{"id":73422,"date":"2019-08-14T14:01:34","date_gmt":"2019-08-14T19:01:34","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=73422"},"modified":"2019-08-14T14:01:34","modified_gmt":"2019-08-14T19:01:34","slug":"suavizacion-hispana-de-la-esclavitud-negra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2019\/08\/14\/suavizacion-hispana-de-la-esclavitud-negra\/","title":{"rendered":"Suavizaci\u00f3n hispana de la esclavitud negra"},"content":{"rendered":"<p>Suavizaci\u00f3n hispana de la esclavitud negra<\/p>\n<p>En opini\u00f3n de Vila Villar, \u00ab\u00bbsorprende ver -escribe Jaramillo Uribe- la situaci\u00f3n de inferioridad en que se encontraba el negro ante la legislaci\u00f3n colonial, especialmente cuando se le compara con la que tuvo el ind\u00edgena\u00bb. En efecto, a partir de la aplicaci\u00f3n de las Leyes Nuevas y la consiguiente pol\u00edtica de protecci\u00f3n al indio se cargaron sobre el negro las tareas m\u00e1s duras. En toda la legislaci\u00f3n indiana de los siglos XVI y XVII apenas algunas normas humanitarias aparecen al lado de las disposiciones penales m\u00e1s duras. Lo cual contribuy\u00f3 a crear una mentalidad de represi\u00f3n continua conseguida mediante una conducta de crueldad, tortura y malos tratos\u00bb (Hispanoam\u00e9rica&#8230; 237).<\/p>\n<p>El profesor Kamen, en cambio, afirma que \u00abno se puede dudar que la legislaci\u00f3n espa\u00f1ola para los negros, como para los indios, era la m\u00e1s progresista del mundo en aquella \u00e9poca\u00bb (+Cort\u00e9s L\u00f3pez 188). En realidad, como se\u00f1ala Elena F.S. de Studer, \u00abno existi\u00f3 un cuerpo legal que reglamentara la situaci\u00f3n del esclavo hasta la R. C. de 31 de mayo de 1789, que vino a constituir el Code Noir de la monarqu\u00eda espa\u00f1ola. Al implantarse la esclavitud en Am\u00e9rica, las relaciones entre el amo y el esclavo se rigieron por Las Siete Partidas, t\u00edtulo XXI\u00bb (333).<\/p>\n<p>La esclavitud negra fue en el mundo hispano m\u00e1s suave que en otras zonas de Am\u00e9rica. Es \u00e9sta, al menos, la opini\u00f3n de autores importantes. El cubano Jos\u00e9 Antonio Saco, en su monumental Historia de la esclavitud desde los tiempos m\u00e1s remotos hasta nuestros d\u00edas, despu\u00e9s de treinta a\u00f1os de investigaci\u00f3n sobre el tema, lleg\u00f3 a concluir que \u00abla crueldad no fue el signo distintivo de la esclavitud de los negros en las posesiones espa\u00f1olas, sobre todo en ciertos pa\u00edses del continente\u00bb (+Tardieu, Le destin des noirs&#8230;317).<\/p>\n<p>\u00c9sta fue tambi\u00e9n la opini\u00f3n del brasile\u00f1o Gilberto Freyre, reafirmada por Frank Tannenbaum en su libro Slave and Citizen: the Negro in the Americas (1947), y compartida tambi\u00e9n por Elsa Goveia y Herbert S. Klein (+Tardieu 315-320), y m\u00e1s recientemente, en su estudio sobre Los africanos en la sociedad de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola colonial, por Frederick P. Bowser (AV, H\u00aa de Am\u00e9rica Latina 138-156).<\/p>\n<p>Ciertamente, fueron grandes las diferencias en el trato de los esclavos negros seg\u00fan \u00e9pocas y zonas. Elena F. S. de Studer, estudiando La trata de negros en el R\u00edo de la Plata durante el siglo XVIII, afirma: \u00abEl trato que los negros recibieron en estas regiones fue humano y ben\u00e9volo. Los cronistas y viajeros est\u00e1n de acuerdo en afirmar que los esclavos porte\u00f1os eran considerados por sus amos con bastante familiaridad, recibiendo muchos de ellos no s\u00f3lo el apellido sino hasta la libertad y bienes. Su suerte no difiri\u00f3, en general, de la de los blancos pobres. La mayor\u00eda muri\u00f3 sin haber recibido un solo azote, no sab\u00edan de tormentos, se les cuid\u00f3 durante la enfermedad, y como el alimento principal, la carne, era muy barata, y se les vest\u00eda con las telas que ellos mismos fabricaban, siendo muy raro el que trajera zapatos, se manten\u00edan con facilidad. Hubo, sin duda, excepciones, pero si alguna vez fueron maltratados, interven\u00eda la autoridad y el esclavo era vendido a un amo m\u00e1s humano\u00bb (331-332).<\/p>\n<p>Las causas de esta menor dureza de la esclavitud negra en Hispanoam\u00e9rica son bastante claras:<\/p>\n<p>-La condici\u00f3n religiosa cat\u00f3lica, com\u00fan a blancos, negros o indios, contribuye tambi\u00e9n, sin duda, a suavizar el horror inherente a la esclavitud, fomentando el respeto a la dignidad personal del esclavo. \u00abEl Estado y la Iglesia reconoc\u00edan la esclavitud como nada m\u00e1s que una desafortunada condici\u00f3n secular. El esclavo era un ser humano que pose\u00eda un alma, igual que cualquier persona libre ante los ojos de Dios\u00bb (Bowser 147). Las cofrad\u00edas religiosas de negros tuvieron gran importancia en la Am\u00e9rica espa\u00f1ola, como las irmandades en el Brasil. Por el contrario, la esclavitud negra de Am\u00e9rica fue much\u00edsimo m\u00e1s dura donde apenas hubo empe\u00f1o por evangelizar a los africanos.<\/p>\n<p>-La liberaci\u00f3n de esclavos era muy recomendada por la Iglesia cat\u00f3lica. Ermila Troconis de Veracoechea, estudiando la esclavitud negra en Venezuela, dice que \u00abera una modalidad muy com\u00fan de muchos amos libertar a sus esclavos [por testamento] en el momento de su muerte; este sistema de manumisi\u00f3n la hac\u00eda el testador con el fin de sentirse exento de cargos de conciencia y morir as\u00ed en paz y sin remordimientos\u00bb (XXXIV).<\/p>\n<p>En efecto, la frecuencia de la manumisi\u00f3n en los esclavos de la Am\u00e9rica espa\u00f1ola queda reflejada en los documentos notariales, en los testamentos, y hemos tenido muestra patente de ella en los dos cuadros estad\u00edsticos m\u00e1s arriba transcritos, que consignan la proporci\u00f3n entre los negros esclavos y libres de Am\u00e9rica seg\u00fan las regiones. Este es un dato de mucha importancia, pues puede establecerse como regla general, por razones obvias, que el trato peor de los esclavos se dio en Am\u00e9rica donde los negros esclavos eran muchos m\u00e1s que los libres, y el mejor donde los negros libres eran muchos m\u00e1s que los esclavos.<\/p>\n<p>Bowser, por ejemplo, nos informa de que en el per\u00edodo comprendido entre 1524 y 1650, fueron liberados incondicionalmente en Lima un 33\u20198 % de esclavos africanos, en la ciudad de M\u00e9xico un 40\u20194 %; y en la zona de Michoac\u00e1n, entre 1649 y 1800, un 64\u20194 % (146).<\/p>\n<p>-La adquisici\u00f3n de la libertad, por otra parte, no era obstru\u00edda legalmente por condiciones casi insuperables, pues ya desde las Siete Partidas medievales ven\u00eda favorecida en la legislaci\u00f3n hispana.<\/p>\n<p>Y as\u00ed vemos, con los mismos datos de Bowster que acabamos de citar, que el resto de negros esclavos compr\u00f3 por s\u00ed mismo la libertad, o fue comprada por un tercero, en Lima un 39\u20198 %, en M\u00e9xico el 31\u20193 %, y en Michoac\u00e1n el 34 % (153-154). Y t\u00e9ngase en cuenta que las ciudades de Lima y M\u00e9xico ten\u00edan por esos a\u00f1os las mayores concentraciones de negros del hemisferio occidental (146).<\/p>\n<p>-Los prejuicios sociales y raciales en el mundo hisp\u00e1nico, al ser \u00e9ste cat\u00f3lico, fueron y son siempre m\u00ednimos, al menos en relaci\u00f3n a otros marcos culturales. Estima Bowser que \u00ablas investigaciones de otros estudiosos parecen confirmar la afirmaci\u00f3n de Tannenbaum de que los latinoamericanos aceptaban de buena gana la presencia de negros libres, para asimilarlos a una sociedad m\u00e1s tolerante (aunque en sus niveles m\u00e1s bajos) e incluso otorgarles cierto respeto como artesanos o como oficiales de la milicia. No hubo linchamientos en Hispanoam\u00e9rica, y la ruidosa oposici\u00f3n a los negros libres que prevaleci\u00f3 en el sur de los Estados Unidos no lleg\u00f3, ni mucho menos, a un extremo parecido, aunque eso no niega una gran dosis de sutiles prejuicios\u00bb (154).<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito transcribe Madariaga las impresiones escritas por un observador ingl\u00e9s en el Buenos Aires de 1806: \u00abEntre los rasgos m\u00e1s estimables del car\u00e1cter criollo ninguno sobresale m\u00e1s que su conducta para con sus esclavos [negros]. Testigos con frecuencia del duro trato que a estos semejantes nuestros se da en las Antillas inglesas, de la total indiferencia para con su instrucci\u00f3n religiosa que all\u00ed se observa, les llam\u00f3 al instante la atenci\u00f3n el contraste entre nuestros estancieros y estos sudamericanos\u00bb (Auge 419). Y a\u00f1ade Madariaga: \u00abPor muy cruel que haya sido un espa\u00f1ol con un indio o con un negro, jam\u00e1s le infiri\u00f3 insulto o maltrato alguno que no hubiera sido capaz de inferir a otro espa\u00f1ol en circunstancias an\u00e1logas\u00bb (424).<\/p>\n<p>Fuera del mundo hispano-cat\u00f3lico, el trato del indio o del esclavo negro tuvo una dureza mucho mayor; pero adem\u00e1s con una diferencia no s\u00f3lo cuantitativa, sino cualitativa.<\/p>\n<p>El mismo Madariaga da referencia de c\u00f3mo en 1830, en las Indias occidentales holandesas, el gobernador de Surinam orden\u00f3 en una pragm\u00e1tica \u00abque ning\u00fan negro fumara, cantara o silbara en las calles de Paramaribo; que al acercarse un blanco a cinco varas todo negro se descubriera; que no se permitiera a ninguna negra llevar ropa alguna por encima de la cintura, que era menester que llevasen los pechos al aire, y s\u00f3lo se les toleraba una enagua de la cintura a la rodilla\u00bb (424). El capit\u00e1n Alexander, que publica en 1833 sus impresiones tras un largo viaje por Am\u00e9rica, describe en t\u00e9rminos pat\u00e9ticos la pena de azotes con l\u00e1tigo que pod\u00edan sufrir los esclavos negros en la Am\u00e9rica holandesa, en tanto que \u00abun inspector holand\u00e9s lo contempla todo fumando su pipa con tranquilidad. Cualquiera [all\u00ed] puede mandar un negro a la c\u00e1rcel y hacer que le den ciento cincuenta azotes mediante pago de un peso\u00bb (107).<\/p>\n<p>Y en las Antillas brit\u00e1nicas o en los Estados Unidos el desprecio racial no fue menor. James Grahame, en su historia de los Estados Unidos y de las colonias brit\u00e1nicas, habla en 1836 de indios y negros, quiz\u00e1 influido por las recientes tesis de Darwin, llam\u00e1ndoles \u00ablas dos razas degeneradas\u00bb (Madariaga 425).<\/p>\n<p>De Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos y liberador de los negros (1863), cuenta Julien Green que en su momento \u00abapoyaba la vieja idea humanitaria de Henry Clay de enviar a Liberia a toda la gente de color para devolverles la libertad, sus costumbres y su tierra de origen\u00bb. En un discurso en Charleston, Illinois, dec\u00eda en 1858: \u00abNo soy partidario -nunca lo he sido, bajo ning\u00fan concepto- de la igualdad social y pol\u00edtica entre la raza blanca y la raza negra&#8230; Existe una diferencia f\u00edsica entre ellas que les impedir\u00e1, siempre, vivir juntas en igualdad social y pol\u00edtica. Existe naturalmente una situaci\u00f3n de superioridad e inferioridad, y mi opini\u00f3n es asignar la posici\u00f3n de superioridad a la raza blanca\u00bb (Las estrellas del Sur, 477, 519).<\/p>\n<p>Una mentalidad como la de este distinguido antiesclavista ha sido y es completamente ajena a la propia del mundo hispano-cat\u00f3lico americano.<\/p>\n<p>-Por \u00faltimo, la profusi\u00f3n del mestizaje entre blancos y negros, caracter\u00edstica de las Indias hispanas desde un comienzo -el caso por ejemplo de los padres de San Mart\u00edn de Porres-, es a un tiempo efecto de la ausencia de prejuicios raciales y sociales, y causa de que \u00e9stos no se produzcan o se den con m\u00e1s suavidad. \u00abEsta mezcla ha tra\u00eddo como consecuencia la ventaja de la falta de prejuicios raciales en los pa\u00edses hispanoamericanos, lo cual bien podr\u00eda calificarse de herencia cultural de los primeros espa\u00f1oles conquistadores\u00bb (Troconis XIX).<\/p>\n<p>La realidad es que en el mundo cat\u00f3lico hispano-lusitano, nunca lleg\u00f3 a formarse un abismo infranqueable entre los hombres blancos y los de color. Mientras que, por ejemplo, en los Estados Unidos o en Sud\u00e1frica la diferencia entre negro y blanco ha sido neta y abismal, en la zona iberoamericana, incluso en el campo terminol\u00f3gico, hab\u00eda una \u00abescala resbaladiza\u00bb -mulatos, tercerones, cuarterones, quinterones, zambos o zambahigos, pardos o morenos, castizos, chinos, cambujos, salta-atr\u00e1s, chamizos, coyotes, lobos, etc., etc.-, por la cual siempre era posible subir o bajar.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Suavizaci\u00f3n hispana de la esclavitud negra En opini\u00f3n de Vila Villar, \u00ab\u00bbsorprende ver -escribe Jaramillo Uribe- la situaci\u00f3n de inferioridad en que se encontraba el negro ante la legislaci\u00f3n colonial, especialmente cuando se le compara con la que tuvo el ind\u00edgena\u00bb. 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