{"id":74559,"date":"2019-10-02T11:53:06","date_gmt":"2019-10-02T16:53:06","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=74559"},"modified":"2019-10-01T12:54:02","modified_gmt":"2019-10-01T17:54:02","slug":"pedro-claver-esclavo-de-los-esclavos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2019\/10\/02\/pedro-claver-esclavo-de-los-esclavos\/","title":{"rendered":"Pedro Claver, &#8220;esclavo de los esclavos&#8221;"},"content":{"rendered":"<p>Esclavo de los esclavos<\/p>\n<p>Viv\u00eda Claver en un cuarto oscuro del Colegio de la Compa\u00f1\u00eda, \u00abel peor de todos\u00bb, seg\u00fan un int\u00e9rprete, pero que ten\u00eda la ventaja de quedar junto a la porter\u00eda, lo que le permit\u00eda estar listo para el servicio a cualquier hora del d\u00eda o de la noche. Para su ministerio de atenci\u00f3n a los esclavos negros ten\u00eda la colaboraci\u00f3n de varios int\u00e9rpretes negros, Sacabuche, Sofo, Yolofo, Biafara, Maiolo, etc., y sobre todo la ayuda del hermano Nicol\u00e1s, que estuvo con \u00e9l veintid\u00f3s a\u00f1os como amigo, colaborador y confidente, y que fue su primer bi\u00f3grafo, pues su testimonio en el Proceso ocupa unas 180 p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>En los d\u00edas m\u00e1s tranquilos, el padre Claver, acompa\u00f1ado de alguno de estos colaboradores, se echaba al hombro unas alforjas, y se iba a pedir limosna -dinero y ropas, frutas y medicinas- para sus pobres negros en las casas se\u00f1oriales de la ciudad. All\u00ed tuvo muchos amigos, lo que le permiti\u00f3 distribuir al paso del tiempo una enorme cantidad de limosnas.<\/p>\n<p>San Padre Claver lleg\u00f3 a Cartagena de Indias en 1610, y trabaj\u00f3 con los esclavos negros hasta 1651, a\u00f1o de su \u00faltima enfermedad. Y el tr\u00e1fico de negros, por mandato de la Corona espa\u00f1ola, qued\u00f3 suspendido entre los a\u00f1os 1640 y 1650. Calcula Angel Rosemblat que en 1650, en toda Am\u00e9rica, hab\u00eda unos 857.000 africanos, incluyendo en el n\u00famero a los negros libres; y \u00abseg\u00fan un detallado documento de la \u00e9poca -informa la profesora Vila Villar-, en toda la Am\u00e9rica espa\u00f1ola habr\u00eda hacia 1640, 327.000 esclavos, repartidos de la forma siguiente: M\u00e9xico (80.000), Am\u00e9rica Central (27.000), Colombia (44.000), Venezuela (12.000), Regi\u00f3n Andina (147.500) y Antillas (16.000) (Hispanoam\u00e9rica&#8230; 226-227).<\/p>\n<p>La misma investigadora nos informa, en el ap\u00e9ndice 4\u00ba de su libro, acerca de los Nav\u00edos negreros llegados al puerto de Cartagena desde 1622 a 1640 -en 1633-1635 no lleg\u00f3 ninguno-. En este tiempo llegaron 119 barcos, es decir, unos 8 cada a\u00f1o, que trajeron del Africa 16.260 esclavos. Desembarcaron, pues, en Cartagena unos 1.084 negros cada a\u00f1o; y cada barco, como media, trajo 137 negros; el que m\u00e1s, 402, y el que menos, 44. Los traficantes eran todos por esos a\u00f1os portugueses, y los barcos tra\u00edan su carga humana de Angola (76), Guinea (25), Cabo Verde (7), Santo Tom\u00e9 (5) y Arda (2).<\/p>\n<p>El padre Claver, era cosa sabida, ten\u00eda ofrecidas misas y penitencias a quienes le avisaran primero la llegada de alg\u00fan gal\u00e9on negrero. Entonces se despertaba en \u00e9l un caudal impetuoso de caridad y como que se transfiguraba, seg\u00fan dicen, \u00abse encend\u00eda y pon\u00eda rojo\u00bb. Iba al puerto a toda prisa, entraba en el gale\u00f3n, donde el olor era tan irresistible que los blancos, ni los mismos capitanes negreros, sol\u00edan ser capaces de resistir un rato. El se quedaba all\u00ed horas y horas, y lo primero que hac\u00eda era abrazar a los esclavos negros, especialmente a los enfermos, acariciar a los ni\u00f1os, entregarles todo lo que para ese momento llevaba en una bolsa de piel colgada con una cuerda bajo el mateo: dulces, frutas, bizcochos.<\/p>\n<p>En seguida, con ayuda de sus int\u00e9rpretes, averiguaba sus procedencias y sus lenguas. Los negros, que llegaban enfermos y extenuados, despu\u00e9s de meses de encierro y navegaci\u00f3n, y que estaban aterrorizados ante un porvenir desconocido -muchos tem\u00edan ser devorados-, quedaban asombrados y seducidos por la caridad extrema que les mostraba aquel hombre extra\u00f1o, envuelto en su manteo negro.<\/p>\n<p>Muchos de los esclavos procedentes del Africa mor\u00edan en el viaje, generalmente a causa de la disenter\u00eda, o a epidemias de viruela, sarampi\u00f3n u otras. \u00abUna mejor informaci\u00f3n sobre las dietas alimenticias y la inoculaci\u00f3n contra la viruela\u00bb hicieron bajar la tasa de defunci\u00f3n m\u00e1s tarde: \u00abDe un 20 por ciento antes de 1700, \u00e9sta cay\u00f3 a un 5 por ciento entre fines del siglo XVIII y comienzos del XIX\u00bb. Aun con esto, \u00ablas tasas de mortalidad, comparadas con las de otros viajeros contempor\u00e1neos, no dejan de ser elevadas. Los esclavos dispon\u00edan, en efecto, a bordo de la mitad del espacio asignado a soldados, emigrantes y penados, y sus instalaciones sanitarias eran, por supuesto, las m\u00e1s rudimentarias\u00bb (Klein 95).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esclavo de los esclavos Viv\u00eda Claver en un cuarto oscuro del Colegio de la Compa\u00f1\u00eda, \u00abel peor de todos\u00bb, seg\u00fan un int\u00e9rprete, pero que ten\u00eda la ventaja de quedar junto a la porter\u00eda, lo que le permit\u00eda estar listo para el servicio a cualquier hora del d\u00eda o de la noche. 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