{"id":57459,"date":"2017-10-04T01:18:10","date_gmt":"2017-10-04T06:18:10","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=57459"},"modified":"2017-10-03T20:23:33","modified_gmt":"2017-10-04T01:23:33","slug":"el-misionero-de-los-pies-alados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/10\/04\/el-misionero-de-los-pies-alados\/","title":{"rendered":"El misionero de los pies alados"},"content":{"rendered":"<p>El misionero de los pies alados<\/p>\n<p>Por esas fechas le lleg\u00f3 [al franciscano fray Margil] nombramiento de rector del Colegio de la Santa Cruz de Quer\u00e9taro. La Orden franciscana no hab\u00eda elegido para ese importante cargo a un fraile lleno de diplomas y erudiciones, sino a un misionero que llevaba trece a\u00f1os \u00abgast\u00e1ndose y desgast\u00e1ndose\u00bb por los indios (+2Cor 12,15). Todos lloraron en la despedida, fray Margil, fray Blas y los indios. En dos semanas, no se sabe c\u00f3mo, con su paso acelerado, se lleg\u00f3 fray Margil a Santo Domingo de Chiapas, a unos 600 kil\u00f3metros. Y en diez d\u00edas hizo a pie el camino de Oaxaca a Quer\u00e9taro, que son unos 950 kil\u00f3metros&#8230;.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Este fraile iba tan r\u00e1pidamente por los caminos del Evangelio -\u00abla caridad de Cristo nos urge\u00bb (2Cor 5,14)-, que con frecuencia llegaba a los lugares antes que sus compa\u00f1eros de a caballo. Se cuenta que, en una ocasi\u00f3n, estando en Zacatecas, para llegar al canto de la Salve, un d\u00eda corri\u00f3 en unos pocos minutos una legua, algo menos de 6 kil\u00f3metros. Esa vez llevaba agarrado a su h\u00e1bito a un compa\u00f1ero fraile, que al llegar estaba tan mareado, que tuvo que ser atendido en la enfermer\u00eda. Cuando le preguntaban c\u00f3mo pod\u00eda volar as\u00ed por los caminos, \u00e9l respond\u00eda: \u00abTengo mis atajos y Dios tambi\u00e9n me ayuda\u00bb.<\/p>\n<p>Guardi\u00e1n de la Santa Cruz de Quer\u00e9taro<\/p>\n<p>A este paso suyo, el 22 de abril de 1697 lleg\u00f3 a Quer\u00e9taro. En el camino real le esperaba su comunidad, que hab\u00eda salido a recibir al famoso padre, que hab\u00eda partido a misionar hac\u00eda trece a\u00f1os. Los frailes le vieron llegar \u00abtostado de soles, con un h\u00e1bito muy remendado, el sombrero colgado a la espalda, y en la cuerda, pendiente, una calavera\u00bb.<\/p>\n<p>El Colegio de la Santa Cruz, durante esos trece a\u00f1os, hab\u00eda crecido mucho, relanzando con fuerza las acciones misioneras. Fray Margil, como guardi\u00e1n, reinici\u00f3 su vida comunitaria claustral, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de vida n\u00f3mada y azarosa. Con los religiosos era tan sol\u00edcito como exigente. A un novicio que andaba pensando en dejar los h\u00e1bitos le dijo: \u00abAl cielo no se va comiendo bu\u00f1uelos\u00bb. No gustaba de honores externos, y cuando en un viacrucis un religioso, en las vueltas, se obstinaba en darle siempre el lado derecho, \u00e9l le dijo: \u00abD\u00e9jese de eso y vaya por donde le tocare, que en la calle de la Amargura no anduvieron en esas cortes\u00edas con Jesucristo\u00bb.<\/p>\n<p>Estando al frente de la comunidad, \u00e9l daba ejemplo en todo, yendo siempre el primero en la vida santa, orante y penitente. Su celda era muy pobre, y en ella ten\u00eda dos argollas en donde, cuando no le ve\u00edan, se pon\u00eda a orar en cruz. Dorm\u00eda de ocho a once, se levantaba entonces, y con el portero fray Antonio de los Angeles le\u00eda un cap\u00edtulo de la M\u00edstica Ciudad de Dios, de sor Mar\u00eda de Agreda. Despu\u00e9s, escribe fray Margil, \u00abse sentaba \u00e9l como mi maestro y yo dec\u00eda mis culpas postrado a sus pies, y en penitencia me tend\u00eda yo en el suelo, boca arriba, y me pisaba la boca diciendo tres credos&#8230; luego me asentaba yo y \u00e9l hac\u00eda lo mismo\u00bb. Segu\u00eda en oraci\u00f3n toda la noche, y por la ma\u00f1ana, sin desayunar, dec\u00eda misa y confesaba hasta la hora de comer, en que s\u00f3lamente tomaba un caldo y verduras. Por la tarde asist\u00eda a la conferencia moral y visitaba a los enfermos.<\/p>\n<p>Fray Margil uni\u00f3 siempre a la vida conventual otros ministerios externos. Hizo diversas predicaciones en Valladolid, Michoac\u00e1n y M\u00e9xico. Y en el mismo Quer\u00e9taro predicaba los domingos en el mercado. Su encendida palabra -a veces tan dura que fue denunciado al Santo Oficio- logr\u00f3 terminar con las casas de juego y las comedias inmorales. Un d\u00eda le lleg\u00f3 noticia de que en octubre de 1698 fray Melchor hab\u00eda fallecido misionando en Honduras. Las campanas del convento elevaron su voz al cielo, y fray Margil coment\u00f3: \u00abSi estuviera en mi mano, no mandara doblar [a difuntos], sino soltar un repique muy alegre, porque ya ese \u00e1ngel est\u00e1 con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Terminado su trienio de guardi\u00e1n, fray Margil fue enviado por el Comisario General de nuevo a Guatemala. Llevaba consigo una c\u00e9dula que le hac\u00eda muy feliz, pues en ella la Propaganda Fide autorizaba a abrir un Colegio de Misiones en Guatemala, el segundo de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Desde el Colegio de Cristo, en Guatemala<\/p>\n<p>El 8 de mayo de 1701 se echaron los cordeles para iniciar el templo y el convento del Colegio de Cristo, en Guatemala. Fue elegido fray Margil como su primer guardi\u00e1n, pero una vez ordenadas all\u00ed las cosas espirituales y materiales, no tard\u00f3 mucho en irse a misionar a los indios. Parti\u00f3 con fray Rodrigo de Betancourt hacia Nicaragua, predicando y misionando en Le\u00f3n, Granada, S\u00e9baco, y en la Tologalpa nicarag\u00fcense, en el pa\u00eds de los brujos.<\/p>\n<p>En aquella zona los indios, ajenos a la autoridad hispana, segu\u00edan haciendo sacrificios humanos, realizaban toda clase de brujer\u00edas, y seg\u00fan una Relaci\u00f3n de religiosos, se com\u00edan a los prisioneros de guerra, bien sazonados \u00aben chile o pimiento\u00bb. El primer bi\u00f3grafo de fray Margil, el padre Isidro F\u00e9lix de Espinoza, basado en informes realizados por aqu\u00e9l, dice que los indios de la regi\u00f3n de S\u00e9baco sacrificaban en una cueva cada semana \u00abocho personas grandes y peque\u00f1as, degoll\u00e1ndolas y ofreciendo la sangre a sus infames \u00eddolos\u00bb, y que la carne de las v\u00edctimas sacrificadas \u00abera horroroso pasto de su brutalidad\u00bb.<\/p>\n<p>A mediados de 1703, volvi\u00f3 fray Margil al Colegio de Cristo una temporada, a consolidar la construcci\u00f3n material y espiritual de aquel nuevo Colegio de Misiones, y a vivir en la comunidad el r\u00e9gimen claustral, seg\u00fan la norma que \u00e9l mismo se hab\u00eda dado: \u00abSue\u00f1o, tres horas de noche y una de siesta; alimentos, nada por la ma\u00f1ana; al mediod\u00eda el caldo y las yerbas&#8230;\u00bb De nuevo parti\u00f3 a misionar, esta vez a la vecina provincia de Suchiltepequez, donde todav\u00eda exist\u00eda un numero muy grande de papas, brujos y sacerdotes de los antiguos cultos.<\/p>\n<p>Ayudado por fray Tom\u00e1s Delgado, consigui\u00f3 fray Margil entre aquellos pobres indios, oprimidos por maleficios, temores y supersticiones, grandes victorias para Cristo. Cuatro papas, voluntariamente, se fueron al Colegio de Cristo, donde fueron catequizados y permanecieron hasta su muerte.<\/p>\n<p>Mucha cruz y poca espada<\/p>\n<p>Las cartas-informes escritas por fray Margil en esos a\u00f1os sol\u00edan ser firmadas humildemente: \u00abLa misma nada, Fr. Antonio Margil de Jes\u00fas\u00bb. En ellas se dan noticias y opiniones de sumo inter\u00e9s. En una de ellas, del 2 de marzo de 1705, se toca el tema de la conquista espiritual hecha con la cruz y la espada. Dice as\u00ed: \u00abComo es notorio y consta de tradici\u00f3n y de varios libros historiales, en ning\u00fan reino, provincia ni distrito de esta dilatada Am\u00e9rica se ha logrado reducci\u00f3n de indios sin que a la predicaci\u00f3n evang\u00e9lica y trato suave de los ministros, acompa\u00f1e el miedo y respeto que ellos tienen a los espa\u00f1oles\u00bb.<\/p>\n<p>Guiado por esta convicci\u00f3n, a lo largo de su vida misionera, en muchas ocasiones vemos c\u00f3mo fray Margil, lo mismo que otros misioneros anteriores y posteriores de Am\u00e9rica, propuso y asesor\u00f3 a los gobernadores las entradas de soldados entre los indios. En realidad, en la inmensa mayor\u00eda de las entradas pacificadoras y evangelizadoras realizadas en Am\u00e9rica, sol\u00eda haber muy poca espada, y mucha cruz.<\/p>\n<p>Concretamente, fray Margil, que ya hab\u00eda conclu\u00eddo su guardian\u00eda y que era entonces vicecomisario de misiones, propuso que una expedici\u00f3n de cincuenta hombres entrara a los indios de Talamanca, donde el bendito fray Pablo de Rebullida, que ya hablaba siete lenguas ind\u00edgenas, ven\u00eda trabajando con grandes dificultades hac\u00eda a\u00f1os. El mismo fray Margil se integr\u00f3 en la expedici\u00f3n, y as\u00ed lleg\u00f3 de nuevo entre los indios de Talamanca.<\/p>\n<p>Pero estaba de Dios que terminara ya su acci\u00f3n misionera en el sur. En efecto, por esas fechas fue llamado para fundar en Zacatecas otro Colegio de Misiones. Para entonces, muchos lugares, entre Chiapas y Panam\u00e1, hab\u00edan recibido para siempre el sello de Cristo que en ellos hab\u00eda marcado fray Margil con otros misioneros. Muchos pueblos hab\u00edan sido testigos de su caminar alado, de sus oraciones y penitencias, de sus predicaciones y milagros. En cien lugares diversos se guardar\u00eda memoria de \u00e9l durante siglos: \u00abAqu\u00ed estuvo fray Margil de Jes\u00fas\u00bb.<\/p>\n<p>Milagros, en efecto, hizo muchos fray Margil. En un cierto lugar, se acerc\u00f3 a una ni\u00f1a muerta, y con decirle \u00abYa Mar\u00eda, ya basta, ven de donde est\u00e1s\u00bb, la hab\u00eda devuelto a la vida. En otra ocasi\u00f3n, un ladr\u00f3n le detuvo en la mitad de un bosque, pero termin\u00f3 de rodillas, confes\u00e1ndole sus pecados. Y fray Margil, despu\u00e9s de haberle reconciliado con Dios, lo remiti\u00f3 al guardi\u00e1n de un convento pr\u00f3ximo, seguro de que iba a morir: en una carta suya que llevaba el ladr\u00f3n arrepentido dec\u00eda: \u00abDar\u00e1 V. P. sepultura al portador\u00bb.<\/p>\n<p>Desde el Colegio de Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe, en Zacatecas<\/p>\n<p>De nuevo en 1706 el paso r\u00e1pido de fray Margil recorre los senderos de la Nueva Espa\u00f1a: M\u00e9xico, Quer\u00e9taro, y finalmente -por el camino que, seg\u00fan se dice, abri\u00f3 aquel antiguo carretero, el franciscano beato Sebasti\u00e1n de Aparicio-, Zacatecas, donde hab\u00eda de fundar el tercer Colegio de Misiones de Propaganda Fide. Fray Margil, que tuvo siempre una profunda devoci\u00f3n a Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe, y que extendi\u00f3 su culto por toda la Am\u00e9rica Central, tuvo ahora la alegr\u00eda de poner el Colegio misionero de Zacatecas bajo el dulce nombre de la Virgen Guadalupana.<\/p>\n<p>Desde all\u00ed sali\u00f3 a predicar a muchas ciudades y pueblos de la regi\u00f3n: Guadalajara, zona de Jalisco, Durango, Quer\u00e9taro, San Juan del R\u00edo, Santa Mar\u00eda de los Lagos -que se qued\u00f3 luego en Lagos de Moreno-, siempre llevado por sus r\u00e1pidos pies descalzos, sin conocer nunca vacaciones ni m\u00e1s descansos que los indispensables. Sol\u00eda decir: \u00abPara gozar de Dios nos queda una eternidad; pero para hacer algo en servicio de Dios y bien de nuestros hermanos, es muy corto [el tiempo] hasta el fin del mundo\u00bb. En Guadalajara conoci\u00f3 a las carmelitas de Santa Teresa de Jes\u00fas, especialmente a Sor Leonor de San Jos\u00e9, con quien tuvo una preciosa relaci\u00f3n epistolar durante a\u00f1os.<\/p>\n<hr \/>\n<\/p>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El misionero de los pies alados Por esas fechas le lleg\u00f3 [al franciscano fray Margil] nombramiento de rector del Colegio de la Santa Cruz de Quer\u00e9taro. 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