{"id":65664,"date":"2018-09-26T09:52:20","date_gmt":"2018-09-26T14:52:20","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=65664"},"modified":"2018-09-26T09:52:20","modified_gmt":"2018-09-26T14:52:20","slug":"san-martin-de-porres-orante-y-penitente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2018\/09\/26\/san-martin-de-porres-orante-y-penitente\/","title":{"rendered":"San Mart\u00edn de Porres, orante y penitente"},"content":{"rendered":"<p>Orante y penitente<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n y el trabajo fueron las coordenadas en las que siempre se enmarc\u00f3 la vida de San Mart\u00edn. En aquel inmenso \u00e1mbito conventual, en claustros y capillas, en escaleras y celdas, en talleres y enfermer\u00eda, siempre estaban a la vista las im\u00e1genes del Crucificado, de la Virgen y de los santos. En aquella silenciosa colmena espiritual dominicana el estudio y el trabajo se desarrollaban en una oraci\u00f3n continua.<\/p>\n<p>Fray Mart\u00edn se ve\u00eda especialmente atra\u00eddo por la capilla de la Virgen del Rosario, y all\u00ed se recog\u00eda por la noche y en el tiempo de silencio por la tarde. Al paso de los d\u00edas, la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00eda, que sol\u00eda ayudar en la capilla del Santo Cristo, el Rosario, la celebraci\u00f3n en el coro de las Horas lit\u00fargicas y del Oficio Parvo, eran para nuestro santo fraile tiempos de gracia y de gloria.<\/p>\n<p>Junto al Crucifijo y la Virgen Mar\u00eda, su devoci\u00f3n predilecta era la eucarist\u00eda. Le fue dado permiso, cosa rara entonces, de comulgar todos los jueves, y para no llamar la atenci\u00f3n, esos d\u00edas recib\u00eda la comuni\u00f3n fuera de la misa. En el coro hab\u00eda hallado un rinc\u00f3n donde pod\u00eda ver la eucarist\u00eda, escondido de todos, en adoraci\u00f3n silenciosa, durante horas del d\u00eda y de la noche. Su amigo don Francisco de la Torre, oficial de la guardia, que le estaba buscando, le encontr\u00f3 all\u00ed una vez en oraci\u00f3n extasiada, de rodillas, alzado a unos palmos del suelo. Seg\u00fan muchos testigos, fray Mart\u00edn tuvo numerosos \u00e9xtasis y arrobamientos en la oraci\u00f3n, y con frecuencia fue visto, estando en oraci\u00f3n, levantado del suelo, envuelto en luz y abrazando al Crucificado.<\/p>\n<p>Su devoci\u00f3n a Cristo crucificado fue inmensa. En el convento de Santo Domingo hay un tr\u00edptico en el que el pintor represent\u00f3 a Cristo llevando la cruz y a San Mart\u00edn de rodillas. De la boca de Jes\u00fas salen estas palabras: \u00abMart\u00edn, ay\u00fadame a llevar la Cruz\u00bb, y de la de Mart\u00edn: \u00ab\u00a1Dios m\u00edo, Redentor, a m\u00ed tanto favor!\u00bb. Llevaba normalmente cilicio y se ce\u00f1\u00eda con una gruesa cadena. Ayunaba casi todo el a\u00f1o, pues la mayor parte del tiempo se limitaba a pan y agua, y en cuarenta y cinco a\u00f1os de vida religiosa nunca comi\u00f3 carne. El domingo de Resurrecci\u00f3n, \u00abcomo gran regalo, com\u00eda algunas ra\u00edces de las llamadas camotes, el pan de los negros. El segundo d\u00eda de Pascua tomaba un guisado y algo de berzas, sin nada de carne\u00bb.<\/p>\n<p>No ten\u00eda celda propia, sino una de la enfermer\u00eda, en la que su catre era de palos con una estera o piel de borrego y un trozo de madera como cabezal. Dorm\u00eda muy poco tiempo, y las m\u00e1s de las veces pasaba la noche en un banco del Cap\u00edtulo, junto a la cama de alg\u00fan enfermo, tendido en el ata\u00fad en el que depositaban a los religiosos hasta el momento de su entierro, o en el coro, donde sus hermanos le encontraban al alba cuando ven\u00edan a rezar las Horas.<\/p>\n<p>Otras penitencias suyas fueron tan terribles que apenas pueden ser descritas sin herir la sensibilidad de los cristianos de hoy. \u00c9l siempre quiso mantener sus mortificaciones en el secreto de Dios, y cuando era preguntado acerca de ellas, sufr\u00eda mucho y sal\u00eda por donde pod\u00eda. De todos modos, sabemos bastante de sus disciplinas por informaci\u00f3n de Juan V\u00e1zquez, un chicuelo que lleg\u00f3 de Espa\u00f1a con catorce a\u00f1os -como tantos otros, que iban a las Indias como grumetes o polizones, y que all\u00ed desembarcaban sin oficio ni beneficio-, y que \u00e9l recogi\u00f3 por compasi\u00f3n como ayudante.<\/p>\n<p>Por testimonio de este Juancho, que viv\u00eda con \u00e9l como ayudante y recadero, sabemos que San Mart\u00edn se disciplinaba con una triple cadena despu\u00e9s del Angelus de la tarde, uni\u00e9ndose as\u00ed a Cristo, azotado en la columna del pretorio. A las doce y cuarto de la noche se azotaba con un cordel de nudos, ofreci\u00e9ndolo por la conversi\u00f3n de los pecadores. La tercera disciplina era en un s\u00f3tano, poco antes del alba, y la ofrec\u00eda por las almas del Purgatorio. Para esta disciplina ped\u00eda a veces el concurso de Juan o de alg\u00fan indio o negro de sus beneficiados. Y cuando alguna vez el chico V\u00e1zquez le ayudaba a curar las heridas causadas por tan duras disciplinas, fray Mart\u00edn le consolaba asegur\u00e1ndole que esto era muy bueno para la salud.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Orante y penitente La oraci\u00f3n y el trabajo fueron las coordenadas en las que siempre se enmarc\u00f3 la vida de San Mart\u00edn. 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