{"id":56975,"date":"2017-09-13T07:44:04","date_gmt":"2017-09-13T12:44:04","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=56975"},"modified":"2017-09-13T07:44:04","modified_gmt":"2017-09-13T12:44:04","slug":"comienza-la-vida-de-antonio-margil-de-jesus-1657-1726","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/09\/13\/comienza-la-vida-de-antonio-margil-de-jesus-1657-1726\/","title":{"rendered":"Comienza la vida de Antonio Margil de Jes\u00fas (1657-1726)"},"content":{"rendered":"<p>Antonio Margil de Jes\u00fas (1657-1726)<\/p>\n<p>Eduardo Enrique R\u00edos nos cuenta la historia de Antonio Margil, que en 1657 naci\u00f3 en Valencia, capital del antiguo reino espa\u00f1ol, en la humilde familia formada por el matrimonio de Juan Margil y Esperanza Ros, que tuvieron otras dos hijas. A los siete a\u00f1os ayunaba a veces para poder llevar pan a los pobres de su escuela. Cumplidos los quince a\u00f1os, en 1673, entra en la Orden franciscana y toma el h\u00e1bito en Valencia. Tres a\u00f1os de filosof\u00eda en Denia, y vuelta a Valencia para estudiar la teolog\u00eda.<\/p>\n<p>A los veinticinco a\u00f1os es ordenado sacerdote, en 1682. Tuvo algunos ministerios en Onda y Denia, y pronto supo que el padre Linaz, mallorqu\u00edn, hab\u00eda venido de M\u00e9xico, buscando misioneros para los indios de Sierra Gorda, entre Quer\u00e9taro y San Luis de Potos\u00ed. No tuvo que pensarlo fray Antonio mucho tiempo, y con el mismo padre Linaz, nombrado por la Propaganda Fide Prefecto de las Misiones en las Indias Occidentales, y con 17 padres m\u00e1s y 4 hermanos, se embarc\u00f3 hacia Am\u00e9rica, y lleg\u00f3 a Veracruz a mediados de 1683.<\/p>\n<p>A pie y en Indias<\/p>\n<p>Poco antes Veracruz hab\u00eda sido arrasada por una docena de nav\u00edos piratas, y nuestros frailes, cumplida la caridad con aquella gente afligida, de dos en dos, por caminos distintos, se pusieron en camino hacia la ciudad de M\u00e9xico y Quer\u00e9taro. Hac\u00edan el viaje al estilo franciscano, iniciado en M\u00e9xico siglo y medio antes por fray Mart\u00edn de Valencia y los Doce: caminaban a pie y descalzos, sin alforja, con traza y realidad de pobres, aliment\u00e1ndose de limosna y pasando las noches en corrales o donde pod\u00edan, armados s\u00f3lo de un bast\u00f3n, un crucifijo y el breviario. Cuando la pareja de caminantes franciscanos, flacos y pobres, entraba en los pueblos cantando y con la cruz en alto, la gente sal\u00eda a recibirlos con especial alegr\u00eda: sent\u00eda que all\u00ed llegaba el Evangelio, es decir, que all\u00ed ven\u00eda el mismo Cristo.<\/p>\n<p>Esta marcha apost\u00f3lica fue para fray Antonio Margil de Jes\u00fas no m\u00e1s que un suave entrenamiento, pues en cuarenta y tres a\u00f1os de viajes misioneros \u00e9l hab\u00eda de caminar decenas y decenas de miles de kil\u00f3metros, siempre descalzo y a pie, y a un paso muy ligero, como fraile de pies alados.<\/p>\n<p>El Colegio de la Santa Cruz de Quer\u00e9taro<\/p>\n<p>El 13 de agosto lleg\u00f3 fray Margil a Quer\u00e9taro con tres compa\u00f1eros al convento de San Francisco, y dos d\u00edas despu\u00e9s, ya con el padre Linaz y los otros asignados, tomaron posesi\u00f3n del convento de la Santa Cruz. Todav\u00eda este primer Colegio de Misiones franciscano de Am\u00e9rica no ten\u00eda m\u00e1s que un claustro con doce celdas y unos pocos frailes.<\/p>\n<p>En la expedici\u00f3n del padre Linaz vino tambi\u00e9n un padre de edad avanzada, fray Melchor L\u00f3pez de Jes\u00fas, que durante muchos a\u00f1os fue el compa\u00f1ero inseparable de fray Margil en sus correr\u00edas apost\u00f3licas. En el Proceso de beatificaci\u00f3n de \u00e9ste, se asegur\u00f3 que fray Melchor, el de aspecto marchito y h\u00e1bito roto, hab\u00eda dicho en Valencia, cuando Antonio Margil era s\u00f3lo un ni\u00f1o: \u00e9ste \u00abha de ser mi compa\u00f1ero en las misiones de infieles\u00bb.<\/p>\n<p>Desde Quer\u00e9taro, en 1684, se inicia la vida misionera de fray Margil de Jes\u00fas, una carrera que hab\u00eda de durar cuarenta y tres a\u00f1os, y que llevar\u00eda la luz del Evangelio a lo largo de itinerarios asombrosamente largos. Desde Natchitoches, en el nordeste, cerca de la bah\u00eda del Esp\u00edritu Santo, en el Mississippi, hasta Boruca, en el istmo de Panam\u00e1, y por todo el centro de M\u00e9xico, a trav\u00e9s de innumerables pueblos, ciudades y despoblados, tambi\u00e9n en el Yucat\u00e1n y en Guatemala, fray Antonio Margil, viajando siempre a pie, predic\u00f3 a espa\u00f1oles e indios, pero sobre todo, como evangelizador de vanguardia, a los indios de las zonas m\u00e1s lejanas, inh\u00f3spitas y peligrosas.<\/p>\n<p>Velando el crucifijo de noche en el campo<\/p>\n<p>En 1684, a poco de llegar, fray Margil y fray Melchor partieron para el sur, con la idea de llegar a Guatemala. Atravesando por los grandiosos paisajes de Tabasco, caminaron con muchos sufrimientos en jornadas interminables, atravesando selvas y monta\u00f1as. No llevaban consigo alimentos, y dorm\u00edan normalmente a la intemperie, atormentados a veces por los mosquitos. Predicaban donde pod\u00edan, com\u00edan de lo que les daban, y s\u00f3lamente descansaban media noche, pues la otra media, turnando entre los dos, se manten\u00edan despiertos, en oraci\u00f3n, velando el crucifijo.<\/p>\n<p>En sus viajes misioneros, all\u00ed donde los parec\u00eda, en el claro de un bosque o en la cima de un cerro, ten\u00edan costumbre -como tantos otros misioneros- de plantar cruces de madera, tan altas como pod\u00edan. Y ante la cruz, con toda devoci\u00f3n y entusiasmo, cantaban los dos frailes letrillas como aqu\u00e9lla: \u00abYo te adoro, Santa Cruz \/ puesta en el Monte Calvario: \/ en ti muri\u00f3 mi Jes\u00fas \/ para darme eterna luz \/ y librarme del contrario\u00bb.<\/p>\n<p>Cantar en los caminos interminables, para hacerlos m\u00e1s llevaderos, era igualmente antigua costumbre de los misioneros de Am\u00e9rica. Fray Margil, acompa\u00f1ado por el veterano fray Melchor, cantaba siempre, en los caminos o al entrar en los pueblos, en ayunas o no. Y eso que a veces llegaban a los pueblos tan extenuados, como una vez en Tuxtla, que los daban por moribundos; pero a los pocos d\u00edas, otra vez estaban de camino.<\/p>\n<p>De tal modo los indios de Chiapas quedaron conmovidos por aquella pareja de frailes, tan miserables y alegres, que cuando despu\u00e9s ve\u00edan llegar un franciscano, sal\u00edan a recibirle con flores, ya que eran \u00abcompa\u00f1eros de aquellos padres que ellos llamaban santos\u00bb.<\/p>\n<p>As\u00ed fueron misionando hasta Guatemala y Nicaragua. Ni las distancias ni el tiempo eran para ellos propiamente un problema: llevados por el amor de Cristo a los hombres, ellos llegaban a donde fuera preciso.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Antonio Margil de Jes\u00fas (1657-1726) Eduardo Enrique R\u00edos nos cuenta la historia de Antonio Margil, que en 1657 naci\u00f3 en Valencia, capital del antiguo reino espa\u00f1ol, en la humilde familia formada por el matrimonio de Juan Margil y Esperanza Ros, que tuvieron otras dos hijas. 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