{"id":58337,"date":"2017-11-08T20:12:22","date_gmt":"2017-11-09T01:12:22","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=58337"},"modified":"2017-11-08T20:12:22","modified_gmt":"2017-11-09T01:12:22","slug":"sigue-el-relato-de-la-vida-de-san-junipero-serra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/11\/08\/sigue-el-relato-de-la-vida-de-san-junipero-serra\/","title":{"rendered":"Sigue el relato de la vida de San Jun\u00edpero Serra"},"content":{"rendered":"<p>Hacia M\u00e9xico<\/p>\n<p>A fines de agosto de 1749, a los treinta y cinco a\u00f1os, fray Jun\u00edpero se embarc\u00f3 para las Indias en C\u00e1diz. Iban en la nave veinte franciscanos y siete dominicos. A mediados de octubre llegaron a San Juan de Puerto Rico, donde varios padres predicaron una misi\u00f3n. \u00abCuando predicaba yo -escribe humildemente el padre Serra- no se o\u00eda ni un suspiro, por m\u00e1s que tratase asuntos horrorosos y me desga\u00f1itase gritando. Con lo que se hizo p\u00fablico para todo el pueblo, para confusi\u00f3n de mi soberbia, que yo era el \u00fanico en quien no resid\u00eda aquel fuego interior que inflama las palabras para mover el coraz\u00f3n de los oyentes\u00bb.<\/p>\n<p>Cuando a fin de mes reanudaron la navegaci\u00f3n, les esperaba una terrible tormenta, y el \u00fanico de los religiosos que no se mare\u00f3 fue fray Jun\u00edpero. Sin embargo, no estaba muy contento de s\u00ed mismo: En el viaje, escrib\u00eda, \u00abno hemos tenido m\u00e1s que unos pocos trabajillos, y para m\u00ed el mayor de todos ha sido el no saberlos llevar con paciencia\u00bb.<\/p>\n<p>Llegados a Veracruz, aunque la Corona costeaba los gastos de caballer\u00edas y carros para los misioneros, fray Jun\u00edpero y otro religioso, con el permiso debido, partieron hacia M\u00e9xico a pie y mendigando, seg\u00fan la mejor tradici\u00f3n evang\u00e9lica y franciscana. Cerca ya de la meta, not\u00f3 fray Jun\u00edpero que se le hinchaba un pie, quiz\u00e1 por las picaduras de mosquitos, restregadas por la noche, en sue\u00f1os, e infectadas. El caso es que la herida abierta de su pie acompa\u00f1ar\u00eda ya para siempre los itinerarios apost\u00f3licos del padre Serra, que nunca dio al asunto la menor importancia.<\/p>\n<p>Una vez en la ciudad de M\u00e9xico, el 31 de diciembre, fueron antes de nada a venerar a la dulce Se\u00f1ora de Guadalupe, y de all\u00ed al Colegio misional de San Fernando. Cuando llegaron a \u00e9ste, la comunidad rezaba la Hora lit\u00fargica con toda devoci\u00f3n, y fray Jun\u00edpero le coment\u00f3 a su compa\u00f1ero: \u00abPadre, verdaderamente podemos dar por bien empleado el venir de tan lejos, con los trabajos que se han ofrecido, s\u00f3lo por lograr la dicha de ser miembros de una Comunidad que con tanta pausa y devoci\u00f3n paga la deuda del Oficio Divino\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente de llegar, solicit\u00f3 del superior un director espiritual, y le fue asignado un santo y veterano misionero, fray Bernardo Puneda.<\/p>\n<p>En Sierra Gorda con los pame<\/p>\n<p>Los indios pame, de la familia de los otom\u00edes, viv\u00edan en Sierra Gorda, en el centro de la Sierra Madre Oriental, a m\u00e1s de 150 kil\u00f3metros de Quer\u00e9taro, y el Colegio de San Fernando ten\u00eda a su cargo sostener all\u00ed las cinco misiones fundadas en 1744, Xalp\u00e1n, la Pur\u00edsima Concepci\u00f3n, San Miguel, San Francisco y Nuestra Se\u00f1ora de la Luz.<\/p>\n<p>Estas misiones llegaron a reunir unos 3.500 indios, y estaban protegidas por un capit\u00e1n al frente de una compa\u00f1\u00eda. El padre P\u00e9rez de Mezqu\u00eda, colaborador en Texas del venerable fray Margil, fue quien organiz\u00f3 la estructura catequ\u00e9tica y laboral de aquellas misiones, y lo hizo en forma tan perfecta que el modelo fue copiado en otras misiones.<\/p>\n<p>El clima c\u00e1lido, h\u00famedo, muy insalubre, de Sierra Gorda produc\u00eda frecuentes bajas entre los misioneros, y cuando el Guardi\u00e1n de San Fernando pidi\u00f3 voluntarios para aquellas misiones, se ofrecieron ocho, y los primeros fray Jun\u00edpero y fray Francisco Palou. Algunos padres sugirieron que var\u00f3n tan docto como fray Jun\u00edpero no fuera enviado a un rinc\u00f3n tan b\u00e1rbaro.<\/p>\n<p>Pero en junio de 1750 los dos amigos mallorquines salieron a pie hacia su destino, y un a\u00f1o despu\u00e9s el padre Serra era elegido presidente de aquellas cinco misiones franciscanas. Se empe\u00f1\u00f3 ante todo en aprender la lengua ind\u00edgena, en perfeccionar la catequesis, y en sus nueve a\u00f1os de misi\u00f3n, no qued\u00f3 indio de la zona sin bautizar. Conociendo las disposiciones del indio y los modos peculiares de la religiosidad popular, daba a las festividades religiosas el mayor colorido posible, con representaciones pl\u00e1sticas, procesiones con cruces, di\u00e1logos entre ni\u00f1os indios, echando mano de todos los recursos posibles, capaces de expresar de alguna manera la belleza del mundo de la gracia.<\/p>\n<p>Otra tarea misionera fundamental era despertar en aquellos indios la tendencia natural humana hacia el trabajo, inclinaci\u00f3n que en ellos estaba secularmente dormida por el desorden y la desidia. Los indios pame, en efecto, fueron aprendiendo labores y oficios, nuevos modos de criar ganados y cultivar los campos, y crec\u00edan as\u00ed de d\u00eda en d\u00eda en humanidad y cristianismo. Pasado un trienio, en 1754, qued\u00f3 fray Jun\u00edpero libre de su cargo, y como simple misionero, en Xalp\u00e1n, pudo dedicarse todo y solo a sus indios. En 1759, los padres Serra y Palou fueron llamados a San Fernando para ser enviados a los indios apaches.<\/p>\n<p>Predicador desde San Fernando de M\u00e9xico<\/p>\n<p>Junto al r\u00edo San Sab\u00e1, afluente del Colorado, los franciscanos hab\u00edan establecido en 1757 una misi\u00f3n muy peligrosa entre los apaches. Un a\u00f1o despu\u00e9s, los padres Alonso Giraldo de Terreros, Jos\u00e9 Santisteban y Miguel de Molina se vieron un d\u00eda rodeados de unos dos mil indios, que esgrim\u00edan arcos y armas de fuego. Terraldo fue abatido de un disparo, Santisteban fue decapitado, y Molina logr\u00f3 escapar de noche con la mujer de un soldado -que tambi\u00e9n fue muerto- y con su ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Al conocerse la noticia en San Fernando, el guardi\u00e1n estim\u00f3 que los dos mallorquines amigos eran los m\u00e1s indicados para ir a aquella misi\u00f3n tan peligrosa. En una carta del padre P\u00e9rez de Mezqu\u00eda, de marzo de 1759, se dice que para aquella misi\u00f3n eran ambos muy dispuestos e id\u00f3neos: \u00abLo primero son doctos, de manera que el principal, que se llama fray Jun\u00edpero, era Catedr\u00e1tico de Prima de la Universidad de Mallorca; el otro, que se llama fray Francisco Palou, disc\u00edpulo del primero, era en su Provincia Lector de Filosof\u00eda\u00bb. Ya se ve, pues, que tan doctos frailes eran los m\u00e1s indicados para tratar de evangelizar a los apaches.<\/p>\n<p>Pero a \u00faltima hora, el Virrey de Nueva Espa\u00f1a prohibi\u00f3 el env\u00edo de estos misioneros, en tanto no estuviera pacificada la regi\u00f3n. Fray Jun\u00edpero entonces, desde 1759 hasta 1768, vivi\u00f3 como conventual en San Fernando, en M\u00e9xico, desempe\u00f1ando diversas funciones, como la de maestro de novicios, Comisario de la Inquisici\u00f3n, o consejero del superior. Pero se dedic\u00f3 sobre todo a las misiones populares, que estaban orientadas a la reanimaci\u00f3n espiritual de los ya cristianos.<\/p>\n<p>Tanto el Colegio de Misiones de San Fernando como el de Zacatecas ten\u00edan su propio \u00abm\u00e9todo de misionar\u00bb, en el que horarios y temas ven\u00edan cuidadosamente distribu\u00eddos, y que inclu\u00eda cantos y diversos actos de la religiosidad popular. La muchedumbre de fieles era congregada con cantos religiosos como \u00e9ste: \u00abDios toca en esta Misi\u00f3n \/ las puertas de tu conciencia: \/ penitencia, penitencia \/ si quieres tu salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El padre Serra llev\u00f3 el testimonio de su presencia asc\u00e9tica y de su encendida palabra a Mezquital, Guadalajara, Puebla, Tuxpam, Oaxaca, Huateca, y a tantos lugares m\u00e1s. En Zimap\u00e1n alg\u00fan enemigo de Cristo envenen\u00f3 su vino de misa, y celebrando la eucarist\u00eda, cay\u00f3 desmayado. Quiso un amigo darle a beber una triaca como remedio, pero \u00e9l la rechaz\u00f3, y s\u00f3lo bebi\u00f3 un poco de aceite, con lo que se recuper\u00f3 en seguida. Y al amigo, que estaba medio ofendido, al ver que hab\u00eda rechazado su brebaje, fray Jun\u00edpero le dijo: \u00abA la verdad, se\u00f1or hermano, que no fue por hacerle el desaire&#8230;; pero yo acababa de tomar el Pan de los Angeles, que por la consagraci\u00f3n dej\u00f3 de ser pan y se convirti\u00f3 en el Cuerpo de mi Se\u00f1or Jesucristo; \u00bfc\u00f3mo quer\u00eda vuestra merced que yo, tras un bocado tan divino, tomase una bebida tan asquerosa?\u00bb.<\/p>\n<p>Aquel peque\u00f1o franciscano mallorqu\u00edn, en estos nueve a\u00f1os, recorri\u00f3 predicando buena parte de M\u00e9xico, anduvo unos 4.500 kil\u00f3metros, casi siempre a pie, y siempre cojo.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hacia M\u00e9xico A fines de agosto de 1749, a los treinta y cinco a\u00f1os, fray Jun\u00edpero se embarc\u00f3 para las Indias en C\u00e1diz. Iban en la nave veinte franciscanos y siete dominicos. 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