{"id":6551,"date":"2010-07-15T03:52:04","date_gmt":"2010-07-15T08:52:04","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=6551"},"modified":"2010-07-13T10:10:36","modified_gmt":"2010-07-13T15:10:36","slug":"brevedad-de-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2010\/07\/15\/brevedad-de-la-vida\/","title":{"rendered":"Brevedad de la Vida"},"content":{"rendered":"<p>Dicen que la vida es un viaje, y yo lo confirmo. Me parece que cuando viajamos se eleva a su \u00faltima potencia el car\u00e1cter de fugacidad que es propio de nuestra relaci\u00f3n con las cosas.<\/p>\n<p>Rodamos sobre ellas y ellas sobre nosotros: s\u00f3lo nos tocan en un punto, en un instante de nuestra persona, de modo que por blandas, suaves y redondas que sean, su contacto con nosotros tiene siempre algo de punzada, de pinchazo doloroso.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Al tiempo que decimos: &#8220;ya vienen, ya vienen&#8221; a este paisaje, a esta amistad, a este acontecimiento que estamos viviendo tenemos que ir preparando los labios, (\u00bfy el coraz\u00f3n?) para decir: &#8220;Ya se van, ya se van&#8221;.<\/p>\n<p>Es una pena esta manera de huir que tiene las cosas. Pero el hecho de ser ef\u00edmeras no quiere decir que sean despreciables, no; al contrario, precisamente porque son maravillosas las cosas, su hu\u00edda apresurada deja en el coraz\u00f3n cicatrices.<\/p>\n<p>Me atrevo a decir que en los viajes alcanzo su extremo la fugacidad de nuestro contacto con los objetos, y paralelamente crece y nos acongoja la pena que sentimos de que as\u00ed sea.<\/p>\n<p>Quisi\u00e9ramos de alg\u00fan modo fijar algunas cosas que pasan a escape, como si tuvieran una cita all\u00e1 lejos, con alguien que no somos nosotros.<\/p>\n<p>Debido a esto, llevamos un cuadernito y un l\u00e1piz; apuntamos unas breves palabras, y cuando un d\u00eda, andando el tiempo, los leemos, el paisaje, la palabra, la fisonom\u00eda que desapareci\u00f3 adquiere cierta supervivencia, una como espectral vida que conserva de real vagos ecos, remotos latidos, y quiz\u00e1 resurge de nuevo en el alma la esperanza  del retorno.<\/p>\n<p>Sin embargo, muy pronto constatamos que tambi\u00e9n las palabras se marchitan y mueren, por bellas y elocuentes que sean.<\/p>\n<p>Debe se por esto que nos gusta viajar:  presentimos, creemos vislumbrar que en alg\u00fan lugar hallaremos aquello que nuestro coraz\u00f3n busca con ansia, un suelo firme donde reposar, un paisaje &#8220;nuestro&#8221; que nadie nos pueda robar.<\/p>\n<p>Pero si abrimos un poco m\u00e1s los ojos, descubrimos con conciencia estremecida, la finitud de nuestra propia vida.  <\/p>\n<p>Y es que siempre vivimos,  penamos y morimos en una condici\u00f3n de deseo,  de anhelo de otro, de juntarnos con lo que sospechamos que es nuestra feicidad: el Amor.  Pobres de nosotros, no nos damos cuenta que ese encuentro, ese final feliz ya se nos ha mostrado, que es posible el seguimiento en el exilio.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 no vemos la realidad del mundo interior y exterior como un verdadero destierro, en el que s\u00f3lo el recuerdo amoroso de Dios, la memoria fiel de su salvaci\u00f3n y la paciencia activa en la lucha y el sufrimiento nos son vida, energ\u00eda y esperanza..?<\/p>\n<p>Y seguimos andando caminos, buscando, tratando de retener la belleza en la pupila y en la memoria inutilmente.<\/p>\n<p>Y seguimos buscando y viajando y constatando que nada  es para nosotros suelo patrio, s\u00f3lo el Se\u00f1or abarca el horizonte, cobija y es hogar.<\/p>\n<p>Un escrito de Ayxa Garc\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que la vida es un viaje, y yo lo confirmo. Me parece que cuando viajamos se eleva a su \u00faltima potencia el car\u00e1cter de fugacidad que es propio de nuestra relaci\u00f3n con las cosas. 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