{"id":59246,"date":"2017-12-20T01:07:57","date_gmt":"2017-12-20T06:07:57","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=59246"},"modified":"2017-12-18T16:13:15","modified_gmt":"2017-12-18T21:13:15","slug":"el-despotismo-ilustrado-y-sus-consecuencias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/12\/20\/el-despotismo-ilustrado-y-sus-consecuencias\/","title":{"rendered":"El despotismo ilustrado y sus consecuencias"},"content":{"rendered":"<p>Despotismo ilustrado<\/p>\n<p>La secularizaci\u00f3n de la vida social vino impuesta progresivamente en el XVIII por el despotismo ilustrado de unas minor\u00edas gobernantes, las aristocracias de las Cortes y la alta burgues\u00eda. Este proceso conducir\u00e1 r\u00e1pidamente a su l\u00f3gico t\u00e9rmino: primero en Francia, a fines del siglo, con la Revoluci\u00f3n Francesa, y en seguida, a lo largo del XIX, en los dem\u00e1s pa\u00edses de antigua ra\u00edz cristiana, por medio de la Revoluci\u00f3n Liberal, se llegar\u00e1 a afirmar abiertamente en c\u00f3digos y constituciones lo que antes se dec\u00eda s\u00f3lamente -y casi nunca antes del XVII- en reducidos grupos de fil\u00f3sofos e iniciados: que la soberan\u00eda y origen del poder est\u00e1 en el hombre, y no en Dios; y que, en definitiva, la \u00faltima instancia para juzgar del bien y del mal es el propio hombre. En esta visi\u00f3n, el \u00fanico modo por el que pueden los hombres llegar a ser adultos, m\u00e1s a\u00fan, dioses, \u00abconocedores del bien y del mal\u00bb (G\u00e9n 3,5), es sacudi\u00e9ndose toda dependencia de Dios.<\/p>\n<p>Por lo que a Espa\u00f1a se refiere, en los tiempos de Carlos III (1759-1788) no se llega todav\u00eda a ese t\u00e9rmino en la vida pol\u00edtica, pero se avanza mucho en esa direcci\u00f3n. La Corona a\u00fan se sigue declarando cat\u00f3lica, y reconoce todav\u00eda, verbalmente al menos, la soberan\u00eda de Dios sobre los reinos de las Espa\u00f1as; pero la coherencia y sinceridad de estas profesiones es cada vez menor.<\/p>\n<p>Puede advertirse, incluso, que a medida que transcurre el reinado de Carlos III se va haciendo cada vez m\u00e1s patente el empe\u00f1o secularizador de su ministros, y m\u00e1s claro su prop\u00f3sito de imponer una \u00abrevoluci\u00f3n desde arriba\u00bb, en contra de lo que el pueblo piensa y quiere.<\/p>\n<p>En efecto, el pueblo cristiano en Espa\u00f1a, en la buena teolog\u00eda de su sentir cat\u00f3lico tradicional, entiende que el hombre debe estar abierto a Dios en todas las dimensiones de su vida, privadas o p\u00fablicas, viviendo en el respeto de sus leyes, y que la pretendida redenci\u00f3n que el despotismo ilustrado trata de imponer no es sino un falso mesianismo, una pseudorredenci\u00f3n que fuerza al hombre y a la sociedad a cerrarse sobre s\u00ed mismos, a no reconocer m\u00e1s verdad que la que el hombre alcance por las luces de la raz\u00f3n, a no admitir m\u00e1s ley que la establecida por los hombres, y a no reconocer m\u00e1s fuerza para conseguir en este mundo el bien de la humanidad que la de los hombres por s\u00ed solos. Es el humanismo aut\u00f3nomo, que ya en el siglo XX apenas halla resitencia alguna en la vida p\u00fablica, y que cierra \u00e9sta con gran eficacia a todo influjo cristiano.<\/p>\n<p>Misiones frenadas por la Ilustraci\u00f3n<\/p>\n<p>La pol\u00edtica ilustrada de los ministros de Carlos III -bastantes de ellos afiliados a logias mas\u00f3nicas-, apoyada por la gran difusi\u00f3n de las ideas de la Enciclopedia en la aristocracia espa\u00f1ola, sujeta a las modas e ideas que ven\u00edan de Francia, produjo graves perjuicios a la Iglesia en los territorios de Espa\u00f1a, y muy especialmente en las misiones de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Como ya vimos, la expulsi\u00f3n de los jesuitas en 1767 acab\u00f3 en Hispanoam\u00e9rica con muchos colegios y universidades, y desbarat\u00f3 reducciones magn\u00edficas de indios, que muchas veces hab\u00edan costado sangre, sudor y l\u00e1grimas. Y esos mismos vientos siniestros siguieron soplando en California, en los tiempos de fray Jun\u00edpero.<\/p>\n<p>Concretamente, el nuevo Gobernador, muy pr\u00f3ximo a Carlos III, don Felipe de Neves, s\u00f3lamente toleraba las misiones, porque su mantenimiento y desarrollo eran imprescindibles para la causa de la Corona en Am\u00e9rica, pero no ten\u00eda por ellas ninguna estima positiva. Pronto se vi\u00f3 que sus decisiones gubernativas, respaldadas por el Gobernador General, Teodoro de Croix, perjudicaban no poco la actividad de los misioneros.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, el asunto del sacramento de la confirmaci\u00f3n. El padre Serra, tras diez a\u00f1os de tr\u00e1mites, hab\u00eda conseguido en 1778 licencia de Roma para ser ministro extraordinario de la confirmaci\u00f3n, como Padre Prefecto de las misiones californianas. Fray Jun\u00edpero, aunque estaba ya viejo y gastado, y su pierna estaba cada vez peor, multiplic\u00f3 entonces sus visitas pastorales, y se entreg\u00f3 a su preciosa misi\u00f3n sacramental con el mayor empe\u00f1o, sin manifestar cansancio, ni aceptar tampoco descansos m\u00e1s largos que hubieran permitido un tratamiento m\u00e9dico m\u00e1s eficaz.<\/p>\n<p>Pues bien, el Gobernador Neves prohibi\u00f3 al padre Serra que continuara con el ministerio de las confirmaciones, alegando que la concesi\u00f3n papal era inv\u00e1lida, puesto que no hab\u00eda recibido el placet regio. S\u00f3lo en mayo de 1781, tras complicadas luchas y gestiones, se impuso la verdad, y pudo el padre Serra continuar confirmando.<\/p>\n<p>Siguiendo la misma pol\u00edtica obstructiva, el Gobernador Neves dispuso que bastaba en cada misi\u00f3n la presencia de un misionero. Tambi\u00e9n entonces fueron necesarias muchas y desagradables luchas para conseguir que en cada puesto continuara habiendo dos misioneros.<\/p>\n<p>Por otro lado, alegando el derecho establecido en las antiguas Leyes de Indias, exigi\u00f3 el Gobernador que los indios convertidos, tras cinco a\u00f1os de estar en reducci\u00f3n, asumieran cargos pol\u00edticos, en tanto que los misioneros quedaran limitados a los ministerios estrictamente espirituales. A pesar de los graves objeciones presentadas por los misioneros, el Gobernador nombr\u00f3 alcaldes y regidores en las cinco primeras misiones&#8230;<\/p>\n<p>En estos a\u00f1os, fray Jun\u00edpero Serra, ya anciano y en medio de una administraci\u00f3n pol\u00edtica enmascaradamente hostil, todav\u00eda consigui\u00f3 fundar en el canal de Santa B\u00e1rbara la misi\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora de los Angeles (1781) y la de San Buenaventura (1782).<\/p>\n<p>No sab\u00eda fray Jun\u00edpero que \u00e9sta, su novena fundaci\u00f3n, iba a ser la \u00faltima. En seguida, cuando los franciscanos proyectaban fundar Santa B\u00e1rbara, se produjeron nuevas medidas pol\u00edticas obstructivas, y desde M\u00e9xico, el padre Guardi\u00e1n orden\u00f3 a fray Jun\u00edpero que se detuviese hasta nueva orden la fundaci\u00f3n de otras misiones.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Despotismo ilustrado La secularizaci\u00f3n de la vida social vino impuesta progresivamente en el XVIII por el despotismo ilustrado de unas minor\u00edas gobernantes, las aristocracias de las Cortes y la alta burgues\u00eda. 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