{"id":652,"date":"2003-11-22T12:02:20","date_gmt":"2003-11-22T17:02:20","guid":{"rendered":"218723638"},"modified":"2005-09-29T13:50:02","modified_gmt":"2005-09-29T13:50:02","slug":"83","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2003\/11\/22\/83\/","title":{"rendered":"Manhattan, \u00bftumba de Occidente?"},"content":{"rendered":"<p><strong>No s\u00f3lo cayeron las torres<\/strong><\/p>\n<p>M\u00e1s de dos a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda resuenan las palabras del presidente <strong>George W. Bush<\/strong>: \u00abO est\u00e1n con nosotros, o est\u00e1n con el terrorismo\u00bb. Una afirmaci\u00f3n esperada &#65533;podr\u00edamos decir&#65533; y muy fuerte, pero ambigua. Porque a lo largo de su hist\u00f3rico discurso ante el Congreso utiliz\u00f3 muchas veces la expresi\u00f3n &#8220;nosotros&#8221;, aunque con significados distintos en distintos momentos.<\/p>\n<p>Esta ambig\u00fcedad tiene una ra\u00edz honda. A la pregunta &#8220;\u00bfqu\u00e9 o qui\u00e9n fue herido con los atentados de septiembre del 2001?&#8221; no cabe dar respuestas sencillas. M\u00e1s bien lo que encontramos es que, en la medida en que pasaron los d\u00edas y los meses, los rostros del agredido y del agresor se difuminaron en una vor\u00e1gine desafiante y compleja.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El discurso de Bush quiso presentar las cosas como en el viejo Hollywood: hay unos buenos, que adem\u00e1s son inocentes, y unos malos, que adem\u00e1s son crueles. El punto est\u00e1 en que esa raya se hizo prontamente confusa, incapaz de resistir an\u00e1lisis.<\/p>\n<p>La inocencia, sobre todo, es todav\u00eda dif\u00edcil de probar, trat\u00e1ndose de un pa\u00eds con una historia de intervenciones internacionales cuestionables o francamente nefastas; con unas cifras tan altas en producci\u00f3n y comercio de armas; con un sistema econ\u00f3mico potente, ego\u00edsta e implacable hacia afuera; y con una capacidad sin par de difusi\u00f3n publicitaria de su propia econom\u00eda del consumo y la trivializaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Y se dio un fen\u00f3meno notable: al estruendo de la ca\u00edda de las torres sigui\u00f3 pronto el clamor un\u00e1nime de rechazo al terrorismo; pero menos de dos a\u00f1os despu\u00e9s, una unanimidad comparable volv\u00eda a los noticieros y p\u00e1ginas web, aunque esta vez no para atacar a los enemigos de los Estados Unidos sino para criticar, con vigor global, su intervenci\u00f3n armada en Iraq.<\/p>\n<p>Hecho a subrayar, sobre todo porque deb\u00eda resultar obvio y natural atacar un r\u00e9gimen de tan clara degradaci\u00f3n moral y pol\u00edtica como fue el de Hussein.<\/p>\n<p>\u00bfNo es cosa notable entonces que una misma naci\u00f3n, predicando unos mismos ideales de libertad y democracia, convoque tanto apoyo y tanto rechazo?<\/p>\n<p>Un cuestionamiento de esta clase obviamente no justifica los ataques terroristas, pero s\u00ed anuncia una lista larga de incoherencias del gigante americano, y por ello no extra\u00f1a que las afirmaciones y acciones de los &#8220;malos&#8221; (del discurso de Bush) hayan tenido la suficiente perspicacia para sacar abundante provecho de ello.<\/p>\n<p>Un velo se ha rasgado, por as\u00ed decirlo, y los medios de comunicaci\u00f3n no han tenido otra opci\u00f3n que empezar a ense\u00f1arnos que en el mundo existen unos cuantos millones de personas que no comparten lo que para Bush o para ese &#8220;nosotros&#8221; puede ser &#8220;obvio&#8221;. Lo obvio se ha muerto.<\/p>\n<p>En efecto, con el concreto de las <em>Twin Towers<\/em> vol\u00f3 en pedazos tambi\u00e9n una parte importante de lo que podemos llamar nuestra &#8220;ingenuidad cultural&#8221;. <em>Lo obvio<\/em> ha quedado roto y no se va a recomponer en mucho tiempo, eventualmente d\u00e9cadas o siglos.<\/p>\n<p>Ingenuidad es el &#8220;nosotros&#8221; de George W. Bush, porque supone que la libertad, la civilizaci\u00f3n &#65533;y quiz\u00e1 Dios mismo&#65533; s\u00f3lo pueden existir en el conjunto de versiones que a nosotros nos resultan &#8220;obvias&#8221;. Las c\u00e1maras de televisi\u00f3n disconfirman d\u00eda por d\u00eda esta suposici\u00f3n, y nos devuelven a la tarea de encontrarnos con otro tipo de lealtades, otro tipo de c\u00f3digos interpersonales, otro tipo de hombre, de mujer y de sociedad.<\/p>\n<p><strong>La lealtad posible<\/strong><\/p>\n<p>Me atrae especialmente el concepto de <em>lealtad<\/em>. Una guerra no es una edici\u00f3n del caos, sino el encuentro de dos lealtades. Y la lealtad implica la capacidad de ir m\u00e1s all\u00e1 de los intereses individuales en favor de un inter\u00e9s m\u00e1s amplio, por ejemplo el de la patria o el de la fe.<\/p>\n<p>Esto en s\u00ed mismo es interesante porque Occidente &#65533;todo lo que a veces es caracterizado como &#8220;postcristiano&#8221;&#65533; es hoy por hoy un himno a la gloria, el provecho y el confort del individuo. El consumo, motor indiscutido del progreso de Occidente, depende de la decisi\u00f3n virtualmente libre de gastar dinero para obtener bienes y servicios.<\/p>\n<p>Mas he aqu\u00ed que una bofetada cruel revela los l\u00edmites de ese cimiento: para defendernos del terrorismo necesitamos desempolvar unos valores para los que carecemos, como conjunto de naciones, de una justificaci\u00f3n \u00fanica y vinculante. Es decir: estamos compactos en lo que <em>no <\/em>queremos, pero realmente disgregados en las razones para no quererlo.<\/p>\n<p>Mientras que nosotros los occidentales tenemos s\u00f3lo la cohesi\u00f3n &#8220;virtual&#8221; de lo que no deber\u00eda ser, el Islam, por ejemplo, exhibe una notable cohesi\u00f3n real sobre lo deseable. El Islam tiene un Dios a quien entregarle la tierra; Occidente ya no lo tiene.<\/p>\n<p>Lo que va quedando apenas aru\u00f1a la superficie: es el estilo de las calcamon\u00edas &#8220;God bless America&#8221;, que, como una burla sutil, aluden sin fuerza a la extra\u00f1a alianza en la que de hecho agoniza este Occidente postcristiano.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se supone que Dios es tan grande que puede ser invocado p\u00fablicamente para que proteja, pero tan poco importante que no merece ser p\u00fablicamente honrado y alabado. La sociedad que invoca a Dios no lo honra. En este sentido es mucho m\u00e1s l\u00f3gico el sistema musulm\u00e1n.<\/p>\n<p>Otro aspecto de la lealtad puede deducirse de los modos de defensa y ataque. Occidente apela a la tecnolog\u00eda; Al-Qaeda al desierto. Y por lo visto, ambos tienen fuerza. Los sat\u00e9lites rastrean a individuos&#8230; cuyas ideas y sue\u00f1os hace rato vuelan impunes y consiguen nuevos adherentes. El ej\u00e9rcito de los aliados tal vez logre finalmente eliminar a Bin Laden&#8230; para comprobar que ya ha engendrado a decenas o cientos de nuevos Bin Laden.<\/p>\n<p>Una cosa queda clara: el sistema que despide a centenares de miles o los condena a medidas econ\u00f3micas inhumanas necesitar\u00e1 llenarse de muy buenas razones para explicar a un n\u00famero <em>global<\/em> de personas que todo ello es lo m\u00e1s civilizado y sano <em>para todos<\/em>.<\/p>\n<p>Es decir: Bin Laden, e incluso Hussein, o sus simpatizantes, pueden ganar a la larga por v\u00eda de &#8220;autogol&#8221;, a medida que el n\u00famero de sacrificados llega a constituir una mayor\u00eda que se siente hastiada cuando se le pretende ense\u00f1ar cu\u00e1les son sus enemigos.<\/p>\n<p>El sue\u00f1o individualista, pues, ha quedado sepultado en Manhattan y una pregunta sobre todo nos queda: \u00bftiene Occidente el vigor interno necesario para construir un sue\u00f1o com\u00fan que congregue a sus hijos adormilados en las mieles del consumismo narcicista?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00f3lo cayeron las torres M\u00e1s de dos a\u00f1os despu\u00e9s, todav\u00eda resuenan las palabras del presidente George W. 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