{"id":55008,"date":"2017-06-21T07:43:14","date_gmt":"2017-06-21T12:43:14","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=55008"},"modified":"2017-06-21T07:43:14","modified_gmt":"2017-06-21T12:43:14","slug":"la-mision-de-los-jesuitas-en-tarahumara","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/06\/21\/la-mision-de-los-jesuitas-en-tarahumara\/","title":{"rendered":"La Misi\u00f3n de los Jesuitas en Tarahumara"},"content":{"rendered":"<p>Al sudeste de Chihuahua se halla la regi\u00f3n de los indios tarahumares o rar\u00e1muri, palabra que significa \u00abel de los pies ligeros\u00bb. La Tarahumara, concretando un poco m\u00e1s, se extiende en torno a los cursos iniciales de los r\u00edos Papigochic y Conchos. A\u00fan hoy d\u00eda son los tarahumares uno de los grupos ind\u00edgenas de M\u00e9xico m\u00e1s caracterizados. A comienzos del XVII estos indios morenos y fuertes vest\u00edan taparrabos, faja de colores y ancha cinta en la cabeza para sujetar los largos cabellos, y eran -como todav\u00eda lo son hoy- extraordinarios andarines y corredores. Buenos cazadores y pescadores, diestros con el arco y las flechas, eran tambi\u00e9n habil\u00edsimos en el uso de la honda. Sus flechas venenosas inspiraban gran temor a los pueblos vecinos.<\/p>\n<p>Estos indios eran industriosos, criaban aves de corral, ten\u00edan reba\u00f1os de ovejas, y las mujeres eran buenas tejedoras. Acostumbraban vivir en cuevas, o en chozas que extend\u00edan a lo largo de los r\u00edos, y se mostraron muy reacios a reunirse en pueblos. A diferencia de los tepehuanes del sur, los tarahumares no daba culto a \u00eddolos, pero adoraban el sol y las estrellas, practicaban la magia, eran sumamente supersticiosos, y celebraban sus fiestas con espantosas borracheras colectivas.<\/p>\n<p>El libro de Peter Masten Dunne, Las antiguas misiones de la Tarahumara, muestra claramente que la evangelizaci\u00f3n de los tarahumares fue quiz\u00e1 la m\u00e1s heroica de cuantas los jesuitas realizaron en M\u00e9xico.<\/p>\n<p>La Baja Tarahumara<\/p>\n<p>La misi\u00f3n de Tarahumara se inici\u00f3 desde la de Tepehuanes. Como ya vimos, el padre Juan de Fonte, misionero de los tepehuanes, en 1607 se intern\u00f3 hacia el norte, logr\u00f3 que hicieran la paz tarahumares y tepehuanes, e incluso que vivieran juntos en la misi\u00f3n de San Pablo Balleza, que \u00e9l fund\u00f3 no lejos del centro espa\u00f1ol minero de Santa B\u00e1rbara. La misi\u00f3n prendi\u00f3 bien, pero el padre Fonte fue asesinado en 1616, en la rebeli\u00f3n de los tepehuanes.<\/p>\n<p>Reconstruida esta misi\u00f3n a comienzos de 1617, estuvieron algunos meses en ella dos jesuitas, el navarro Juan de Sang\u00fcesa y el mexicano Nicol\u00e1s Estrada. Y Sang\u00fcesa volvi\u00f3 en 1630. Por este tiempo, otros misioneros jesuitas de los tepehuanes fundaron, al norte del territorio tepehuano, la misi\u00f3n de San Miguel de Bocas, San Gabriel y Tizonazos, en donde se recogieron a vivir indios tarahumaras.<\/p>\n<p>Por otra parte, el hallazgo de mineral precioso hizo que en 1631 se formara en Parral una importante poblaci\u00f3n espa\u00f1ola. As\u00ed las cosas, los indios tarahumaras ven\u00edan a los espa\u00f1oles de Santa B\u00e1rbara y de Parral no s\u00f3lo para vender sus productos, sino incluso para trabajar como buenos obreros para la construcci\u00f3n y las minas. La llegada de los padres Jos\u00e9 Pascual y Jer\u00f3nimo Figueroa en 1639 consolid\u00f3 esta misi\u00f3n incipiente de Tarahumara.<\/p>\n<p>Cuando llegaron estos misioneros, el gobernador de Parral, don Francisco Bravo de la Serna, ante los caciques tarahumares, se postr\u00f3 de rodillas y les bes\u00f3 las manos, repitiendo el gesto de Cort\u00e9s con los franciscanos primeros. Llegaron poco despu\u00e9s los misioneros Cornelio Beudin y Nicol\u00e1s de Zepeda. Beudin era belga, y como esos a\u00f1os estaba prohibido a los extranjeros pasar a la Am\u00e9rica hispana, cambi\u00f3 su nombre por God\u00ednez. El mismo nombre hab\u00eda tomado el irland\u00e9s Miguel Wading cuando en 1620 fue a la misi\u00f3n de Sinaloa. En esos a\u00f1os se fundaron San Felipe y Huejotitl\u00e1n, al sur del r\u00edo Conchos, y San Francisco de Borja, al norte. Con esto qued\u00f3 iniciada la misi\u00f3n de la Baja Tarahumara.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Primeras rebeliones<\/p>\n<p>Al este de tarahumares y tepehuanes viv\u00edan los indios tobosos, que fueron un verdadero azote para estas misiones. Alzados en 1644, incursionaron e hicieron estragos al nordeste de Parral, en Tizonazo y en seis misiones que los franciscanos ten\u00edan entre los indios conchos. Los tobosos mataron espa\u00f1oles, robaron ganado, arrasaron haciendas y poblados, consiguiendo a veces que algunos tarahumares y tepehuenes se unieran a sus fechor\u00edas. Motivo para esto hab\u00eda en el mal trato que los indios a veces sufr\u00edan de los oficiales y civiles espa\u00f1oles, y concretamente del inepto y duro gobernador de Nueva Vizcaya don Luis de Vald\u00e9s.<\/p>\n<p>Poco despu\u00e9s de dominado este ataque, en 1648 estall\u00f3 la primera rebeli\u00f3n tarahumara, que tambi\u00e9n fue sofocada por fuerzas militares comandadas por don Diego Guajardo Fajardo, el nuevo gobernador, hombre de mejores cualidades que Vald\u00e9s. Los soldados espa\u00f1oles de que se dispon\u00eda para estas campa\u00f1as eran muy pocos, cuarenta o cincuenta, y en esa ocasi\u00f3n se decidi\u00f3 establecer el fuerte de Cerro Gordo, entre Parral e Ind\u00e9.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en esa ocasi\u00f3n, en 1549, yendo por la Alta Tarahumara contra los rebeldes, el gobernador Fajardo y el padre Pascual descubrieron un valle muy hermoso a orillas del Papigochic, lugar que ya en 1641 hab\u00eda fascinado en un viaje al padre Figueroa. All\u00ed se fund\u00f3 la misi\u00f3n de Papigochic y la espa\u00f1ola Villa Aguilar, hoy llamada Ciudad Guerrero. Y fue el belga Cornelio Beudin, el llamado God\u00ednez, quien en 1649 se hizo cargo de la misi\u00f3n de Papigochic.<\/p>\n<p>Alzamientos y m\u00e1rtires<\/p>\n<p>Por aquellos a\u00f1os agitados las misiones fueron progresando en su tarea evangelizadora y civilizadora, pero la situaci\u00f3n era todav\u00eda muy insegura. La gran mayor\u00eda de los tarahumares eran a\u00fan paganos, y en cualquier momento una chispa pod\u00eda ocasionar el incendio de una nueva rebeli\u00f3n. La chispa pod\u00eda ser cualquier cosa: alg\u00fan mal trato infligido a indios por los civiles espa\u00f1oles, el hecho de que muriera un ni\u00f1o que hab\u00eda sido recientemente bautizado, o las conspiraciones urdidas por los hechiceros, por los indios tobosos o por caciques que azuzaban a los descontentos&#8230;<\/p>\n<p>El a\u00f1o 1650 parec\u00eda iniciarse pr\u00f3spero y feliz para las misiones, aunque el descontento de algunos indios segu\u00eda incub\u00e1ndose. A mediados de mayo, el padre God\u00ednez hab\u00eda administrado los santos \u00f3leos a la hija de un ne\u00f3fito, y la muchacha muri\u00f3 horas despu\u00e9s. Ya en ese tiempo andaban conspirando tres caciques tarahumares, Teporaca, Yagunaque y Diego Barraza, que hab\u00eda tomado ese nombre de un capit\u00e1n espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Y en ese mes de mayo estall\u00f3 la tormenta. Los rebeldes cercaron la choza en que dorm\u00edan el padre God\u00ednez y su soldado de escolta, Fabi\u00e1n V\u00e1zquez, y le prendieron fuego. Cuando salieron, los flecharon, los arrastraron y los colgaron de los brazos de la cruz del atrio, cometiendo luego en ellos toda clase de crueldades. El belga Cornelio Beudin fue, pues, el primer m\u00e1rtir de la Tarahumara.<\/p>\n<p>En estas ocasiones, los acontecimientos sol\u00edan sucederse en un orden habitual: tras un tiempo latente de conspiraci\u00f3n, los tarahumares alzados atacaban, arrasaban, robaban ganados y cuanto pod\u00edan, hu\u00edan a los montes, les persegu\u00eda un destacamento de soldados espa\u00f1oles, acompa\u00f1ados de un alto n\u00famero de indios leales, se rend\u00edan los rebeldes cuando ya no pod\u00edan mantenerse, y firmaban entonces una paz&#8230; que muchas veces resultaba enga\u00f1osa.<\/p>\n<p>Los indios repoblaron y reconstruyeron Papigochic, y muchos jesuitas de M\u00e9xico se ofrecieron a sustituir en aquella misi\u00f3n al padre God\u00ednez, y all\u00ed fue destinado finalmente el napolitano J\u00e1come Antonio Basilio, llegado a M\u00e9xico en 1642. Trabaj\u00f3 felizmente en Papigochic todo el a\u00f1o 1651, gan\u00e1ndose el afecto de los indios, pero en marzo del a\u00f1o siguiente estall\u00f3 de nuevo la guerra, encendida una vez m\u00e1s por el cacique Teporaca.<\/p>\n<p>Los alzados concentraron su ataque sobre Villa Aguilar, vecina a la misi\u00f3n de Papigochic, estando ausente el misionero. El leal cacique don Pedro recorri\u00f3 m\u00e1s de treinta kil\u00f3metros para avisar del peligro al padre Basilio, que en lugar de huir acudi\u00f3 a Villa Aguilar para asistir a los espa\u00f1oles y a los indios sitiados. Cuando se produjo el asalto definitivo, muri\u00f3 flechado y a golpes de macana, y su cuerpo fue colgado de la cruz del atrio. La violencia y las llamas dejaron desolado por muchos a\u00f1os el valle de Papigochic.<\/p>\n<p>Teporaca y los alzados fueron despu\u00e9s al este, arrasaron Lorenzo, la misi\u00f3n jesuita de Satev\u00f3, entre Chihuahua y el r\u00edo Conchos, y siete misiones franciscanas de los conchos. No logr\u00f3 el cacique rebelde que los tarahumares del sur se le unieran, pues ya eran cristianos desde hac\u00eda diez a\u00f1os. Y cuando los tarahumares rebeldes se vieron en apuros, aceptaron la paz que los jefes espa\u00f1oles les ofrec\u00edan a condici\u00f3n de entregar a su cacique Teporaca.<\/p>\n<p>\u00abAceptaron los rebeldes -cuenta Dunne-, cazaron al p\u00e1jaro y lo entregaron. Los indios constantemente traicionaban a sus propios jefes. Hab\u00eda tambi\u00e9n siempre una particular circunstancia, y era que siempre se exhortaba a recibir el bautismo a los paganos rebeldes, antes de que fueran ahorcados. Teporaca hab\u00eda recibido el bautismo, por eso en los documentos se habla de \u00e9l como de un ap\u00f3stota. Todos le exhortaron al arrepentimiento y a la confesi\u00f3n, tanto el misionero, como parientes y amigos. Pero muri\u00f3 empedernido sin ceder a s\u00faplica alguna\u00bb (126).<\/p>\n<p>Restauraci\u00f3n<\/p>\n<p>En 1649 el veterano misionero Jer\u00f3nimo Figueroa pidi\u00f3 el retiro. Ya llevaba siete a\u00f1os con los tepehuanes y diez con los tarahumares. Se le acept\u00f3 el retiro de su puesto, pero todav\u00eda hab\u00eda de permanecer en la Tarahumara muchos a\u00f1os m\u00e1s, prestando importantes servicios. El hizo informes muy valiosos, y tambi\u00e9n compuso en lengua tepehuana y tarahumara gram\u00e1tica, diccionario y catecismo, que fueron gran ayuda para los misioneros nuevos. Por fin, en 1668 el padre Figueroa hizo su \u00faltimo informe, tras 29 a\u00f1os en la misi\u00f3n de Tarahumara, a la que lleg\u00f3 en 1639. En medio de siglo de grandes trabajos y sufrimientos, el esp\u00edritu de Cristo se hab\u00eda ido difundiendo entre los tarahumares, crec\u00eda el n\u00famero de bautizados, se alzaban las iglesias, y se creaban nuevos poblados misionales.<\/p>\n<p>Los jesuitas, digamos de paso, hicieron una gran labor en el campo de las lenguas ind\u00edgenas de las regiones indias m\u00e1s apartadas. As\u00ed por ejemplo, a\u00f1os antes que el padre Figueroa, el padre \u00abJuan Bautista Velasco escribi\u00f3 una gram\u00e1tica y un diccionario en lengua cahita; con el padre Santar\u00e9n, los escribi\u00f3 en xixim\u00ed y con el padre Horacio Carochi, en otom\u00ed\u00bb (Dunne 143). Tambi\u00e9n el jesuita criollo Guadalajara compuso gram\u00e1tica, diccionario y un tratado general del tarahumar, del guazapar y de lenguas afines.<\/p>\n<p>La asamblea de Parral (1673)<\/p>\n<p>Don Jos\u00e9 Garc\u00eda de Salcedo, gobernador de Nueva Vizcaya, y su principal colaborador, don Francisco de Adramonte, alcalde mayor de Parral, reunieron en Parral, en 1673, una Asamblea de suma importancia para el porvenir de la misi\u00f3n de Tarahumara. Asistieron con ellos representantes del obispo, autoridades militares, cuatro jesuitas, entre ellos Figueroa, y algunos caciques tepehuanes y tarahumares, y el m\u00e1s notable de ellos, el llamado don Pablo, respetado por todas las tribus.<\/p>\n<p>Por la parte espa\u00f1ola, el informe m\u00e1s importante fue el del padre Figueroa, en el que reconoc\u00eda todos los abusos y errores cometidos hasta entonces por los espa\u00f1oles, se\u00f1alando los remedios. Por su parte, los tarahumares, con don Pablo al frente, prometieron su cooperaci\u00f3n y lealtad. Tambi\u00e9n en aquella ocasi\u00f3n se repiti\u00f3 el gesto de Cort\u00e9s, y al t\u00e9rmino de la reuni\u00f3n el gobernador, seguido de los jefes espa\u00f1oles e indios, besaron las manos del venerable padre Figueroa. \u00abEn esta c\u00e9lebre reuni\u00f3n -escribe Dunne- y en su esp\u00edritu constructivo es donde encontramos la cuna del moderno Estado de Chihuahua\u00bb (154).<\/p>\n<p>Por otra parte, en 1664 escribi\u00f3 carta el General de los jesu\u00edtas comunicando que por fin el Consejo de Indias autorizaba el ingreso en la Am\u00e9rica hispana de misioneros extranjeros. Gracias a esta disposici\u00f3n de la Corona espa\u00f1ola, pocos a\u00f1os despu\u00e9s pudieron ir a M\u00e9xico grandes misioneros como los italianos Kino, Salvatierra y P\u00edccolo, o el padre Ugarte, hondure\u00f1o, o Nueuman, hijo de alem\u00e1n, o el noble h\u00fangaro Ratkay. Como en seguida veremos, esto tuvo muy buenas consecuencias, concretamente en las misiones de Tarahumara, Pimer\u00eda y California.<\/p>\n<p>La Alta Tarahumara<\/p>\n<p>Por el a\u00f1o 1675 dos grandes ap\u00f3stoles jesuitas, los padres Jos\u00e9 Tard\u00e1 y Tom\u00e1s de Guadalajara, fundaron misiones en el norte y oeste de Tarahumara. Estos padres hicieron entradas de exploraci\u00f3n y amistad con los indios, llegando hasta Yep\u00f3mera, al norte, y por el oeste a Tutuaca. En estos viajes misioneros pasaron aventuras y riesgos sin n\u00famero, como cuando en Tutuaca los indios, para celebrar su venida, organizaron una gran borrachera&#8230;<\/p>\n<p>Reprendidos por los misioneros, apenas pod\u00edan entender los indios que aquella org\u00eda alcoh\u00f3lica tan gozosa pudiera ofender a Dios, pero cuando los padres insistieron en ello, derramaron en tierra las ollas de bebida. Del aventurado viaje de estos dos padres jesuitas nacer\u00edan m\u00e1s tarde, a petici\u00f3n de los indios, varias misiones de la Alta Tarahumara, que en su conjunto vinieron a constituir en 1678 una nueva misi\u00f3n, llamada de San Joaqu\u00edn y Santa Ana.<\/p>\n<p>Uno de los primeros intentos de los misioneros era siempre persuadir a los indios a que vivieran reducidos en pueblos, mostr\u00e1ndoles el ejemplo de paz y prosperidad de los que as\u00ed lo hab\u00edan hecho ya. Con frecuencia los pueblos tarahumara, como Carichic, se extend\u00edan en diversas chozas o rancher\u00edas a lo largo de diez o quince kil\u00f3metros. Seg\u00fan esto, cada misi\u00f3n comprend\u00eda varios partidos, y cada partido varios pueblos, siendo \u00fanica la iglesia que se constru\u00eda. En el pueblo principal de cabecera, que llevaba generalmente el nombre de un santo y como apellido el nombre ind\u00edgena del lugar, resid\u00eda un misionero, que atend\u00eda los otros lugares, llamados pueblos de visita. Y diseminadas entre estos pueblos, sobre todo al sur, viv\u00edan algunas familias espa\u00f1olas en sus ranchos o estancias, cerca de las misiones. En 1678 hab\u00eda unos 5.000 tarahumares ne\u00f3fitos.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al sudeste de Chihuahua se halla la regi\u00f3n de los indios tarahumares o rar\u00e1muri, palabra que significa \u00abel de los pies ligeros\u00bb. 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