{"id":61872,"date":"2018-04-11T01:24:49","date_gmt":"2018-04-11T06:24:49","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=61872"},"modified":"2018-04-09T18:26:37","modified_gmt":"2018-04-09T23:26:37","slug":"perfil-de-un-obispo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2018\/04\/11\/perfil-de-un-obispo\/","title":{"rendered":"Perfil de un obispo"},"content":{"rendered":"<p>\u00abNo es nuestro el tiempo\u00bb<\/p>\n<p>Su apasionado amor pastoral le llevaba a una entrega tan total que exclu\u00eda todo descanso. Ni se le pas\u00f3 por la mente tomar nunca vacaciones, por cortas que fueran. Y nunca viaj\u00f3 a Espa\u00f1a, aunque asuntos muy graves lo hubieran justificado a veces. Prefer\u00eda enviar un delegado en su nombre. El sab\u00eda aquello de San Pablo, \u00abel tiempo es corto\u00bb (1Cor 7,29).<\/p>\n<p>Y no se le ocurr\u00eda invertir una semana o un d\u00eda o medio en visitas de cumplido, en conmemoraciones, bodas de plata, oro o diamante, inauguraciones diversas o fiestucas piadosas. Incluso para ordenar obispos suyos sufrag\u00e1neos, estando de visita pastoral en lugares alejados de Lima, hac\u00eda llegar al presb\u00edtero electo a donde \u00e9l estaba; as\u00ed lo hizo, por ejemplo, con fray Luis L\u00f3pez, a quien consagr\u00f3 como obispo de Quito. El ten\u00eda claro que \u00abno es nuestro el tiempo\u00bb.<\/p>\n<p>La Providencia divina le hizo superar muchos peligros graves. Contaremos s\u00f3lo un par de ejemplos. Una vez, queriendo llegar a Taquilp\u00f3n, anejo a la doctrina de Macate, hab\u00eda de atravesar el r\u00edo Santa, que estaba en crecida impetuosa. All\u00ed no serv\u00edan ni balsas de enea, ni flotadores de calabazas, ni los dem\u00e1s trucos habituales. All\u00ed hubo que tender un cable de lado a lado, bien tenso entre dos postes, y atado el cuerpo del arzobispo con unas cuerdas y suspendido as\u00ed del cable, fueron tirando de \u00e9l desde la orilla contraria, con el estruendo vertiginoso del potente r\u00edo a sus pies. Y una vez cumplida y bien cumplida su misi\u00f3n pastoral, con visita y muchas confirmaciones, otra vez la misma operaci\u00f3n a la inversa.<\/p>\n<p>En otra ocasi\u00f3n, bajando de las monta\u00f1as, descend\u00eda a caballo una cuesta largu\u00edsima, \u00abde m\u00e1s de cuatro leguas\u00bb, La Cacallada, que le dec\u00edan los indios, la pedregosa. Ya a oscuro, les pill\u00f3 el estallido de una tormenta andina, con fragor de truenos, ecos redoblados, lluvia, oscuridad, estruendo. El arzobispo, acompa\u00f1ado de su criado Diego de Rojas, iba adelante, con tenacidad obstinada, y Diego se maravillaba \u00abviendo la paciencia y contento con que el dicho se\u00f1or arzobispo iba animando a los dem\u00e1s\u00bb. A pesar de sus voces, se iba dispersando el grupo, todos a ciegas, \u00abse fueron todos quedando, unos ca\u00eddos y otros derrumbados con sus caballos\u00bb. A una de \u00e9stas, el arzobispo se vi\u00f3 descalabrado en una ca\u00edda aparatosa, tan fuerte que al criado \u00abse le quebr\u00f3 el coraz\u00f3n de ver al se\u00f1or arzobispo echado, desmayado en el lodo, donde entendi\u00f3 muchas veces que pereciera\u00bb. Acudieron algunos a sus gritos, y todos pensaron que Santo Toribio estaba muerto, \u00abhelado y hecho todo una sopa de agua\u00bb. Pero cuando le levantaron, cobr\u00f3 conocimiento y algo de \u00e1nimo, y sostenido por los compa\u00f1eros, descalzo -hab\u00eda perdido las botas hundidas en el barro-, retom\u00f3 la subida, desmay\u00e1ndose varias veces por el camino. Ces\u00f3 la tormenta, asom\u00f3 la luna de parte de Dios, y all\u00ed divisaron un tambo, al que llegaron como pudieron. No hab\u00eda nadie. S\u00f3lo hab\u00eda silencio y soledad, noche y fr\u00edo. Tumbado el arzobispo, helado, exang\u00fce, qued\u00f3 como muerto. Cuando as\u00ed le vio su paje Sancho D\u00e1vila \u00abse hart\u00f3 de llorar al verlo de aquella suerte\u00bb. Todos le daban por perdido, pero a \u00e9l, a Sanchico, se le ocurri\u00f3 sacar la lana de una almohada, y calent\u00e1ndola a la lumbre, frotar y calentar con ella al arzobispo, hasta que logr\u00f3 que volviera en s\u00ed. Ya de d\u00eda comenzaron a llegar algunos indios, y el Santo se encontraba de nuevo dispuesto a todo. Celebr\u00f3 la misa, predic\u00f3 en lengua ind\u00edgena \u00abcon tanto fervor y agradable cara como si por \u00e9l no hubiera pasado cosa alguna\u00bb. All\u00ed dej\u00f3, en aquellas desolaciones de monta\u00f1a, dos doctrinas que integraron a 600 indios.<\/p>\n<p>Mogrovejo, como Zum\u00e1rraga, era un ministro apasionado de la confirmaci\u00f3n sacramental. Su capell\u00e1n Diego de Morales cuenta que, acompa\u00f1\u00e1ndole \u00e9l en la visita de 1598 y 1599, con Juan de Cepeda, capell\u00e1n tambi\u00e9n, y el negro Domingo, se les hizo la noche a orillas de un r\u00edo muy caudaloso. Como no ten\u00edan m\u00e1s que un pan, el arzobispo lo dividi\u00f3 en cuatro, y as\u00ed cenaron. Rez\u00f3 el breviario, pase\u00f3 un poco, y se acost\u00f3 a dormir en el suelo, con la silla de la mula como cabezal. Al poco rato, se inici\u00f3 \u00abun aguacero muy terrible\u00bb, que dur\u00f3 hasta el amanecer, y \u00e9l \u00abno tuvo otro reparo m\u00e1s que taparse con el caparaz\u00f3n de la silla\u00bb.<\/p>\n<p>Muy de ma\u00f1ana, en ayunas, emprendieron la marcha a pie, y el arzobispo iba rezando las Horas mientras sub\u00edan una gran cuesta. Y \u00abcomo hab\u00eda pasado tan mala noche, se sinti\u00f3 fatigado\u00bb, y hubieron de ofrecerle un bast\u00f3n, pero \u00e9l \u00abno le quiso admitir hasta que pagaron a un indio, cuyo era, cuatro reales por \u00e9l, y entonces le tom\u00f3\u00bb. Lleg\u00f3 por fin, \u00absudando y fatigado del camino\u00bb, a la doctrina que llevaba el dominico fray Melchor de Monz\u00f3n. All\u00ed fue a la iglesia, hizo oraci\u00f3n, predic\u00f3 a los indios en la misa, y estuvo confirmando hasta las dos del mediod\u00eda. Cuando se sent\u00f3 a comer eran ya las tres, y estaba \u00abbien cansado y trabajado\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces se le ocurri\u00f3 preguntar al padre doctrinero si faltaba alguno por confirmar. Tras algunas evasivas de \u00e9ste, el arzobispo le exigi\u00f3 la verdad, y el padre hubo de decirle que a un cuarto de legua, en un huaico, hab\u00eda un indio enfermo. El arzobispo \u00abse levant\u00f3 de la mesa\u00bb y se fue all\u00e1 con el capell\u00e1n Cepeda. El indio estaba en un altillo, \u00abque si no era con una escalera, no pudieran subir\u00bb. Le anim\u00f3 y le confirm\u00f3 con toda solemnidad, como si hubiera \u00abun mill\u00f3n de personas\u00bb. Regres\u00f3 despu\u00e9s, a las seis de la tarde, y se sent\u00f3 a comer&#8230;<\/p>\n<p>Bien pod\u00edan quererle los indios, que \u00abno le saben otro nombre m\u00e1s que Padre santo\u00bb. Cuando el se\u00f1or arzobispo, una vez celebrada la misa en el claro del bosque, o junto al r\u00edo fragoroso, o en una capilla perdida en las alturas andinas, bajo el vuelo circular de los c\u00f3ndores, se desped\u00eda de los indios y despu\u00e9s de bendecirlos se iba alejando, \u00ablloraban con muchas veras su partida como si se les ausentase su verdadero padre\u00bb. Y es que realmente lo era: \u00abaunque teng\u00e1is diez mil pedagogos en Cristo, pero no muchos padres, que quien os engendr\u00f3 en Cristo por el Evangelio fui yo\u00bb (1Cor 4,15).<\/p>\n<p>\u00abConfirm\u00f3 m\u00e1s de ochocientas mil almas\u00bb, afirma su sobrino cl\u00e9rigo, Luis de Qui\u00f1ones, ateni\u00e9ndose a los registros. Hizo m\u00e1s de medio mill\u00f3n de bautismos. Anduvo 40.000 kil\u00f3metros&#8230; A veces la cantidad es tan enorme que se trasforma en calidad, en dato cualitativo. Bien pudo decir quien lleg\u00f3 a ser su fiel capell\u00e1n, Sancho D\u00e1vila: \u00abConoci\u00f3 este testigo que el amor de verdadero pastor y gran santidad de dicho se\u00f1or arzobispo le hac\u00eda sufrir y hacer lo que&#8230; ni persona particular pudiera hacer\u00bb.<\/p>\n<p>Considerando estas enormidades -m\u00e1s all\u00e1 de la norma- que produce la caridad pastoral extrema, no faltar\u00e1 alguno que se diga: \u00abQu\u00e9 cosas es necesario hacer para llegar a ser santo\u00bb&#8230; Pero el santo no es santo porque hace esas cosas, sino que hace esas cosas porque es santo.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00abNo es nuestro el tiempo\u00bb Su apasionado amor pastoral le llevaba a una entrega tan total que exclu\u00eda todo descanso. Ni se le pas\u00f3 por la mente tomar nunca vacaciones, por cortas que fueran. Y nunca viaj\u00f3 a Espa\u00f1a, aunque asuntos muy graves lo hubieran justificado a veces. 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