{"id":52643,"date":"2017-03-15T01:20:06","date_gmt":"2017-03-15T06:20:06","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=52643"},"modified":"2017-03-14T09:25:55","modified_gmt":"2017-03-14T14:25:55","slug":"dios-habla-tambien-a-traves-de-los-obstaculos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/03\/15\/dios-habla-tambien-a-traves-de-los-obstaculos\/","title":{"rendered":"Dios habla tambi\u00e9n a trav\u00e9s de los obst\u00e1culos"},"content":{"rendered":"<p>Fundador por necesidad<\/p>\n<p>En 1665 obtuvo Pedro del se\u00f1or obispo permiso para dejar su apellido, como hac\u00edan los religiosos, y llamarse en adelante Pedro de San Jos\u00e9. Se sinti\u00f3 muy feliz cuando el buen obispo agustino le concedi\u00f3 el privilegio por escrito, y se apresur\u00f3 a mostrar aquel documento en el Hospital a sus amigos. Entonces escribi\u00f3 delante de ellos en un papel: \u00abPido por amor de Dios que todos los que me quisieran hacer caridad firmen aqu\u00ed y digan: Pedro de San Jos\u00e9\u00bb. As\u00ed lo hicieron veintisiete personas.<\/p>\n<p>El Hermano Pedro, a medida que crec\u00eda el Hospital, comprendi\u00f3 pronto la necesidad de que una comunidad religiosa, centrada en la oraci\u00f3n, la penitencia y el servicio a los pobres, lo atendiera de modo estable. Por entonces, varios Hermanos suyos terciarios se hab\u00edan dedicado al Hospital, y \u00e9l les di\u00f3 una Regla de vida muy sencilla, en la que se prescrib\u00eda un tiempo de culto al Sant\u00edsimo, el rezo del Rosario en varias horas del d\u00eda -en lugar del Oficio divino, sustituci\u00f3n habitual en los Hermanos legos-, la lectura de la Imitaci\u00f3n de Cristo, y el servicio a pobres y enfermos. Todo lo cual, dec\u00eda, hab\u00eda de guardarse \u00absin decaecer en cosa alguna\u00bb; y a\u00f1ad\u00eda: \u00abcon todo lo dem\u00e1s que Dios Nuestro Se\u00f1or les dictare\u00bb, dejando as\u00ed abierta su norma de vida a ulteriores desarrollos.<\/p>\n<p>Los franciscanos, especialmente el padre Espinel, apoyaban con cari\u00f1o la obra del Hermano Pedro, aunque no todos, como el padre Juan de Ara\u00fajo. Y permiti\u00f3 Dios en su providencia que \u00e9ste, precisamente, fuera en 1667 nombrado guardi\u00e1n del convento. Una de sus primeras medidas fue poner estorbos y restricciones a los Hermanos terciarios que serv\u00edan el Hospital del Hermano Pedro, hasta el punto que \u00e9stos se vieron en la necesidad de abandonar el h\u00e1bito de terciarios franciscanos, y con permiso del obispo, vistieron un nuevo. La Orden se le iba formando al Hermano Pedro seg\u00fan aquello del evangelio: \u00absin que \u00e9l sepa c\u00f3mo\u00bb (Mc 4,27).<\/p>\n<p>Primeros Hermanos<\/p>\n<p>Seis Hermanos estuvieron con Pedro al principio, y \u00e9ste dec\u00eda en su testamento que \u00abmejoraron tanto que pudieron ser ejemplares de vidas de donde todos trasladasen perfecciones a las suyas. Cinco de ellos pasaron con brevedad al Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Uno de ellos, Pedro Fern\u00e1ndez, lleg\u00f3 al Hospital con veinte a\u00f1os, y decidido a conseguir la santidad cuanto antes, se entreg\u00f3 a una extremada vida penitente. Pr\u00f3ximo a la muerte, en la cuaresma de 1667, pidi\u00f3 que le dejasen morir en el suelo. \u00abM\u00e1s vale, Hermano -le dijo Pedro-, morir en la cama por obediencia que en el suelo por voluntad\u00bb. Acept\u00f3 el moribundo, y Pedro le dijo como despedida: \u00abNos avisar\u00e1, Hermano, lo que hay por all\u00e1\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Otro Hermano primero fue un caballero llamado Rodrigo de Tovar y Salinas, rico hacendado de Costa Rica, que se desprendi\u00f3 de todos sus bienes para irse a servir a los pobres en el Hospital de Bel\u00e9n. Sin embargo, no dej\u00f3 todo por completo, pues conserv\u00f3 un genio altivo y violento. El d\u00eda en que se le advirti\u00f3 que, de no humillarse, no podr\u00eda recibir el h\u00e1bito, reaccion\u00f3 con palabrotas y juramentos. Era entonces el tiempo de oraci\u00f3n, y el Hermano Pedro, quit\u00e1ndose el rosario que llevaba al cuello, se lo ech\u00f3 a don Rodrigo sobre los hombros, como tenue cadena, y atray\u00e9ndole, le abraz\u00f3, al tiempo que le dec\u00eda: \u00abV\u00e9ngase conmigo, hermano, que ha de ser mi compa\u00f1ero hasta que muera\u00bb. Entr\u00f3 as\u00ed con \u00e9l en el oratorio, y as\u00ed rezaron juntos de rodillas ante la Virgen, sujetos ambos por el yugo suave del rosario. Aunque todav\u00eda hizo intento el Hermano Rodrigo de abandonar el Hospital de Bel\u00e9n, no mucho despu\u00e9s muri\u00f3 en \u00e9l santamente gracias a la paciencia y caridad del Hermano Pedro.<\/p>\n<p>Fray Rodrigo de la Cruz<\/p>\n<p>La llegada de un gran personaje al peque\u00f1o mundo de aquellas ciudades hispanoamericanas era realmente por entonces un acontecimiento que despertaba una ansiosa expectaci\u00f3n. A fines de 1666 se supo que llegaba a la ciudad el ilustre caballero don Rodrigo de Arias Maldonado.<\/p>\n<p>Este joven, de noble linaje, pariente de los duques de Alba y de los condes-duques de Benavente, a\u00fan no ten\u00eda treinta a\u00f1os, pero ya en 1661, sucediendo a su padre, hab\u00eda sido nombrado gobernador de Costa Rica, y all\u00ed hab\u00eda conquistado la regi\u00f3n de Talamanca. Un d\u00eda, al fin, por las alamedas de Santa Luc\u00eda y el Calvario, las damas y caballeros pudieron ver pasar a aquel famoso caballero, nacido en Marbella, M\u00e1laga, vestido con elegancia, acompa\u00f1ado de su s\u00e9quito, erguido sobre su brioso caballo.<\/p>\n<p>Los capitalinos de Guatemala nunca hab\u00edan conocido un caballero de tan cumplida prestancia, y pronto don Rodrigo hizo estragos en los corazones femeninos. De la vida que en la capital hac\u00eda este personaje tan notable quiso un d\u00eda enterarse, curioso, el gobernador Arias Maldonado, y le pidi\u00f3 a su bien informado barbero que le dijera lo que de \u00e9l se contaba. El barbero le cont\u00f3 entonces una historia bien extra\u00f1a. Le hab\u00edan dicho que, pasando el otro d\u00eda don Rodrigo junto al Hospital de Bel\u00e9n, el Hermano Pedro coment\u00f3: \u00ab\u00bfVen al se\u00f1or gobernador, con esa pompa vana y con la majestad con que va? Pues \u00e9se es el que mi Dios tiene ya preparado para mi sucesor en este hospital\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Ni el gobernador ni nadie prest\u00f3 cr\u00e9dito entonces a tales palabras, que no parec\u00edan ser m\u00e1s que un disparate curioso. Pero, en efecto, poco despu\u00e9s don Rodrigo pidi\u00f3 ingresar en la comunidad del Hospital de Bel\u00e9n, y el Hermano Pedro, despu\u00e9s de algunas pruebas bien duras y humillantes, le recibi\u00f3 con alegr\u00eda, d\u00e1ndole el nombre de fray Rodrigo de la Cruz. Este, m\u00e1s tarde, no acept\u00f3 el t\u00edtulo de marqu\u00e9s de Talamanca, ni su renta anual de 12.000 ducados. S\u00f3lo cuatro meses pudieron vivir juntos Pedro y Rodrigo, pero fueron suficientes para que en su testamento el Hermano Pedro le designara Hermano Mayor del Hospital de Bel\u00e9n.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fundador por necesidad En 1665 obtuvo Pedro del se\u00f1or obispo permiso para dejar su apellido, como hac\u00edan los religiosos, y llamarse en adelante Pedro de San Jos\u00e9. 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