{"id":71266,"date":"2019-05-15T11:03:43","date_gmt":"2019-05-15T16:03:43","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=71266"},"modified":"2019-05-15T11:03:43","modified_gmt":"2019-05-15T16:03:43","slug":"un-modo-suicida-de-evangelizar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2019\/05\/15\/un-modo-suicida-de-evangelizar\/","title":{"rendered":"Un modo &#8220;suicida&#8221; de evangelizar"},"content":{"rendered":"<p>Un modo &#8220;suicida&#8221; de evangelizar<\/p>\n<p>Una vez comprobadas las desconcertantes posibilidades misioneras de este santo fraile, le conf\u00edan sus superiores un pueblecito situado en las estribaciones de los Andes, llamado Tubara. En aquella doctrina hay escuela e iglesia, y viven unos pocos espa\u00f1oles, en tanto que el n\u00facleo principal de los indios, temerosos, no vive en el pueblo, sino en la selva, en el monte, donde en seguida va fray Luis a buscarlos. Siempre a su estilo, llega el santo fraile misionero hasta las chozas m\u00e1s escondidas, y no hay camino, por escarpado o peligroso que sea, que le arredre. A todas partes hace \u00e9l que llegue la verdad y el amor de Cristo.<\/p>\n<p>En los tres a\u00f1os que pas\u00f3 en Tubara consigui\u00f3 San Luis muchas conversiones de espa\u00f1oles y el bautizo de unos dos mil indios, siempre a su estilo, siempre suicida, al modo evang\u00e9lico: grano de trigo que cae en tierra, muere, y da mucho fruto (Jn 12,24). Era suicida fray Luis cuando derribaba los \u00eddolos a patadas o mandaba quemar las chozas que les serv\u00edan de adoratorios. Era suicida cuando, al modo de San Juan Bautista, reprobaba p\u00fablicamente a un indio muy principal, que viv\u00eda amancebado con una mujer casada.<\/p>\n<p>En esta ocasi\u00f3n, el indio aludido le lanz\u00f3 con todas sus fuerzas su macana, pero el Se\u00f1or desvi\u00f3 el curso mortal de su trayectoria. Y se ve, pues, que San Luis Bertr\u00e1n no hac\u00eda ning\u00fan caso de ese consejo que tantas veces suele darse y que tambi\u00e9n a \u00e9l le habr\u00edan dado: \u00abTiene usted, padre, que cuidarse m\u00e1s\u00bb. San Luis, en realidad, se cuidaba muy poco, lo m\u00ednimo exigido por la prudencia sobrenatural, y en cambio se arriesgaba mucho, much\u00edsimo, hasta entrar de lleno en lo que para unos era locura y para otros esc\u00e1ndalo (1Cor 1,23).<\/p>\n<p>No tuvo San Luis gran cuidado de su propia vida cuando una vez, despu\u00e9s de intentar reiteradas veces desenga\u00f1ar a los indios de Cepecoa y Petua, que daban culto a una arquilla que guardaba los huesos de un antiguo sacerdote, la sustrajo de noche. Lleg\u00f3 a saberse su acci\u00f3n, y un sacerdote indio, figi\u00e9ndose amigo, le dio a beber un veneno mortal -el mismo veneno que hab\u00eda matado antes a un padre carmelita, despu\u00e9s de unas pocas horas de atroces dolores-. Cinco d\u00edas estuvo fray Luis entre la vida y la muerte, y en ellos dio claras se\u00f1ales de estar tan alegre como aquellos primeros ap\u00f3stoles azotados, que se fueron \u00abcontentos porque hab\u00edan sido dignos de padecer ultrajes por el nombre de Jes\u00fas\u00bb (Hch 5,41).<\/p>\n<p>Ni siquiera le qued\u00f3 a San Luis Bertr\u00e1n en adelante un gran temor a los posibles brebajes t\u00f3xicos, como pareciera psicol\u00f3gicamente inevitable. Lo vemos en ocasiones como \u00e9sta: un cacique le dijo que creer\u00eda en Cristo si era capaz de resistir un veneno que \u00e9l le preparar\u00eda. Fray Luis le tom\u00f3 la palabra sin vacilar: \u00ab\u00bfMaten\u00e9is vuestra palabra de convertiros si bebo sin da\u00f1o vuestro veneno?\u00bb. Y obtenida la afirmativa: \u00abVenga ese veneno y sea lo que Dios quiera\u00bb. Hizo fray Luis la se\u00f1al de la cruz sobre la copa y bebi\u00f3 de un trago aquel veneno activ\u00edsimo. Y a continuaci\u00f3n pas\u00f3 a ocuparse de lo que hab\u00eda que hacer para bautizar unos cuantos cientos m\u00e1s de indios asombrados y convertidos.<\/p>\n<p>En aquella primera ocasi\u00f3n, cuando fue envenenado por el sacerdote indio, se supo en seguida que fray Luis no hab\u00eda muerto bajo la acci\u00f3n del veneno, y m\u00e1s de trescientos indios se reunieron amenazadores y bien armados, dispuestos a terminar la obra iniciada por el t\u00f3sigo. Dos negros que se aprestaban a defenderle, uno de ellos armado de un arcabuz, fueron apartados, y el santo sali\u00f3 al encuentro de la muchedumbre amenazante s\u00f3lo y sin temor alguno.<\/p>\n<p>Cuenta un cronista que \u00abentonces fray Luis les predic\u00f3 con m\u00e1s fervorosa exhortaci\u00f3n y se convirtieron gran parte de aquellos indios; los cuales, despu\u00e9s de ser instru\u00eddos como acostumbraba el santo, fueron por \u00e9l mismo bautizados\u00bb. Pero otros indios, endurecidos en su hostilidad, raptaron a Luisito, un muchacho indio bautizado por fray Luis, y lo sacrificaron como moxa a los \u00eddolos, lo que apen\u00f3 mucho al santo, pues le ten\u00eda en gran estima.<\/p>\n<p>En todo caso, nada de esto terminaba con los m\u00e9todos suicidas de San Luis Bertr\u00e1n. Poco despu\u00e9s, tratando de persuadir a un cacique principal, \u00e9ste se resist\u00eda diciendo: \u00abNo; tu religi\u00f3n me gusta, pero tengo miedo a mi \u00eddolo\u00bb. Fray Luis se mostr\u00f3 dispuesto a terminar con este miedo. Con el cacique se dirigi\u00f3 al adoratorio, y all\u00ed, ante el p\u00e1nico de todos, la emprendi\u00f3 a patadas con el dicho \u00eddolo, hasta que el cacique y los suyos se vieron libres del temor idol\u00e1trico, y aceptaron el Evangelio.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un modo &#8220;suicida&#8221; de evangelizar Una vez comprobadas las desconcertantes posibilidades misioneras de este santo fraile, le conf\u00edan sus superiores un pueblecito situado en las estribaciones de los Andes, llamado Tubara. 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