{"id":51777,"date":"2017-02-08T15:10:31","date_gmt":"2017-02-08T20:10:31","guid":{"rendered":"http:\/\/fraynelson.com\/blog\/?p=51777"},"modified":"2017-02-08T15:10:31","modified_gmt":"2017-02-08T20:10:31","slug":"el-camino-tortuoso-de-quien-busca-a-dios-de-veras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/fraynelson.com\/blog\/2017\/02\/08\/el-camino-tortuoso-de-quien-busca-a-dios-de-veras\/","title":{"rendered":"El camino tortuoso de quien busca a Dios de veras"},"content":{"rendered":"<p>Guatemala<\/p>\n<p>Llegado a La Habana, estuvo Pedro acogido por m\u00e1s de un a\u00f1o en la casa de un buen cl\u00e9rigo natural de Tenerife, y anot\u00f3 por entonces en un cuadernito de memorias: \u00abMe puse a oficio de tejedor a cuatro de setiembre de 1650 a\u00f1os\u00bb. Pero \u00e9l sent\u00eda que no era aquel el lugar donde deb\u00eda quedarse, y embarc\u00f3 para Honduras cuando hubo ocasi\u00f3n. Y una vez en tierra, en cuanto escuch\u00f3 la palabra Guatemala reconoci\u00f3 en ella su destino: \u00abA esa ciudad quiero ir. Me siento animado a encaminarme a ella luego que he o\u00eddo nombrarla, siendo as\u00ed que es \u00e9sta la vez primera que oigo tal nombre\u00bb.<\/p>\n<p>Inmediatamente se puso en camino a pie. Guatemala, dentro del Virreynato de M\u00e9xico, era entonces una Audiencia presidida por un gobernador, que era tambi\u00e9n capit\u00e1n general. Y atravesando Pedro aquellos paisajes tan hermosos, presididos por la majestad de los volcanes, pudo recordar sus amadas islas Canarias.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 por fin un d\u00eda a los altos de Petapa, sobre el valle de Panchoy, y bes\u00f3 la tierra arrodillado, como si fuera ya consciente de haber avistado la tierra prometida donde le quer\u00eda Dios. Rez\u00f3 la Salve Regina y, encomend\u00e1ndose a la Virgen, sigui\u00f3 su camino hacia la capital, Santiago de los Caballeros, a la que lleg\u00f3 el 18 febrero de 1651, hacia las dos de la tarde. Y en ese momento, justamente cuando Pedro de rodillas besaba la tierra, se produjo el gran temblor que registran las cr\u00f3nicas&#8230;<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>La gran ciudad<\/p>\n<p>La hermosa ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala conoci\u00f3 cuatro lugares diversos. Don Pedro de Alvarado, capit\u00e1n de Cort\u00e9s, en 1524, fund\u00f3 la ciudad en el lugar llamado Tecp\u00e1n Goathemal\u00e1n, consagr\u00e1ndola al ap\u00f3stol Santiago, y coloc\u00e1ndola bajo la protecci\u00f3n de la Virgen del Socorro, primera escultura llegada de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>El mismo Alvarado volvi\u00f3 a fundarla en 1527, en el valle de Almolonga, donde fue arrasada en 1541 por el volc\u00e1n Hunapuh. La tercera situaci\u00f3n de la ciudad, en 1542, fue en el valle de Panchoy, a donde lleg\u00f3 el Hermano Pedro. Destru\u00edda dos siglos despu\u00e9s por el terremoto de 1773, fue refundada en el valle de la Ermita en 1776.<\/p>\n<p>Aquella capital ten\u00eda a mediados del XVII, cuando lleg\u00f3 Pedro, un ambiente muy religioso, por un lado, y muy profano, por otro. Diez conventos de varones y cuatro de religiosas, cinco ermitas y veinticuatro templos daban a la ciudad, con otros nobles edificios, una fisonom\u00eda realmente hermosa. Era por entonces aquella capital la segunda ciudad de Am\u00e9rica, despu\u00e9s de M\u00e9xico, y en ella se mezclaban santos y p\u00edcaros, gran riqueza y gran miseria, piadosas procesiones y peleas de gallos famosas en todo el continente&#8230;<\/p>\n<p>Primeras impresiones<\/p>\n<p>Como hemos dicho, apenas entraba Pedro en la capital, cuando tembl\u00f3 la tierra, y sus convulsiones produjeron da\u00f1os y v\u00edctimas. El mismo se sinti\u00f3 agotado del viaje y enfermo, y as\u00ed vino a dar en el Hospital Real de Santiago. Entonces, pobre y sin amigos, tuvo Betancur el primer contacto con el dolor y la miseria de Guatemala, y pudo conocer tambi\u00e9n de cerca el doloroso abandono de muchos pobres indios y negros&#8230;<\/p>\n<p>Era entonces costumbre de caballeros visitar los Hospitales, para prestar en ellos su ayuda. Y as\u00ed fue como el capit\u00e1n Antonio Lorenzo de Betancur vino a conocer en el Hospital a un inmigrante de su mismo apellido. No eran parientes sino en grado muy remoto, pero cuando Pedro san\u00f3, el capit\u00e1n le recibi\u00f3 en su casa.<\/p>\n<p>En seguida visit\u00f3 la iglesia de San Francisco, y en ella tom\u00f3 de confesor al padre Fernando Espino, natural de Guatemala, excelente religioso, comisario entonces de los Terciarios franciscanos. De acuerdo con \u00e9l, dej\u00f3 la casa de su pariente, y para poder llevar una vida m\u00e1s orante y penitente, pas\u00f3 a comer como pobre en la porter\u00eda de San Francisco, aloj\u00e1ndose de noche en la ermita del Calvario o en el claustro alto de los franciscanos.<\/p>\n<p>Obrero y estudiante<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n por indicaci\u00f3n del padre Espino, trabaj\u00f3 como obrero desde la cuaresma de 1651 en la f\u00e1brica de pa\u00f1os del alf\u00e9rez Pedro de Armengol, retomando as\u00ed su oficio de tejedor principiante. All\u00ed entabl\u00f3 gran amistad con el hijo del due\u00f1o, tambi\u00e9n de nombre Pedro, que ser\u00eda m\u00e1s tarde sacerdote. El joven Armengol, que se hizo a un tiempo su amigo y su maestro, le prestaba libros espirituales, como el catecismo de Belarmino y la Imitaci\u00f3n de Cristo, y le ejercitaba en la lectura y escritura.<\/p>\n<p>Ya por entonces se entregaba Pedro a largas oraciones y numerosas penitencias, sobre todo de ayunos. Com\u00eda una vez al d\u00eda, y ayunaba del jueves al mediod\u00eda hasta el s\u00e1bado a la misma hora. En las noches del jueves al viernes hac\u00eda de nazareno voluntario, y cargaba una cruz llev\u00e1ndola hasta el Calvario. A fines de 1653 ingres\u00f3 en la Congregaci\u00f3n mariana de los jesuitas y se hizo hermano de la cuerda en San Francisco, y al a\u00f1o siguiente ingres\u00f3 en la hermandad de la Virgen del Carmen.<\/p>\n<p>Una vida tan penitencial y devota suscitaba en sus compa\u00f1eros de f\u00e1brica iron\u00edas y burlas o comentarios de admiraci\u00f3n y simpat\u00eda. Aquella era, por lo dem\u00e1s, una f\u00e1brica un tanto especial, en la que unos cuatrocientos hombres pagaban por sus delitos, en un r\u00e9gimen que hoy decimos de redenci\u00f3n de penas por el trabajo. Con el tiempo estos hombres llegaron a estimar a Pedro, y m\u00e1s de uno se acerc\u00f3 al Se\u00f1or por su ejemplo y su palabra.<\/p>\n<p>Dudas y fracasos<\/p>\n<p>Ya por entonces Pedro de Betancur comenz\u00f3 a recibir direcci\u00f3n espiritual del padre jesuita Manuel Lobo, y se propuso tomar el camino del sacerdocio. A sus 27 a\u00f1os, alternaba el trabajo en la f\u00e1brica, los estudios de lat\u00edn en el Colegio de los jesuitas y sus frecuentes visitas a los hospitales para servir en ellos a los m\u00e1s necesitados.<\/p>\n<p>De estos a\u00f1os de estudiante se guarda este apunte suyo: \u00abDesde hoy, d\u00eda de Pascua del Esp\u00edritu Santo. Mayo 24 de 1654. A honra de la Pasi\u00f3n de mi Redentor Jesucristo -Dios me d\u00e9 esfuerzo- cinco mil y tantos azotes de aqu\u00ed al Viernes Santo. M\u00e1s todos los d\u00edas al Calvario, y si no pudiere, en penitencia, una hora de rodillas con la cruz a cuestas. M\u00e1s he de rezar en ese tiempo cinco mil y tantos credos\u00bb&#8230;<\/p>\n<p>Pedro, siguiendo tan dura ascesis, se desviv\u00eda por entregarse a Dios entero, sin saber todav\u00eda apenas c\u00f3mo. Pero las cosas iban mal. Entre f\u00e1brica y colegio, hospitales y devociones, apenas dorm\u00eda, y lo que era peor: sus progresos en las letras eran m\u00ednimos. Hubo de ir a sentarse en la escuela al banco ignominioso de los torpes, gan\u00e1ndose as\u00ed el t\u00edtulo de modorro. Como dec\u00eda su bi\u00f3grafo Montalvo: \u00abEn la devoci\u00f3n, \u00e1guila, y en las letras, topo\u00bb.<\/p>\n<p>Y a\u00fan se complicaron m\u00e1s las cosas cuando el patr\u00f3n Armengol, despu\u00e9s de algunas indirectas, un d\u00eda le propuso abiertamente que se asociara al negocio de la f\u00e1brica y que se casase con su hija. Pedro, que en su ingenuidad, no hab\u00eda advertido las insinuaciones de la muchacha, qued\u00f3 anonadado y tuvo que explicar sus intenciones de consagrarse al Se\u00f1or.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, tuvo que dejar su casa y trabajo, y pas\u00f3 a vivir en casa de don Diego de Vilches, oficial de sastre, tambi\u00e9n oriundo al parecer de Tenerife. Pensaba Pedro que, con menos trabajos, podr\u00eda salir adelante con su lat\u00edn, pero ni as\u00ed. Finalmente, tuvo que abandonar los estudios y renunciar al sacerdocio.<\/p>\n<p>Vivir la doctrina de la cruz, dej\u00e1ndolo todo<\/p>\n<p>Dej\u00f3 entonces Pedro la casa de Vilches, y subiendo por el camino que le trajo unos a\u00f1os antes a la ciudad, se fue al pueblecito de Petapa, donde en una ermita de los dominicos recib\u00eda culto muy devoto la Virgen del Socorro. All\u00ed fue a pedir luz a la sant\u00edsima Virgen, la que es Madre del Buen Consejo, pues no sab\u00eda ya qu\u00e9 rumbo darle a su vida. Y fue all\u00ed donde recibi\u00f3 la iluminaci\u00f3n interior que buscaba. Deb\u00eda regresar a Guatemala, y dedicarse al servicio de Dios, dej\u00e1ndolo todo.<\/p>\n<p>De vuelta a la ciudad, el padre Espino le mand\u00f3 a vivir en el Calvario, y all\u00ed recibi\u00f3 un d\u00eda la visita de aquel anciano misterioso que ya le hab\u00eda orientado en Tenerife: \u00abNo os cans\u00e9is, Pedro, con estudiar, que no es eso para vos. Andad y ech\u00e1os el h\u00e1bito de la Tercera Orden y establec\u00e9os en el Calvario. \u00bfQu\u00e9 mejor retiro para servir a Dios que \u00e9se?\u00bb<\/p>\n<p>Otro d\u00eda encontr\u00f3 Pedro en el Calvario a un cristiano muy bueno y piadoso, don Gregorio de Mesa y Ayala, que all\u00ed sol\u00eda ir a rezar. Este hombre de pocas palabras, se\u00f1al\u00e1ndole el crucifijo, le explic\u00f3 la doctrina de la cruz. Y Pedro escribi\u00f3 aquellas normas de vida en cuatro hojas de un cuadernillo, y las medit\u00f3 con frecuencia con el vivo deseo de vivirlas:<\/p>\n<p>\u00abCuando nos sucede alguna aflicci\u00f3n hemos de entender que aquello es la Cruz de Cristo y hacer cuenta que nos la da a besar.<\/p>\n<p>Cuando hicieras alguna cosa, has de entrar en consulta interiormente y ver por qu\u00e9 lo haces: si por agradar a Dios o al dicho de los hombres, porque suele ser el demonio entrar por la vanidad. Hazlo para honra y gloria de Dios. Si haces tus cosas fuera de Dios, perdido vas.<\/p>\n<p>\u00abSi deseas padecer por Cristo, y te dicen algo escabroso y te azoras, advierte que \u00e9sa es la escuela de Dios y donde aprenden los humildes. Y aunque te digan lo que quisieren, nunca te quejes a nadie, sino a Dios.<\/p>\n<p>\u00abEs que disculpa, Dios lo culpa. El que se culpa, Dios le disculpa. Cuando pensares que no eres nada, entonces eres algo.lo que se haga en todo la voluntad de Dios.<\/p>\n<p>\u00abTen siempre devoci\u00f3n de encomendar a Dios a los que nos ofenden de obra o de palabra, porque el que esto hiciere cumple con el Evangelio.<\/p>\n<p>\u00abProcura siempre el m\u00e1s bajo lugar y asiento y hum\u00edllate en todo por Dios.<\/p>\n<p>\u00abRecr\u00e9ate siempre con la cruz de Cristo: todo el deseo del siervo de Dios ha de ser con Cristo.<\/p>\n<p>\u00abPersu\u00e1dete, hombre, que no hay m\u00e1s de dos cosas buenas, que son: Dios y el alma\u00bb (Mesa 71-72).<\/p>\n<hr \/>\n<p><em>El autor de esta obra es el sacerdote espa\u00f1ol Jos\u00e9 Ma. Iraburu, a quien expresamos nuestra gratitud. Aqu\u00ed la obra se publica \u00edntegra, por entregas. Lo ya publicado puede consultarse<\/em> <a href=\"http:\/\/is.gd\/iglesiamerica\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Guatemala Llegado a La Habana, estuvo Pedro acogido por m\u00e1s de un a\u00f1o en la casa de un buen cl\u00e9rigo natural de Tenerife, y anot\u00f3 por entonces en un cuadernito de memorias: \u00abMe puse a oficio de tejedor a cuatro de setiembre de 1650 a\u00f1os\u00bb. 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