{"id":56466,"date":"2017-08-23T13:28:42","date_gmt":"2017-08-23T18:28:42","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=56466"},"modified":"2017-08-23T13:28:42","modified_gmt":"2017-08-23T18:28:42","slug":"epilogo-de-la-primera-presencia-de-los-jesuitas-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/08\/23\/epilogo-de-la-primera-presencia-de-los-jesuitas-en-mexico\/","title":{"rendered":"Ep\u00edlogo de la primera presencia de los jesuitas en M\u00e9xico"},"content":{"rendered":"<p>Nuestra Se\u00f1ora de Loreto<\/p>\n<p>El 19 de octubre de 1697 desembarc\u00f3 la expedici\u00f3n misionera en la costa californiana, frente a la actual isla del Carmen, y una vez plantada una cruz y entronizada la imagen de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto, establecieron lo que hab\u00eda de ser Loreto, la misi\u00f3n central de California.<\/p>\n<p>Los primeros contactos con los indios que se acercaron fueron ambiguos. A los que se acercaban de paz, les daban de comer diariamente pozole o ma\u00edz cocido. A los de guerra, hubo en alguna ocasi\u00f3n que espantarlos a tiros, y muri\u00f3 alguno. La intervenci\u00f3n del buen cacique de San Bruno, que trece a\u00f1os antes se hab\u00eda hecho amigo del padre Kino, facilit\u00f3 mucho las cosas. Y en noviembre lleg\u00f3 el padre P\u00edccolo, que hab\u00eda de ser durante 31 a\u00f1os uno de los puntales de la misi\u00f3n.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>En seguida iniciaron tareas de construcci\u00f3n y de doctrina, pero muy pronto vieron que el problema primario eran los abastecimientos. El mismo padre Salvatierra tuvo momentos de des\u00e1nimo: \u00abEscribo esta relaci\u00f3n sin saber si la acabar\u00e9 de escribir, porque a la hora que la escribo nos hallamos aqu\u00ed con bastantes necesidades, por falta de socorro; y como cada d\u00eda van apretando m\u00e1s, y yo soy el m\u00e1s viejo del Real de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto, dar\u00e9 el tributo primero, cayendo como m\u00e1s flaco en la sepultura\u00bb (Ensanchadores 32). Los misioneros, incapaces de hacerse a la dieta de los indios californios, apenas subsist\u00edan con legumbres secas y leche de cabra, con algo de pescado seco en Cuaresma.<\/p>\n<p>Las solicitudes urgentes a M\u00e9xico no recib\u00edan normalmente otra respuesta que la negativa o el silencio administrativo. Muy de tarde en tarde, la llegada de alg\u00fan barco de socorro -el San Jos\u00e9, el San Xavier, el San Ferm\u00edn-, enviado por los amigos jesuitas o seglares, hac\u00eda posible la prolongaci\u00f3n de la aventura&#8230; En 1699 pudieron los misioneros salir a explorar la tierra, y en lugar adecuado fundaron la misi\u00f3n de San Francisco Xavier.<\/p>\n<p>Viaje a M\u00e9xico<\/p>\n<p>El padre Salvatierra hubo de pasar a M\u00e9xico en 1701 a recabar m\u00e1s ayudas. Fue entonces cuando, con el padre Kino, descubri\u00f3 la condici\u00f3n peninsular de California. Nuevos misioneros se sumaron a la empresa: los padres Manuel Basald\u00faa, michoacano, Jer\u00f3nimo Minutuli, italiano de Cerde\u00f1a, y sobre todo el gran ap\u00f3stol Juan de Ugarte, nacido en Honduras de padres vascos. Era \u00e9ste un misionero de una firmeza apost\u00f3lica absoluta. En una ocasi\u00f3n realmente desesperada, cuando el mismo Salvatierra propon\u00eda ya dejarlo todo, Ugarte se fue a la iglesia, y a los pies de la Virgen de Loreto hizo voto de no desamparar la misi\u00f3n como no fuera por mandato de obediencia. Y all\u00ed siguieron todos&#8230;<\/p>\n<p>La dificil subsistencia<\/p>\n<p>Un soldado de la escolta ten\u00eda autoridad civil sobre los indios, pero el gobierno de \u00e9stos lo llevaba de hecho el misionero, que nombraba entre ellos gobernador, fiscal de la Iglesia y maestro de escuela.<\/p>\n<p>Con enorme paciencia, los misioneros deb\u00edan ense\u00f1ar a los indios californios la doctrina cristiana, las oraciones y los sacramentos, y lo que resultaba m\u00e1s dif\u00edcil, ten\u00edan que acostumbrarles a trabajar, cultivar la tierra, criar ganado, construir iglesias y casas, escuelas y dep\u00f3sitos. Adem\u00e1s de esto, los misioneros hab\u00edan de vestir a los indios y cuidarlos si ca\u00edan enfermos.<\/p>\n<p>El trabajo y las necesidades eran, pues, innumerables. Al principio, los padres sustentaban a todos los indios que se reduc\u00edan al pueblo misional. Una vez reducidos e instru\u00eddos, manten\u00edan s\u00f3lo a los gentiles que iban a catequizarse. Y los domingos se daba de comer a cuantos acud\u00edan a misa. Cuando el suministro alimentario desaparec\u00eda, f\u00e1cilmente los indios abandonaban la misi\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, muy escasas eran las ayudas recibidas de M\u00e9xico, aunque los amigos de la misi\u00f3n formaron un Fondo Piadoso de las Californias, y hubo haciendas en la Nueva Espa\u00f1a destinadas a la ayuda de la obra misionera. Por eso pronto comprendieron los misioneros que su labor s\u00f3lo podr\u00eda prolongarse si lograban una autosuficiencia econ\u00f3mica. S\u00f3lamente un trabajo enorme podr\u00eda sacar adelante aquella aventura misional que parec\u00eda imposible.<\/p>\n<p>El padre Ugarte (1660-1730)<\/p>\n<p>En estos trabajos sobresali\u00f3 Ugarte, que en San Xavier vino a ser el procurador principal de las otras misiones m\u00e1s pobres. Una vez celebrada la Misa, y rezadas las oraciones, daba el desayuno a los indios, y se iba luego con ellos a la f\u00e1brica de la iglesia, a los desmontes de terreno, los cultivos y dem\u00e1s lugares de trabajo. Los indios no hac\u00edan sino lo que el misionero iba haciendo antes que ellos. O en ocasiones se quedaban viendo a los que trabajaban, ri\u00e9ndose y haciendo bromas, incapaces de ver utilidad alguna a cualquier acci\u00f3n -por ejemplo, hacer adobes- que no diese una ventaja absolutamente inmediata.<\/p>\n<p>Aun siendo las condiciones tan adversas, los indios se fueron acostumbrando al trabajo, y grandes obras se fueron llevando adelante. Se llenaron precipicios, se llev\u00f3 tierra donde hab\u00eda agua y se hizo llegar el agua a donde hab\u00eda tierra, se multiplic\u00f3 grandemente el ganado caballar y lanar. Los indios aprendieron a cardar la lana, hilarla y tejerla. Ugarte mismo fabric\u00f3 las ruecas, tornos y telares, y consigui\u00f3 que un tejedor de Tepic, con sueldo, viniera a ense\u00f1ar su arte a los indios. Procur\u00f3 a los indios, adem\u00e1s de las tierras comunales, gallinas, cabras, ovejas y sementeras propias, donde cosechaban ma\u00edz, calabazas y otros frutos.<\/p>\n<p>El ejemplo de Ugarte fue tomado como norma para el planteamiento de las dem\u00e1s misiones californianas. Las misiones jesuitas de California, de 1697 a 1768, subsistieron por sus propios trabajos y por las ayudas particulares de buenos cristianos laicos. Y as\u00ed en 1707, a\u00f1o de gran sequ\u00eda y escasez en la Nueva Espa\u00f1a, el padre Ugarte pod\u00eda escribir en una carta: \u00abGracias a Dios, ya va para dos meses que comemos aqu\u00ed con la gente de mar y tierra buen pan de nuestra cosecha de trigo, pereciendo los pobres de la otra banda, as\u00ed en Sinaloa como en Sonora. \u00bfQui\u00e9n lo hubiera so\u00f1ado? Viva Jes\u00fas y la Gran Madre de la Gracia, y su Esposo, obtenedor de imposibles\u00bb (Ensanchadores 39).<\/p>\n<p>M\u00e1s aventuras<\/p>\n<p>Nuevas misiones van naciendo, Santa Rosal\u00eda de Muleg\u00e9, Ligui, Guadalupe, La Pur\u00edsima, San Ignacio, San Jos\u00e9 de Comond\u00fa, San Juan&#8230; El padre Salvatierra es nombrado Provincial de los jesuitas, pero logra en 1707 liberarse de su cargo y volver a California. Las iglesias, algunas muy hermosas, se alzan en todas las misiones, cambiando la fisonom\u00eda de la pen\u00ednsula, y ninguna ten\u00eda menos de tres campanas, \u00abque no hacen mala m\u00fasica cuando se tira de ellas\u00bb.<\/p>\n<p>Pronto se inutilizaron los barcos San Jos\u00e9 y San Ferm\u00edn, y como \u00fanico medio de transporte qued\u00f3 la pobre lancha San Xavier, que en 1709 encall\u00f3 durante una tempestad arriba de Guaymas, fue desmantelada y enterrada por los indios seris, y recuperada tras dos meses de grandes trabajos. Por ese tiempo, una terrible epidemia de viruela diezm\u00f3 a los californios, especialmente a los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Un barco construido en California<\/p>\n<p>En 1717 pas\u00f3 el padre Salvatierra a M\u00e9xico para tratar asuntos de la misi\u00f3n, y all\u00ed muri\u00f3, en Guadalajara, a los 71 a\u00f1os, agotado y lleno de m\u00e9ritos. Fue sepultado en la Capilla de Loreto que \u00e9l mismo hab\u00eda edificado. El padre Ugarte le sucedi\u00f3 al frente de las misiones de California.<\/p>\n<p>La dificultad de comunicaci\u00f3n mar\u00edtima entre la pen\u00ednsula y Guaymas era entonces uno de los problemas m\u00e1s graves y urgentes. Por esas fechas, ya s\u00f3lo quedaba en servicio la veterana lancha San Xavier, que hac\u00eda tiempo que ven\u00eda pidiendo la jubilaci\u00f3n. El padre Ugarte, en la imposibilidad de conseguir un barco de M\u00e9xico, decidi\u00f3, ante el asombro de muchos, armar un barco en California, donde no hab\u00eda maderas ni clavos, jarcias ni brea, ni menos oficiales expertos en la construcci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, \u00e9l trajo a Loreto constructor y oficiales, y habiendo o\u00eddo que 70 leguas al norte hab\u00eda una zona de \u00e1rboles grandes, all\u00ed se fue con su gente, y en cuatro meses de trabajos de tala y arrastre, al tiempo que catequizaba a los indios de la zona, se consigui\u00f3 la madera precisa. Finalmente, y en breve tiempo, pudo ser botada en 1720 la balandra Triunfo de la Cruz, que sirvi\u00f3 a la misi\u00f3n en 120 traves\u00edas durante 25 a\u00f1os.<\/p>\n<p>En ese mismo a\u00f1o, se inici\u00f3 la evangelizaci\u00f3n de los guaycuros, en la bah\u00eda de La Paz, al sur de Loreto, y se fund\u00f3 la misi\u00f3n de Guadalupe Guasinapi, establecida all\u00ed donde el padre Ugarte evangeliz\u00f3 mientras se cortaban troncos. En los a\u00f1os siguientes se fundaron nuevas misiones: Ntra. Se\u00f1ora de los Dolores, Santiago de los Coras, San Ignacio Kadakaam\u00e1n, Cabo de San Lucas, Santa Rosa de las Palmas, San Jos\u00e9 del Cabo&#8230;<\/p>\n<p>Sangre de m\u00e1rtires<\/p>\n<p>El padre Francisco Mar\u00eda P\u00edccolo muri\u00f3 a los 79 a\u00f1os, en 1729 en Loreto, despu\u00e9s de 32 a\u00f1os de misi\u00f3n en la pen\u00ednsula. Y en 1730, a los 70 a\u00f1os, y 30 de misi\u00f3n californiana, falleci\u00f3 el gran padre Ugarte. Poco a\u00f1os despu\u00e9s otros sacerdotes consumaron all\u00ed tambi\u00e9n la ofrenda de sus vidas, esta vez con una muerte martirial. En aquellos a\u00f1os, apenas ten\u00edan protecci\u00f3n militar los misioneros de aquella zona: en La Paz hab\u00eda dos soldados, otros dos en Santa Rosa, ninguno en San Jos\u00e9 del Cabo&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, unos mulatos y mestizos, que hab\u00edan sido dejados por piratas y marinos extranjeros en la costa sur, encendieron en las rancher\u00edas de los indios peric\u00faes, entre Santiago y San Jos\u00e9, el fuego perverso de la rebeli\u00f3n, que fue creciendo hasta hacerse un gran incendio. Cuatro misiones fueron arrasadas, y estuvieron en grave peligro todas las de California.<\/p>\n<p>A primeros de octubre de 1734, los indios conjurados llegaron un d\u00eda a Santiago poco despu\u00e9s de que el padre Carranco celebrara su misa, cayeron sobre \u00e9l, lo mataron con flechazos y golpes de palos y piedras, profanaron su cad\u00e1ver y lo quemaron. De all\u00ed pasaron a San Jos\u00e9, donde hicieron lo mismo con el padre Tamaral. Otro jesuita, el padre Tavaral huy\u00f3 a la Bah\u00eda de la Paz, y los asesinos que le buscaban para matarle, desahogaron su frustraci\u00f3n matando a 27 cristianos y catec\u00famenos&#8230; Todos los dem\u00e1s misioneros, por orden del Visitador, se acogieron al fuerte de Loreto a comienzos de 1735.<\/p>\n<p>Avisado el virrey, que era el arzobispo Vizarr\u00f3n, enemigo de los jesuitas, nada hizo para socorrer las misiones amenazadas. El auxilio vino de la naci\u00f3n yaqui, fiel a los misioneros cristianos. 600 guerreros se ofrecieron para la defensa, pero s\u00f3lo 60 fueron elegidos para embarcarse y atravesar el golfo de California. Con esto se contuvo la rebeli\u00f3n, y m\u00e1s cuando no mucho despu\u00e9s el virrey y el gobernador de Sinoaloa enviaron tropas que establecieron un fuerte en San Jos\u00e9 del Cabo. A petici\u00f3n de los indios, los misioneros volvieron entonces a sus misiones, que recuperaron su vida normal, y a\u00fan fundaron a\u00f1os despu\u00e9s las de Santa Gertrudis (1752), San Borja (1762) y Santa Mar\u00eda de los Angeles (1766).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de casi dos siglos de fracasadas empresas civiles y militares, 52 misioneros jesuitas, con la gracia de Cristo, lograron en 72 a\u00f1os (1697-1768) la conquista espiritual y la civilizaci\u00f3n de la pen\u00ednsula de California, en la que establecieron 18 misiones.<\/p>\n<p>Expulsi\u00f3n de los jesuitas<\/p>\n<p>Por esos a\u00f1os, despu\u00e9s de tantos trabajos y sufrimientos, despu\u00e9s de tanta sangre martirial, las misiones de la Compa\u00f1\u00eda, tambi\u00e9n en las regiones m\u00e1s duras, como California o la Tarahumara, viv\u00edan una paz floreciente. Sin embargo, \u00abel tiempo se estaba acabando para los jesuitas espa\u00f1oles en Am\u00e9rica, as\u00ed como se hab\u00eda terminado para sus hermanos portugueses y franceses. Expulsados de Brasil en 1759 y de las posesiones francesas en Am\u00e9rica en 1762, los jesuitas de las colonias espa\u00f1olas eran objeto de muchas cr\u00edticas y de acre enemistad en contra de ellos\u00bb (Dunne 321).<\/p>\n<p>Como hab\u00eda sucedido en otras cortes borb\u00f3nicas, tambi\u00e9n en la de Espa\u00f1a los favoritos de la corte y los ministros, con las intrigas del primer ministro conde de Aranda, determinaron que el rey Carlos III expulsara a los jesuitas en 1767 de todos los territorios hispanos.<\/p>\n<p>El 24 de junio de 1767 el virrey de M\u00e9xico, ante altos funcionarios civiles y eclesi\u00e1sticos, abri\u00f3 un sobre sellado, en el que las instrucciones eran terminantes: \u00abSi despu\u00e9s de que se embarquen [en Veracruz] se encontrare en ese distrito un solo jesuita, aun enfermo o moribundo, sufrir\u00e9is la pena de muerte. Yo el Rey\u00bb.<\/p>\n<p>Cursados los mensajes oportunos a todas las misiones, fueron acudiendo los misioneros a lo largo de los meses. Los jesuitas, por ejemplo, que ven\u00edan de la lejana Tarahumara se cruzaron, a mediados de agosto, con los franciscanos que iban a sustituirles all\u00ed -como tambi\u00e9n se ocuparon de las misiones abandonadas en California y en otros lugares-, y les informaron de todo cuanto pudiera interesarles. Llegados a la ciudad de M\u00e9xico, obtuvieron autorizaci\u00f3n para visitar antes de su partida el santuario de Nuestra Se\u00f1ora de Guadalupe. La gente se apretujaba a saludarles en la posada en que estaban concentrados. El jesuita polaco Sterkianowsky escrib\u00eda: \u00abParec\u00eda incre\u00edble el entusiasmo con que ven\u00edan a visitarnos desde M\u00e9xico. Si tratara de exagerar, no llegar\u00eda a hacerlo\u00bb. Poco antes de Navidad, cuenta Dunne, unidos a otros jesuitas que ven\u00edan de Argentina y del Per\u00fa, \u00abpartieron enfermos y tristes, abandonando para siempre el Nuevo Mundo. Salieron de Am\u00e9rica para vivir y morir en el destierro, lejos de sus misiones queridas y de sus hijos e hijas, sus ne\u00f3fitos\u00bb (330).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Nuestra Se\u00f1ora de Loreto El 19 de octubre de 1697 desembarc\u00f3 la expedici\u00f3n misionera en la costa californiana, frente a la actual isla del Carmen, y una vez plantada una cruz y entronizada la imagen de Nuestra Se\u00f1ora de Loreto, establecieron lo que hab\u00eda de ser Loreto, la misi\u00f3n central de California. 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