{"id":58603,"date":"2017-11-22T01:57:18","date_gmt":"2017-11-22T06:57:18","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=58603"},"modified":"2017-11-21T17:03:37","modified_gmt":"2017-11-21T22:03:37","slug":"relato-sobre-los-comienzos-de-la-mision-en-san-diego-california","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/11\/22\/relato-sobre-los-comienzos-de-la-mision-en-san-diego-california\/","title":{"rendered":"Relato sobre los comienzos de la misi\u00f3n en San Diego, California"},"content":{"rendered":"<p>Fundador de misiones, de futuras ciudades<\/p>\n<p>El 1 de julio de 1769, fray Jun\u00edpero y los suyos llegaron por fin al puerto de San Diego. All\u00ed encontraron los dos nav\u00edos de la expedici\u00f3n mar\u00edtima. En uno de ellos, el escorbuto hab\u00eda matado a toda la tripulaci\u00f3n, menos a dos hombres. Fray Jun\u00edpero, a pesar de la terrible desgracia, y a pesar de la fatiga inmensa del camino, ante la inminencia de fundar misi\u00f3n all\u00ed, se sent\u00eda con \u00e1nimos redoblados.<\/p>\n<p>La tierra es buena y con muchas aguas: \u00abEn cuanto a m\u00ed, la caminata ha sido verdaderamente feliz y sin especial quebranto ni novedad en la salud. Sal\u00ed de la frontera mal\u00edsimo de pie y pierna, pero obr\u00f3 Dios y cada d\u00eda me fui aliviando y siguiendo mis jornadas como si tal mal no tuviera. Al presente, el pie queda todo limpio como el otro; pero desde los tobillos hasta media pierna est\u00e1 como antes estaba el pie, hecho una llaga, pero sin hinchaz\u00f3n ni m\u00e1s dolor que la comez\u00f3n que da a ratos; en fin, no es cosa de cuidado\u00bb.<\/p>\n<p>El 16 de julio, con una solemne eucarist\u00eda, nace la misi\u00f3n de San Diego. En torno a una plaza cuadrada, construyeron la iglesia y los edificios b\u00e1sicos, dep\u00f3sitos, talleres, cuartelillo para los soldados; se alz\u00f3 una gran cruz, se colgaron las campanas, y se rode\u00f3 todo con una valla alta. El desconocimiento de la lengua ind\u00edgena hac\u00eda dif\u00edcil el trato con los indios. A mediados de agosto, atacaron los indios la misi\u00f3n, y hubo muertos por ambos lados. D\u00edas despu\u00e9s los indios se acercaron para ser curados&#8230;<\/p>\n<p>A los comienzos, sobre todo por falta de bastimentos, parec\u00eda imposible continuar all\u00ed, pero fray Jun\u00edpero y sus compa\u00f1eros se agarraban al lugar con tenacidad indecible: \u00abMientras haya salud, una tortilla y hierbas del campo, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s nos queremos?\u00bb. Tiempo despu\u00e9s lleg\u00f3 a tener la misi\u00f3n m\u00e1s de mil indios bautizados.<\/p>\n<p>A fines de mayo de 1770, una expedici\u00f3n por tierra y otra por v\u00eda mar\u00edtima, en la que iba fray Jun\u00edpero, descubrieron por fin con gran alegr\u00eda la bah\u00eda de Monterrey. El 3 de junio, con la custodia del teniente Pedro Fag\u00e9s y 19 soldados, se fund\u00f3 la misi\u00f3n de San Carlos de Monterrey, de la cual fray Jun\u00edpero fue el alma durante catorce a\u00f1os, haciendo de ella el centro de su actividad misionera. Durante todos esos a\u00f1os, el brazo derecho de fray Jun\u00edpero en San Carlos fue el padre fray Juan Cresp\u00ed, que all\u00ed trabaj\u00f3 hasta que muri\u00f3, en 1782. En los tres primeros a\u00f1os, aquella misi\u00f3n ya tuvo 165 bautizados, y al morir el padre Serra, eran 1.014.<\/p>\n<p>La fundaci\u00f3n de San Carlos fue seguida inmediatamente, bajo el impulso de fray Jun\u00edpero, por la de otras misiones, como San Antonio de Padua, San Gabriel, San Luis Obispo. Al sembrar aquellas m\u00ednimas semillas de poblaci\u00f3n cristiana, el padre Sierra se ve\u00eda pose\u00eddo de un loco entusiasmo, como si previera que estaban destinadas a ser grandiosas ciudades.<\/p>\n<p>Al fundar, por ejemplo, San Antonio, en 1771, apenas levantadas unas chozas, alzada la cruz y colgada la campana de un \u00e1rbol, fray Jun\u00edpero no se cansaba de repicar la campana con todas sus fuerzas: \u00ab\u00a1Ea, gentiles, venid, venid a la santa Iglesia; venid a recibir la fe de Jesucristo!\u00bb. Ausentes los indios, aunque quiz\u00e1 ocultos y atentos, un fraile le dec\u00eda que no se cansase con tanto grito y repicar in\u00fatil. A lo que fray Jun\u00edpero le contest\u00f3: \u00abD\u00e9jeme, Padre, explayar el coraz\u00f3n, que quisiera que esta campana se oyese por todo el mundo, o que a lo menos la oyese toda la gentilidad que vive en esta Sierra\u00bb.<\/p>\n<p>Con estas acciones misioneras, precariamente asistidas por la administraci\u00f3n del Virrey, sobre la base de tres centros principales, Vellicat\u00e1, San Diego y Monterrey, se hab\u00eda extendido el Evangelio y el dominio de la Corona en m\u00e1s de mil doscientos kil\u00f3metros de la costa del Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Ten\u00eda, pues, el Virrey muchas razones para publicar entonces, vibrante de entusiasmo, una solemne y piadosa cr\u00f3nica, en la que celebraba unos hechos que \u00abacreditan la especial providencia con que Dios se ha dignado favorecer el buen \u00e9xito de estas expediciones en premio, sin duda, del ardiente celo de nuestro Augusto Soberano, cuya piedad incomparable reconoce como primera obligaci\u00f3n de su Corona Real en estos vastos Dominios, la extensi\u00f3n de la Fe de Jesucristo y la felicidad de los mismos Gentiles que gimen sin conocimiento de ella en la tirada esclavitud del enemigo com\u00fan\u00bb.<\/p>\n<p>A comienzos de 1771, para asistir las nuevas misiones y establecer otras, fueron asignados veinte franciscanos a la baja California, a las \u00f3rdenes de Palou, y diez a la alta California, bajo la gu\u00eda del padre Serra.<\/p>\n<p>Viaje a la Corte Virreinal<\/p>\n<p>Sin embargo, a pesar de los \u00e9xitos iniciales de estas empresas misioneras, se present\u00f3 en seguida un c\u00famulo de contradicciones y problemas. En 1770, fray Rafael Verger, mallorqu\u00edn, fue elegido guardi\u00e1n del Colegio misionero de San Fernando. El padre Serra, en una carta, se puso inmediatamente a sus \u00f3rdenes: \u00abM\u00e1ndeme lo que fuera de su agrado como a un s\u00fabdito (aunque el m\u00e1s imperfecto) el m\u00e1s deseoso de obedecer puntualmente hasta sus m\u00e1s leves indicaciones\u00bb.<\/p>\n<p>El nuevo Guardi\u00e1n de San Fernando, que ve\u00eda con cierto recelo el desarrollo de las misiones californianas, le comunic\u00f3 a fray Jun\u00edpero que, aun reconociendo la formidable labor que hab\u00eda realizado tanto en Sierra Gorda como ahora en California, \u00abno obstante, es preciso moderar algo su ardiente celo\u00bb. A su juicio, le escribe, \u00abesta empresa va sin fundamento, y sin aquella madurez que siempre se ha observado y debe observarse en negocios de esta calidad&#8230; F\u00fandense muy enhorabuena las Misiones; pero sea como se debe, de modo que se verifique lo que significa el verbo fundar, que no es pintar perspectivas\u00bb.<\/p>\n<p>El palmetazo era evidente. Pero a\u00fan hubo m\u00e1s. A petici\u00f3n del obispo de Sonora y California, fray Antonio de los Reyes -antiguo franciscano del Colegio de Quer\u00e9taro-, los franciscanos hubieron de ceder en 1773 a los dominicos todas las misiones de la baja California, aquellas que el padre Serra hab\u00eda dejado al cuidado del padre Palou. Nueve de ellos, y el padre Palou, pasaron a misionar en la parte alta.<\/p>\n<p>Por estas fechas, el entusiasmo primero por las misiones californianas, y tambi\u00e9n el apoyo de la administraci\u00f3n virreinal, parec\u00edan haberse debilitado considerablemente. El comandante Fag\u00e9s se resist\u00eda a dar los medios para nuevas fundaciones, e incluso recriminaba a los franciscanos -quiz\u00e1 por temor a que exigieran m\u00e1s alimentos- que estaban bautizando demasiados indios. Y en fin, el nuevo Virrey, Antonio Mar\u00eda Bucarelli y Urs\u00faa, hizo llegar a fray Jun\u00edpero y a sus frailes una grave amonestaci\u00f3n, urgi\u00e9ndoles \u00aba que todos cumplan y obedezcan sus \u00f3rdenes\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Con todo esto, Fray Jun\u00edpero se vio obligado a viajar a M\u00e9xico para reafirmar los apoyos de las misiones de California. Extenuado, tras un viaje tan largo, lleg\u00f3 a la capital en febrero de 1773, y se aloj\u00f3 en su convento de San Fernando, sujet\u00e1ndose en seguida a todas las normas de la vida comunitaria. El padre Serra consigui\u00f3 entonces del Virrey, en primer lugar, que no se llevase adelante el plan de despoblar San Blas, cuyo puerto era vital para el sostenimiento de las misiones de California. En seguida, le inform\u00f3 de la situaci\u00f3n real de las misiones ya fundadas: San Carlos de Monterrey, San Antonio, San Luis, San Gabriel de los Temblores, San Diego:<\/p>\n<p>\u00abTodas tienen sus estacadas, sus pobres edificios, sus principios de siembra, todo poco, y este poco hecho con buenos trabajos\u00bb. Y a\u00f1ade en su informe: \u00abLas misiones est\u00e1n tiernas, y poco medradas, ya por nuevas, ya por falta de medios, y ya porque no se ha dado o intentado dar paso adelante, sin muchas contradicciones y estorbos. Pero, sin que me lleve pasi\u00f3n alguna, bien puedo asegurar a Vuestra Excelencia, que por parte de los religiosos, as\u00ed en lo temporal como en lo espiritual, no se ha perdido el tiempo, y que lo poco que hay hecho a cualquiera que supiese o sepa el c\u00f3mo, le parecer\u00e1 con raz\u00f3n, bien mucho. El c\u00f3mo han trabajado y trabajan todos, lo sabe Dios, y esto nos basta\u00bb.<\/p>\n<p>A\u00f1ade tambi\u00e9n el padre Serra algunas quejas contra aquel acompa\u00f1amiento tan necesario como peligroso, la soldadesca, muchas veces \u00abociosa, aburrida, mal avenida, mandada por un cabo in\u00fatil a quien no ten\u00edan respeto ni obediencia, en extremo desvergonzada para los religiosos\u00bb, y en ocasiones m\u00e1s empe\u00f1ada en la caza de indias o en abusar de los indios, que en ayudar de verdad los esfuerzos evangelizadores y pobladores de los misioneros. Fray Jun\u00edpero no quiere que \u00abdijesen que por mi causa quedan las misiones sin defensa\u00bb, pero propone una asistencia militar m\u00ednima: \u00abno apetezco muchos soldados\u00bb, sino solo unos pocos, bien elegidos.<\/p>\n<p>Estos siete meses de fray Jun\u00edpero en la Corte virreinal dieron grandes frutos. Bucarelli qued\u00f3 impresionado por el celo misionero de aquel fraile, que hab\u00eda llegado a visitarle \u00abcasi moribundo\u00bb, y que no pensaba sino en volver a su tarea misionera. Y a la luz de esta informaciones verdaderas, no s\u00f3lo confirm\u00f3 lo ya hecho, sino que autoriz\u00f3 la fundaci\u00f3n de nuevas misiones en San Francisco y en el canal de Santa B\u00e1rbara -que hoy son ciudades enormes-.<\/p>\n<p>Por otra parte, tambi\u00e9n los franciscanos de M\u00e9xico quedaron impresionados por la santidad y el celo misionero de fray Jun\u00edpero, como se refleja en un relato de 1773: \u00abEs el Padre Presidente Jun\u00edpero Serra, religioso observante, hombre de ancianidad muy venerable [ten\u00eda entonces 60 a\u00f1os], ex catedr\u00e1tico de Prima de la Universidad de Palma que, despu\u00e9s de veinticuatro a\u00f1os que es misionero en este Colegio [misionero de San Fernando], nunca ha perdonado ningunos trabajos para la conversi\u00f3n de los fieles e infieles, y que en medio de su larga y trabajada edad tiene las propiedades de un le\u00f3n, que s\u00f3lo a la calentura se rinde, y que ni los achaques habituales que padece, especialmente de pecho, y sufocaci\u00f3n, ni llagas en las piernas, han podido detenerle jam\u00e1s un punto de sus tareas apost\u00f3licas. La temporada que ha estado aqu\u00ed nos ha pasmado, pues habiendo estado muy malo nunca ha dejado de venir al coro de d\u00eda y de noche, menos cuando ha tenido la calentura; y tan breve lo hemos visto muerto como resucitado; y si alg\u00fan tiempo ha atendido a la necesidad de su cuerpo en la enfermer\u00eda ha sido mandado de la obediencia\u00bb.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fundador de misiones, de futuras ciudades El 1 de julio de 1769, fray Jun\u00edpero y los suyos llegaron por fin al puerto de San Diego. All\u00ed encontraron los dos nav\u00edos de la expedici\u00f3n mar\u00edtima. 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