{"id":63057,"date":"2018-05-30T08:21:10","date_gmt":"2018-05-30T13:21:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=63057"},"modified":"2018-05-30T08:21:10","modified_gmt":"2018-05-30T13:21:10","slug":"las-conclusiones-del-concilio-iii-de-lima-y-las-dificultades-de-su-implementacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2018\/05\/30\/las-conclusiones-del-concilio-iii-de-lima-y-las-dificultades-de-su-implementacion\/","title":{"rendered":"Las conclusiones del Concilio III de Lima, y las dificultades de su implementaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Impugnaciones y aprobaciones<\/p>\n<p>El se\u00f1or arzobispo, despu\u00e9s de tantas amarguras, pudo finalmente, con gran descanso, clausurar el Concilio. Sin embargo, no hab\u00edan de faltar posteriormente graves resistencias a sus c\u00e1nones y acuerdos. \u00abAlgunos hombres -escribe Santo Toribio al Papa- han interpuesto fr\u00edvolas apelaciones\u00bb, de tal modo que \u00abtodos nuestros planes se han trastornado\u00bb (1-1-1586).<\/p>\n<p>Los Procuradores de las distintas Di\u00f3cesis formalizaron un recurso de apelaci\u00f3n ante la Santa Sede. A juicio de ellos, las sanciones eran excesivamente fuertes, concretamente las referentes al clero. Censuras y excomuniones se fulminaban con relativa facilidad. El padre Acosta justificaba esta severidad con una raz\u00f3n profundamente misionera y pastoral: \u00abLos abusos en que se ha puesto rigor son muy comunes por ac\u00e1 y en muy notable exceso\u00bb, por ejemplo, la mercatura de algunos cl\u00e9rigos. \u00abMas la principal consideraci\u00f3n de esto es que en estas Indias los dichos excesos de contrataciones y juegos de cl\u00e9rigos son casi total impedimento para doctrinar a los indios, como lo afirman todos los hombres desapasionados y expertos desta tierra\u00bb (+Bartra 31). Quiz\u00e1 una Iglesia m\u00e1s asentada tolerase sin grave peligro tales abusos, pero no era \u00e9se el caso de las Indias.<\/p>\n<p>Sometido el Concilio a la aprobaci\u00f3n de Roma, hasta all\u00ed llegaron quejas, resistencias y apelaciones. Pero tambi\u00e9n llegaron cartas como la de Santo Toribio al General de los jesuitas, rog\u00e1ndole que apoyara ante el Papa los acuerdos del Concilio: \u00abY ya que parezca moderar las censuras y excomuniones en algunos otros cap\u00edtulos, a lo menos lo que toca a contrataciones y negociaciones, que son en esta tierra la principal destrucci\u00f3n del estado eclesi\u00e1stico, que no se mude ni quite lo que el concilio con tanta experiencia y consideraci\u00f3n provey\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>El padre Acosta, una vez m\u00e1s, hizo un servicio decisivo en favor del III Concilio, esta vez viajando a Espa\u00f1a y a Roma para explicarlo y defenderlo. La Santa Sede moder\u00f3 ciertas sanciones y cambi\u00f3 alguna disposici\u00f3n, pero di\u00f3 una aprobaci\u00f3n entusiasta al conjunto de la obra. La carta del Cardenal Carafa, lo mismo que la del Cardenal Montalto, al arzobispo Mogrovejo -\u00abSu Santidad os alaba en gran manera\u00bb-, ambas de 1588, expresan esta aprobaci\u00f3n y le felicitan efusivamente, viendo en la disciplina eclesial lime\u00f1a una perfecta aplicaci\u00f3n del Concilio de Trento al mundo cristiano de las Indias meridionales.<\/p>\n<p>\u00abEsta Iglesia y nueva cristiandad de estas Indias\u00bb<\/p>\n<p>El Concilio III de Lima, en sus cinco acciones, logr\u00f3 un texto relativamente breve, muy claro y concreto en sus exhortaciones y apremios can\u00f3nicos, y sumamente determinado y estimulante en sus decisiones. No se pierde en literaturas ni en largas disquisiciones; va siempre al grano, y apenas da lugar a interpretaciones equ\u00edvocas.<\/p>\n<p>Se ve siempre en \u00e9l la mano del Santo arzobispo, la determinada determinaci\u00f3n de su dedicaci\u00f3n misionera y pastoral, su apasionado amor a Cristo, a la Iglesia, a los indios. El talante pastoral de Santo Toribio y de su gran Concilio pueden concretarse en varios puntos:<\/p>\n<p>-La incipiente situaci\u00f3n cristiana de los indios era sumamente delicada. Los Padres conciliares, antiguos misioneros muchos de ellos, son muy conscientes de ello. Hablan de \u00abestas nuevas y tiernas plantas de la Iglesia\u00bb, que son \u00abgente nueva en la fe\u00bb, \u00abtan peque\u00f1uelos en la ley de Dios\u00bb, y legislan siempre atentos a proteger estas vidas cristianas reci\u00e9n nacidas. Esto no place a algunos avisados intelectuales de hoy, que sin conocer en modo alguno la realidad de aquellos indios -de los que distan cuatro siglos y muchos miles de kil\u00f3metros-, partiendo s\u00f3lo de sus ideolog\u00edas, osan condenar el paternalismo err\u00f3neo de los Padres conciliares lime\u00f1os. Pero si se tomaran un poco menos en serio a s\u00ed mismos, ver\u00edan el lado c\u00f3mico del atrevimiento de su ignorancia.<\/p>\n<p>-Era absolutamente preciso quitar los graves esc\u00e1ndalos, sobre todo en el clero, que pudieran poner en peligro la evangelizaci\u00f3n de los indios. El III de Lima es siempre vibrante en esta determinada determinaci\u00f3n, as\u00ed cuando dispone que \u00abninguna apelaci\u00f3n suspenda la ejecuci\u00f3n en lo que tocare a reformaci\u00f3n de costumbres\u00bb. El apasionado celo reformador de Trento est\u00e1 presente en el Concilio de Lima. Basta de esc\u00e1ndalos, especialmente de esc\u00e1ndalos habituales, asentados como cosa normal y tolerable, y m\u00e1s si es el clero quien incurre en ellos.<\/p>\n<p>-Era muy urgente aplicar Trento a las Indias. Pensemos, por ejemplo, en la cuesti\u00f3n grav\u00edsima de la elecci\u00f3n y formaci\u00f3n de los sacerdotes. Las normas del Concilio de Trento (1545-1563) sobre la fundaci\u00f3n de Seminarios eran tomadas por algunas naciones europeas con mucha calma, y apenas se hab\u00edan comenzado a aplicar tres cuartos de siglo m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p>En Francia, por ejemplo, debido a las resistencias galicanas, los decretos de Trento no fueron aceptados por la Asamblea General del Clero sino en 1615. A\u00f1os m\u00e1s tarde, todav\u00eda las disposiciones conciliares en materia de Seminarios continuaban siendo en Francia letra muerta, y la ignorancia de buena parte de los sacerdotes era pavorosa. Algunos hab\u00eda, cuenta San Vicente de Pa\u00fal (1580-1660), que \u00abno sab\u00edan las palabras de la absoluci\u00f3n\u00bb, y se contentaban con mascullar un galimat\u00edas. Por esos a\u00f1os, gracias a personas como Dom Beaucousin, Canfield, Duval, madame Acarie, B\u00e9rulle, Marillac, Bourdoise, y sobre todo San Vicente de Pa\u00fal, y en seguida San Juan Eudes (1601-1680), es cuando comienza a progresar la formaci\u00f3n de los sacerdotes seg\u00fan la idea de Trento.<\/p>\n<p>\u00c9stas y otras miserias, que apenas eran soportables en pa\u00edses de arraigado cristianismo, no pod\u00edan darse en las Indias de ning\u00fan modo, no deb\u00edan permitirse, pues estaba en juego la evangelizaci\u00f3n del Nuevo Mundo. Los abusos y demoras indefinidas que el Viejo Mundo se permit\u00eda, all\u00ed hubieran sido suicidas. No deb\u00edan tolerarse, y no se toleraron ni en Lima, ni en M\u00e9xico. Era necesario abrir las Indias cristianas al influjo vivificante del Esp\u00edritu divino comunicado en Trento.<\/p>\n<p>-El Concilio III de Lima es consciente de su propia transcendencia hist\u00f3rica. Al menos el arzobispo y sus m\u00e1s pr\u00f3ximos colaboradores lo fueron. Con frecuencia se habla en sus textos de la \u00abnueva Cristiandad de estas Indias\u00bb, \u00abesta nueva heredad y vi\u00f1a del Se\u00f1or\u00bb, \u00abesta nueva Iglesia de las Indias\u00bb, \u00abesta nueva Iglesia de Cristo\u00bb&#8230; En estas expresiones se refleja ciertamente una clara conciencia de que all\u00ed se quiere construir con la gracia de Dios un Nuevo Mundo cristiano. Y no se equivocaban los Padres conciliares. A ellos, presididos por Santo Toribio de Mogrovejo, y lo mismo a los Obispos que dos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en 1585, realizaron en la Nueva Espa\u00f1a el III Concilio mexicano, se debe en buena parte que hoy la mitad de la Iglesia Cat\u00f3lica sea de lengua y coraz\u00f3n hispanos.<\/p>\n<p>-El influjo de la Corona espa\u00f1ola fue grande y ben\u00e9fico en la celebraci\u00f3n de los Concilios que en Hispanoam\u00e9rica, despu\u00e9s de Trento, se celebraron por orden de Felipe II, en virtud de Real Patronato de Indias recibido de los Papas. En este sentido, \u00abpor cierto, podemos preguntarnos si la evangelizaci\u00f3n de Am\u00e9rica hubiera podido emprenderse con m\u00e1s \u00e9xito conducida directamente por los Papas del Renacimiento, que bajo la tutela de la Corona de Castilla. Lo que no se puede negar son los resultados de la conjunci\u00f3n de los intereses religiosos y pol\u00edticos de una naci\u00f3n y una dinast\u00eda campeona de la Contrareforma, que perduran con robusta vitalidad hace casi medio milenio, aun disuelta aquella atadura circunstancial\u00bb (Bartra 29-30).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Impugnaciones y aprobaciones El se\u00f1or arzobispo, despu\u00e9s de tantas amarguras, pudo finalmente, con gran descanso, clausurar el Concilio. 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