{"id":64396,"date":"2018-08-01T10:56:06","date_gmt":"2018-08-01T15:56:06","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=64396"},"modified":"2018-08-01T10:56:06","modified_gmt":"2018-08-01T15:56:06","slug":"san-francisco-solano-de-camino-a-tucuman","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2018\/08\/01\/san-francisco-solano-de-camino-a-tucuman\/","title":{"rendered":"San Francisco Solano, de camino a Tucum\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p>Camino del Tucum\u00e1n<\/p>\n<p>Merece la pena evocar el viaje de Paita a Tucum\u00e1n, de unos 4.000 kil\u00f3metros de camino por llanos y selvas, atravesando los Andes, y cruzando valles y r\u00edos. Cada jornada caminan unos 50 kil\u00f3metros, y el mundo indiano, Huaca, Chira, Tangarar\u00e1, Piura, Motupe, Jayanca, Trujillo&#8230; por ojos y o\u00eddos, se les va entrando en el coraz\u00f3n. En jornadas tan largas mucho tiempo hay, por otra parte, para la oraci\u00f3n meditativa, la alabanza y la s\u00faplica.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n da tiempo este viaje inacabable para conocer la situaci\u00f3n del pa\u00eds, el florecimiento religioso de algunas partes, sobre todo de ciudades como Lima, pero tambi\u00e9n las graves deficiencias en el n\u00famero y la calidad de los sacerdotes, el relajamiento de no pocos espa\u00f1oles y criollos, el mal trato que con frecuencia sufren los indios&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed llegaron a Salta, a unos 650 kil\u00f3metros, donde Solano hubo de quedarse a pasar Cuaresma y Pascua. La amable hospedera, Isabel Hurtado, esposa del corregidor que le acogi\u00f3, recordaba veinte a\u00f1os despu\u00e9s que en una conversaci\u00f3n surgi\u00f3 una murmuraci\u00f3n bastante fea: \u00abEch\u00f3 mano a la manga el padre Solano. Sin hablar palabra alguna, sac\u00f3 de ella un Cristo y, fijados en \u00e9l sus ojos, comenz\u00f3 a cantar canciones de la Pasi\u00f3n\u00bb. Salidas de \u00e9stas hubo muchas en la vida del santo monje andaluz. No hab\u00eda en tales gestos reproches directos ni correcciones, sino una superaci\u00f3n patente de lo bajo por lo alto, de lo terreno por lo celeste, de la naturaleza por la gracia. M\u00e1s lugar todav\u00eda habr\u00eda para el canto en la alegr\u00eda de la Pascua: \u00abLa ma\u00f1ana de la Resurrecci\u00f3n, acompa\u00f1ando la procesi\u00f3n el padre Solano, con un s\u00fabito arrebatamiento, comenz\u00f3 a cantar y sonar palmas y casta\u00f1etas, y bailaba diciendo: Este d\u00eda es de grande alegr\u00eda, \/ hu\u00e9lgome, hermanos, por vida m\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Unos 350 kil\u00f3metros m\u00e1s, y Lima, la Ciudad de los Reyes, que ya hemos visitado y conocido en nuestra cr\u00f3nica. No poco desmedrado se le ve\u00eda a San Francisco, y la gente \u00abse compadec\u00eda de \u00e9l, por verle el color p\u00e1lido, como de hombre muy enfermo\u00bb. En julio de 1590 llegan al este de Lima, al valle de Jauja, metido en los Andes, donde los franciscanos misionaban en sus doctrinas. Han de pasar por caminos abruptos y escarpados, a unos 4.000 metros de altitud. Y llegan a Ayacucho, donde tambi\u00e9n pueden hacer escala en convento franciscano. Doce jornadas m\u00e1s, bordeando el sur del Salkantay, de m\u00e1s de 6.000 metros de altura, y el Cuzco, la ciudad sagrada de los incas. All\u00ed predica el padre Solana en el convento franciscano a los novicios y coristas. Y siguen adelante, dejando atr\u00e1s ahora lo m\u00e1s florido de la vida peruana del virreynato.<\/p>\n<p>En la ruta de Charcas, el santuario mariano de Copacabana, Mamita de la Candelaria de los yupanquis, en agosto de 1590, le trae al padre Solano uno de tantos reflejos de la Virgen Mar\u00eda en el mundo hispanoamericano. Y de all\u00ed a la Paz, tambi\u00e9n con casa franciscana. M\u00e1s all\u00e1 Potos\u00ed, con sus minas, riquezas y sufrimientos de indios, a m\u00e1s de 4.000 metros de altura, donde los frailes hermanos est\u00e1n presentes hace decenios.<\/p>\n<p>Los frailes expedicionarios llegan a tiempo para celebrar en su convento la fiesta de San Francisco. Mucho tienen que contar, y es cosa de festejar por todo lo alto la festividad del santo Patrono. El superior, fray Jer\u00f3nimo Manuel, pone en ello su mejor voluntad, y abre la celebraci\u00f3n fraterna de la fiesta con una copla. Es entonces cuando nuestro Santo se agacha, pasa por debajo de la mesa del refectorio, y hace una de las suyas, como veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde ser\u00eda recordado todav\u00eda: \u00abEl padre Solano le tom\u00f3 la copla y comenz\u00f3 a cantar y a bailar juntamente delante de todos con tanto esp\u00edritu y fervor, y con tanta alegr\u00eda, que tra\u00eda el rostro tan abrasado en el fuego del amor de Dios, y de manera fue el regocijo que suspendi\u00f3 a los circunstantes y les hizo verter l\u00e1grimas\u00bb. Para el padre Manuel la cosa estaba clara: \u00abDesde aquel punto le tuvo por un gran siervo de Dios y un hombre santo\u00bb.<\/p>\n<p>Ya s\u00f3lo quedan 500 kil\u00f3metros m\u00e1s al sur: el valle de Humahuaca, Jujuy, Salta, Tucum\u00e1n y la meta final, Santiago del Estero. Llegan los misioneros, por fin, a su destino, m\u00e1s de a\u00f1o y medio despu\u00e9s de su salida de Espa\u00f1a, en marzo de 1589. Y puede entonces el jefe de la expedici\u00f3n franciscana, fray Baltasar Navarro, informar al rey con sencillo laconismo: \u00abA 15 de noviembre del a\u00f1o 90 llegu\u00e9 a esta Gobernaci\u00f3n del Tucum\u00e1n con ocho religiosos de la orden de mi Padre San Francisco, de los once que Su Majestad me mand\u00f3 traer a dicha Gobernaci\u00f3n; dos murieron en Panam\u00e1 y uno se ahog\u00f3 en un naufragio que padecimos en el Mar del Sur\u00bb. Todo normal.<\/p>\n<p>El Tucum\u00e1n, regi\u00f3n incipiente<\/p>\n<p>La regi\u00f3n de Tucum\u00e1n en 1563 fue constituida Gobernaci\u00f3n por Felipe II, bajo la Audiencia de Charcas. Y entre las principales poblaciones all\u00ed fundadas estaban Santiago del Estero, de 1553, San Miguel de Tucum\u00e1n, 1565, Talavera del Esteco, 1567, y C\u00f3rdoba, 1575. Los religiosos eran parte decisiva en el poblamiento de la zona, pues animaban a los espa\u00f1oles a arraigarse, y ellos mismos fundaban sus conventos.<\/p>\n<p>Cuatro franciscanos, conducidos por el gran misionero fray Juan Pascual de Ribadeneira, llegan en 1566. Y en la segunda expedici\u00f3n, de 1572, se a\u00f1aden doce franciscanos andaluces, entre ellos el ya mencionado fray Luis de Bola\u00f1os y fray Andr\u00e9s V\u00e1zquez, el taumaturgo del Tucum\u00e1n. Y de estos primeros misioneros proced\u00edan los conventos de Santiago del Estero y San Miguel de Tucum\u00e1n, 1566, de Esteco, 1567, de C\u00f3rdoba, 1575 y de Salta, 1582. La custodia franciscana de San Jorge del Tucum\u00e1n, se hab\u00eda constitu\u00eddo en 1565-1575, para fusionarse entonces con la de Paraguay.<\/p>\n<p>Algunos conventos hab\u00edan sido el origen de la ciudad. As\u00ed por ejemplo, C\u00f3rdoba. En la Informaci\u00f3n Jur\u00eddica del 1600 se dice que \u00ablos religiosos hicieron un rancho en el sitio donde ahora est\u00e1 poblada esta ciudad, y con sus santas amonestaciones y asistencia, persuadieron a los vecinos que perseverasen en la fundaci\u00f3n de esta ciudad, sin que jam\u00e1s hayan faltado de ella, sirviendo, como dicho es, muchos a\u00f1os de curas vicarios, sin haber otros sacerdotes cl\u00e9rigos ni religiosos en m\u00e1s de diez a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, a la llegada del padre Solano, los franciscanos de esta zona, unos quince, como tambi\u00e9n los jesu\u00edtas, eran en aquella regi\u00f3n bien conocidos y estimados. Todav\u00eda no hay en la regi\u00f3n tucumana m\u00e1s que unos pocos cientos de espa\u00f1oles y criollos, que viv\u00edan entre muchos miles de indios, apenas iniciados en la evangelizaci\u00f3n. Y por lo dem\u00e1s, la mezcla de indios era tan grande que apenas se distingu\u00edan los primitivos toconot\u00e9s y sanaviros.<\/p>\n<p>La mescolanza de lenguas hac\u00eda de aquella regi\u00f3n una peque\u00f1a Babel. En 1584, fray Francisco de Vitoria, el dominico portugu\u00e9s obispo de Tucum\u00e1n, escrib\u00eda: \u00abEn todo este distrito hay m\u00e1s de veinte lenguajes, m\u00e1s distintos que el griego y el latino; que s\u00f3lo hab\u00eda de mover a que los deprendiesen los cl\u00e9rigos, o grande fervor y celo de la ley de Dios y caridad del pr\u00f3jimo, o mucho premio temporal. Y el premio falta en esta tierra&#8230; Y las imperfecciones con que viven ac\u00e1 los hombres no les da lugar a tomar empresas de tanto quilate y santidad, como es, s\u00f3lo por Dios, tratar de cosas tan dificultosas\u00bb. El jesu\u00edta Alonso de Barzana fue un gran conocedor de las lenguas ind\u00edgenas, y de aquellos indios dec\u00eda: \u00abLo cierto de esta gente es que no conocieron Dios verdadero ni falso, y ans\u00ed son f\u00e1ciles de reducir a la fe, y no se tema su idolatr\u00eda, sino su poco entendimiento para penetrar las cosas y misterios de nuestra fe, o el poder ser enga\u00f1ados de algunos hechiceros\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Camino del Tucum\u00e1n Merece la pena evocar el viaje de Paita a Tucum\u00e1n, de unos 4.000 kil\u00f3metros de camino por llanos y selvas, atravesando los Andes, y cruzando valles y r\u00edos. 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