{"id":56336,"date":"2017-08-16T12:57:30","date_gmt":"2017-08-16T17:57:30","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=56336"},"modified":"2017-08-16T12:57:30","modified_gmt":"2017-08-16T17:57:30","slug":"de-donde-viene-el-nombre-california-y-como-empezo-a-poblarse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/08\/16\/de-donde-viene-el-nombre-california-y-como-empezo-a-poblarse\/","title":{"rendered":"De d\u00f3nde viene el nombre California y c\u00f3mo empez\u00f3 a poblarse"},"content":{"rendered":"<p>Durante casi dos siglos, hasta fines del XVII, la isla o pen\u00ednsula de California se mantuvo ajena a M\u00e9xico, apenas conocida, y desde luego inconquistable. Hern\u00e1n Cort\u00e9s fue el descubridor de California, as\u00ed llamada por primera vez en 1552 por el historiador Francisco L\u00f3pez de G\u00f3mara, capell\u00e1n de Cort\u00e9s.<\/p>\n<p>Dos expediciones organizadas por Cort\u00e9s, otra conducida por \u00e9l mismo en 1535, y una cuarta en la que confi\u00f3 el mando a Francisco de Ulloa, sirvieron para descubrir California, pero se mostraron incapaces de poblarla. Aquella era tierra inhabitable (calida fornax, horno ardiente), \u00e1spera y est\u00e9ril, en la que no pod\u00edan mantenerse los pobladores, que a los meses se ve\u00edan obligados a regresar a M\u00e9xico. El Virrey Mendoza intent\u00f3 de nuevo su conquista, y despu\u00e9s Pedro de Alvarado y Juan Rodr\u00edguez Cabrillo. Felipe II, ante el peligro que corr\u00eda California a causa del pirata Drake, mand\u00f3 poblar aquella regi\u00f3n. Sebasti\u00e1n Vizca\u00edno fund\u00f3 entonces el puerto de la Paz, pero en 1596 hubo que desistir de la empresa una vez m\u00e1s. Felipe III da la misma orden, Vizca\u00edno funda Monterrey, y regresa con las manos vac\u00edas en 1603. A\u00f1os despu\u00e9s, en 1615, se da licencia al capit\u00e1n Juan Iturbi, sin resultados. Ortega, Carboneli y otros fracasaron igualmente en los a\u00f1os siguientes. El impulso que parec\u00eda decisivo para poblar California fue conducido, con grandes medios, por el almirante Pedro Portal de Casanate en 1648, pero tambi\u00e9n sin \u00e9xito.<\/p>\n<p>Carlos II, en fin, ordena un nuevo intento, y en 1683 parten dos naves conducidas por al almirante Atondo, y en ellas van el padre Kino y dos jesuitas m\u00e1s. Pero tras a\u00f1o y medio de trabajos y misiones, se ven obligados todos a abandonar California. Fue entonces cuando una junta muy competente reunida en M\u00e9xico por el Virrey, despu\u00e9s de 20 expediciones mar\u00edtimas realizadas en casi dos siglos, declar\u00f3 que California era inconquistable.<\/p>\n<p>California<\/p>\n<p>El padre Baegert, que sirvi\u00f3 17 a\u00f1os en la misi\u00f3n de San Luis Gonzaga, dice que California \u00abes una extensa roca que emerge del agua, cubierta de inmensos zarzales, y donde no hay praderas, ni montes, ni sombras, ni r\u00edos, ni lluvias\u00bb (+Trueba, Ensanchadores 16). En realidad exist\u00edan en la pen\u00ednsula de California algunas regiones en las que hab\u00eda tierra cultivable, pero con frecuencia sin agua, y donde hab\u00eda agua, faltaba tierra&#8230; Por eso hasta fines del XVII la exploraci\u00f3n de California se hac\u00eda normalmente en barco, costeando el litoral. Las traves\u00edas por tierra a pie o a caballo, con aquel calor ardiente, sin sombras y con grave escasez de agua, resultaban apenas soportables.<\/p>\n<p>Los californios<\/p>\n<p>Los indios californios eran n\u00f3madas, dorm\u00edan sobre el suelo, y casi nunca tres noches en el mismo lugar. Andaban desnudos, las mujeres con una especie de cintur\u00f3n, y no ten\u00edan construcciones. Su alimentaci\u00f3n era un prodigio de supervivencia: com\u00edan ra\u00edces, semillitas que juntaban, algo de pescado o de carne -grillos, orugas, murci\u00e9lagos, serpientes, ratones, lagartijas, etc.-, e incluso ciertas materias, como maderas tiernas o cuero curtido.<\/p>\n<p>El padre Baegert cuenta que una vez vi\u00f3 c\u00f3mo un anciano indio ciego despedazaba entre dos piedras un zapato viejo, y com\u00eda laboriosamente luego los trozos duros y rasposos del cuero. Echaban al fuego la carne o pescado que consegu\u00edan, sac\u00e1ndolo luego y comi\u00e9ndolo \u00absin despellejar el rat\u00f3n, ni destripar la rata, ni lavar los intestinos del ganado\u00bb.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, cuenta que en la \u00e9poca de las pitayas, que contienen gran cantidad de peque\u00f1as semillas que el hombre evac\u00faa intactas, los indios juntaban los excrementos, recog\u00edan de ellos las semillas, las tostaban y mol\u00edan, y se las com\u00edan. Los espa\u00f1oles apelaban esta operaci\u00f3n segunda cosecha o de repaso (Ensanchadores 21). Quiz\u00e1 fue en estos indios en los que se inspir\u00f3 Juan Jacobo Rousseau (1712-1778) para elaborar el mito del Buen salvaje y de la id\u00edlica vida primitiva, en plena comuni\u00f3n con la naturaleza&#8230;<\/p>\n<p>Los californios ten\u00edan tantas mujeres como pod\u00edan, en ocasi\u00f3n tomadas de entre sus propias hijas. No ten\u00edan organizaci\u00f3n pol\u00edtica o religiosa, y seg\u00fan fueran guaicuras, peric\u00faes, cochim\u00edes u otros, hablaban diversos idiomas. Eran unos cuarenta mil indios en toda la pen\u00ednsula, normalmente sucios, torpes y holgazanes.<\/p>\n<p>Siendo as\u00ed la tierra y siendo as\u00ed los indios, nada justificaba los gastos y esfuerzos enormes que ser\u00edan necesarios para poblar y civilizar California, empresa que, por lo dem\u00e1s, se mostraba imposible. Aquella tierra presentaba un rostro tan duro y miserable que s\u00f3lamente los misioneros cristianos pod\u00edan buscarla y amarla, pues ellos no buscaban sino la gloria de Dios y el bien temporal y eterno de los indios.<\/p>\n<p>En efecto, los jesuitas, en 1697, entraron all\u00ed para servir a Cristo en sus hermanos m\u00e1s peque\u00f1os: \u00abLo que hicisteis con alguno de estos mis m\u00e1s peque\u00f1os hermanos, conmigo lo hicisteis\u00bb (Mt 25,40). Y cuando fueron expulsados en 1767, ten\u00edan ya 12.000 indios reunidos en 18 centros misionales.<\/p>\n<p>El padre Juan Mar\u00eda Salvatierra (1644-1717)<\/p>\n<p>El ap\u00f3stol primero y principal de California fue el jesuita Juan Mar\u00eda Salvatierra, nacido en Mil\u00e1n, de familia noble, en 1644. Lleg\u00f3 a M\u00e9xico a los 30 a\u00f1os de edad, en 1675, con otros miembros de la Compa\u00f1\u00eda. A partir de 1680, hizo durante diez a\u00f1os una gran labor misionera en Ch\u00ednipas. En 1690 fue nombrado Visitador, y al a\u00f1o siguiente visit\u00f3 la misiones de Sonora, donde habl\u00f3 de California largamente con el padre Kino. Desde entonces el padre Salvatierra hizo cuanto pudo para que se intentase de nuevo la evangelizaci\u00f3n de California, y siguiendo una inspiraci\u00f3n del venerado misionero padre Zappa, hizo pintar el tr\u00e1nsito de la Casa de la Virgen de Loreto por los aires, con los indios californios en actitud de espera y acogida.<\/p>\n<p>Por fin, en 1697 consigui\u00f3 Salvatierra licencia real para intentar la evangelizaci\u00f3n de California, con la condici\u00f3n de no hacer gasto alguno a costa de la Real Hacienda, y de tomar posesi\u00f3n de aquellas tierras en nombre de la Corona. A los misioneros se les concedi\u00f3 como escolta un peque\u00f1o n\u00famero de soldados, que hab\u00edan de ser mantenidos por la propia misi\u00f3n. El padre Kino, retenido a \u00faltima hora en la Pimer\u00eda, no pudo acompa\u00f1ar a Salvatierra, que parti\u00f3 con el padre Francisco Mar\u00eda P\u00edccolo, misionero doce a\u00f1os en la Tarahumara.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos una vez m\u00e1s que en esta misi\u00f3n de California, como en tantas otras, hubo laicos cristianos que con su celo apost\u00f3lico hicieron posible la empresa, suministrando a fondo perdido los medios econ\u00f3micos necesarios. Alonso D\u00e1valos, conde de Miravalles, y Mateo Fern\u00e1ndez de la Cruz, marqu\u00e9s de Buena Vista, juntaron con otros 17.000 pesos. El vecino de Quer\u00e9taro, don Juan Caballero de Ozio, contribuy\u00f3 con 20.000; la Congregaci\u00f3n de los Dolores, de M\u00e9xico, con 10.000; y don Pedro Gil de la Sierpe, tesorero de Acapulco, ofreci\u00f3 una lancha grande y una galeota de transporte (Ensanchadores 28). M\u00e1s adelante ayud\u00f3 tambi\u00e9n el marqu\u00e9s de Villa Puente, \u00abcuyos cofres siempre estaban abiertos para la misiones de California y China\u00bb (50).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del fracaso de veinte expediciones civiles o militares, a veces muy potentes, la armada del Se\u00f1or que hab\u00eda de hacer la conquista espiritual de California estaba compuesta por dos jesuitas, cinco soldados con su cabo, y tres indios, de Sinaloa, Sonora y Guadalajara, m\u00e1s treinta vacas, once caballos, diez ovejas y cuatro cerdos -que, por cierto, hubieron \u00e9stos de ser sacrificados, pues inspiraban a los indios un terror invencible-.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Durante casi dos siglos, hasta fines del XVII, la isla o pen\u00ednsula de California se mantuvo ajena a M\u00e9xico, apenas conocida, y desde luego inconquistable. Hern\u00e1n Cort\u00e9s fue el descubridor de California, as\u00ed llamada por primera vez en 1552 por el historiador Francisco L\u00f3pez de G\u00f3mara, capell\u00e1n de Cort\u00e9s. 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