{"id":5739,"date":"2010-04-30T02:13:19","date_gmt":"2010-04-30T07:13:19","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=5739"},"modified":"2010-04-28T14:25:48","modified_gmt":"2010-04-28T19:25:48","slug":"si-quieres-la-paz-defiende-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2010\/04\/30\/si-quieres-la-paz-defiende-la-vida\/","title":{"rendered":"Si quieres la paz defiende la vida"},"content":{"rendered":"<p>No es s\u00f3lo la guerra la que mata la paz. Todo delito contra la vida es un atentado contra la paz, especialmente si hace mella en la conducta del pueblo, tal como est\u00e1 ocurriendo frecuentemente hoy, con horrible y a veces legal facilidad, con la supresi\u00f3n de la vida naciente, con el aborto. Se suelen invocar en favor del aborto las razones siguientes: el aborto mira a frenar el aumento molesto de la poblaci\u00f3n, a eliminar seres condenados a la malformaci\u00f3n, al deshonor social, a la miseria proletaria, etc.; da la impresi\u00f3n de beneficiar m\u00e1s bien que perjudicar a la paz. Pero no es as\u00ed.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>La supresi\u00f3n de una vida naciente, o ya dada a luz, viola ante todo el principio moral sacrosanto, al que debe hacer siempre referencia la concepci\u00f3n de la existencia humana: la vida humana es sagrada desde el primer momento de su concepci\u00f3n y hasta el \u00faltimo instante de su supervivencia natural en el tiempo. Es sagrada: \u00bfqu\u00e9 quiere decir esto? Quiere decir que queda excluida de cualquier arbitrario poder supresivo, que es intocable, digna de todo respeto, de todo cuidado, de cualquier debido sacrificio. Para quien cree en Dios es espont\u00e1neo e instintivo, es debido por ley religiosa trascendente, e incluso para quien no tiene esta suerte de admitir la mano de Dios protectora y vengadora de todo ser humano, es y debe ser intuitivo en virtud de la dignidad humana este sentido de lo sacro, es decir, de lo intocable, de lo inviolable, propio de una existencia humana viva. Lo saben, lo sienten aquellos que han tenido la desventura, la culpa implacable, el remordimiento siempre renaciente de haber suprimido voluntariamente una vida; la voz de la sangre inocente grita en el coraz\u00f3n de la persona homicida con desgarradora insistencia: la paz interior no es posible por v\u00eda de sofismas ego\u00edstas. Y si lo es, un atentado contra la paz, es decir, contra el sistema protector general del orden, de la humana y segura convivencia, en una palabra contra la paz, ha sido perpetrado: vida individual y paz general est\u00e1n siempre unidas por un inquebrantable parentesco. Si queremos que el orden social creciente se asiente sobre principios intocables, no lo ofendamos en el coraz\u00f3n de su esencial sistema: el respeto a la vida humana. Tambi\u00e9n en este sentido paz y vida son solidarias en la base del orden y de la civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El discurso puede prolongarse sometiendo a examen las numerosas formas en que la ofensa a la vida parece convertirse en costumbre, las maneras de delincuencia colectiva, para asegurarse la complicidad del silencio o la de enteros sectores de ciudadanos, para hacer de la venganza privada un vil deber colectivo, del terrorismo un fen\u00f3meno de leg\u00edtima afirmaci\u00f3n pol\u00edtica o social, de la tortura policial un m\u00e9todo eficaz de la fuerza p\u00fablica que no mira ya a restablecer el orden, sino a imponer una innoble represi\u00f3n. Es imposible que la paz florezca donde la incolumidad de la vida se halla comprometida hasta este extremo. Donde reina la violencia, desaparece la verdadera paz. Por el contrario, donde los derechos del hombre son profesados realmente y reconocidos y defendidos p\u00fablicamente, la paz se convierte en la atm\u00f3sfera alegre y operante de la convivencia social.<\/p>\n<p>Documentos de nuestro progreso civil son los textos de los compromisos internacionales en favor de la tutela de los Derechos Humanos, de la defensa del ni\u00f1o, de la salvaguardia de las libertades fundamentales del hombre. Son la epopeya de la paz, en cuanto son un escudo que defiende la vida. \u00bfSon completos? \u00bfSon observados? Todos nosotros nos damos cuenta de que la civilizaci\u00f3n se manifiesta en tales declaraciones y que encuentra en ellas el aval de la propia realidad, plena y gloriosa, si esas declaraciones pasan a las conciencias y a las costumbres; realidad escarnecida y violada, si quedan en letra muerta.<\/p>\n<p>\u00a1Hombre, hombres de la madurez del siglo XX! Vosotros hab\u00e9is firmado las Cartas gloriosas de vuestra plenitud humana ya conseguida, si tales Cartas son verdaderas; hab\u00e9is sellado vuestra condena moral ante la historia, si ellas son documentos de veleidades ret\u00f3ricas o de hipocres\u00eda jur\u00eddica. El metro est\u00e1 ah\u00ed: en la ecuaci\u00f3n entre paz verdadera y dignidad de la vida.<\/p>\n<p>Acoged nuestra imploraci\u00f3n suplicante: que tal ecuaci\u00f3n se lleve a efecto y que sobre ella se eleve una nueva c\u00faspide en el horizonte de nuestra civilizaci\u00f3n de la vida y de la paz: la civilizaci\u00f3n, decimos una vez m\u00e1s, del amor.<\/p>\n<p>\u00bfQueda dicho todo?<\/p>\n<p>No, falta por resolver una cuesti\u00f3n: \u00bfc\u00f3mo realizar este programa de civilizaci\u00f3n? \u00bfC\u00f3mo hermanar de veras la vida y la paz?<\/p>\n<p>Respondemos en t\u00e9rminos que pueden parecer inaccesibles a cuantos encierran el horizonte de la realidad en la sola visi\u00f3n natural. Hay que recurrir a ese mundo religioso, que Nos llamamos &#8220;sobrenatural&#8221;. Es necesaria la fe para descubrir ese sistema de eficiencias que intervienen en el conjunto de las vicisitudes humanas, en las que se injerta la obra trascendente de Dios y que las habilita para efectos superiores, imposibles humanamente hablando. Hace falta la religi\u00f3n viva y verdadera, para hacerlos posibles. Hace falta la ayuda del &#8220;Dios de la paz&#8221; (<i>Flp<\/i> 4, 9).<\/p>\n<p>Dichosos nosotros si conocemos esto y lo creemos; y dichosos si, de acuerdo con esta fe, sabemos descubrir y poner en pr\u00e1ctica la relaci\u00f3n existente entre la vida y la paz. <\/p>\n<p>Porque existe una excepci\u00f3n capital al razonamiento expuesto m\u00e1s arriba, el cual antepone la vida a la paz y hace depender la paz de la inviolabilidad de la vida: es la excepci\u00f3n que se verifica en aquellos casos en que entra en juego un bien superior a la misma vida. Se trata de un Bien cuyo valor desborda el valor de la vida misma, como la verdad, la justicia, la libertad civil, el amor al pr\u00f3jimo, la fe&#8230; Entonces interviene la palabra de Cristo: &#8220;Quien ama la propia vida (m\u00e1s que estos bienes superiores), la perder\u00e1&#8221; (cf. <i>Jn<\/i> 12, 25). Esto demuestra que as\u00ed como la paz debe ser considerada en orden a la vida y que as\u00ed como el ordenado bienestar asegurado a la vida debe desembocar en la paz misma cual armon\u00eda que hace ordenada y feliz, interior y socialmente, a la existencia humana, as\u00ed tambi\u00e9n esta existencia humana, esto es, la vida, no puede ni debe sustraerse a las finalidades superiores que le confieren su primordial raz\u00f3n de ser: \u00bfpara qu\u00e9 se vive? \u00bfQu\u00e9 es lo que da a la vida, adem\u00e1s de la ordenada tranquilidad de la paz, su propia dignidad, su plenitud espiritual, su grandeza moral y, tambi\u00e9n su finalidad religiosa? \u00bfSe habr\u00e1 perdido quiz\u00e1 la paz, la verdadera paz, cuando en el \u00e1rea de la vida se haya dado carta de ciudadan\u00eda al Amor, en su m\u00e1s alta expresi\u00f3n que es el sacrificio? Y si el sacrificio entra verdaderamente en un designio de redenci\u00f3n y de t\u00edtulo meritorio para una existencia que trasciende las formas y las medidas temporales, \u00bfno recuperar\u00e1 su verdadera y centuplicada paz de la vida eterna? (cf. <i>Mt<\/i> 19, 29) El que es disc\u00edpulo de la escuela de Cristo puede comprender este lenguaje trascendente (cf. <i>Mt<\/i> 19, 11) \u00bfY por qu\u00e9 no podr\u00edamos ser nosotros esos alumnos? Cristo &#8220;es nuestra paz&#8221; (cf. <i>Ef<\/i> 2, 11).<\/p>\n<p>[<em>Mensaje de Pablo VI el 1 de Enero de 1977, pen\u00faltimo de su pontificado.&#8221;<\/em>]<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No es s\u00f3lo la guerra la que mata la paz. Todo delito contra la vida es un atentado contra la paz, especialmente si hace mella en la conducta del pueblo, tal como est\u00e1 ocurriendo frecuentemente hoy, con horrible y a veces legal facilidad, con la supresi\u00f3n de la vida naciente, con el aborto. 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