trata de promover un tipo de sociedad democr\u00e1tica. [\u2026] Esto indica la importancia de la educaci\u00f3n para la vida en sociedad, donde, adem\u00e1s de la informaci\u00f3n sobre los derechos de cada uno, sea recordado su necesario correlativo: el reconocimiento de los deberes de cada uno de cara a los dem\u00e1s; el sentido y la pr\u00e1ctica del deber est\u00e1n mutuamente condicionados por el dominio de s\u00ed, la aceptaci\u00f3n de las responsabilidades y de los l\u00edmites puestos al ejercicio de la libertad de la persona individual o del grupo\u00bb[7].<\/p>\n<p>Por el contrario, la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral ponen en peligro la b\u00fasqueda del bien com\u00fan. En cambio, el trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad puede despertar en las personas la capacidad de compasi\u00f3n y solidaridad creativa.<\/p>\n<p>En nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliaci\u00f3n (cf. Rm 5,6-11). La Iglesia participa plenamente en la b\u00fasqueda de un orden justo, y contin\u00faa sirviendo al bien com\u00fan y alimentando la esperanza de paz a trav\u00e9s de la transmisi\u00f3n de los valores cristianos, la ense\u00f1anza moral y las obras sociales y educativas.<\/p>\n<p>3. La paz, camino de reconciliaci\u00f3n en la comuni\u00f3n fraterna<\/p>\n<p>La Biblia, de una manera particular a trav\u00e9s de la palabra de los profetas, llama a las conciencias y a los pueblos a la alianza de Dios con la humanidad. Se trata de abandonar el deseo de dominar a los dem\u00e1s y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de \u00e9l. S\u00f3lo eligiendo el camino del respeto ser\u00e1 posible romper la espiral de venganza y emprender el camino de la esperanza.<\/p>\n<p>Nos gu\u00eda el pasaje del Evangelio que muestra el siguiente di\u00e1logo entre Pedro y Jes\u00fas: \u00ab\u201cSe\u00f1or, si mi hermano me ofende, \u00bfcu\u00e1ntas veces tengo que perdonarlo? \u00bfHasta siete veces?\u201d. Jes\u00fas le contesta: \u201cNo te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete\u201d\u00bb (Mt 18,21-22). Este camino de reconciliaci\u00f3n nos llama a encontrar en lo m\u00e1s profundo de nuestros corazones la fuerza del perd\u00f3n y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas. Aprender a vivir en el perd\u00f3n aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz.<\/p>\n<p>Lo que afirmamos de la paz en el \u00e1mbito social vale tambi\u00e9n en lo pol\u00edtico y econ\u00f3mico, puesto que la cuesti\u00f3n de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habr\u00e1 una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema econ\u00f3mico m\u00e1s justo. Como escribi\u00f3 hace diez a\u00f1os Benedicto XVI en la Carta enc\u00edclica Caritas in veritate: \u00abLa victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no s\u00f3lo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de car\u00e1cter p\u00fablico, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad econ\u00f3mica caracterizada por ciertos m\u00e1rgenes de gratuidad y comuni\u00f3n\u00bb (n. 39).<\/p>\n<p>4. La paz, camino de conversi\u00f3n ecol\u00f3gica<\/p>\n<p>\u00abSi una mala comprensi\u00f3n de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio desp\u00f3tico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabidur\u00eda que deb\u00edamos custodiar\u00bb[8].<\/p>\n<p>Ante las consecuencias de nuestra hostilidad hacia los dem\u00e1s, la falta de respeto por la casa com\u00fan y la explotaci\u00f3n abusiva de los recursos naturales \u2014vistos como herramientas \u00fatiles \u00fanicamente para el beneficio inmediato, sin respeto por las comunidades locales, por el bien com\u00fan y por la naturaleza\u2014, necesitamos una conversi\u00f3n ecol\u00f3gica.<\/p>\n<p>El reciente S\u00ednodo sobre la Amazonia nos lleva a renovar la llamada a una relaci\u00f3n pac\u00edfica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas.<\/p>\n<p>Este camino de reconciliaci\u00f3n es tambi\u00e9n escucha y contemplaci\u00f3n del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa com\u00fan. De hecho, los recursos naturales, las numerosas formas de vida y la tierra misma se nos conf\u00edan para ser \u201ccultivadas y preservadas\u201d (cf. Gn 2,15) tambi\u00e9n para las generaciones futuras, con la participaci\u00f3n responsable y activa de cada uno. Adem\u00e1s, necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra m\u00e1s al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creaci\u00f3n, que refleja la belleza y la sabidur\u00eda de su Hacedor.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed surgen, en particular, motivaciones profundas y una nueva forma de vivir en la casa com\u00fan, de encontrarse unos con otros desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida, de preocuparse por las condiciones y modelos de sociedad que favorecen el florecimiento y la permanencia de la vida en el futuro, de incrementar el bien com\u00fan de toda la familia humana.<\/p>\n<p>Por lo tanto, la conversi\u00f3n ecol\u00f3gica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. Esta conversi\u00f3n debe entenderse de manera integral, como una transformaci\u00f3n de las relaciones que tenemos con nuestros hermanos y hermanas, con los otros seres vivos, con la creaci\u00f3n en su variedad tan rica, con el Creador que es el origen de toda vida. Para el cristiano, esta pide \u00abdejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea\u00bb[9].<\/p>\n<p>5. Se alcanza tanto cuanto se espera[10]<\/p>\n<p>El camino de la reconciliaci\u00f3n requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera.<\/p>\n<p>En primer lugar, se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz. En esto, podemos inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable.<\/p>\n<p>El miedo es a menudo una fuente de conflicto. Por lo tanto, es importante ir m\u00e1s all\u00e1 de nuestros temores humanos, reconoci\u00e9ndonos hijos necesitados, ante Aquel que nos ama y nos espera, como el Padre del hijo pr\u00f3digo (cf. Lc 15,11-24). La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos gu\u00eda a ir m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del \u00fanico Padre celestial.<\/p>\n<p>Para los disc\u00edpulos de Cristo, este camino est\u00e1 sostenido tambi\u00e9n por el sacramento de la Reconciliaci\u00f3n, que el Se\u00f1or nos dej\u00f3 para la remisi\u00f3n de los pecados de los bautizados. Este sacramento de la Iglesia, que renueva a las personas y a las comunidades, nos llama a mantener la mirada en Jes\u00fas, que ha reconciliado \u00abtodas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz\u00bb (Col 1,20); y nos pide que depongamos cualquier violencia en nuestros pensamientos, palabras y acciones, tanto hacia nuestro pr\u00f3jimo como hacia la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La gracia de Dios Padre se da como amor sin condiciones. Habiendo recibido su perd\u00f3n, en Cristo, podemos ponernos en camino para ofrecerlo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. D\u00eda tras d\u00eda, el Esp\u00edritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz.<\/p>\n<p>Que el Dios de la paz nos bendiga y venga en nuestra ayuda.<\/p>\n<p>Que Mar\u00eda, Madre del Pr\u00edncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompa\u00f1e y nos sostenga en el camino de la reconciliaci\u00f3n, paso a paso.<\/p>\n<p>Y que cada persona que venga a este mundo pueda conocer una existencia de paz y desarrollar plenamente la promesa de amor y vida que lleva consigo.<\/p>\n<p>Vaticano, 8 de diciembre de 2019<\/p>\n<p>Francisco<\/p>\n<p>[1] Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi (30 noviembre 2007), 1.<\/p>\n<p>[2] Discurso sobre las armas nucleares, Nagasaki, Parque del epicentro de la bomba at\u00f3mica, 24 noviembre 2019.<\/p>\n<p>[3] Cf. Homil\u00eda en Lampedusa, 8 julio 2013.<\/p>\n<p>[4] Encuentro por la paz, Hiroshima, Memorial de la Paz, 24 noviembre 2019.<\/p>\n<p>[5] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78.<\/p>\n<p>[6] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los dirigentes de las asociaciones cristianas de trabajadores italianos, 27 enero 2006.<\/p>\n<p>[7] Carta. ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 24.<\/p>\n<p>[8] Carta enc. Laudato si\u2019 (24 mayo 2015), 200.<\/p>\n<p>[9] Ib\u00edd., 217.<\/p>\n<p>[10] Cf. S. Juan de la Cruz, Noche Oscura, II, 21, 8.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>1. La paz, camino de esperanza ante los obst\u00e1culos y las pruebas La paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. 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