{"id":5314,"date":"2010-03-23T17:34:09","date_gmt":"2010-03-23T22:34:09","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=5314"},"modified":"2010-03-23T14:58:57","modified_gmt":"2010-03-23T19:58:57","slug":"202-perder-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2010\/03\/23\/202-perder-a-dios\/","title":{"rendered":"202. Perder a Dios"},"content":{"rendered":"<p>202.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n<p>202.2. Para comprender un poco qu\u00e9 significa perder a Dios, voy a necesitar de todo tu tiempo, de toda tu inteligencia y de todo tu amor. Nada que hayas perdido se parece a perder a Dios. Nada que hayas entendido, nada que hayas amado es suficiente lenguaje para describir lo que quiero decirte.<\/p>\n<p>202.3. Las creaturas no pueden decir lo que es perder a Dios, porque quienes le tenemos, porque \u00c9l nos posee, no tenemos lengua que describa lo que ser\u00eda no tenerle, y quienes le han perdido, por ello mismo han perdido la capacidad de decir la verdad incluso de su propia y lamentable situaci\u00f3n.<\/p>\n<p>202.4. Sin embargo, es importante conservar alguna referencia sobre qu\u00e9 es perder a Dios, porque toda la seriedad de todo tu tiempo y de toda tu vida est\u00e1 en que puedes ganar a Dios \u2014si \u00c9l te gana para s\u00ed\u2014 o perderle.<\/p>\n<p>202.5. Voy a relatarte una historia. Es posible que as\u00ed, mejor que con im\u00e1genes o conceptos, puedas hacerte un retrato de esta grave realidad.<\/p>\n<p>202.6. Hubo en tiempos antiguos un hombre que se llamaba Esperio. Sus padres le pusieron este extra\u00f1o nombre porque, despu\u00e9s de muchos a\u00f1os sin poder tener hijos, un d\u00eda Azucena, la mam\u00e1 de Esperio, dijo a su esposo que estaba embarazada. El esposo se llamaba Ralf\u00ed, porque sus abuelos, de origen \u00e1rabe, le ten\u00edan cari\u00f1o a ese nombre.<\/p>\n<p>202.7. Lo cierto es que Azucena qued\u00f3 esperando, y ella, lo mismo que Ralf\u00ed, locos de contento sintieron que la vida les hab\u00eda devuelto en justicia lo que ellos se merec\u00edan. Al fin y al cabo, este par hab\u00eda vivido siempre con honradez, mesura y generosidad, de modo que nadie en Hurlaya pod\u00eda decir que ellos hab\u00edan dicho una mentira o que se hab\u00edan apropiado de nada.<\/p>\n<p>202.8. No te he dicho que Hurlaya era el nombre de la inmensa monta\u00f1a en la que viv\u00edan Ralf\u00ed y Azucena, lo mismo que sus cuarenta y siete familias vecinas. Puede decirse que Hurlaya era como un remanso de paz, y hay quien asegura que en alguna de las antiguas lenguas ind\u00edgenas eso era lo que significa ese curioso nombre: \u00ablugar de paz.&#8221;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>202.9. La noticia del embarazo de Azucena fue motivo de gozo no s\u00f3lo para su esposo, que ya empezaba a ser anciano, sino tambi\u00e9n para las cuarenta y siete familias de Hurlaya, o mejor dicho, para las cuarenta y seis, porque los esposos Hej\u00e9n no manifestaron la menor alegr\u00eda ni se unieron al dulce alborozo que cundi\u00f3 como fuego en paja seca, apenas se supo que un beb\u00e9 ven\u00eda en camino.<\/p>\n<p>202.10. &#8220;Esta es la esperanza que nos da Dios,&#8221; dijo Ralf\u00ed, sonriendo ampliamente mientras brindaba en medio de la fiesta colosal que por esas fechas se organiz\u00f3. Y agreg\u00f3: &#8220;por eso hemos decidido que nuestra ni\u00f1a se debe llamar &#8216;Esperanza&#8217;; \u00e9se ser\u00e1 su nombre.&#8221; Un gran silencio se produjo en la reuni\u00f3n. La verdad es que la primera sorprendida con aquellas palabras fue Azucena, porque de hecho no hab\u00edan hablado del nombre del beb\u00e9 que naciera; adem\u00e1s, \u00bfde d\u00f3nde iba a sacar el bueno de Ralf\u00ed que iba a ser una ni\u00f1a? Como Azucena no hab\u00eda tenido ni\u00f1os carec\u00eda de la menor experiencia sobre qu\u00e9 se pod\u00eda o no pod\u00eda sentir en el vientre, y las opiniones de las mujeres de Hurlaya eran, como suele suceder en estos casos, de lo m\u00e1s variado.<\/p>\n<p>202.11. &#8220;Ser\u00e1 un ni\u00f1o,&#8221; dec\u00eda con gran convicci\u00f3n Hildegarda, &#8220;la forma de tu vientre lo dice claramente.&#8221; Y otra vecina correg\u00eda: &#8220;\u00a1T\u00fa no sabes nada! Mira la suavidad de trato que el beb\u00e9 ha tenido con ella. \u00a1Y es una primeriza! Debe de ser una ni\u00f1a. Ralf\u00ed tiene toda la raz\u00f3n.&#8221; Las discusiones fueron creciendo en longitud y amplitud, al punto que pronto no se hablaba de otra cosa en Hurlaya. Al desayuno, al almuerzo o a la cena, antes de empezar el trabajo o en los descansos de la ma\u00f1ana o de la tarde, todo el mundo quer\u00eda dar su opini\u00f3n.<\/p>\n<p>202.12. Como puedes suponer, la situaci\u00f3n se volvi\u00f3 insostenible para la pobre Azucena, que ya no sab\u00eda como sentarse, como caminar, como sonre\u00edr, sin que alg\u00fan vecino la mirara como calibr\u00e1ndole el vientre y haciendo suposiciones cada vez m\u00e1s intrincadas y artificiales.<\/p>\n<p>202.13. Una noche las cosas llegaron a su l\u00edmite. Fuera ni\u00f1o o ni\u00f1a, el embarazo hac\u00eda mella en la pobre primeriza que se sent\u00eda fatigada y con n\u00e1useas, especialmente por las noches. No pod\u00eda conciliar el sue\u00f1o y le fastidiaba estar despierta porque el agotamiento se adue\u00f1aba de su coraz\u00f3n. Ser\u00edan como las tres de la ma\u00f1ana cuando en uno de esos desvelos terribles escuch\u00f3 a lo lejos el ruido t\u00edpico de una gran reuni\u00f3n. Haciendo un esfuerzo se puso en pie, sali\u00f3 sigilosamente de su casa sin encender una sola luz y se fue caminando de puntillas hasta cerca del lugar de donde sal\u00edan voces entusiastas y agitadas. \u00bfQu\u00e9 era todo aquello? \u00a1Azucena empez\u00f3 a temblar de ira! Hab\u00edan acomodado un inmenso tablero en la sala de la casa de los esposos Fegt\u00edo y todo el ruido era el ir y venir de las apuestas que no cesaban de crecer.<\/p>\n<p>202.14. La voz de un hombre, al parecer ya ebrio, se impuso sobre el resto: &#8220;\u00a1Duplico mi apuesta! El beb\u00e9 de Azucena es un ni\u00f1o, y va a ser m\u00e1s hombre que cualquiera de estos mequetrefes que andan diciendo que ser\u00e1 ni\u00f1a.&#8221; Las risotadas estallaron a esa hora de la noche. La improvisada esp\u00eda ve\u00eda con impotencia c\u00f3mo su embarazo, para ella tan sagrado, tan bello, tan propio de su intimidad y su ternura, era ocasi\u00f3n de chistes ramplones y comentarios obscenos de toda clase.<\/p>\n<p>202.15. Esto meditaba cuando una mujer, que sin duda hab\u00eda bebido mucho m\u00e1s de la cuenta, se hizo o\u00edr gritando como loca en trance: &#8220;\u00a1Mequetrefe ser\u00e1s t\u00fa, porque tu cabeza es un pedazo de corcho! \u00bfQu\u00e9, no sabes de cuentas? Un hombre tan acabado como el pobrecillo de Ralf\u00ed no puede engendrar cuando quiera. \u00bfNo viste qu\u00e9 fase llevaba la luna la noche en que esos dos se pusieron a hacer el ni\u00f1o?&#8221; Algo m\u00e1s sigui\u00f3 diciendo, a\u00f1adiendo unos apuntes a otros, interrumpida por las carcajadas vulgares de la concurrencia.<\/p>\n<p>202.16. Azucena rompi\u00f3 en llanto. Las l\u00e1grimas corr\u00edan como peque\u00f1os arroyos por sus mejillas ya arrugadas por la edad, pero sobre todo por la tristeza. Sin dejar escuchar sus sollozos, volvi\u00f3 sobre sus pisadas, y entr\u00f3 a casa sin que Ralf\u00ed se enterara ni cu\u00e1ndo se levant\u00f3 ni cu\u00e1ndo se acost\u00f3.<\/p>\n<p>202.17. Al otro d\u00eda, el bueno de Ralf\u00ed se fue al campo, alegre como un gorri\u00f3n en primavera; silbaba y canturreaba, mientras preparaba las herramientas, porque sab\u00eda que la jornada iba a ser muy dura. S\u00f3lo cuando se sent\u00f3 para tomar, siempre de prisa, una taza de caf\u00e9, not\u00f3 las profundas ojeras de su esposa. Los ojos, adem\u00e1s, estaban visiblemente hinchados e irritados, de manera que su aspecto pod\u00eda decirse que era lamentable.<\/p>\n<p>202.18. Azucena no sab\u00eda qu\u00e9 decirle. Estaba devastada y arrasada; se sent\u00ed como si la hubieran violado, como si algo muy bueno, muy bello y muy puro se hubiera echado a la cloaca m\u00e1s inmunda. Pero, \u00bfc\u00f3mo decirle eso a Ralf\u00ed? \u00bfC\u00f3mo explicarle que Hurlaya hab\u00eda dejado de ser lugar de paz para ella?<\/p>\n<p>202.19. \u00c9l no dejaba de mirarla mientras tomaba a grandes sorbos su taz\u00f3n de caf\u00e9 negro, pero dej\u00f3 de silbar. Sinti\u00f3 que ese cansancio hab\u00eda que respetarlo, y adem\u00e1s \u00bfc\u00f3mo se iba a imaginar que, hac\u00eda apenas unas horas, todos esos amables y respetuosos vecinos se hab\u00edan divertido morbosamente especulando sobre su capacidad viril, y otras procacidades por el estilo? Por eso no dijo mayor cosa, sino que prolong\u00f3 un poco m\u00e1s su abrazo de despedida, como queriendo regalarle una dosis adicional de mimo. Azucena intent\u00f3 sonre\u00edr, aunque no pudo y ambos se separaron sin cruzar una palabra.<\/p>\n<p>202.20. La pobre mujer no quer\u00eda comer. Lleg\u00f3 la hora del almuerzo y ni siquiera hab\u00eda encendido la estufa. Segu\u00eda sentada, all\u00ed donde Ralf\u00ed la hab\u00eda dejado, suspirando a trechos, sollozando en voz baja, apretando los pu\u00f1os y ansiando irse de all\u00ed. Entonces se le ocurri\u00f3 una idea: &#8220;Si logramos establecer claramente, y de una vez por todas qu\u00e9 es lo que yo llevo en esta barriga m\u00eda, se acaba el chismorreo. Es impensable irnos ahora de Hurlaya. Pronto vendr\u00e1 la estaci\u00f3n de lluvias y yo francamente no voy a poder con un trasteo en tales circunstancias&#8230;&#8221; As\u00ed pens\u00f3, y entonces se puso a cavilar qui\u00e9n podr\u00eda responder con absoluta certeza a su pregunta.<\/p>\n<p>202.21. Como Hurlaya era una monta\u00f1a tan completamente aislada de los dem\u00e1s montes y poblados, las cavilaciones no ten\u00edan que irse hasta muy lejos. &#8220;\u00bfQui\u00e9n, entre estas cuarenta y siete familias sabe tanto de medicina, como para resolver mi gran pregunta?&#8221; Esta frase la dijo en voz alta, con una cierta animaci\u00f3n, mientras caminaba de una parte a otra de su peque\u00f1a casita. Mas entonces cay\u00f3 en cuenta de que si alguien tuviera realmente respuesta a esa pregunta, seguramente no iba a querer responderle, por una sencilla raz\u00f3n: puesto que os Fegt\u00edo estaban recogiendo apuestas, una persona que tuviera la verdadera y real respuesta ser\u00eda capaz de apostar todo su dinero, con la certeza de que en ning\u00fan caso lo iba a perder.<\/p>\n<p>202.22. Desconsolada y agotada, no dio reposo sin embargo a su mente, sino que sigui\u00f3 buscando una manera de librarse de aquella tortura diaria. Sus pensamientos, oscurecidos por la certeza de la hipocres\u00eda del mundo, se cargaron de un odio profundo y creciente. Y fue as\u00ed como la encontr\u00f3 Ralf\u00ed, a su vuelta del trabajo.<\/p>\n<p>202.23. \u2014Azucena, s\u00e9 que est\u00e1s muy triste y muy cansada por todo lo que se nos ha venido encima, \u2014empez\u00f3 \u00e9l. Y sigui\u00f3: \u2014Pero, \u00bfno crees que est\u00e1s exagerando un poco? Nuestros vecinos no son gente mala&#8230;<\/p>\n<p>202.24. \u2014\u00a1Eso d\u00edselo a otro!, \u2014replic\u00f3 ella con fuerza. Y empez\u00f3 a explicarle punto por punto no s\u00f3lo lo que hab\u00eda visto en aquella noche horrenda, sino todo lo que hab\u00eda venido acumulando en su alma desde el primer d\u00eda que hab\u00edan pisado Hurlaya. Con el rostro congestionado, el cabello despeinado y los ojos inyectados ofrec\u00eda un semblante ya no s\u00f3lo l\u00fagubre sino francamente aterrador. Termin\u00f3 su discurso anunciando el plan que hab\u00eda urdido:<\/p>\n<p>202.25. \u2014Yo te voy a decir lo que haremos, \u2014dijo entre jadeos\u2014. Voy a ir donde los esposos Hej\u00e9n.<\/p>\n<p>202.26. Ralf\u00ed palideci\u00f3.<\/p>\n<p>202.27. \u2014Amor m\u00edo, \u00a1por Dios!, \u00bfqu\u00e9 est\u00e1s diciendo? Est\u00e1s muy, muy cansada, y muy, muy resentida. Ha sido un d\u00eda espantoso. T\u00fa sabes que los Hej\u00e9n no nos quieren ni un poquito; sabes adem\u00e1s que son gente&#8230; rara, dig\u00e1moslo as\u00ed, tienen pactos extra\u00f1os y su religi\u00f3n es cosa de brujas: invocan a los esp\u00edritus de las pe\u00f1as y&#8230; \u00bfpara qu\u00e9 digo m\u00e1s? \u00a1T\u00fa misma me has advertido de lo peligroso que ser\u00eda tratar a esos invocadores cargados de supersticiones!<\/p>\n<p>202.28. \u2014Todo eso podr\u00e1 ser cierto, pero, en primer lugar, yo creo que ellos s\u00ed saben cosas que nadie m\u00e1s sabe. \u00bfCu\u00e1ndo has o\u00eddo que se les muera un animal o se les pierda una cosecha? Adem\u00e1s, y en segundo lugar, mi peque\u00f1o e ingenuo Ralfito, ellos no estuvieron en el carnaval de humillaciones. \u00bfNo me o\u00edste lo que dec\u00edan de ti y de m\u00ed, y c\u00f3mo se burlaban de tu fuerza de hombre? \u00bfEs que me voy a quedar callada mientras todas esas viejas babosas se r\u00eden todas las noches de ti y de m\u00ed? \u00a1Mal rayo me parta si no me desquito de esta afrenta! \u00a1Es lo peor que me pod\u00eda pasar! Y si t\u00fa no haces nada, ni Dios hace nada viendo c\u00f3mo me tratan, yo s\u00ed voy a hacer algo&#8230; \u00a1as\u00ed tenga que hacerme amiga de los Hej\u00e9n!<\/p>\n<p>202.29. Azucena no pudo continuar. Un acceso espantoso de tos y v\u00f3mito cort\u00f3 sus palabras. La cara le ard\u00eda de sangre. Agitaba las manos como enloquecida, y ped\u00eda justicia y venganza. Ralf\u00ed trat\u00f3 de calmarla, pero no fue mucho lo que consigui\u00f3. M\u00e1s pudo finalmente el sue\u00f1o, o mejor, el desmayo que la dej\u00f3 sumergida en un extra\u00f1o estado como de par\u00e1lisis o catalepsia. Fue la primera vez que Ralf\u00ed temi\u00f3 por su hijo.<\/p>\n<p>202.30. Las cosas, sin embargo, no mejoraron cuando ella despert\u00f3. El sol se alzaba ya muy alto, y Ralf\u00ed hab\u00eda decidido prepararse \u00e9l mismo su caf\u00e9 negro y dejar descansando a su atribulada mujer. Sobre la mesa, una nota: \u00abAzucena, conserva la paz que llevas en ese nombre. Dios no se ha dormido ni est\u00e1 enfermo. Cu\u00eddate y cuida al ni\u00f1o. \u00a1Ya falta poco! Te quiero, Ralf\u00ed.\u00bb<\/p>\n<p>202.31. Ella ley\u00f3 imp\u00e1vida la notica, que m\u00e1s bien le cay\u00f3 mal. Precisamente el pensamiento que peor la pon\u00eda era ese: &#8220;\u00bfpor qu\u00e9 Dios no hace nada viendo que la injusticia y el cinismo crecen sin medida? \u00bfEste es el precio de dar vida?.&#8221; Se tom\u00f3 dos sorbos r\u00e1pidos de un jugo de frutas que ya estaba medio fermentado, maldijo su suerte en voz alta, y sin decir m\u00e1s palabras sali\u00f3 a buscar a los esposos Hej\u00e9n.<\/p>\n<p>202.32. Con c\u00ednica frialdad salud\u00f3 a cada una de sus vecinas, mientras bajaba la inmensa monta\u00f1a, pues los Hej\u00e9n, desde que llegaron, se hab\u00edan instalado en la parte m\u00e1s baja de Hurlaya. Azucena sonre\u00eda, goz\u00e1ndose de haber aprendido el juego de las hipocres\u00edas del mundo. Fatigada, sudorosa, y pr\u00e1cticamente en ayunas, sobrecargada por el beb\u00e9 que ya pasaba de los ocho meses, aplastada por el sol inclemente, fue bajando y bajando hasta divisar la casita de los Hej\u00e9n. Las cortinas estaban cerradas, pero el humo de la chimenea anunciaba que hab\u00eda alguien adentro.<\/p>\n<p>202.33. Ser\u00eda pasado el mediod\u00eda cuando por fin pudo llamar a la puerta de los Hej\u00e9n. A esa misma hora, Ralf\u00ed, que se hab\u00eda devuelto por un extra\u00f1o presentimiento descubri\u00f3 que Azucena se hab\u00eda ido, dejando la nota arrugada en el piso de la entrada. Y entonces temi\u00f3 por segunda vez por la vida de su hijo. Sin perder un instante se lanz\u00f3 monta\u00f1a abajo, tratando de impedir lo que ya suced\u00eda.<\/p>\n<p>202.34. En efecto, Kev\u00f3n Hej\u00e9n, el due\u00f1o de aquella casa siempre cerrada, hab\u00eda acogido con inusitada hospitalidad a Azucena, y como si presintiera que ten\u00eda poco tiempo para hacer su obra, anunci\u00f3 con voz de triunfo:<\/p>\n<p>202.35. \u2014\u00a1Mi querida Azucena! Las diferencias que en otro tiempo nos separaron no tienen importancia ya. Comprendo perfectamente tu disgusto, pues tambi\u00e9n nosotros hemos sufrido con esta gentuza que no sabe sino de murmurar del pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>202.36. Azucena sinti\u00f3 que un rel\u00e1mpago del cielo cruzaba su cerebro enfebrecido: &#8220;\u00c9ste se queja de murmuraciones, murmurando,&#8221; pens\u00f3, y le pareci\u00f3 una gran inconsecuencia, pero de todos modos sigui\u00f3 oyendo, porque el tono triunfante de Kev\u00f3n le infund\u00eda fuerza.<\/p>\n<p>202.37. \u2014\u00a1Has venido al lugar apropiado, Azucenita! Bastar\u00e1 que te tomes un trago de esta preparaci\u00f3n secreta que muy poco suelo utilizar pero que es infalible. Si quieres, te bebes ya mismo un buen sorbo. Te aseguro que antes del atardecer tendr\u00e1s respuesta a tu pregunta.<\/p>\n<p>202.38. \u2014Gracias por tu amabilidad, Kev\u00f3n, pero, \u00bfde qu\u00e9 modo sabr\u00e9 la respuesta?<\/p>\n<p>202.39. \u2014\u00a1Del modo menos pensado, ni\u00f1a curiosa! En todo caso, yo subir\u00e9 hoy por la noche a tu casa para asegurarme de que todo est\u00e9 en orden, y para responderte cualquier otra inquietud. Ya te dije: tenemos que unirnos para defendernos de esta plaga que llaman &#8220;gente.&#8221;<\/p>\n<p>202.40. Y Kev\u00f3n entreg\u00f3 la bebida a Azucena, que la pas\u00f3 de un sorbo. Sab\u00eda a miel silvestre y produc\u00eda un ligero mareo, como cuando un licor hace su primer efecto.<\/p>\n<p>202.41. No cruzaron muchas m\u00e1s palabras. Una despedida cort\u00e9s y falsa, y unas \u00faltimas disculpas:<\/p>\n<p>202.42. \u2014Azucenita, perdona que ni mi esposa ni yo te acompa\u00f1emos, pero es que a nuestra edad este sol es insoportable. T\u00fa en cambio est\u00e1s joven y eres fuerte, y adem\u00e1s&#8230; \u00bfno nos conviene que el buen Ralf\u00ed se entere de que estuviste por ac\u00e1, verdad?<\/p>\n<p>202.43. Azucena empez\u00f3 el penoso ascenso. Ralf\u00ed corr\u00eda, casi se dir\u00eda que volaba. Se encontraron bastante abajo, all\u00ed donde Azucena tuvo que detenerse porque hab\u00eda empezado a sangrar. La escena fue espantosa. El parto se le precipit\u00f3 en medio de horribles calambres y gritos. Con esfuerzo la pudieron llevar a casa de la se\u00f1ora Felisa, por cierto aquella que hab\u00eda hecho la ruidosa y grosera apuesta de la noche fat\u00eddica.<\/p>\n<p>202.44. Ralf\u00ed lloraba como un ni\u00f1o viendo que lo peor de sus presentimientos se realizaba ante sus ojos: la bebita que sali\u00f3 de aquel vientre estaba ya muerta cuando la salud\u00f3 la luz del sol. Ralf\u00ed, inconsolable, sufri\u00f3 un trastorno y se desmay\u00f3, y Azucena, antes de desfallecer por la p\u00e9rdida de sangre y el esfuerzo sobrehumano, pudo ver contra la pared de aquel cuarto la silueta inconfundible de Kev\u00f3n, que la hab\u00eda seguido hasta all\u00ed, seguramente para comprobar que todo estuviera &#8220;en orden.&#8221;<\/p>\n<p>202.45. Cuando Ralf\u00ed volvi\u00f3 a sus sentidos, entre gemidos dec\u00eda: &#8220;\u00a1Se muri\u00f3 mi Esperanza! \u00a1Ay de m\u00ed, se muri\u00f3 mi Esperanza!.&#8221;<\/p>\n<p>202.46. Azucena nunca volvi\u00f3 a ser la misma, por supuesto. Hurlaya no volvi\u00f3 a ser la misma. Todos se enteraron de las circunstancias de la muerte de la bebita y todos presintieron que ese aborto hab\u00eda sido inducido, pero nadie pudo probar nada, y los Hej\u00e9n siguieron viviendo en su misma casa, en la falda de la gran monta\u00f1a.<\/p>\n<p>202.47. Azucena, sin embargo, lleg\u00f3 a ser madre, y de aquel nuevo embarazo naci\u00f3 un ni\u00f1o, al que llamaron Esperio, seguramente como una reminiscencia de la desdichada Esperanza. El d\u00eda en que el ni\u00f1o se volvi\u00f3 un joven inquieto y muy inteligente, y hubo que contarle el origen de su nombre, Ralf\u00ed todav\u00eda no pod\u00eda hablar de aquellos hechos. Fue Azucena la que reuni\u00f3 su valor y le cont\u00f3 todo punto por punto.<\/p>\n<p>202.48. El final de sus palabras es digno de ser citado: &#8220;Hijo m\u00edo, yo s\u00e9 c\u00f3mo apesta el infierno; yo s\u00e9 lo que significa perder a Dios en la vida. Y s\u00e9 tambi\u00e9n lo que significa llegar hasta ese borde pavoroso, y sentir que una mano te sostiene y una voz te dice que todav\u00eda te queda una oportunidad. T\u00fa, ni\u00f1o m\u00edo, amor m\u00edo&#8230; t\u00fa eres la mano que Dios me tendi\u00f3 cuando yo le despreciaba.&#8221; Y Azucena reclin\u00f3 su cabeza, cargada de humildad y sabidur\u00eda, sobre el pecho firme de su hermoso hijo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>202.1. En el Nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00edritu Santo. 202.2. Para comprender un poco qu\u00e9 significa perder a Dios, voy a necesitar de todo tu tiempo, de toda tu inteligencia y de todo tu amor. Nada que hayas perdido se parece a perder a Dios. Nada que hayas entendido, nada que &hellip; <\/p>\n<p class=\"link-more\"><a href=\"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2010\/03\/23\/202-perder-a-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> &#8220;202. 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