{"id":57153,"date":"2017-09-20T01:51:28","date_gmt":"2017-09-20T06:51:28","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=57153"},"modified":"2017-09-18T12:56:52","modified_gmt":"2017-09-18T17:56:52","slug":"nunca-fue-facil-sembrar-el-evangelio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/09\/20\/nunca-fue-facil-sembrar-el-evangelio\/","title":{"rendered":"Nunca fue f\u00e1cil sembrar el Evangelio"},"content":{"rendered":"<p>M\u00e1s al sur, en Talamanca, con m\u00e1s peligro<\/p>\n<p>En 1688 llegaron los padres Margil y Melchor a la extremidad sureste de Costa Rica, a la Sierra de Talamanca, donde viv\u00edan los indios talamancas, distribuidos en tribus varias de t\u00e9rrebas o terbis, cab\u00e9caras, urinamas y otras. Hab\u00edan sido misionados hac\u00eda mucho tiempo por fray Pedro Alonso de Betanzos y fray Jacobo de Testera -aqu\u00e9l que fue a Nueva Espa\u00f1a en 1542 y lleg\u00f3 a conocer doce lenguas-, pero apenas quedaba en ellos huella alguna de cristianismo.<\/p>\n<p>Eran indios b\u00e1rbaros, cerriles, antrop\u00f3fagos, que ofrec\u00edan sacrificios humanos en cada luna, y que conceb\u00edan la vida como un bandidaje permanente. Tratados por los espa\u00f1oles con dureza, se hab\u00edan cerrado en s\u00ed mismos, con una hostilidad total hacia cuanto les fuera extra\u00f1o. Entrar a ellos significaba jugarse la vida con grandes probabilidades de perderla.<\/p>\n<p>En efecto, cuando entraron los dos frailes entre los talamancas, hubieron de pasar por peligros y sufrimientos muy grandes. Pero no se arredraron, y consiguieron, en primer lugar, que don Jacinto de Barrios Leal, presidente de Guatemala, no permitiese que se sacasen m\u00e1s indios del lugar para el trabajo en las haciendas.<\/p>\n<p>En seguida ellos, con el esfuerzo de los indios, comenzaron a abrir caminos o a rehacer los que se hab\u00edan cerrado. Levantaron iglesias con jarales y troncos, y fundaron las misiones de Santo Domingo, San Antonio, El Nombre de Jes\u00fas, La Santa Cruz, San Pedro y San Pablo, San Jos\u00e9 de los Cab\u00e9caras, La Sant\u00edsima Trinidad de los Talamancas, La Concepci\u00f3n de Nuestra Se\u00f1ora, San Andr\u00e9s, San Buenaventura de los Uracales y Nuestro Padre San Francisco de los T\u00e9rrebas. Y a\u00fan hubo m\u00e1s fundaciones, San Agust\u00edn, San Juan Bautista y San Miguel Cab\u00e9car, que fray Margil menciona en cartas.<\/p>\n<p>As\u00ed, con estas penetraciones misioneras de vanguardia, Fray Margil y fray Melchor abr\u00edan caminos al Evangelio, iniciando entre los indios la vida en Cristo. Luego otros franciscanos ven\u00edan a cultivar lo que ellos hab\u00edan plantado. Al comienzo, concretamente en Talamanca, las dificultades fueron tan grandes, que los dos franciscanos que en 1692 entraron a sustituirles, enfermaron de tal modo por la miseria de los alimentos, que \u00absi no salieran con brevedad, hubieran muerto\u00bb.<\/p>\n<p>Los padres Margil y Melchor ten\u00edan un aguante incre\u00edble para vivir en condiciones dur\u00edsimas, y as\u00ed, por ejemplo, en una carta que escribieron en 1690 al presidente de Guatemala, se les ve contentos y felices en una situaci\u00f3n que, como vemos, fue insoportable para otros misioneros:<\/p>\n<p>\u00abSiendo Dios nuestro Se\u00f1or servido, con estos h\u00e1bitos que sacamos del Colegio hemos de volver a \u00e9l; y en cuanto a la comida, as\u00ed entre cristianos como gentiles no nos ha faltado lo necesario y tenemos esa fe en el Se\u00f1or que jam\u00e1s nos ha de faltar; aunque es verdad que en todas estas naciones no hay m\u00e1s comidas que pl\u00e1tanos, yucas y otras frutas cortas, alg\u00fan poco de ma\u00edz y en la Talamanca un poco de cacao&#8230; el afecto con que nos asisten con estas cosas, hartas veces nos ha enternecido el coraz\u00f3n\u00bb. Fray Margil escrib\u00eda tambi\u00e9n de estos indios al presidente: \u00abSon docil\u00edsimos y muy cari\u00f1osos: su modo de vivir entre s\u00ed, los que est\u00e1n de paz, muy pac\u00edfico y caritativo, pues lo poco que tienen, todo es de todos\u00bb. Y despu\u00e9s de interceder por ellos, para que recibieran buen trato, a\u00f1ade: Estos indios \u00absi sienten espa\u00f1oles, o se defender\u00e1n o se tirar\u00e1n al monte\u00bb, movidos del miedo. En cuanto a ellos, los frailes, sigue diciendo, \u00abdespu\u00e9s que nos vieron solos y la verdad con que procuramos el bien de sus almas, se vencieron y&#8230; nos quisieron poner en su coraz\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Buscando el martirio en la monta\u00f1a<\/p>\n<p>En febrero de 1691 la iglesita de San Jos\u00e9, cerca de Cabec, por ellos levantada, fue quemada por unos indios que viv\u00edan en unos palenques en las altas monta\u00f1as. Los frailes Margil y Melchor, frente a la iglesia derruida y quemada, y ante los indios apenados, se quitaron el h\u00e1bito, se cubrieron las cabezas con la ceniza, se ataron al cuello el cord\u00f3n franciscano, y se disciplinaron largamente, mientras rezaban un viacrucis. Hecho lo cual, anunciaron que se iban a la monta\u00f1a, a evangelizar a los indios rebeldes de los palenques. El int\u00e9rprete que iba con ellos, Juan Antonio, no quiso seguirles, pero tuvo la delicadeza de preguntarles en d\u00f3nde quer\u00edan que enterrasen sus cuerpos, pues los daba ya por muertos. Ellos respondieron que en San Miguel.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde, los mismos protagonistas de esta aventura apost\u00f3lica escrib\u00edan: \u00abNos tiramos al monte&#8230; y llegando al primer palenque hallamos sus puertas y no hallamos nadie dentro&#8230; Estuvimos todo aquel d\u00eda y noche en dicha casa\u00bb. Como en ella encontraron un tambor, en el silencio de la monta\u00f1a y del miedo se pusieron con \u00e9l a cantar alabanzas al Se\u00f1or. A la ma\u00f1ana siguiente, entraron en el poblado y no vieron sino mujeres, casi ocultas, que les hac\u00edan se\u00f1ales para que huyeran. Fray Margil y fray Melchor siguieron adelante, hasta dar con la casa del cacique, donde desamarraron la puerta para entrar.<\/p>\n<p>Entonces los indios, hombres y mujeres, les rodearon con palos y lanzas. Ellos, amenazados y zarandeados, resist\u00edan firmes y obstinados. Pero los indios, \u00abmostr\u00e1ndoles el Santo Cristo, lo escupieron y volv\u00edan los rostros para no verle, tirando muchas veces a hacerle pedazos\u00bb, y uno de ellos dio un macanazo en la cara del crucifijo. As\u00ed, apaleados, empujados y molidos, los echaron fuera del pueblo, y ellos, con mucha pena, se volvieron a Cabec.<\/p>\n<p>Nada de esto desanimaba o atemorizaba a Margil y Melchor, pues consideraban como algo normal que la evangelizaci\u00f3n fuera aparejada con el martirio. De all\u00ed se fueron a los indios borucas, lograron cristianizar a una tercera parte de ellos, y levantaron en Boruca una iglesia y un viacrucis.<\/p>\n<p>Pasaron luego a los t\u00e9rrabas, los m\u00e1s peligrosos de la Talamanca, y con ellos alzaron una iglesia a San Francisco de As\u00eds. Estando all\u00ed, enviaron un mensaje a los indios monta\u00f1eses de los palenques, en el que les dec\u00edan: \u00abPara que sep\u00e1is que no estamos enojados con vosotros y que s\u00f3lo buscamos vuestras almas&#8230; despu\u00e9s que hayamos convertido a los t\u00e9rrabas&#8230; volveremos a besaros los pies\u00bb.<\/p>\n<p>Y as\u00ed lo hicieron. Se fueron a los palenques de la monta\u00f1a, e hicieron intenci\u00f3n de abrazar y besar los pies a los ocho caciques que les salieron al encuentro. Uno de ellos estaba lleno de \u00abfuror diab\u00f3lico\u00bb, jurando matarles, y los otros siete, que iban en paz, avisaron a los frailes que otros muchos indios estaban con \u00e1nimo hostil. Fray Margil les dijo: \u00abA \u00e9sos buscamos, a \u00e9sos nos hab\u00e9is de llevar primero\u00bb. Y siguieron adelante con la cruz en alto. Poco despu\u00e9s aquellos indios, desconcertados por la bondad y el valor temerario de aquellos frailes, arrojaban a sus pies sus armas, les ofrec\u00edan frutas, y les tra\u00edan enfermos para que los curaran.<\/p>\n<p>En seguida, todos sentados en c\u00edrculo, hicieron los frailes solemnemente el anuncio del Evangelio. Una sacerdotisa \u00abgruesa y corpulenta\u00bb parec\u00eda ostentar la primac\u00eda religiosa. Y fray Melchor, por el int\u00e9rprete, le dijo: \u00abEntiende, hija, que vuestra total ruina consiste en adorar a los \u00eddolos, que siendo hechuras de vuestras manos, los ten\u00e9is por dioses\u00bb. Ella, dando \u00abun pellizco\u00bb al crucifijo, argument\u00f3: \u00abTambi\u00e9n \u00e9ste que ador\u00e1is por Dios es hechura de las vuestras\u00bb. As\u00ed comenz\u00f3 el di\u00e1logo y la predicaci\u00f3n, que termin\u00f3, despu\u00e9s de muchas conversaciones, en la abjuraci\u00f3n de la idolatr\u00eda, y en la destrucci\u00f3n de los \u00eddolos. Fray Margil, con el mayor entusiasmo, iba echando a una hoguera todos los que le entregaban.<\/p>\n<p>Varios meses permanecieron Fray Margil y fray Melchor predicando y bautizando a aquellos indios, que no mucho antes estuvieron a punto de matarles. Levantaron dos iglesias, en honor de San Buenaventura y de San Andr\u00e9s. Lograron que aquel pueblo hiciera la paz con los t\u00e9rrabas, sus enemigos de siempre. Y cuando ya hubieron de partir, recibieron grandes muestras de amistad. La que hab\u00eda sido sacerdotisa pagana, les dijo con mucha pena: \u00abEst\u00e1bamos como ni\u00f1os peque\u00f1os, mamando la leche dulce de vuestra doctrina\u00bb. Ellos tambi\u00e9n se fueron con mucha l\u00e1stima, aunque un tanto decepcionados por no haber llegado a sufrir el martirio que buscaban.<\/p>\n<p>A la vuelta de estas aventuras, los dos frailes sol\u00edan quedar destrozados, enfermos de bubas, los pies llagados e infectados por las picaduras de espinos y de mosquitos, y los h\u00e1bitos llenos de rotos, que tapaban con cortezas de m\u00e1xtate.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1s al sur, en Talamanca, con m\u00e1s peligro En 1688 llegaron los padres Margil y Melchor a la extremidad sureste de Costa Rica, a la Sierra de Talamanca, donde viv\u00edan los indios talamancas, distribuidos en tribus varias de t\u00e9rrebas o terbis, cab\u00e9caras, urinamas y otras. 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