{"id":51931,"date":"2017-02-15T01:22:55","date_gmt":"2017-02-15T06:22:55","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=51931"},"modified":"2017-02-14T14:26:49","modified_gmt":"2017-02-14T19:26:49","slug":"caridad-y-sencillez-las-dos-lamparas-en-la-vida-del-hermano-pedro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/02\/15\/caridad-y-sencillez-las-dos-lamparas-en-la-vida-del-hermano-pedro\/","title":{"rendered":"Caridad y sencillez: las dos l\u00e1mparas en la vida del Hermano Pedro"},"content":{"rendered":"<p>Hermano terciario franciscano<\/p>\n<p>Un d\u00eda el padre Espino, viendo la orientaci\u00f3n que iba tomando la vida de Pedro, le ofreci\u00f3 ser lego de la orden franciscana; pero \u00e9ste quer\u00eda ser simplemente terciario: \u00abQuedar\u00e9 muy contento, padre Espino, con el h\u00e1bito de tercero descubierto. En imagin\u00e1ndome con h\u00e1bito de lego me hallo s\u00fabitamente seco y desabrido. Creo ser\u00e1 m\u00e1s discreto me quede con obligaciones de religioso y con libertad de secular\u00bb.<\/p>\n<p>El 8 de julio de 1656 fue recibido el Hermano Pedro en la Orden Tercera franciscana. Y como \u00e9l no ten\u00eda los veinte pesos precisos para adquirir el h\u00e1bito, un buen caballero, Esteban de Salazar, se los dio, y as\u00ed pudo vestir su h\u00e1bito con inmensa satisfacci\u00f3n: \u00abEstimo m\u00e1s este saco de jerga que un Tois\u00f3n\u00bb. Y se dir\u00eda que, con aquel santo h\u00e1bito, pas\u00f3 de un salto de la bondad a la santidad.<\/p>\n<p>El padre Espino contaba que por entonces \u00abdobl\u00f3 las mortificaciones\u00bb, y aunque las hac\u00eda muy grandes, \u00abten\u00eda el rostro lleno y muy rojo\u00bb. A veces este padre espiritual le negaba permiso para ciertas penitencias, y \u00e9l obedec\u00eda con toda docilidad. El, que de su madre hab\u00eda aprendido el arte de hacer coplas y aforismos, sol\u00eda decir: \u00abM\u00e1s vale el gordo alegre, humilde y obediente, que el flaco triste, soberbio y penitente\u00bb.<\/p>\n<p>En quince d\u00edas sab\u00eda ya el Hermano Pedro de memoria los veinte cap\u00edtulos de la Regla que dio San Francisco a los terceros, aprobada por el papa Nicol\u00e1s IV. Y cuando el padre Espino le explic\u00f3 que ninguno de aquellos preceptos le obligaban bajo pecado, ni siquiera venial, \u00e9l respond\u00eda muy prudente: \u00abAs\u00ed es, padre, pero Regla es la que regula el vivir\u00bb.<\/p>\n<p>Guardi\u00e1n del Calvario<\/p>\n<p>Con los Hermanos terciarios inici\u00f3 Pedro una profunda fraternidad espiritual. Para hacer sus oraciones y para tomar sus disciplinas penitenciales sol\u00edan reunirse en el Calvario, donde Pedro viv\u00eda, a extramuros de la ciudad, en un lugar frondoso, lleno de encanto religioso. Y en una de estas reuniones el santo Cristo comenz\u00f3 a sudar sangre.<\/p>\n<p>Quisieron los Hermanos llamar un notario que diera fe del patente milagro, pero Pedro se opuso vivamente: \u00abPor el amor de Dios, Hermanos, no hag\u00e1is tal diligencia. Que el sudar de este Santo Cristo es efecto de mis culpas y pecados. \u00bfNo veis que la ciudad ha de sufrir alboroto?\u00bb. A\u00f1os despu\u00e9s refer\u00eda este suceso a su amigo Pedro Armengol, el joven, pidi\u00e9ndole secreto. Y en su cuadernillo aparece escrito por esas fechas: \u00abDesde nueve de enero me acompa\u00f1a mi Jes\u00fas Nazareno. A\u00f1o de 1655\u00bb. Ten\u00eda entonces 29 a\u00f1os, y le quedaban doce de vida.<\/p>\n<p>Como ermita\u00f1o del Calvario, el Hermano Pedro barr\u00eda y arreglaba la ermita, y atend\u00eda peque\u00f1os cultos. El inici\u00f3 la costumbre de rezar el rosario cantado y en forma procesional, y esta pr\u00e1ctica se extendi\u00f3 por la ciudad, de modo que cada s\u00e1bado se rezaba as\u00ed el rosario por un barrio distinto. Su confesor, el padre Espino, sol\u00eda decir misa en el Calvario viernes y domingos. La gente comenz\u00f3 a acudir a la ermita cada vez en mayor n\u00famero, y aprovechaba para tratar con aquel santo terciario.<\/p>\n<p>Un hombre que recibe consejos<\/p>\n<p>El Calvario era para el Hermano Pedro como un oasis de paz y gozo espiritual, pero cada vez que bajaba a la ciudad, cada vez que visitaba los hospitales o ped\u00eda limosna para los pobres, volv\u00eda con el coraz\u00f3n destrozado: \u00ab\u00bfQu\u00e9 he de hacer, Se\u00f1or, por estas gentes necesitadas?\u00bb&#8230; Una vez y otra daba vueltas en su interior a esta pregunta, sin saber c\u00f3mo orientar en concreto la pujanza inmensa de su caridad interior. Hasta que por fin, como otras veces, recibi\u00f3 el Hermano Pedro respuesta a sus preguntas m\u00e1s profundas por una luz que Dios quiso darle a trav\u00e9s de personas.<\/p>\n<p>Ya dice San Juan de la Cruz que \u00abel alma humilde no se puede acabar de satisfacer sin gobierno de consejo humano\u00bb (2 Subida 22,11). Pues bien, as\u00ed procedi\u00f3 siempre el Hermano Pedro, cuando en Tenerife consult\u00f3 con aquella se\u00f1ora espiritual, t\u00eda suya, si deb\u00eda casarse, y permanecer en casa con su madre, o salir del pueblo para dedicarse a la Iglesia.<\/p>\n<p>Un d\u00eda, en la puerta del Calvario, un negro anciano que viv\u00eda del socorro del Hermano Pedro, vi\u00e9ndole a \u00e9ste preocupado, se atrevi\u00f3 a decirle: \u00abNo os trajo Dios a esta tierra s\u00f3lo para cuidar del Calvario. Andad y salid de aqu\u00ed, que hay muchos pobres y necesitados a quienes pod\u00e9is ser de mucho provecho y en que sirv\u00e1is a Dios y os aprovech\u00e9is a vos mismo y a ellos\u00bb. Estas palabras atravesaron el coraz\u00f3n de Pedro, siempre alerta a los signos que Dios pudiera darle por medio de otras personas.<\/p>\n<p>Otro d\u00eda lleg\u00f3 al Calvario arrastr\u00e1ndose un personaje popular, Marquitos, un impedido medio simple y balbuciente, muy dado a la oraci\u00f3n y la penitencia. A \u00e9l le consult\u00f3 el Hermano Pedro si no ser\u00eda ya el momento de \u00abbuscar edificio a prop\u00f3sito para ense\u00f1ar a ni\u00f1os y abrigar pobres forasteros\u00bb. Marquitos contest\u00f3 que para conocer la voluntad de Dios hac\u00eda falta oraciones y penitencias: \u00abRecorramos veintisiete santuarios de esta ciudad en honor de las veintisiete leguas que dicen que hay desde Jerusal\u00e9n a Nazareth, y ver\u00e9is c\u00f3mo en el recorrido nos mostrar\u00e1 Dios el lugar de sus preferencias\u00bb. El negro qued\u00f3 de guardia en el Calvario, y al atardecer ellos partieron como mendigos de la voluntad de Dios providente. Al amanecer regresaron agotados, Marquitos por tullido, y Pedro porque la mayor parte del camino hab\u00eda tenido que cargar con \u00e9l.<\/p>\n<p>De all\u00ed parti\u00f3 el Hermano Pedro, sin descansar, para oir misa en la iglesia de los Remedios. Y pas\u00f3 despu\u00e9s a visitar a una anciana moribunda, Mar\u00eda Esquivel, cuya casita quedaba junto al santuario de Santa Cruz. Aquella mujer dispuso entonces, por testamento verbal, que su casa y lugar se vendieran para pagar su entierro y decir misas por ella. Muri\u00f3 en seguida, el Hermano la enterr\u00f3, y se procur\u00f3 en limosnas los 40 pesos necesarios para adquirir aquel lugar.<\/p>\n<p>\u00abDe esta manera llegaba a su desenlace la idea lanzada por un negro bozal, apoyada por un tullido y facilitada por una vieja agonizante. \u00a1Caminos misteriosos de la Providencia!\u00bb (Mesa 96).<\/p>\n<p>El Hospital de Bel\u00e9n<\/p>\n<p>En aquella pobre casita con techo de paja no se pod\u00eda hacer mucho, pero se hizo. En primer lugar, se dispuso un oratorio en honor de la Virgen, presidido por una imagen de Nuestra Se\u00f1ora legada por Mar\u00eda Esquivel. En seguida se compraron unas camas para convalecientes o forasteros pobres. Durante el d\u00eda, se recog\u00edan las camas, y aquello se transformaba en escuela, de ni\u00f1as por la ma\u00f1ana, y de ni\u00f1os por la tarde.<\/p>\n<p>Un maestro pagado y un vecino voluntario -Pablo S\u00e1nchez, m\u00e1s tarde franciscano, y autor de un Catecismo cristiano-, se ocupaban de la ense\u00f1anza. El Hermano Pedro daba a los ni\u00f1os instrucciones religiosas, y se mezclaba con ellos en la algazara de las recreaciones. Con ellos bailaba y cantaba una copla de su invenci\u00f3n: \u00abAves, vengan todas, \/ vengan a danzar, \/ que aunque tengan alas \/ les he de ganar\u00bb.<\/p>\n<p>El amor preferente del Hermano Pedro iba hacia los enfermos, y especialmente hacia los convalecientes, que apenas pod\u00edan acabar de sanar a causa de su miseria y abandono. Hab\u00eda entonces en la ciudad el Hospital Real de Santiago, el de San L\u00e1zaro para leprosos, el de San Pedro para cl\u00e9rigos, y el de San Alejo, en el que los dominicos atend\u00edan a los indios. Todos ellos eran apenas suficientes, pues estaban escasamente dotados por la Corona y por los donativos de particulares.<\/p>\n<p>A ellos acud\u00eda s\u00f3lamente la gente pobre, los negros, y sobre todo los indios, muchos m\u00e1s en n\u00famero. Cuando acud\u00edan \u00e9stos, humildes y acobardados por la enfermedad, apenas entend\u00edan la lengua con frecuencia, y en cuanto sanaban, a\u00fan convalecientes, se ve\u00edan en la calle, sin asistencia, trabajo ni albergue. Este abismo de miseria era el que atra\u00eda a Pedro de Betancur con el v\u00e9rtigo apasionado de la caridad de Cristo.<\/p>\n<p>Un d\u00eda en que el Hermano Pedro hac\u00eda su ronda como limosnero de su pobre albergue, encontr\u00f3 en la porter\u00eda de San Francisco una viejecita negra, antigua esclava abandonada. \u00ab\u00bfQui\u00e9n cuida de vos, se\u00f1ora?\u00bb, le pregunt\u00f3, y cuando supo que estaba completamente desamparada, carg\u00f3 con ella. Esta fue la primera cliente del santo Hospital, pero pronto hubo muchos m\u00e1s convalecientes, y en 1661 pudo el Hermano Pedro adquirir un solar contiguo para ampliar la casa de Bel\u00e9n.<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hermano terciario franciscano Un d\u00eda el padre Espino, viendo la orientaci\u00f3n que iba tomando la vida de Pedro, le ofreci\u00f3 ser lego de la orden franciscana; pero \u00e9ste quer\u00eda ser simplemente terciario: \u00abQuedar\u00e9 muy contento, padre Espino, con el h\u00e1bito de tercero descubierto. 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